S?bado, 17 de julio de 2010
Estad?latras: ?Me permiten disentir?

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" El Estado es un ?rgano de dominaci?n de clases, un ?rgano de opresi?n de una clase por otra, es la creaci?n del orden que legaliza y afianza esta opresi?n, amortiguando la lucha de clases. El proletariado s?lo necesita el Estado temporalmente. Nosotros no discrepamos en modo alguno con los anarquistas en cuanto al problema de la abolici?n del Estado como meta final. Lo que afirmamos es que para alcanzar esta meta es necesario el empleo temporal de las armas, de los medios del Poder del Estado para emplearlos contra los explotadores. Para destruir las clases es necesaria la dictadura temporal de la clase oprimida. " (Lenin: la real pol?mica de Marx con los anarquistas)

I.- Momento del llamado ?principio-esperanza? (Ernst Bloch):

Lo m?s elemental muchas veces se pierde de vista: no habr? nuevo socialismo fuera del espacio de la revoluci?n democr?tica permanente e instituyente , lo cual implica diferenciarla de cualquier fe supersticiosa en los l?mites constitucionales y en la forma-Estado; fe heredada por pr?cticas, representaciones y discursos de 200 a?os de colonialismo interno, de modernizaci?n capitalista refleja, trunca y dependiente para Nuestra Am?rica; y en el caso de Venezuela, de sub-cultura del petr?leo, de conformaci?n del Estado populista clientelar, de patrimonios, prebendas y privilegios, producto de modalidades parasitarias de la acumulaci?n delictiva de capitales.

A algunos intelectuales, funcionarios y pol?ticos les da escozor que se plantee el debate entre la forma-Estado y la forma-Comuna. El realismo de ?sentido com?n?, el pragmatismo, el oportunismo, las viejas estadolatr?as de aparato, propias de una izquierda cargada de h?bitos ideol?gicos, sean socialdem?cratas o estalinistas, o el hecho mismo que se viven las tensiones, conflictos y antagonismos de una potencial transici?n post-capitalista , plantean que es ?sensato? no debatir si el pensamiento cr?tico socialista, puede seguir encadenado al imaginario instituido de la forma-Estado: ?En efecto, cada uno de nosotros lleva interiorizada, como la fe del creyente, esa certeza de que la sociedad es para el Estado (?) no se puede concebir sociedad sin Estado?. (Pierre Clastres).

Muchos malos lectores del llamado "autonomismo", o del "marxismo cr?tico, abierto y libertario", por ejemplo, extraen como consecuencia que la idea de revoluci?n para estas corrientes, no puede consistir en una alteraci?n radical de la relaciones de poder y en una toma del Estado. Mucho se hubiese evitado, si siguiendo a Foucault, se hicieran distinciones entre el concepto de relaciones de poder y sus efectos de conjunto: los estados de dominaci?n . Gramsci ten?a suficientemente claro, como el "poder de unas clases-sobre otras clases", es inmanente al campo de constituci?n de la separaci?n entre gobernantes y gobernados. Y Marx ten?a suficientemente claro que la forma-Estado era parte del complejo ensamblaje de la alienaci?n pol?tica.

El Estado nacional (y cualquier forma-Estado) es una expresi?n concentrada de relaciones de dominaci?n de una sociedad: de gobierno sobre las personas, de coloniaje sobre etnias subalternas, de imposici?n de un imaginario nacional, un ?rgano para el dominio de clases. Cuando la izquierda bien-pensante se queda en la mera lucha por la ?toma de Estado?, dejan intactas muchas de las l?gicas, pr?cticas, representaciones y discursos de la forma-Estado capitalista. ?Cambian el mundo?, dicen, pero manteniendo el "poder concentrado" de la forma-Estado, en manos no de la ?clase trabajadora revolucionaria?, ni del "pueblo organizado, movilizado y consciente", sino de la cadena de sustituciones (partidos-aparatos, gobiernos controlados b?sicamente por sectores medios radicalizados, o bajo el liderazgo de personalismos carism?ticos).

El mando jer?rquico, vertical y concentrado es justamente una condici?n de imposibilidad para una revoluci?n democr?tica permanente , cuyos actores-sujetos populares comienzan a desplazarse desde la potencia constituyente del ejercicio directo del poder, hacia los vagones de cola de las revoluciones o del llamado ?proceso?.

Se dice com?nmente que los gobiernos progresistas de Am?rica Latina se est?n valiendo del Estado para regular la econom?a (que sigue siendo b?sicamente capitalista), para inducir tambi?n el crecimiento econ?mico (cuando lo hay, tambi?n de tipo capitalista), para desarrollar pol?ticas sociales (favorables al orden, la seguridad, la ley y la paz capitalistas). De este modo, los gobiernos progresistas gestionan las funciones t?picamente capitalistas de acumulaci?n, regulaci?n y legitimaci?n funcionales al mantenimiento del dominio de los factores reales de poder.

El keynesianismo de izquierda y el populismo, anudan tanto un patr?n de politizaci?n como una econom?a pol?tica progresista, se dan la mano para impedir imaginar y pensar alternativas radicales de reproducci?n material basadas en el socialismo radical, distintas a las pr?cticas de unidades de producci?n y distribuci?n cuyo fundamento reproduce el antagonismo de clase, y formas de desigualdad sustantiva bajo la divisi?n jer?rquica y vertical del trabajo.

En este contexto material, el tema de las funciones de la forma-Estado capitalista, se confunden con las funciones de un estado de transici?n al post-capitalismo. Obviamente no son las mismas funciones, ni tareas, ni las mismas formas organizativas ni las mismas pr?cticas del Estado capitalista. ?Acaso el llamado "Estado de transici?n" es una continuidad del Estado capitalista?

Transformar el Estado capitalista implica desmantelarlo, derrocarlo, destruirlo. No hay excusas ni ret?rica florida para suponer que se trata de reformas de fachada, de nombres sin cambiar l?gicas, practicas y representaciones. Al desmantelarlo hay que crear nuevas instituciones, espacios, aparatos, nuevas pr?cticas, formas de organizaci?n que no reproduzcan en lo esencial las l?gicas y practicas del gobierno sobre las personas, sobre los movimientos sociales y populares, sobre las clases subordinadas, sino todo lo contrario: un gobierno directo con las gentes y de las gentes, con los movimientos sociales y de los movimientos sociales, con las clases populares y del pueblo trabajador.

Se trata, como dec?a Lenin en sus mejores momentos, de un semi-Estado de transici?n . La izquierda bien-pensante, sin embargo opta por un Lenin -"hombre de Estado", edificador del "Estado socialista", un Lenin pues "realista". Pero seamos realistas, pidamos lo imposible: no quedemos encadenados al inconsciente pol?tico de la forma-Estado. Fue Lukacs el que alguna vez dijo que los puntos fuertes y d?biles del Estado se hallan en la manera en que ?ste se refleja en la conciencia de los hombres. La forma-Estado es tambi?n una representaci?n ideol?gica.

Los gobiernos progresistas de Am?rica Latina , sus dirigentes y funcionarios, comienzan a mostrar s?ntomas de desconexi?n y debilidad del apoyo popular, de identificaci?n con las l?gicas y pr?cticas del Estado capitalista. Si bien rescataron el papel de la pol?tica y del Estado frente al neoliberalismo, no han ofrecido algo distinto de las recetas keynesianas y del populismo hist?rico.

De all? que en plena coyuntura para transformaciones post-capitalistas, sea posible que la izquierda progresista , comience a experimentar una fatal carencia de potencia creativa para imaginar un mundo distinto de relaciones, pr?cticas e instituciones pol?ticas y econ?micas, basadas en efectivamente en la igualdad sustantiva y en la superaci?n del antagonismo de clases .

La edificaci?n de las bases materiales del socialismo radical, implica inevitablemente la construcci?n de una econom?a social, popular, alternativa y comunal de propiedad social o colectiva, bajo modalidades auto-gestionadas de administraci?n , as? como con pr?cticas democr?ticas de planificaci?n de conjunto , en articulaci?n con la funci?n de comando pol?tico-econ?mico de un Estado de transici?n , sometido a un intenso y extenso proceso de democratizaci?n de funciones .

No es a trav?s del cambio cosm?tico de la melod?a dominante de pol?ticas econ?micas, marcadas unas por el ?go? (keynesiano-pro-c?clico), y otras por el ?stop? (monetarismo-neoliberal), que se cambiara la ?rocola? capitalista. La m?sica capitalista sigue sonando y a gran volumen. No hay melod?a socialista. Tampoco superar? el capitalismo, la planificaci?n burocr?tica al estilo del socialismo real, con su apego a la centralidad del estatismo autoritario y el fetichismo del partido-?nico. Hay que reconocer que todav?a hay mucho de ?desarrollismo? en la llamada izquierda progresista. El desarrollismo de izquierda sigue atado al mito de la neutralidad ideol?gica de las "fuerzas productivas".

En gobiernos progresistas hay muchas ganas de ?gobernar-sobre?, pero pocas de ?hacer efectivamente revoluciones democr?ticas y socialistas?. Se sue?a con la elevaci?n constante del ?empleo formal? (pero con atributos reales de precarizaci?n, sean abiertos o velados), generalmente aumentado la nomina y la clientela del Estado, impulsando a veces el cr?dito a peque?as y medianas empresas, y tratando de ampliar el poder adquisitivo de los salarios directos o indirectos. Sin embargo, los gobiernos progresistas mantienen toda la terminolog?a heredada del neoliberalismo: hablan de "sector informal", de "pobreza cr?tica", de "programas sociales focalizados". Muestran una pat?tica debilidad ideol?gica para avanzar en la construcci?n de otro mundo posible.

Obviamente, las medidas urgentes son aceptables en tiempos de desempleo cr?nico a corto plazo, no est?n mal para superar los "ciclos cortos" de coyuntura. Pero desde all?, no hay revoluci?n productiva ni cambio estructural en el sentido de una transici?n post-capitalista. La responsabilidad no es exclusiva de los gobiernos progresistas. Bajemos un pelda?o. ?Qu? ocurre con los partidos, o alianzas pol?ticas progresistas que no impulsan revoluciones; es decir, cambios estructurales? ?Que ocurre dentro de la "contra-elite" pol?tica que supuestamente conduce luchas anti-neoliberales y dibuja horizontes anti-capitalistas?

Los Gobiernos desean partidos d?ciles. Los partidos d?ciles desean militantes d?ciles. Los partidos y militantes d?ciles, desean movimientos sociales y populares d?ciles. Pero los movimientos sociales y populares, se cansan de los gobiernos, de los partidos y de sus militantes d?ciles. Los mandan muchas veces, como decimos coloquialmente "largo pal?carajo".

?Es responsabilidad de qui?nes, que se presenten esas fisuras o abismos entre la izquierda social y la izquierda pol?tica? ?De los gobernantes o de los gobernados? Los movimientos sociales, populares, barriales y de los pueblos originarios, no es que abandonen la lucha por la construcci?n de hegemon?as alternativas , es que el muro de los partidos de gobierno y de los gobiernos progresistas , se convierte injustamente en una condici?n de imposibilidad para las hegemon?as alternativas.

La construcci?n de hegemon?as alternativas implica bajarse del pedestal del poder-sobre, de la ?mata de coco? de la arrogancia, de la corruptela del poder, de la sub-cultura del ?cargo?, que se instala lamentablemente en el espacio de las ?nuevas elites? de los partidos d?ciles de izquierda y sus "gobiernos progresistas", e incluso como en sus portavoces intelectuales, ahora "intelectuales palaciegos".

Tal vez estos intelectuales palaciegos deban volver a leer ?Miseria de la filosof?a? de Marx, cuando dice, refiri?ndose a las corrientes te?ricas de econom?a:

? Luego sigue la escuela humanitaria , que toma a pecho el lado malo de las relaciones de producci?n actuales . Para tranquilidad de conciencia se esfuerza en paliar todo lo posible los contrastes reales; deplora sinceramente las penalidades del proletariado y la desenfrenada competencia entre los burgueses; aconseja a los obreros que sean sobrios, trabajen bien y tengan pocos hijos; recomienda a los burgueses que moderen su ardor en la esfera de la producci?n. Toda la teor?a de esta escuela se basa en distinciones interminables entre la teor?a y la pr?ctica, entre los principios y sus resultados, entre la idea y su aplicaci?n, entre el contenido y la forma, entre la esencia y la realidad, entre el derecho y el hecho, entre el lado bueno y el malo . La escuela filantr?pica es la escuela humanitaria perfeccionada . Niega la necesidad del antagonismo; quiere convertir a todos los hombres en burgueses; quiere realizar la teor?a en tanto que se distinga de la pr?ctica y no contenga antagonismo . Dicho se est? que en la teor?a es f?cil hacer abstracci?n de las contradicciones que se encuentran a cada paso en la realidad. Esta teor?a equivaldr? entonces a la realidad idealizada . Por consiguiente, los fil?ntropos quieren conservar las categor?as que expresan las relaciones burguesas, pero sin el antagonismo que constituye la esencia de estas categor?as y que es inseparable de ellas . Los fil?ntropos creen que combaten en serio la pr?ctica burguesa, pero son m?s burgueses que nadie . As? como los economistas son los representantes cient?ficos de la clase burguesa, los socialistas y los comunistas son los te?ricos de la clase proletaria. Mientras el proletariado no est? a?n lo suficientemente desarrollado para constituirse como clase; mientras, por consiguiente, la lucha misma del proletariado contra la burgues?a no reviste todav?a car?cter pol?tico, y mientras las fuerzas productivas no se han desarrollado en el seno de la propia burgues?a hasta el grado de dejar entrever las condiciones materiales necesarias para la emancipaci?n del proletariado y para la edificaci?n de una sociedad nueva, estos te?ricos son s?lo utopistas que, para mitigar las penurias de las clases oprimidas, improvisan sistemas y andan entregados a la b?squeda de una ciencia regeneradora. Pero a medida que la historia avanza, y con ella empieza a destacarse, con trazos cada vez m?s claros, la lucha del proletariado, aquellos no tienen ya necesidad de buscar la ciencia en sus cabezas: les basta con darse cuenta de lo que se desarrolla ante sus ojos y convertirse en portavoces de esa realidad. Mientras se limitan a buscar la ciencia y a construir sistemas, mientras se encuentran en los umbrales de la lucha, no ven en la miseria m?s que la miseria, sin advertir su aspecto revolucionario, destructor, que terminara por derrocar a la vieja sociedad. Una vez advertido este aspecto, la ciencia, producto del movimiento hist?rico, en el que participa ya con pleno conocimiento de causa, deja de ser doctrinaria para convertirse en revolucionaria. ?

Pasar a una ? ciencia revolucionaria ? (M. L?wy). Esta es la tarea de los portavoces intelectuales de los ?gobiernos progresistas?, alejarse del palacio y sintonizarse con la multitud constituyente . Derrocar la vieja sociedad, el viejo Estado, la vieja econom?a pol?tica, sus viejas instituciones, sus doctrinas.

Obviamente, los movimientos sociales y populares contra-hegem?nicos deben apoyar a los gobiernos progresistas, pero participar sin bozales en los bloques de fuerzas que apoyan aspectos, contenidos o medidas revolucionarias, no solo manteniendo su autonom?a sino criticando desde la ra?z, los aspectos de regulaci?n social del antagonismo, sus timideces, sus inconsecuencias, y hasta sus perfiles reaccionarios y autoritarios, presentes en estos mismos gobiernos.

En esto consiste la construcci?n de una nueva hegemon?a pol?tica democr?tica . Potenciar el esp?ritu cr?tico , contestatario, subversivo, rebelde de los movimientos sociales y populares contra-hegem?nicos . Cuando los "gobiernos progresistas" acusan a los movimientos sociales y populares de "subvertir el orden", confiesan que han entrado en su etapa senil , muestran sus perfiles reaccionarios. Se muestran incapaces de avanzar en las transformaciones de fondo que exigen las clases trabajadoras y populares.

Postergar el espinoso asunto de las bases materiales de la transici?n post-capitalista es sencillamente una forma de escurrir el bulto, de intentar continuar una mascarada, un espect?culo-comandado por elaboradas estrategias de propaganda pol?tica. Nadie duda que se pre-figura una larga y profunda lucha econ?mica, pol?tica, jur?dica, ideol?gica y cultural, para volver a colocar el socialismo radical a la orden del d?a . Pero hay que comenzar con tener cierta fortaleza en las piernas, cierta consistencia entre el dicho y el hecho, para comenzar ?la larga marcha?. Partiendo del populismo o del keynesianismo de izquierda no se llegar? muy lejos. Incluso, ya se ha llegado al ?llegadero?.

No hay que dividir fuerzas para reconocer que los llamados "gobiernos progresistas" tienen piernas flojas . Ciertamente, hay que mantener a toda costa el "mal menor" frente al "mal mayor", consolidar una amplia alianza de movimientos sociales y pol?ticos de izquierda, acumular fuerzas para impedir que caigan por sus propias debilidades estos "gobiernos progresistas", pero clarificando el horizonte revolucionario, a la vez que estableciendo los programas m?nimos comunes para avanzar, con piernas firmes, paso a paso.

La izquierda social de Nuestra Am?rica, ya no s?lo es anti-neoliberal, sino que comienza a vislumbrar el horizonte anticapitalista como cuesti?n civilizatoria. Son palabras y desaf?os mayores, donde su juega la posibilidad misma de la continuidad de la especie humana sobre este planeta. De all? que no pueden perderse los hilos que conectan las transformaciones de mediano plazo (pues ya el largo plazo es la muerte asegurada para las generaciones venideras, bajo las condiciones dominantes) con las transformaciones inmediatas.

Cuando se analicen los resultados electorales por-venir (En Brasil, Argentina o Venezuela), los "gobiernos progresistas" y sus "partidos en el gobierno", estar?n tentados a echarle la culpa a la ?inmadurez de las masas populares?, si los resultados les son adversos. Esto expresa que les cuesta mirarse en el espejo, mirar la paja de su propio ojo. En Venezuela se construy? una f?rmula que nunca logr? aplicarse a fondo: revisi?n, rectificaci?n y reimpulso . Las llamadas 3R siguen siendo, como otras f?rmulas innovadoras: letras muertas . La llamada "contralor?a social" sigue atada de manos frente al poder de las burocracias reci?n instituidas. En alg?n momento, el pueblo organizado se sacudir? este yugo .

La gran victoria de los primeros a?os, fue construir formas de nacionalismo popular progresistas que podr?an podr?a evaporarse, si las dirigencias no advierten que el burocratismo, la arrogancia, las corruptelas y su carencia de voluntad radical transformadora, son la condici?n de posibilidad para el reflujo revolucionario.

El nacionalismo popular progresista , puede devenir en mascarada de nacionalismo burgu?s , sin nada que ver con las luchas anti-capitalistas. Justamente, all? reside el impasse del an?lisis concreto de la realidad concreta de nuestro tiempo. El socialismo radical es incompatible con el mantenimiento de f?rmulas cada vez mas desgastadas, como el keynesianismo de izquierda o el viejo gui?n populista.

Por tanto, el imaginario social radical puede postular la significaci?n hist?rica de un retorno reflexivo y cr?tico a la democracia socialista de consejos del poder popular , acto pertinente para salir de este impasse, as? sea como horizonte regulativo. Construir el "doble poder" junto y a pesar de algunas fracciones conservadoras de los "gobiernos progresistas".

Un retorno cr?tico (no religioso ni doctrinario) a Marx, puede despejar algunos principios del horizonte de libertad y liberaci?n , para impulsar nuevas formas de pensamiento y acci?n contra-hegem?nicas de signo claramente socialistas.

Incluso, un reconocimiento de las aristas libertarias del propio Marx, m?s all? de la primera divisi?n de aguas entre ?marxismo? y ?anarquismo?, podr?a revitalizar un horizonte ut?pico que es licuado en el seno de las representaciones dominantes de la burocracia gubernamental:

" El Estado es un ?rgano de dominaci?n de clases, un ?rgano de opresi?n de una clase por otra, es la creaci?n del orden que legaliza y afianza esta opresi?n, amortiguando la lucha de clases. El proletariado s?lo necesita el Estado temporalmente. Nosotros no discrepamos en modo alguno con los anarquistas en cuanto al problema de la abolici?n del Estado como meta final. Lo que afirmamos es que para alcanzar esta meta es necesario el empleo temporal de las armas, de los medios del Poder del Estado para emplearlos contra los explotadores. Para destruir las clases es necesaria la dictadura temporal de la clase oprimida ".

Tanto Marx como Engels fueron marcados por la posibilidad (de cu?o Saint-simoniano) de pasar de una noci?n del Estado como gobierno sobre los hombres, a una posible ?administraci?n de las cosas?. Para ellos, el tr?nsito post-capitalista pasaba, en t?rminos generales pero admitiendo algunas variaciones hist?ricas, por un "pueblo trabajador en armas" y por una "dictadura temporal de la clase oprimida". Comparando estos enunciados, podemos analizar cu?n lejos est?n las "nuevas elites progresistas" de la ?vieja teor?a revolucionaria?. En las actuales circunstancias, podr?amos hablar de las implicaciones de semejante posici?n para referirnos al bio-poder y a la bio-pol?tica. Sin embargo, Marx expres? una vitalidad de la voluntad radical de la que carecen los "eunucos progresistas", incluso si asumimos cualquier sublimaci?n m?nima de las enunciados-consignas referidas, al "empleo temporal de las armas" y de "dictadura revolucionaria".

Por otra parte, la palabra ?asociaci?n? en Marx, aparece conjuntamente con la posibilidad de imaginar un entramado de ?productores libremente asociados?. As? mismo, la cr?tica a la veneraci?n supersticiosa del Estado , es justamente la ra?z del problema de alienaci?n pol?tica. En el fondo, En Marx y Engels hay analog?as entre la alienaci?n religiosa y la alienaci?n pol?tica: "En el Estado toma cuerpo ante nosotros el primer poder ideol?gico sobre los seres humanos ". A los estadolatras no les gusta que se les recuerde esta frase:

? Siendo el Estado una instituci?n meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revoluci?n, para someter por la violencia a los adversarios, es un absurdo hablar de Estado popular libre: mientras que el proletariado necesite todav?a del Estado no lo necesitar? en inter?s de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejar? de existir. Por eso nosotros propondr?amos remplazar en todas partes la palabra Estado por la palabra ?comunidad? (Gemeinwesen), una buena y antigua palabra alemana equivalente a la palabra francesa Comuna. ?(Carta de Engels a Bebel-1875)

El poder popular y comunitario ser? uno de los eslabones claves para desplazar el ?nfasis desde la tesis de la lucha por los gobiernos progresistas, hacia las fuerzas sociales y pol?ticas contra-hegem?nicas. Desde all?, se construir?n las bases materiales, institucionales y simb?licas de sociedades de transici?n al socialismo. Este giro radical exige replantear s? los marcos jur?dicos e institucionales existentes, s?lo permiten profundizar en un paradigma renovado de socialismo democr?tico, o incluso interrogarse si se desea luchar por algo m?s radical que esto, lo que implica analizar si el eslab?n clave de un t?rmino que no entusiasma (socialismo democr?tico), es justamente una revoluci?n permanente por la democracia socialista .

Marx y Engels, en el pr?logo de la edici?n alemana de El Manifiesto, 24 de junio del 72, a?adieron: "La Comuna ha demostrado, sobre todo, que la clase obrera no puede simplemente tomar posesi?n de la m?quina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines ". Tambi?n Marx y Engels escribieron en "El Manifiesto Comunista" en el contexto del siglo XIX europeo:

" Sustituir la m?quina del Estado, una vez destruida, por la organizaci?n del proletariado como clase dominante, por la conquista de la democracia. El proletariado se valdr? del Poder para ir despojando paulatinamente a la burgues?a de todo el capital, de todos los instrumentos de la producci?n (...) Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producci?n est? centrada en manos de la sociedad, el Estado perder? todo car?cter pol?tico. "

Sin una democracia de la multitud popular, del pueblo trabajador como composici?n de clase pol?ticamente gobernante, para Marx y Engels, era poco probable transici?n alguna al post-capitalismo. En este punto quisi?ramos aclarar que, en cuanto a la abolici?n de la organizaci?n de la sociedad en su forma jur?dico-pol?tica, de lo que se trata (para Marx-Engels) es de superarla, ya que se intentaba establecer una forma de democracia acorde con la hegemon?a de las clases populares.

En este sentido, la primera alusi?n a este tema se encuentra en el Miseria de la Filosof?a: ?(?) La clase trabajadora sustituir?, en el curso de su desarrollo, a la antigua sociedad civil, una asociaci?n que excluir? las clases y su antagonismo, y no habr? m?s poder pol?tico propiamente dicho (?)?.

En el Manifiesto se encuentran los siguientes enunciados: ? Si el proletariado, en la lucha contra la burgues?a, se constituye necesariamente en clase, por medio de la revoluci?n se transforma a s? mismo en clase dominante y, como tal, destruye violentamente las viejas relaciones de producci?n, suprime, junto con estas relaciones de producci?n, tambi?n las condiciones de existencia del antagonismo de clase y las clases en general, y por consiguiente tambi?n su propio dominio de clase. ?

A mediados del siglo XIX, el ? elan? revolucionario era la destrucci?n violenta, la supresi?n de las condiciones de existencia del antagonismo de clase. Las revoluciones pac?ficas del siglo XXI parecen devoradas por la econom?a del humanitarismo filantr?pico , ya mencionado en Miseria de la filosof?a. Fue Kennedy el que coloc? la guinda para comprender esa suerte de pasaje entre revoluciones pac?ficas (comprendidas estrechamente como reformas tipo ?alianza para el progreso?), y las revoluciones violentas (la vieja consigna de la ?contenci?n del comunismo?).

El asunto es m?s complejo. En la medida en que no se abran las compuertas a las revoluciones democr?ticas y socialistas, en medio de condiciones donde se hace patente el magma de la exclusi?n social, las opresiones m?ltiples y la negaci?n cultural, se incubar?n factores latentes de "violencia pol?tica". O se avanza en la democracia social de participaci?n ampliada de las clases populares , o desde el mundo de vida de lo popular, se abrir?n escenarios de lucha armada .

De all? que seguimos planteando como "horizonte regulativo", que se trata de superar esta forma de organizaci?n jur?dico-pol?tica llamada forma-Estado capitalista, que la forma-Comuna puede ser una forma pol?tica expansiva e incluyente , mientras todas las precedentes formas de gobierno han sido unilateralmente represivas. Es decir, que las diferentes formas que puedan construir el socialismo, buscar?n ser m?s democr?ticas que las actuales formas capitalistas de la organizaci?n de la sociedad. All? se juega la posibilidad misma de la democracia socialista .

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Karl Marx describi? en su texto: ?La Comuna de Paris?, los errores cometidos por la clase proletaria en su tarea de gobernar a los franceses y tambi?n c?mo se deber?a haber actuado. Relat? que tras conseguir el Poder, el proletariado no tuvo que dejar intacta la maquinaria del estado existente, sino que debi? eliminar, sin pausas y a grandes pasos, las estructuras e instituciones de la burgues?a ; es decir llevar a cabo, desarrollar, el proceso pol?tico hasta su ?ltima instancia, alcanzando la "extinci?n del Estado burgu?s".

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Justamente, es este horizonte de libertad y liberaci?n , el que pretende enterrarse por parte de los nuevos ?socialismos estado-c?ntricos? y sus "gobiernos progresistas". En vez de suponer la radical democratizaci?n del Estado, como precondici?n de la abolici?n futura del Estado, plantean t?citamente el fortalecimiento por la v?a de la ?concentraci?n jer?rquica y vertical del poder? en manos del aparatos-partidos-Estado. Un retorno a la falacia del populismo o del estalinismo en clave tropical.

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Por tanto, ni el Estado ni la Constituci?n existente son m?s que variables, no axiomas inmodificables. Dec?a Rosa Luxemburgo:

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? Cada Constituci?n legal es producto de una revoluci?n. En la historia de las clases, la revoluci?n es un acto de creaci?n pol?tica, mientras que la legislaci?n es la expresi?n pol?tica de la vida de una sociedad que ya existe. La reforma no posee una fuerza propia, independiente de la revoluci?n. En cada periodo hist?rico la obra reformista se realiza ?nicamente en la direcci?n que le imprime el ?mpetu de la ?ltima revoluci?n, y prosigue mientras el impulso de la ?ltima revoluci?n se haga sentir. M?s concretamente, la obra reformista de cada periodo hist?rico se realiza ?nicamente en el marco de la forma social creada por la revoluci?n. He aqu? el meollo del problema. ?(Luxemburgo: Reforma o Revoluci?n)

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Sin embargo, en desacuerdo parcial con la Rosa Roja, no todas las Constituciones nacen de revoluciones. Ser?a necesario corregir la afirmaci?n: nacen de actos de poder, tanto de revoluciones, golpes de tim?n como de contra-revoluciones. No existe una l?nea hist?rica progresiva de revoluciones triunfantes. Hay marchas y contra-marchas, hay flujos y reflujos, hay tendencias al Socialismo, pero hay contra-tendencias hacia la Barbarie (Tambi?n el Pinochet paranoico-agresivo y su derecha hist?rica, hicieron su Constituci?n a la medida).

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II.- Momento del llamado ?principio de realidad? (Freud) o de rendimiento (Marcuse):

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Marcuse dir?a que todo realismo encierra una claudicaci?n de la Utop?a. De all? que en Mayo 68 se planteaba: "seamos realistas, pidamos lo imposible". Sin embargo, exigir realismo es parte de una identificaci?n con lo existente; es decir, con los que se ha hecho dominante. La conexi?n entre Reforma, Revoluci?n y Constituci?n nos es ?til para enfatizar en la siguiente idea: en cada per?odo hist?rico la obra reformista se realiza ?nicamente en la direcci?n que le imprime el ?mpetu de la ?ltima revoluci?n, y prosigue mientras el impulso de la ?ltima revoluci?n se haga sentir . Con un suplemento, cuando la Constituci?n es obra de un poder constituyente originario . El problema de la relaci?n entre Socialismo, Revoluci?n y Constituci?n se concentra all?.

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? Cu?les son los principios y disposiciones para la producci?n legislativa, que utilizando el impulso constituyente, pueden delinear o edificar en concreto las formas o modelos de socialismo democr?tico-radicales y participativos para Venezuela ?

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Cuando se habla, por ejemplo, de ? pueblo legislador ? se omite lo esencial: el ? pueblo constituyente ?, el pueblo que hace efectivamente revoluciones, no desde el parlamento burgu?s, sino desde la conjunci?n de fuerzas extraparlamentarias y parlamentarias, ejerciendo de manera directa la soberan?a popular .

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Soberan?a popular que al mismo tiempo se enfrenta al reconocimiento de la diversidad popular, a la unidad y diversidad del pueblo-multitud . Democracia social y participativa, ciertamente, pero a la vez democracia sin liquidar diversidades . Sin concesiones con la derecha capitalista, ni al esp?ritu jacobino de la unificaci?n desp?tica . Algunos observan, con cierta raz?n, que al constitucionalizarse la revoluci?n se entr? en un momento reformista. Se entr? de lleno en el "principio de la realidad instituida", con un t?cito repudio a la potencia constituyente. Continuemos.

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El apego apasionado a la Constituci?n de 1999 en Venezuela, por ejemplo, conduce a varios horizontes, con l?mites claramente precisables. En el mejor de los casos: a construir instituciones para impulsar una mayor y mejor democracia participativa, as? como formas de econom?a mixta con un fuerte sector de econom?a social, popular, alternativa y comunal. Es pr?cticamente imposible imaginarse esa tarea sin poder popular, sin protagonismo del pueblo trabajador y de las clases populares.

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En el peor de los casos: puede darse alguna variante de socialdemocracia reformista con enclaves liberales ; bajarle la mecha de intensidad a la democracia participativa, hasta convertirla en una vieja democracia de elites o cogollos . Esto lo puede hacer una coalici?n poli-clasista dirigida por sectores medios con una pr?ctica reformista, acorde con el guion de " movilizar a los de abajo para tomar el poder, y conciliar a los de arriba para mantenerse en el mismo ". Ambas opciones est?n presentes en la Constituci?n de 1999.

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El apego apasionado a la Constituci?n de 1999 no permite ni una vuelta de tuerca hacia la derecha neoliberal , ni los saltos de garrocha del socialismo leninista , propio de los manuales con marca ?URSS?. Menos a?n, es posible la opci?n del ?calco y copia? del Despotismo Burocr?tico con sus eufemismos: ? Estado obrero con deformaciones burocr?ticas ?. Aqu? Bruno Rizzi ten?a raz?n frente a Trotsky: Colectivismo Burocr?tico , algo no imaginado por Marx ni Engels.

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La Constituci?n de 1999 no permite estos vuelos de la izquierda de tradici?n bolchevique. Pero abre otras compuertas. Quien olvide u omita deliberadamente el papel protag?nico del esp?ritu constituyente, huele a reforma sin horizonte de revoluci?n . La construcci?n del socialismo de la propiedad social, colectiva o comunitaria, de la democracia directa , en el caso de Venezuela, se encuentra frente a dilemas cargados de tensiones, confusiones y ambivalencias. Uno de sus dilemas es desenmascarar dimensiones de autoenga?o: no hay l?neas de tendencia dominantes que se muevan en la direcci?n de la democracia participativa de signo socialista, sino hacia viejos formatos de populismos de izquierda y/o socialismos de marca burocr?tica ya conocidos . All? reside parte de la decepci?n y desaliento de algunos sectores.

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Se ha instalado para algunos colectivos, una cl?sica situaci?n de doble v?nculo , que solo se puede romper, con la intervenci?n de una multitud popular: movimientos sociales, populares, barriales y de los pueblos originarios, que derrumben los muros del burocratismo, la ineficiencia, la corruptela, el cogollo y la nomenclatura de privilegiados (de la revoluci?n, obviamente). Los chantajes morales, la manipulaci?n culposa o el uso pol?tico de miedos y verg?enzas, en estas circunstancias, est?n a la orden del d?a. - Pero, se mueve -, dir?a Galileo.

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El gran drama existencial de los revolucionarios re-convertidos en altos funcionarios, es justamente un asunto de mantenerse en el poder-sobre-otros , amasando privilegios, y a la vez arengando para una revoluci?n que termina siendo re-interpretada desde abajo como revoluci?n truncada, traicionada o confiscada . Cuando se desenmascara el espect?culo-comandado desde arriba, la evaluaci?n de tal revoluci?n, interpela a quienes ocupan cargos de responsabilidad en la direcci?n pol?tica. La nomenclatura de privilegiados comienza a dudar si no ser? mejor, asumir el nuevo rol de clases econ?micamente ascendentes y pol?ticamente conservadoras. ?Dijo usted revoluci?n? Llam?mosla ahora: "revoluci?n institucional" (PRI dixit ). Se enfrentan a una cl?sica "incongruencia de roles y status" y a nuevas "posiciones de sujeto". Generalmente, terminan en las filas de la nueva clase dominante. ?Como evitarlo?

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Sabemos que el modelo de revoluci?n leninista condujo desde temprano a la prefiguraci?n del despotismo burocr?tico, primero en el partido-aparato, luego un Estado con deformaciones burocr?ticas, consolid? un r?gimen pol?tico-econ?mico-cultural desp?tico, por m?ltiples condiciones, razones y decisiones que conviene dilucidar. All? tambi?n surgi? una ?nueva capa dominante?. Se institucionaliz? el partido-?nico, junto a un Estado muy poco democr?tico con exuberantes deformaciones burocr?ticas, dominado por un cogollo-camarilla, condiciones propicias para no hacer ning?n modelo de socialismo basado en ?todo el poder a los soviets?. De "todo el poder a los soviets" se pas? a "todo el privilegio a la nomenclatura".

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Luego, eso de ?Estado de todo el pueblo? de la Constituci?n de 1936, era el ?Estado de la camarilla d?cil del partido-?nico dominado por Stalin?: la famosa ?nueva clase? y su a la postre tentacular ?nomenclatura privilegiada?. Sabemos hoy que Trotsky se qued? corto en su cr?tica presente en ?La Revoluci?n Traicionada?, texto ejemplar para comprender enga?os y auto-enga?os. De nuevo, ?c?mo evitarlo?

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Una soluci?n ha sido dibujada en el texto de Marx: La Comuna de Paris. Si parece muy radical, habr? que inventar nuevas modalidades de control social y popular para evitar la institucionalizaci?n de nuevos privilegios (?ustedes recuerdan aquella finta llamada "Ley de emolumentos?). Entre las 3R y la famosa "Ley de emolumentos" se puede trazar una balada de "pasos en falso". Mientras tanto, el espect?culo-comandado aparenta poder continuar ad infinitum .

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En cambio, una transici?n democr?tica al socialismo en las actuales circunstancias, implica inevitablemente un contenido democr?tico del socialismo que concrete el control social y popular directo de muchas ?reas que aparec?an como cotos vedados de la forma-Estado capitalista (Algo que Allende sab?a muy bien, y que fue aprovechado por una coalici?n de centro-derecha para preparar las condiciones del Golpe junto al imperialismo norteamericano).

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All? se abre otro dilema pol?tico para tareas mucho m?s sofisticadas y selectivas de neutralizaci?n pol?tica de los sectores golpistas, generalmente aliados a las conexiones del pent?gono, junto a la neutralizaci?n de la desestabilizaci?n pol?tica, econ?mica, jur?dica y medi?tica de fachada democr?tica, que tambi?n saben utilizar el arte de las ?formas combinadas de lucha?. Pero en el caso de los nuevos gobiernos progresistas o de socialismo "color rosa", el asunto es m?s complejo: quien conspira contra el propio gobierno, son sectores del propio gobierno . Los grupos privilegiados del propio gobierno progresista acumulan poder a la sombra de la arenga revolucionaria, y asumen cualquier t?ctica para reforzar la tesis de que entre el dicho revolucionario y el hecho revolucionario, tiene que haber mucho trecho. Sin embargo, se hacen cada vez m?s pat?ticas las costuras de esta t?ctica de confiscaci?n o postergaci?n de la revoluci?n.

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Una de las t?cticas preferidas de estos grupos privilegiados es instigar a lo objetivamente imposible. Quemar a la revoluci?n en su propia radicalizaci?n. Empujan leyes incoherentes e inviables y "cocinan en su propia salsa" a los ?mpetus revolucionarios. De este modo, en vez de madurar condiciones, pudren la acumulaci?n de fuerzas. ?Habr? entonces que volver a plantear obviedades? ?Que es ?til o no para la acumulaci?n de fuerzas de las actores-sujetos populares? Por all? va la elemental sensatez: en cada medida, en cada acto, en cada decisi?n, en cada declaraci?n, evaluar si se acumula efectivamente fuerza en la red del actor-sujeto que llamamos multitud popular.

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Leer m?s en art?culo fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=109829

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Tags: Lenin, socialismo, Marx, Estado, revolución, partido

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