Lunes, 21 de junio de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 21-06-2010

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The Guardian

Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Germ?n Leyens

Todos los participantes presentes en la reuni?n de la asamblea municipal hab?an sido instruidos repetidamente para que mostraran urbanidad hacia los se?ores de BP y el gobierno federal. Esos distinguidos personajes hab?an dedicado tiempo en sus agendas repletas para ir a un gimnasio de escuela secundaria un martes por la noche en Plaquemines Parish, Luisiana, una de numerosas comunidades costeras donde el veneno marr?n penetra los humedales, parte de lo que ha llegado a ser descrito como el mayor desastre ecol?gico en la historia de EE.UU.

?Hablad con los dem?s como quisierais que os hablaran?, rog? el presidente de la reuni?n por ?ltima vez antes de dar la palabra para hacer preguntas.

Y durante un momento la multitud, compuesta sobre todo de familias de pescadores, mostr? un notable autocontrol. Escucharon pacientemente a Larry Thomas, un afable agente de relaciones p?blicas de BP, mientras les dec?a que se compromet?a a ?hacerlo mejor? en el procesamiento de sus demandas por p?rdida de ingresos ?luego pas? todos los detalles a un subcontratista mucho menos amistoso- Escucharon hasta el fin al dandi de la Agencia de Protecci?n Ambiental (EPA, por sus siglas en ingl?s) mientras les dec?a que, contrariamente a lo que han le?do sobre la falta de ensayos y que el producto est? prohibido en Gran Breta?a, el dispersante qu?mico que se pulveriza en cantidades masivas sobre el petr?leo es realmente seguro.

Pero la paciencia comenz? a acabarse cuando Ed Stanton, capit?n de los guardacostas, subi? al podio por tercera vez para tranquilizarlos con la declaraci?n de que ?los guardacostas quieren asegurarse de que BP lo limpiar?.

"?P?ngalo por escrito!? grit? alguien. A estas alturas el aire acondicionado hab?a dejado de funcionar y las neveras de Budweiser comenzaban a agotarse. Un camaronero llamado Matt O'Brien se acerc? al micr?fono. ?No tenemos que escuchar m?s esto?, declar? con las manos sobre las caderas. No importa cu?ntas promesas nos ofrecen porque, explic?, ??simplemente no confiamos en ustedes! Y al o?rlo, le dieron tal ovaci?n que se hubiera pensado que los Oilers (el desafortunado nombre del equipo de f?tbol estadounidense de la escuela) hab?a apuntado un tanto.

El enfrentamiento fue cat?rtico, por lo menos. Durante semanas los residentes hab?an sufrido una andanada de palabras de aliento y promesas extravagantes provenientes de Washington, Houston y Londres. Cada vez que encend?an sus televisiones ve?an al jefe de BP, Tony Hayward, dando su palabra solemne de que ?lo arreglar?. O al presidente Barack Obama expresando su absoluta confianza en que su Gobierno ?dejar?a la costa del Golfo mejor que antes?, que estaba ?asegurando? que ?volver?a a ser a?n m?s fuerte de lo que era antes de esta crisis?.

Todo suena muy bien. Pero para gente cuyo sustento la pone en contacto directo con la delicada qu?mica de los humedales, tambi?n sonaba completamente rid?culo, hasta doloroso. Una vez que el petr?leo cubre la base del pasto de los pantanos, como ya lo hab?a hecho a s?lo unos pocos kil?metros de aqu?, ninguna m?quina milagrosa o mejunje qu?mico puede eliminarlo con seguridad. Se puede retirar petr?leo de la superficie de agua al aire libre, y se puede remover de una playa arenosa, pero un humedal cubierto de petr?leo s?lo se queda ah?, sec?ndose lentamente. Las larvas de innumerables especies para las cuales el humedal es un lugar de desove ?camarones, cangrejos, ostras y peces? resultar?n envenenadas.

Ya estaba sucediendo. Antes, durante ese d?a, viaj? por pantanos cercanos en un bote de poco calado. Los peces saltaban en aguas rodeadas por barreras flotantes blancas, las franjas de algod?n grueso y malla que BP utiliza para absorber el petr?leo. El c?rculo de material contaminado parec?a estarse cerrando alrededor de los peces como un nudo corredizo. Cerca de ah?, un mirlo de alas rojas estaba encaramado sobre una brizna de junco contaminada por petr?leo de dos metros de alto. La muerte sub?a por la ca?a; el pajarito podr?a haber estado parado sobre un cartucho de dinamita encendido.

Y luego est?n las plantas en s?, o sea la ca?a Roseau, como llaman a los altos tallos y hojas. Si el petr?leo penetra suficientemente en el pantano, no s?lo matar? las plantas sobre el suelo sino tambi?n las ra?ces. Esas ra?ces conforman el sost?n del pantano en esa zona. Los pantanos, a su vez, evitan que esas grandes extensiones verdes, llenas de vida, se desplomen y hundan en las aguas del delta del Mississippi y el Golfo de M?xico. De modo que sitios como Plaquemines Paris no s?lo arriesgan la p?rdida de su industria pesquera, sino tambi?n de gran parte de la barrera f?sica que disminuye la intensidad de fuertes tormentas como el hurac?n Katrina. Lo que podr?a significar perderlo todo.

?Cu?nto tardar? hasta que un ecosistema tan arrasado sea ?restaurado y sanado? como ha prometido el secretario del interior de Obama? De ninguna manera est? claro que exista una remota posibilidad de lograr una cosa semejante, por lo menos en un plazo que podamos concebir f?cilmente. Las pesquer?as de Alaska todav?a tienen que recuperarse plenamente del vertido del Exxon Valdez en 1989 y algunas especies de peces nunca volvieron. Cient?ficos del Gobierno calculan ahora que una cantidad de petr?leo igual a la del Valdez puede estar entrando en las aguas costeras del Golfo cada cuatro d?as. Una prognosis a?n peor emerge del vertido de la guerra del Golfo en 1991, cuando se calcula que 11 millones de barriles de petr?leo fueron arrojados al Golfo P?rsico ?el mayor vertido de todos los tiempos. Ese petr?leo entr? a los humedales y se qued? all?, cavando m?s y m?s profundo gracias a los agujeros excavados por los cangrejos. No es una comparaci?n perfecta, ya que se procedi? a tan poca limpieza, pero seg?n un estudio realizado 12 a?os despu?s del desastre, casi un 90% de los pantanos fangosos salados y manglares afectados todav?a estaban profundamente da?ados.

Sabemos lo siguiente: Lejos de ser ?sanada?, es m?s que probable que la costa del Golfo ser? afectada. Sus ricas aguas y concurridos cielos ser?n menos vivos que actualmente. El espacio f?sico que numerosas comunidades ocupan en el mapa tambi?n disminuir?, gracias a la erosi?n. Y la legendaria cultura de la costa se contraer? y marchitar?. Despu?s de todo, las familias pescadoras en toda la costa no s?lo juntan alimento. Mantienen una intrincada red que incluye tradici?n familiar, cocina, m?sica, arte y lenguajes en peligro ?como las ra?ces de las plantas que sostienen la tierra en el pantano. Sin la pesquer?a, esas culturas ?nicas pierden su sistema de ra?ces, el terreno mismo en el que se encuentran. (BP, por su parte, conoce perfectamente los l?mites de la recuperaci?n. El plan de reacci?n de la compa??a para vertidos regionales en el Golfo de M?xico instruye espec?ficamente a los funcionarios para que no hagan ?promesas de que la propiedad, la ecolog?a o cualquier otra cosa ser?n restauradas a la normalidad?. Lo que sin duda es el motivo por el cual sus funcionarios prefieren permanentemente t?rminos como ?sanar?.)

Si Katrina desvel? la realidad del racismo en EE.UU., el desastre de BP desvela algo mucho m?s oculto: cu?n poco control tenemos, incluso los m?s ingeniosos de nosotros, sobre las impresionantes fuerzas naturales intrincadamente interconectadas con las que interferimos con tanta indiferencia. BP no puede sellar el hoyo que hizo en la Tierra. Obama no puede ordenar que las especies de peces sobrevivan, o que los pel?canos marrones no desaparezcan (no importa qu? trasero patee). Ninguna cantidad de dinero ?ni los 20.000 millones de d?lares recientemente prometidos por BP, ni 100.000 millones? pueden reemplazar una cultura que ha perdido sus ra?ces. Y mientras nuestros pol?ticos y dirigentes corporativos todav?a no aceptan esas lecciones de humildad, la gente cuyo aire, agua y sustento han sido contaminados pierde r?pidamente sus ilusiones.

?Todo se muere?, dijo una mujer cuando la asamblea municipal llegaba a su fin. ??C?mo pod?is decirnos honestamente que nuestro Golfo es resiliente y que se recuperar?? Porque ninguno de vosotros tiene la menor idea de lo que va a pasar a nuestro Golfo. Est?is sentados ah? arriba con caras de p?ker y actu?is como si supierais cuando no sab?is?.

Esta crisis del Golfo tiene que ver con muchas cosas ?corrupci?n, desregulaci?n, la adicci?n a los combustibles f?siles- Pero bajo todo esto, tiene que ver con lo siguiente: la pretensi?n terriblemente peligrosa de nuestra cultura de poseer un entendimiento y control tan completo de la naturaleza que podemos manipularla y remodelarla radicalmente con un m?nimo riesgo para los sistemas naturales que nos sustentan. Pero como ha revelado el desastre de BP, la naturaleza es siempre m?s impredecible que lo que pueden imaginar los modelos matem?ticos y geol?gicos m?s sofisticados. Durante su testimonio del jueves ante el Congreso, Hayward dijo: ?Las mejores mentes y la m?s profunda competencia profesional se est?n aplicando? en la crisis, y que, ?con la posible excepci?n del programa espacial en los a?os sesenta, es dif?cil imaginar la reuni?n en un solo sitio en tiempos de paz de un equipo m?s amplio, m?s competente en lo t?cnico?. Y a pesar de ante lo que la ge?loga Jill Schneidermann ha descrito como un ?pozo de Pandora?, son como los hombres frente a ese gimnasio: act?an como si supieran, pero no saben.

Declaraci?n de la misi?n de BP

En el arco de la historia humana, la noci?n de que la naturaleza sea una m?quina que podemos modificar seg?n nuestra voluntad es un engreimiento relativamente reciente. En su innovador libro de 1980 The Death of Nature, la historiadora ecol?gica Carolyn Merchant record? a los lectores que hasta los a?os 1600, la Tierra estaba viva, tomando la forma de una madre. Los europeos ?como la gente ind?gena en todo el mundo? cre?an que el planeta era un organismo vivo, lleno de poderes vivificadores pero tambi?n de humores iracundos. Por eso hab?a fuertes tab?es contra acciones que deformaran o profanaran ?la madre?, incluida la miner?a.

La met?fora cambi? al ser desentra?ados algunos (pero de ninguna manera todos) los misterios de la naturaleza durante la revoluci?n cient?fica de los a?os 1600. Al ser ahora presentada la naturaleza como una m?quina, privada de misterio o divinidad, sus componentes pod?an ser represados, extra?dos y rehechos impunemente. La naturaleza todav?a aparec?a como una mujer, pero una que era f?cilmente dominada y sometida.

Sir Francis Bacon encapsul? mejor el nuevo esp?ritu cuando escribi? en 1623 en De dignitate et augmentis scientiarum que la naturaleza debe ser ?restringida, moldeada, y hecha como si fuera nueva por el arte y la mano del hombre?.

Esas palabras tambi?n podr?an haber sido la declaraci?n de la misi?n corporativa de BP. Ocupando audazmente lo que la compa??a llam? ?la frontera energ?tica?, tuvo escarceos en la s?ntesis de microbios productores de metano y anunci? que ?una nueva ?rea de investigaci?n? ser?a la geoingenier?a.Y evidentemente alarde? de que, en su yacimiento Tiber en el Golfo de M?xico, ahora ten?a ?el pozo m?s profundo jam?s perforado por la industria del petr?leo y del gas? ?tan profundo bajo el lecho marino como vuelan los jets por arriba.

La imaginaci?n y preparaci?n para lo que suceder?a si esos experimentos en la alteraci?n de los elementos fundamentales de la vida y de la geolog?a iban mal ocup? muy poco espacio en la imaginaci?n corporativa. Como todos hemos descubierto, despu?s que la plataforma Deepwater Horizon estall? el 20 de abril, la compa??a no ten?a sistemas instalados para reaccionar efectivamente ante esa situaci?n. Explicando por qu? no ten?a a la espera en la costa ni siquiera el finalmente fracasado domo de contenci?n, un portavoz de BP, Steve Rinehart, dijo: ?No pienso que alguien haya prevista la circunstancia a la que nos enfrentamos ahora?. Aparentemente, ?parec?a inconcebible? que la v?lvula de seguridad llegara a fallar, por lo tanto, ?para qu? prepararse?

Este rechazo a considerar el fracaso evidentemente ven?a directamente de arriba. Hace un a?o, Hayward dijo a un grupo de estudiantes de posgrado en la Universidad Stanford que tiene una placa sobre su escritorio que dice: ?Si supieras que no puedes fracasar, ?qu? vas a probar?? Lejos de ser una benigna consigna inspiradora, era realmente una descripci?n exacta de c?mo BP y sus competidores se condujeron en el mundo real. En recientes audiencias en el Congreso, el congresista Ed Markey de Massachusetts interrog? a representantes de las principales compa??as de petr?leo y gas sobre las maneras reveladoras en que hab?an destinado recursos. Durante tres a?os, hab?an gastado ?39.000 millones de d?lares para explorar por nuevos campos de petr?leo y gas. Sin embargo, la inversi?n promedio en investigaci?n y desarrollo para seguridad, prevenci?n de accidentes y reacci?n ante vertidos fueron 20 miserables millones de d?lares al a?o.?

Esas prioridades son muy ?tiles para explicar por qu? el plan inicial de exploraci?n que BP present? al gobierno federal para el malogrado pozo Deepwater Horizon se lee como una tragedia griega sobre la arrogancia humana. La frase ?poco riesgo? aparece cinco veces. Incluso si hubiera un vertido, predice confiadamente BP, gracias a ?equipo y tecnolog?a probados?, los efectos ser?an m?nimos. Presentando a la naturaleza como un socio menor (o tal vez subcontratista) predecible y agradable, el informe explica jovialmente que si ocurriera un vertido, ?las corrientes y la degradaci?n microbiana eliminar?an el petr?leo de la columna de agua o diluir?an los componentes a niveles de ambiente?. Los efectos sobre los peces, entretanto, ?probablemente ser?an subletales? por ?la capacidad de peces y mariscos de evitar un vertido [y] de metabolizar hidrocarburos?. (En la versi?n de BP, m?s que como una amenaza calamitosa, un vertido aparece como un comedor buffet-libre para la vida acu?tica.)

Lo mejor de todo, si ocurriera un vertido importante, existe, al parecer, ?poco riesgo de contacto o impacto en la costa? por la reacci?n r?pida proyectada de la compa??a (!) y ?debido a la distancia [desde la plataforma] a la ribera? ?unos 77 km. Es la afirmaci?n m?s sorprendente de todas. En un golfo que a menudo tiene vientos de m?s de 70 km por hora, para no hablar de huracanes, BP ten?a tan poco respeto para la capacidad de flujo y relujo, de subir y bajar del oc?ano, que no pens? que el petr?leo pod?a hacer un despreciable viaje de 77 km. (La semana pasada, un fragmento de Deepwater Horizon apareci? en una playa en Florida (a 306 km de distancia.)

Sin embargo, esta dejadez no habr?a sido posible, si BP no hubiera presentado sus predicciones a una clase pol?tica ansiosa de creer que la naturaleza hab?a sido verdaderamente domada. Algunos, como la republicana Lisa Murkowski, estaban m?s ansiosos que otros. La senadora de Alaska estaba tan impresionada por la imaginer?a s?smica cuadridimensional que proclam? que la perforaci?n en aguas profundas hab?a alcanzado el m?ximo de artificialidad controlada. ?Es mejor que Disneyland en t?rminos de c?mo se pueden tomar tecnolog?as e ir en busca de un recurso de hace mil a?os y hacerlo de una manera ecol?gicamente sana?, dijo al comit? de energ?a del Senado hace s?lo siete meses.

Perforar sin pensar ha sido, por cierto, la pol?tica de partido de los republicanos desde mayo de 2008. Con los precios de la gasolina que se elevaban a alturas sin precedentes, el l?der conservador Newt Gringrich descubri? el eslogan ?Perforad aqu?, perforad ahora, pagad menos? ?con ?nfasis en ahora. La campa?a extremadamente popular fue un grito contra la cautela, contra el estudio, contra la acci?n mesurada. En el relato de Gingrich, la perforaci?n dondequiera hubiera petr?leo y gas dentro del pa?s ?en el esquisto de Rocky Mountain, en el Refugio Nacional de Vida Salvaje del ?rtico (ANWR), y en la profundidad mar adentro? era un camino seguro para reducir el precio en las gasolineras, crear puestos de trabajo y dar estopa a los ?rabes, todo al mismo tiempo. Ante esta triple victoria, el cuidado por el medio ambiente era cosa de mariquitas; como dijo el senador

Mitch McConnell: ?en Alabama y Mississippi y Luisiana y Texas, piensan que las plataformas petroleras son hermosas?. Para cuando tuvo lugar la convenci?n nacional republicana ??Perfora, nena, perfora!? de triste fama, la base del partido sent?a tal frenes? por combustibles f?siles hechos en EE.UU., que habr?a perforado bajo el piso de la convenci?n si alguien hubiera llevado un taladro suficientemente grande.

Obama termin? por ceder, como hace invariablemente. Escogiendo una fecha c?smicamente inoportuna, s?lo tres semanas antes de que estallara Deepwater Horizon, el presidente anunci? que abrir?a partes previamente protegidas del pa?s a las perforaciones mar adentro. La pr?ctica no era tan arriesgada como hab?a pensado, explic?. ?Generalmente las plataformas petroleras no causan vertido. Est?n t?cnicamente muy avanzadas?. Eso no le bast?, sin embargo, a Sarah Palin, quien se burl? de los planes del Gobierno de Obama de realizar m?s estudios antes de perforar en ciertas ?reas. ??Dios m?o!, amigos, esas ?reas se han estudiado hasta la muerte?, dijo a la conferencia de liderazgo republicana del sur en Nueva Orleans, s?lo 11 d?as antes de la explosi?n. ??Perforemos, nena, perforemos, no tardemos, nena, perforemos!? Y hubo mucho regocijo.

En su testimonio ante el Congreso, Hayward dijo: ?Nosotros y toda la industria aprenderemos de este terrible acontecimiento?. Y se podr?a llegar a imaginar que una cat?strofe de esta magnitud ciertamente inspirar?a un nuevo sentido de humildad a los partidarios de ?Perforad ahora?. Sin embargo, no hay se?ales de que sea el caso. La reacci?n ante el desastre ?en los ?mbitos corporativos y gubernamentales? ha estado plagada del tipo preciso de arrogancia y de predicciones exageradamente risue?as que crearon el desastre para comenzar.

El oc?ano es grande, puede resistirlo, o?mos decir a Hayward al comienzo. Mientras el portavoz John Curry insist?a en que microbios hambrientos consumir?an todo el petr?leo que estaba en el sistema acu?tico, porque ?la naturaleza tiene una manera de resolver la situaci?n?. Pero la naturaleza no les ha hecho el juego. El surtidor desde la profundidad del mar ha estropeado todas las chisteras, domos de contenci?n, y las inyecciones de basura de BP. Los vientos y las corrientes del oc?ano han ridiculizado las barreras ligeras flotantes que BP ha desplegado para absorber el petr?leo. ?Les dijimos?, dijo Byron Encalade, presidente de la Asociaci?n de Ostras de Luisiana, ?el petr?leo va a pasar sobre las barreras flotantes o por debajo?. Por cierto lo hizo. El bi?logo marino Rick Steiner, quien ha estado siguiendo de cerca los trabajos de limpieza, calcula que ?el 70 u 80% de las barreras no hacen absolutamente nada?.

Y luego existen los controvertidos dispersantes qu?micos: m?s de 37 millones de litros bombeados con la actitud de marca de la compa??a: ??qu? puede ir mal?? Como se?alaron correctamente los furiosos residentes en la asamblea municipal de Plaquemines Parish, se hab?an realizado pocos ensayos y existe poca investigaci?n sobre lo que esa cantidad sin precedentes de petr?leo dispersado har? a la vida marina. Tampoco hay una manera de limpiar la mezcla t?xica de petr?leo y productos qu?micos debajo de la superficie. S?, microbios que se multiplican r?pidamente devoran petr?leo submarino ?pero al hacerlo tambi?n absorben el ox?geno del agua, creando una amenaza completamente nueva para la vida marina. BP incluso se hab?a atrevido a imaginar que podr?a impedir que las im?genes poco atractivas de playas y aves cubiertas de petr?leo escaparan de la zona del desastre. Cuando me encontraba sobre el agua con un equipo de televisi?n, por ejemplo, se nos acerc? otra embarcaci?n cuyo capit?n pregunt?: ??Trabaj?is todos para BP?? Cuando dijimos que no, la respuesta ?a mar abierto? fue: ?Entonces no pod?is estar aqu?. Pero por cierto esas t?cticas torpes, como todas las dem?s, han fracasado. Simplemente hay demasiado petr?leo en demasiados lugares. ?No se le puede decir al aire de Dios d?nde circular e irse, y no se puede decir al agua d?nde fluir e irse?, me dijo Debra Ram?rez. Era una lecci?n que hab?a aprendido al vivir en Mossville, Luisiana, rodeada por 14 plantas petroqu?micas que arrojaban emisiones, y al ver c?mo las enfermedades se propagaban de vecino a vecino.

La limitaci?n humana ha sido una constante de la cat?strofe. Despu?s de dos meses, todav?a no tenemos idea de cu?nto petr?leo est? fluyendo, ni de cu?ndo se va a detener. La compa??a afirma que completar? pozos de alivio a finales de agosto ?algo repetido por Obama en su discurso del Despacho Oval? lo que muchos cient?ficos ven como un bluf. El procedimiento es arriesgado y podr?a fallar, y existe una posibilidad real de que el petr?leo se siga derramando durante a?os.

El flujo de espect?culos de denegaci?n tampoco da se?ales de disminuir. Pol?ticos de Luisiana se oponen indignados a la congelaci?n temporal de perforaci?n en aguas profundas, acusando a Obama de destruir la ?nica industria importante que subsiste ahora cuando la pesquer?a y el turismo est?n en crisis. Palin discurri? en Facebook que ?ning?n esfuerzo humano carece alguna vez de riesgo?, mientras el congresista republicano de Texas, John Culberson, describi? el desastre como una ?anomal?a estad?stica?. Sin embargo, la reacci?n de lejos m?s sociop?tica, viene del veterano comentarista de Washington Llewellyn King: en lugar de apartarnos de grandes riesgos de ingenier?a, deber?amos detenernos ?y maravillarnos de que podamos construir m?quinas tan notables que pueden destapar el submundo?.

Detener la sangr?a

Afortunadamente, muchos est?n extrayendo una lecci?n muy diferente del desastre, y no se quedan maravillados ante el poder de la humanidad de redise?ar la naturaleza, sino ante nuestra impotencia de hacer frente a las feroces fuerzas naturales que desatamos. Tambi?n hay otra cosa. Es el sentimiento de que el hoyo en el fondo del oc?ano es m?s que un accidente de ingenier?a o una m?quina rota. Es una violenta herida en un organismo vivo; que es parte de nosotros. Y gracias al material en directo de las c?maras de BP, todos podemos contemplar como las entra?as de la Tierra manan a raudales en tiempo real, 24 horas al d?a.

John Wathen, conservador de la Waterkeeper Alliance, fue uno de los pocos observadores independientes que volaron sobre el vertido en los primeros d?as del desastre. Despu?s de filmar las gruesas manchas de petr?leo a las que los guardacostas se refieren cort?smente como ?brillo de arco iris?, se?al? lo que muchos hab?an sentido: ?El Golfo parece estar sangrando?. Esas im?genes surgen una y otra vez en conversaciones y entrevistas. Monique Harden, abogada de derechos medioambientales en Nueva York, se niega a calificar el desastre como ?vertido de petr?leo? y en su lugar dice, ?tenemos una hemorragia?. Otros hablan de la necesidad de ?detener la sangr?a?. Y yo me sent? personalmente impresionada, volando sobre el trecho de oc?ano donde se hundi? Deepwater Horizon con los guardacostas de EE.UU., porque las formas arremolinadas que el oc?ano hac?a en las olas del oc?ano se parec?an notablemente a pinturas rupestres: un pulm?n plumoso respirando con dificultad, ojos mirando hacia arriba, un p?jaro prehist?rico. Mensajes desde lo profundo.

Y esto es seguramente el giro m?s extra?o de la saga de la costa del Golfo: parece que nos estuviera despertando ante la realidad de que la Tierra nunca ha sido una m?quina. Despu?s de 400 a?os de haberla dado por muerta, y en medio de tanta muerte, la Tierra cobra vida.

La experiencia de seguir el progreso del petr?leo por el ecosistema es una especia de curso intensivo en ecolog?a profunda. Cada d?a aprendemos m?s sobre c?mo lo que parece ser un terrible problema en una parte aislada del mundo en realidad irradia hacia afuera de modo que la mayor?a de nosotros jam?s hubi?ramos imaginado. Un d?a o?mos que el petr?leo podr?a llegar a Cuba ?luego a Europa. Despu?s o?mos que los pescadores de m?s arriba del Atl?ntico en la Isla Prince Edward, Canad?, est?n preocupados porque los atunes de Aleta Azul que pescan frente sus costas nacen a miles de kil?metros en esas aguas del Golfo contaminadas por petr?leo. Y tambi?n averiguamos que, en cuanto a aves, los humedales de la costa del Golfo son el equivalente de un activo centro de conexiones a?reas ?todas parecen detenerse: 100 especies de p?jaros cantores y un 75% de todas las aves acu?ticas migratorias de EE.UU.

Una cosa es que un incomprensible te?rico del caos te diga que una mariposa que bate sus alas en Brasil puede provocar un tornado en Texas. Otra es ver c?mo la teor?a del caos se concreta ante tus ojos. Carolyn Merchant describe la lecci?n como sigue: ?El problema, c?mo BP ha descubierto tr?gicamente y demasiado tarde, es que la naturaleza es una fuerza activa que no se puede confinar?. Los resultados predecibles son poco usuales dentro de los sistemas ecol?gicos, mientras ?los eventos impredecibles, ca?ticos [son] usuales?. Y en caso de que todav?a no lo hayamos comprendido, hace unos pocos d?as, un rel?mpago cay? sobre un barco de BP como un signo de exclamaci?n, oblig?ndolo a suspender sus esfuerzos de contenci?n. Y ni siquiera hay que mencionar lo que un hurac?n har?a con la sopa t?xica de BP.

Existe, hay que subrayar, algo singularmente retorcido en este camino particular hacia la ilustraci?n. Dicen que los estadounidenses aprenden d?nde est?n los pa?ses extranjeros bombarde?ndolos. Ahora parece que todos estamos aprendiendo sobre los sistemas de circulaci?n de la naturaleza, envenen?ndolos.

A fines de los a?os 90, un grupo ind?gena aislado en Colombia acapar? los titulares del mundo con un conflicto casi "avataresco". De su remoto hogar en los bosques nublados, los U?wa hicieron saber que si Occidental Petroleum realizaba planes para perforar en busca de petr?leo en su territorio, cometer?an un suicidio ritual masivo saltando a un precipicio. Sus ancianos explicaron que el petr?leo forma parte de la ruiria, ?la sangre de la Madre Tierra?. Creen que toda la vida, incluyendo la suya, fluye desde la ruiria, de modo que extraer el petr?leo llevar?a a su destrucci?n. (Oxy termin? por retirarse de la regi?n, diciendo que no hab?a tanto petr?leo como hab?a pensado.)

Virtualmente todas las culturas ind?genas tienen mitos sobre dioses y esp?ritus que viven en el mundo natural ?en rocas, monta?as, glaciares, bosques? como en la cultura europea antes de la revoluci?n cient?fica. Katja Neves, antrop?loga en la Universidad Concordia, se?ala que este hecho sirve un prop?sito pr?ctico. Llamar ?sagrada? a la Tierra es otra manera de expresar humildad ante fuerzas que no comprendemos en su integridad. Cuando algo es sagrado exige que procedamos con cautela. Incluso con temor reverencial.

Si finalmente aprendemos esta lecci?n, las implicaciones pueden ser profundas. El apoyo p?blico para m?s perforaciones mar adentro disminuye precipitadamente; ha bajado un 22% desde el pico del frenes? de ?Perforad ahora?. Sin embargo, el tema no ha desaparecido. Es s?lo cosa de tiempo antes de que el Gobierno de Obama anuncie que, gracias a una ingeniosa nueva tecnolog?a y estrictas nuevas regulaciones, ahora es perfectamente seguro perforar en el fondo del oc?ano, incluso en el ?rtico, donde una limpieza bajo el hielo ser?a infinitamente m?s compleja que la que tiene lugar en el Golfo. Pero tal vez esta vez no nos quedemos tranquilos con tanta facilidad, para jugar con tanta rapidez con los pocos refugios protegidos.

Lo mismo vale para la geoingenier?a. A medida que contin?an las negociaciones del cambio clim?tico, debemos estar preparados a o?r m?s del Dr. Steven Koonin, el subsecretario de energ?a para ciencia de Obama. Es uno de los principales propugnadores de la idea de que el cambio clim?tico puede combatirse con trucos t?cnicos como liberar part?culas de sulfato y de aluminio hacia la atm?sfera ?y por cierto todo es perfectamente seguro, ?como Disneylandia! Tambi?n sucede que es el ex jefe cient?fico de BP, el hombre que hace s?lo 15 meses todav?a supervisaba la tecnolog?a tras la ofensiva supuestamente segura de BP hacia la perforaci?n en aguas profundas. Tal vez optemos esta vez por no permitir el experimento del buen doctor con la f?sica y la qu?mica de la Tierra, y prefiramos reducir nuestro consumo y cambiar a energ?as renovables que tienen la virtud de que, cuando fallan, fallan en peque?as dimensiones. C?mo describi? el comediante estadounidense Bill Maher: ??Sab?is lo que pasa cuando los molinos de viento se caen al mar? Un chapuz?n?.

El eventual resultado m?s positivo posible de este desastre no ser?a s?lo una aceleraci?n de las fuentes renovables de energ?a como el viento, sino un apoyo total al principio preventivo en la ciencia. Como espejo opuesto al credo de ?si sab?is no pod?is fallar? de Hayward, el principio preventivo sostiene que ?cuando una actividad involucra amenazas de da?o al medio ambiente o a la salud humano? vayamos con cuidado, como si la falla fuera posible, incluso probable. Tal vez incluso podamos obtener una nueva placa para el escritorio de Hayward para que la contemple mientras firma cheques de compensaci?n. ?Actu?is como si supierais, pero no sab?is?.

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Naomi Klein visit? la costa del Golfo con un equipo de filmaci?n de Fault Lines, un programa documental presentado por Avi Lewis en al-Jazeera English Television. Fue consultora para la pel?cula.

? Guardian News and Media Limited 2010

Fuente: http://www.guardian.co.uk/theguardian/2010/jun/19/naomi-klein-gulf-oil-spill

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Tags: vertido, perforación, Naomi Klein, The Guardian, asamblea

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