Martes, 22 de junio de 2010

Portada :: N. Chomsky
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 22-06-2010

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Una carta que se convirti? en art?culo



Querido Noam:

Verte en Par?s fue un placer largamente esperado por tus muchos amigos y admiradores. S? que result? cansado, pero no debes pensar que tu voz se fatigara en vano. Me temo que puedas haberte llevado una impresi?n muy negativa de algunos medios que parecen "no haber aprendido ni olvidado nada".

Sin embargo, me parece que lo brusco del tratamiento que te dispens? sobre todo Le Monde pone simplemente de relieve la importancia de tu visita y la honda significaci?n geopol?tica que tiene Chomsky en Francia.

Disc?lpame si no presto atenci?n en mi an?lisis a tu campo principal, la Ling??stica, pues no me siento cualificada para hablar de ello. Pero tiendo a creer que puede que la animosidad que en Francia has despertado en ciertos c?rculos tenga menos que ver con la Ling??stica que con tu papel de cr?tico, el m?s destacado, de la pol?tica exterior estadounidense. S?, ya sabemos qu? hay muchos m?s, pero Chomsky es de lejos el m?s conocido en el mundo entero. En mi opini?n, este papel de virtual s?mbolo de la cr?tica moral sistem?tica de la pol?tica exterior estadounidense es la raz?n fundamental de la campa?a contra ti que comenz? hace unos treinta a?os. A mi parecer, el alboroto que se registr? primero en torno a Camboya y despu?s sobre la defensa del derecho del profesor Robert Faurisson a expresar sus puntos de vista era en lo esencial un modo de desacreditar al principal cr?tico estadounidense del imperialismo de los Estados Unidos.

Hace falta que sit?e esta argumentaci?n en su contexto.

El final de la Segunda Guerra Mundial dividi? a Europa en dos grupos de sat?lites de las dos principales potencias victoriosas. Los m?todos pol?ticos de la Uni?n Sovi?tica dejaron en evidencia para todos el estatus de sat?lite de Europa Oriental, y sobre todo para los ciudadanos de estos pa?ses, que eran conscientes de la coacci?n que les manten?a dentro del bloque comunista.

En Occidente, la opulencia estadounidense, la pronta complicidad de las clases dominantes aut?ctonas y los m?todos bastante m?s sofisticados de persuasi?n pol?tica, que dramatizaban una "amenaza sovi?tica", lograron con ?xito convencer a los pa?ses sat?lites de que eran aliados voluntarios de los Estados Unidos. Esto funcion? la mayor parte del tiempo y hubo muy pocas excepciones temporales. Suecia, por ejemplo, que nunca hab?a sido conquistada o liberada, tuvo momentos de aut?ntica independencia, especialmente con Olof Palme (cuyo oportuno asesinato ha echado gradualmente a Suecia a los brazos de la OTAN). En la d?cada de 1960, Charles de Gaulle dio pasos de importancia destinados a recuperar la independencia pol?tica de Francia, al criticar sobre todo la guerra estadounidense en Indochina y tratar de estrechar relaciones con pa?ses del Tercer Mundo. Este giro qued? deshecho por los sucesos de mayo de 1968 y tras la ca?da de Gaulle se puso en marcha un proceso de normalizaci?n a fin de consolidar la hegemon?a estadounidense en Francia de una vez por todas.

Ahora bien, debido precisamente a que Francia fue escenario de los impulsos m?s fuertes de independencia el proceso de normalizaci?n ten?a que ser el m?s vigoroso.

La vanguardia de este proceso consisti? en la operaci?n medi?tica denominada de "les nouveaux philosophes", lanzada a mediados de la d?cada de 1970. En aquella ?poca yo estaba en Par?s y pude asistir a su desarrollo. Los ataques a Chomsky formaban parte integral de esta campa?a, destinada a desacreditar al extenso movimiento internacional contra la guerra estadounidense en Vietnam como "ingenuo" o "apologista del gulag", etc. Se trataba de una campa?a pol?tica amplia y multifac?tica conducida por los medios para apartar a la opini?n p?blica, sobre todo a la juventud de izquierdas, del Partido Comunista, del gaullismo social (Chaban-Delmas) [1], de la solidaridad con el Tercer Mundo, encamin?ndola hacia los "derechos humanos", entendiendo sobre todo los derechos humanos de los disidentes de aquellos pa?ses a cuyos gobiernos se opon?an los Estados Unidos.

Intelectuales del poder

El papel de los intelectuales franceses en este proceso es bastante variado y sofisticado.

Para empezar, la naturaleza y papel de los "intelectuales del poder" es muy diferente, a veces hasta opuesto, en los Estados Unidos y en Francia.

En los Estados Unidos, los intelectuales del poder (los "nuevos mandarines"), bien numerosos, trabajan directamente para el gobierno, en comit?s de expertos -think tanks - o como asesores y editorialistas. Su "pensamiento" se dirige a reforzar el poder de los Estados Unidos en el mundo.

En Francia la situaci?n es casi la opuesta, pues el "poder" de verdad para el que trabajan los intelectuales franceses del poder no es Francia sino los Estados Unidos, considerado protector necesario de "Occidente", contando a Israel.

En Francia, los intelectuales que trabajan para el gobierno proceden tradicionalmente de las mejores escuelas y se preocupan, desde luego, habitualmente de los intereses franceses. En privado, expresan con frecuencia su descontento por el servilismo franc?s hacia los Estados Unidos. Pero en buena medida son invisibles para la opini?n p?blica en general y sus consejos sobre pol?tica internacional tienden a ser anulados por los pol?ticos.

En cambio, los verdaderos "intelectuales del poder" en Francia son las estrellas medi?ticas que, de un modo u otro, justifican la sumisi?n francesa a los Estados Unidos. La idea fundamental del viejo "nuevo fil?sofo" Bernard-Henri L?vy es que el fascismo es "la ideolog?a francesa" y que no se puede confiar en el pueblo ni en el gobierno franc?s. As? pues, el objetivo pol?tico fundamental estriba en dejar impotente a Francia insert?ndola firmemente en la Alianza Atl?ntica, la OTAN y la Uni?n Europea.

Mientras que los intelectuales estadounidenses del poder tienden a ser nacionalistas pro estadounidenses, los intelectuales del poder franceses son esencialmente antifranceses. En vi?etas y pel?culas se retrata a la clase trabajadora francesa como unos b?rbaros racistas. Desde la pel?cula Le Chagrin et la Piti?, [2] de 1969, el p?ndulo se ha movido alej?ndose de la celebraci?n de la Resistencia francesa y pasando a la autoflagelaci?n por los cr?menes cometidos contra los jud?os bajo la ocupaci?n nazi. La existencia misma de Jean-Marie Le Pen y su Frente Nacional durante casi treinta a?os ha contribuido principalmente a fortalecer una actitud en contra de antinacionalismo. Se estigmatizan las justificadas cr?ticas a la Uni?n Europea por desmembrar el bienestar social en favor de un capital financiero como nacionalismo franc?s arcaico e inaceptable. El centro izquierda dominante ha abandonado tanto las cuestiones econ?micas como el antimilitarismo en favor de una ideolog?a de los derechos humanos m?s preocupada por el Dalai Lama (por el que Francia nada puede hacer) que por la desindustrializaci?n del pa?s. La izquierda de los derechos humanos ha abandonado en gran medida la pol?tica econ?mica, a la UE, y la pol?tica militar a la OTAN y su patr?n, los Estados Unidos.

De diversas maneras, los intelectuales "humanitarios" del poder ejemplificados por Bernard Kouchner [3] trabajan para promover la divisi?n estadounidense de la humanidad en tres "uves": villanos, v?ctimas y victoriosos salvadores. Este particular tri?ngulo fat?dico sirve de lecho de Procusto de todos los acontecimientos mundiales de relieve, empezando, por supuesto, por la Segunda Guerra Mundial, tal como ahora se ense?a en la mayor?a de los colegios: el drama de un villano (Hitler), las v?ctimas (los jud?os) y el victorioso salvador (las fuerzas armadas de los Estados Unidos). (Se dejan cada vez m?s de lado el Tratado de Versalles, la depresi?n econ?mica, el antibolchevismo de Hitler, la batalla de Stalingrado y much?simos otros detalles nada insignificantes).

Metida a la fuerza en el mismo molde, acaso con una mayor distorsi?n de la realidad, la crisis yugoslava sirvi? para hacer valer el modelo b?sico. Los intelectuales franceses del poder estaban en primera l?nea del frente en esta guerra medi?tica, listos para reforzar la imagen de la gente como mera v?ctima pasiva de "dictadores genocidas", y cuya ?nica esperanza de salvaci?n se cifraba en ser rescatados por la OTAN.

El grupo de Euston [4] desempe?a la misma funci?n con menos br?o. Por doquier la cuesti?n estriba en mantener unida la Alianza Occidental contra el resto del mundo.

Fil?sofos franceses

Por supuesto, algunos ensayistas franceses contempor?neos critican de cuando en cuando a los Estados Unidos. Le Monde des livres citaba a algunos de ellos ?Pierre Bourdieu, Alain Badiou, Slavoj Zizek, Antonio Negri, y otros? como prueba de que los franceses disponen de esos grandes intelectuales, de modo que no necesitan o?r lo que Chomsky tenga que decir.

Aunque sean, por supuesto, muy distintos unos de otros, vale la pena mencionar ciertas diferencias entre los fil?sofos franceses contempor?neos, por un lado, y Chomsky por otro.

En primer lugar est? la cuesti?n de los datos. La cr?tica de Chomsky se acompa?a de datos, materia que parece causar tedio a los pensadores franceses contempor?neos. Sin duda, la importancia del ensayo en el sistema educativo franc?s ha engendrado un mundo de "fil?sofos" cuya habilidad a la hora de manipular ideas desprovistas de datos era garant?a de una carrera distinguida. Louis Althusser lleg? a confesarlo en su autobiograf?a, reconociendo que no s?lo eran pocos los datos que conoc?a sino tambi?n pocas las obras de filosof?a, pero hab?a aprendido a sintetizar. Con ello se suscita la cuesti?n de la utilidad social de dicha filosof?a. Si el objetivo social consiste en entretener, entonces la escuela francesa cumple su prop?sito: la mistificaci?n es con frecuencia bastante m?s entretenida que las descripciones claras de la realidad.

Por otro lado, si el objetivo estriba en ayudar a los lectores a alcanzar su propia comprensi?n de la realidad, sobre todo de la realidad pol?tica, entonces su primera necesidad es poder disponer de los datos b?sicos pertinentes, que la mayor parte de la gente no tiene tiempo de establecer mediante una investigaci?n propia. Por tanto, Chomsky resulta ?til a los ciudadanos al suministrarles materia prima para que desarrollen sus propias ideas de un modo que no pueden los proveedores de ideas confeccionadas pero de endeble sost?n.

Hay otras dos diferencias referentes a la ?tica y la claridad de pensamiento.

La ?tica chomskyana se centra en la cr?tica del abuso de poder en nuestra sociedad, lo cual no entra?a un rechazo de esa misma sociedad, pues en algunos aspectos Chomsky es muy pro estadounidense. Pero la actitud b?sica es que uno tiene el deber y la posibilidad de combatir el abuso de poder en la sociedad propia, mientras que esto es dif?cil, si no imposible, en algunas sociedades ajenas, sobre en todo en aquellas en las que se produce un gran antagonismo.

En d?cadas recientes, los intelectuales franceses han tenido, por contraposici?n, la tendencia a adoptar una ?tica dualista y escoger bando entre distintos "campos". Tras el desplome de la Uni?n Sovi?tica y el "campo socialista", este dualismo se ha centrado en Occidente, "cuna de los derechos humanos", frente al resto del mundo atrasado, lo cual ha llevado a una completa incomprensi?n respecto a Chomsky, cuya cr?tica de los Estados Unidos poco tiene que ver con escoger un "campo" opuesto.

Por lo que toca a la claridad, el ?nfasis que se pone en la complejidad estil?stica del sistema escolar de ?lite franc?s ha llevado a la noci?n de que todo aquello que es claro no es "profundo". Se supone que una cierta oscuridad sugiere profundidad (Pierre Bourdieu hizo un uso deliberado de este prejuicio al utilizar frases largas para pensamientos simples. En cierta ocasi?n le cont? al fil?sofo estadounidense John Searle que, para que a uno le tomen en serio en Francia, al menos el 20% de lo que escribe tiene que resultar incomprensible).

Debido en parte a estas diferencias, existe un antagonismo natural entre Chomsky y sus contempor?neos franceses. Y esto se entrecruza con las controversias pol?ticas. En primer lugar, en el caso de Camboya, la preocupaci?n de Chomsky, por establecer correctamente los hechos y evitar exageraciones fue groseramente malinterpretada como expresi?n de simpat?a o apoyo a los jemeres rojos. Se produjo un choque entre alguien para quien los hechos son fundamento de la opini?n y otros para quienes la opini?n es lo que prevalece y los hechos tienen menor significaci?n.

Posteriormente, en el caso Faurisson, m?s explosivo, el simple hecho de defender el principio de libertad de expresi?n se interpret? como apoyo a las tesis de Robert Faurisson, pese a la insistencia de Chomsky en que las dos cosas quedaban bien separadas. En este caso, resulta imposible determinar d?nde dejamos las honestas diferencias filos?ficas y entramos en el aprovechamiento con la finalidad de desacreditar a Chomsky como cr?tico del imperialismo estadounidense.

La "Ley Gayssot" y la religi?n de Estado

Nadie podr?a haber sido plenamente consciente en aquella ?poca, en torno, a 1980, de ad?nde llevar?a el "asunto Faurisson". El alboroto en torno al profesor de literatura que decidi? poner en tela de juicio el hecho hist?ricamente aceptado de que se utilizaran c?maras de gas para exterminar a los jud?os en los campos de concentraci?n alemanes result? ser un hecho clave en el proceso que llev? al establecimiento del Holocausto o la "Shoah" (el t?rmino religioso hebreo que hoy se usa com?nmente en Francia) como una especie de religi?n de la memoria y el arrepentimiento, elevada al estatus de dogma oficial.

Lejos de seguir el consejo de Chomsky de dejar que las cuestiones se dirimieran mediante la libre discusi?n, la Asamblea Nacional francesa de julio de 1990 adopt? una enmienda a una ley de 1881 sobre libertad de prensa conocida como "Ley Gayssot", por el diputado comunista que la present?. Esta enmienda apela concretamente a castigar a quien p?blicamente "impugna" (pone en cuesti?n o discute) "la existencia de uno o varios cr?menes contra la humanidad", tal como los definieron las disposiciones del Tribunal de Nuremberg de 1945, y que hayan sido cometidos "por miembros de una organizaci?n declarada criminal" de acuerdo con esas disposiciones o "por una persona a la que se halla culpable de dichos cr?menes por la jurisdicci?n francesa o internacional". Los cr?menes contra la humanidad de Nuremberg que se enumeran son "el asesinato, el exterminio, la esclavitud, la deportaci?n y todos los dem?s actos inhumanos cometidos contra poblaciones civiles" as? como "las persecuciones por motivaciones pol?ticas, raciales o religiosas".

Por lo general, esta ley se ha venido utilizando para procesar o silenciar a personas que en general no impugnan, discuten o cuestionan la existencia de los cr?menes arriba mencionados pero que ponen en cuesti?n que se usaran c?maras de gas en la comisi?n de genocidios masivos. Puesto que la "negaci?n" misma de la persecuci?n nazi de los jud?os es casi inexistente, la ley se ha aprobado con el fin de aplicarse especialmente a personas de quienes, debido a su orientaci?n pol?tica general, se sospecha un oculto antisemitismo. Ese fue el caso de la demanda contra Bruno Gollnisch, destacado miembro del Frente Nacional.

Gollnisch, profesor de estudios asi?ticos en la Universidad de Lyon, eludi? simplemente una pregunta sobre el Holocausto durante una entrevista, afirmando que se trataba de una cuesti?n para los expertos. Las acusaciones contra ?l finalmente se desestimaron tras una apelaci?n a la suprema instancia judicial francesa, pero mientras tanto qued? suspendido de su puesto universitario durante cinco a?os.

Una ley de este tipo tiene efectos que rebasan su inmediata aplicaci?n. Para empezar, ha contribuido a sacralizar el Holocausto, o la "Shoah", que ha venido consider?ndose cada vez menos como un acontecimiento hist?rico que como un dogma sagrado. En un Estado secular en el que las religiones tradicionales est?n excluidas de la escuela p?blica, s?lo la Shoah exige la adhesi?n tanto mental como emocional tradicionalmente reservadas a la religi?n. Su lugar en el plan de estudios crece mientras mengua en general la ense?anza de la historia.

Inicialmente, los cr?menes nazis se mostraron como algo contrario a la humanidad, pero conforme la identificaci?n de las v?ctimas se ha ido centrando cada vez m?s en los jud?os, el resultado ha sido dividir impl?citamente a los escolares entre v?ctimas potenciales, a saber, los jud?os, y todos los dem?s, cuya inocencia est? menos garantizada. Esto equivale a invertir la estigmatizaci?n tan abominada de los jud?os como "asesinos de Cristo". Hoy los no jud?os se encuentran en la inc?moda posici?n de ser descendientes de "matajud?os" (o tal vez de quienes no lograron salvar a los ni?os jud?os de la deportaci?n a Auschwitz).

Un efecto inevitable consiste en animar a otras comunidades ?tnicas a acentuar su estatus de v?ctimas hist?ricas, sobre todo de v?ctimas de "genocidio". Africanos, armenios, musulmanes y otros sienten todos que las tragedias de sus antepasados merecen respeto y conmemoraci?n comparables. Esta rivalidad en el victimismo puede conducir a una ampliaci?n de la Ley Gayssot o de una ley anterior contra la incitaci?n al odio racial para procesar a quienes consideren inapropiado el t?rmino "genocidio" en relaci?n con los tr?gicos acontecimientos de Ucrania, Armenia, Bosnia, etc.

Hacer de la historia objeto de reverencia antes que de curiosidad se?ala una sutil pero grave regresi?n de los valores seculares de la libre investigaci?n. Contribuye a una atm?sfera de autocensura, de "correcci?n pol?tica" que alienta el apocamiento intelectual en lugar de la osad?a. El resultado pol?tico es que se inculca en los ni?os la visi?n del mundo de las tres "uves", en la que los Estados Unidos representan al victorioso salvador y Francia es un testigo poco menos que culpable.

Los tiempos est?n cambiando

Para buena parte de la generaci?n m?s joven, el culto de la Shoah, con sus conmemoraciones anuales obligatorias y su constante recordatorio del "deber de memoria" se est? volviendo tan aburrido como cualquier otra religi?n impuesta. Y no consigue reprimir las cr?ticas al tratamiento dispensado por Israel a los palestinos. Puede que el periplo de la culpa est? llegando a su fin.

Tu visita a Par?s durante los ?ltimos cinco d?as de mayo lleg? en un momento en el que hay se?ales de que est?n cambiando las tornas ideol?gicas y una de esas se?ales fue la asistencia de gente por lo general joven a tu charla en el auditorio de la Mutualit?, apadrinada por la publicaci?n mensual Le Monde diplomatique.

Al contrario que Le Monde diplomatique, Le Monde, anta?o respetado diario de referencia, se ha convertido en ense?a de "la pens?e unique" y el servilismo proatlantista hacia los Estados Unidos y la Uni?n Europea. Primero, el diario public? una atontada cr?nica de su reportero, que no pudo entrar en el Coll?ge de France a escuchar la conferencia principal de Chomsky y redact? una queja por haber tenido que quedarse fuera. Pocos d?as despu?s, Le Monde public? un malicioso ataque en su secci?n semanal de libros, ignorando nuevas publicaciones de importancia y desenterrando el asunto Faurisson a fin de deshacerse en elogios de los cr?ticos de Chomsky, sin hacerse siquiera m?nimamente eco de los argumentos del mismo Chomsky en favor de la libertad de expresi?n.

Pero, por otro lado, al final de tu visita te entrevistaron en Ce soir ou jamais, el popular programa nocturno, lo que te dio la oportunidad, despu?s de todos estos a?os, de responder a las principales preguntas planteadas por el presentador, Fr?d?ric Taddei. El programa es popular y los espectadores que se fueran a la cama temprano pueden encontrarlo f?cilmente en Internet.

Esta entrevista en televisi?n fue favorablemente comentada en Marianne, que en los ?ltimos a?os se ha convertido en el semanario m?s le?do de Francia. Marianne recalc? el "extra?o silencio de los medios" respecto a la visita de Chomsky, y sobre todo la incapacidad de citar sus contundentes cr?ticas al ataque israel? contra la flotilla de la libertad para Gaza, que hab?a tenido lugar esa misma ma?ana. La revista mencionaba las declaraciones del mismo Chomsky para explicar esta desatenci?n de los medios: a veces de modo consciente, a veces inconscientemente, tendemos a filtrar lo que no queremos ver u o?r si nos resulta inc?modo.

Chomsky todav?a incomoda a alguna gente de los medios franceses. Pero no a todos. Est?, por supuesto, el gran despliegue en Le Monde diplomatique, uno de los organizadores de la visita, con un largo art?culo del profesor Jacques Bouveressse, anfitri?n de Chomsky en el Coll?ge de France. Daniel Mermet, del popular programa vespertino de radio l?-bas si j'y suis retransmiti? el encuentro de Chomsky con dirigentes sindicales. El diario cat?lico La Croix publico un art?culo informativo sobre nuestro visitante.

En febrero de 2003, el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Dominique de Villepin, pronunci? un discurso en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas oponi?ndose al ataque estadounidense a Iraq. Su intervenci?n le vali? un entusiasta aplauso internacional. Parec?a que Francia pod?a recuperar una voz independiente. Pero el temor a las represalias estadounidenses tuvo su papel en el posterior alineamiento de Sarkozy con los Estados Unidos e Israel. Con ello no se consiguen recompensas visibles, aparte de compartir el atolladero afgano y enajenarse a buena parte de la poblaci?n ?rabe de Francia. Los a?os de George Bush, la guerra de Afganist?n, el apoyo sin cr?tica a Israel por parte de los Estados Unidos, la crisis financiera y la creciente desilusi?n con la Uni?n Europea est?n socavando la aceptaci?n popular de la pasiva lealtad de Francia al imperialismo estadounidense.

El p?ndulo se mueve. Villepin, el enemigo pol?tico m?s feroz de Sarkozy, ha vuelto a escena, apelando a que Francia "aprenda las lecciones de Vietnam, de Argelia, del colonialismo", para retirarse de Afganist?n y reconocer que el mundo est? cambiando. Occidente ya no puede dictar su voluntad al mundo, en el que surgen nuevas potencias, insiste Villepin. Est? fuera del poder, pero sus palabras tienen resonancia. La paradoja es que Chomsky, a quien se considera antifranc?s por su desd?n hacia los intelectuales franceses, ofrece apoyo a quienes quieren recobrar la independencia nacional francesa con el fin de desempe?ar un papel constructivo y pac?fico en el mundo multipolar de ma?ana. Por lo menos, contribuye a la libertad de palabra.

Con mis mejores deseos, Diana Johnstone

NOTAS T.:

[1] Jacques Chaban-Delmas (1915-2000) fue Primer Ministro bajo la presidencia de Georges Pompidou entre 1969 y 1972, y desarroll? el proyecto de Nouvelle societ? (aconsejado, entre otros, por Jacques Delors) en la vertiente m?s social del gaullismo.

[2] Le chagrin et la piti?, documental franco-suizo de Marcel Oph?ls (hijo del gran director jud?o alem?n Max Oph?ls), examinaba de modo nada complaciente el papel del colaboracionismo y la pasividad francesas durante la ocupaci?n alemana entre 1940 y 1944.

[3] Kouchner fue fundador de M?dicos sin Fronteras en 1971 y uno de los promotores del principio de "injerencia humanitaria". En la actualidad es Ministro de Asuntos Exteriores y de Europa con Sarkozy.

[4] El Manifesto de Euston, publicado en el New Statesman londinense en abril de 2006, fue redactado por un grupo de intelectuales brit?nicos sedicentemente progresistas con el ?nimo de redefinir los valores de la izquierda, amenazados en su opini?n por la posici?n antiestadounidense, el antisemitismo y las cr?ticas acerbas a Occidente. Sus numerosos cr?ticos lo juzgan m?s bien un intento de plegarse a los nuevos designios de la pol?tica imperial estadounidense, desactivar las cr?ticas a Israel y respaldar las agresione b?licas, empezando por la guerra contra Iraq.

Diana Johnstone es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.

Traducci?n para www.sinpermiso.info : Lucas Ant?n

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Tags: Le Monde, Chomsky, Camboya, libertad de expresión, guerra mundial, francesa

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