Domingo, 27 de junio de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 27-06-2010

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Como forma de control del pensamiento, las encuestas de opini?n en los pa?ses occidentales (promovidas siempre por grupos de poder pol?tico, capitalista o medi?tico) pretenden convencer y homogeneizar el pensamiento de todos aqu?llos que no se encuentran entre la mayor?a.

En una democracia ─dice Chomsky─ los ciudadanos son los convencidos (etimol?gicamente quienes se identifican con el vencedor y le dan la raz?n por su victoria) y de lo que se trata es de prohibir el pensamiento de los no convencidos (los no ciudadanos) pero simulando que est? permitido, para que la democracia parezca democracia.

Siempre con la vista puesta en el peligro de que el pensamiento independiente se pueda traducir en acci?n pol?tica, los que mandan tratan de manipular las conciencias recurriendo, entre otras cosas, a las denominadas encuestas de opini?n.

Primer argumento: acabar con el pensamiento disidente

Este tipo de encuestas trata de acabar con el pensamiento disidente. Para ello se ponen l?mites a los temas abordados y se eligen convenientemente las preguntas, simulando una realidad que no es real. Como recordaba Jes?s Ib??ez la libertad no consiste s?lo en elegir entre las posibilidades dadas sino tambi?n, y sobre todo, en producir nuevas posibilidades.

Mediante el ?consenso democr?tico? se acuerda que los terroristas son..., que los Derechos Humanos s?lo se violan en Cuba, que las opciones pol?ticas est?n representadas ?nicamente por los partidos A y B, etc. Desde la perspectiva del poder se trata de prever el comportamiento de los mandados sin que ?stos puedan anticipar el suyo.

Por supuesto no incluyo aqu? los estudios sociol?gicos objetivamente rigurosos llevados a cabo por especialistas, aunque incluso ?stos pueden ser censurados desde el poder si sus conclusiones no se ajustan al consenso democr?tico, como sucedi? hace a?os con el ?Informe Petras? por parte del Centro Superior de Investigaciones Cient?ficas (CSIC) espa?ol. Me refiero a esas encuestas que inundan la prensa diaria, realizadas por firmas de marketing o empresas fantasma, que proponen a los entrevistados preguntas del tipo: ?Renunciar?a a sus derechos laborales para mantener el puesto de trabajo? ?Est? a favor de la tortura para los casos de terrorismo? y otras similares aparecidas en los ?ltimos d?as.

Entre los que anticipan a los ciudadanos el endurecimiento de las condiciones para los trabajadores y los disidentes y quienes incitan al magnicidio desde estas encuestas, no hay diferencia en su grado de abyecci?n moral.

Durante a?os se critic? a Cuba por no realizar encuestas sociol?gicas, hasta que una empresa estadounidense decidi? llevar a cabo un estudio semiclandestino. El resultado fue que la sociedad cubana apoyaba pr?cticamente por unanimidad la pol?tica gubernamental y revolucionaria encabezada (entonces) por Fidel Castro. Lo que demostraba, en realidad, el hecho de que si en un sistema socialista no se usaban las encuestas se deb?a a la inutilidad de las mismas, salvo en el caso de querer condicionar y/o manipular a la opini?n p?blica.

Segundo argumento: convertir al ciudadano en consumidor

Este ?ltimo razonamiento tiene mucho que ver con la denuncia de Hobsbawm cuando asegura que la participaci?n en el mercado sustituye a la participaci?n en la pol?tica, sustituyendo al ciudadano por la figura del consumidor. En este sentido las encuestas son m?s propiamente estudios de mercado que investigaciones sociol?gicas. El ideal de la soberan?a del mercado no es un complemento de la democracia liberal, sino una alternativa este sistema. De hecho, es una alternativa a todo tipo de pol?tica, ya que niega la necesidad de tomar decisiones pol?ticas [Hobsbawm]. Cuando las contiendas electorales se convierten en campa?as publicitarias, los mensajes devienen en meros esl?ganes f?ciles de memorizar. La misma l?gica funciona con las encuestas.

Con una clase pol?tica cada vez m?s alejada de los verdaderos intereses ciudadanos y unas instituciones menos representativas, cuando no abiertamente antidemocr?ticas, la participaci?n pol?tica ciudadana queda relegada a las jornadas electorales que tienen lugar una vez cada varios a?os. Durante el tiempo transcurrido entre dos elecciones consecutivas, la democracia s?lo existe como amenaza potencial sobre la reelecci?n de ciertas personas o el ?xito de sus partidos. Por eso se hace m?s importante el control de la opini?n p?blica por parte de los medios y por eso, ante la inexistencia de cualquier otra forma de control o participaci?n pol?tica para los ciudadanos, se recurre con mayor fruici?n a las encuestas que generan la ilusi?n de estar influyendo en pol?tica.

Por el contrario en Cuba, donde la participaci?n pol?tica es much?simo m?s amplia y m?s fecunda, las encuestas son irrelevantes pues diariamente se corroboran opiniones y propuestas a trav?s de las organizaciones pol?ticas, sindicales, profesionales, culturales, de barrio, etc. que tienen su cauce establecido con la esfera del poder. Al tiempo que desde ?sta se dirigen proyectos y consultas hacia la base.

La ?voluntad del pueblo? en los reg?menes capitalistas no puede determinar de hecho las pol?ticas gubernamentales, aunque aqu?lla sea indispensable para legitimar ?stas. De modo que la soluci?n m?s conveniente para los gobiernos consiste en mantener el mayor n?mero posible de decisiones al margen de la publicidad y la pol?tica, ?consultando? al pueblo en cuestiones irrelevantes o que no impliquen necesariamente compromisos concretos.

Las encuestas, como las elecciones ─porque se basan en un presupuesto l?gicamente contradictorio─, producen un efecto parad?jico: contribuyen a que los ciudadanos sean cada vez menos libres y se crean cada vez m?s libres. [Ib??ez]

Antonio Cuesta es corresponsal de la Agencia Prensa Latina en Turqu?a.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Tags: encuestas, Chomsky, elecciones, opinión, Cuba, derechos humanos

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