Domingo, 18 de julio de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 18-07-2010

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Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Germ?n Leyens

Admiro a Joseph E. Stiglitz, porque tiene conciencia social y un sentido de la justicia cuya ausencia convierte a los economistas en monstruos. A pesar de sus virtudes y del Premio Nobel, Stiglitz se viene abajo como economista. Los lectores de mi nuevo libro How The Economy Was Lost [C?mo se perdi? la econom?a], sabr?n que le leo la cartilla por la funci?n de la producci?n, que desorienta seriamente la econom?a respecto a la escasez del capital de la naturaleza.

Otra de las deficiencias de Stiglitz, que comparte con la mayor?a de los economistas, es su h?bito de materializar la econom?a de mercado. El mercado es una organizaci?n social. Los resultados de la actividad del mercado reflejan la conducta de los participantes humanos en el mercado. Cuando los economistas materializan el mercado, atribuyen la conducta, la ?tica, y la moralidad ?o su carencia? de los seres humanos al mercado en s?. Por lo tanto, Stiglitz describe las deficiencias humanas como ?deficiencias del mercado?, y pregunta en su nuevo libro Freefall [Ca?da libre], ??por qu? no sancion? el mercado al mal gobierno corporativo y a las malas estructuras de incentivos?

Las instituciones sociales son inanimadas. No poseen vida y no pueden imponer buenos resultados a la acci?n humana.

Los libertarios [partidarios del capitalismo de libre mercado y de m?nima intervenci?n estatal, N. del T.] tambi?n materializan los mercados, pero en lugar de culpar a los mercados por las deficiencias humanas, infunden al mercado virtudes humanas e incluso la virtud s?per humana de producir resultados que no pueden ser mejorados por la inteligencia humana. ?Modelos de riesgo? de los economistas por los cuales se han otorgado Premios Nobel y el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, atribuy? a la instituci?n social una sabidur?a econ?mica superior a la del hombre.

Es probable que la pr?ctica de materializar la econom?a de mercado se desarrollara como una forma de taquigraf?a. Era conveniente decir que el mercado hizo esto y lo otro en lugar de tener que describir las interacciones humanas que produjeron los resultados. El mercado fue transformado de una abstracci?n a una forma de vida y se convirti? en el actor en lugar de los seres humanos que operaban dentro de la instituci?n.

Si los resultados son buenos, los libertarios atribuyen los buenos resultados a las virtudes del mercado; si son malos, los libertarios culpan a la interferencia humana ?regulaci?n gubernamental. Los economistas que comparten la creencia de Stiglitz lo ven al contrario. Los buenos resultados son producidos por la regulaci?n; los resultados malos son el resultado de que se permita que el mercado tome sus propias decisiones.

Esta manera de pensar, que materializa una instituci?n social, est? arraigada en la econom?a. Es la fuente de una gran confusi?n y ha resultado en una prolongada batalla ideol?gica sin sentido que Stiglitz llama ?batalla de ideas?.

Es posible aclarar la confusi?n. Primero, comprender que un mercado libre es aqu?l en el cual los precios pueden reaccionar libremente a la oferta y la demanda. Economistas de todas las creencias comprenden que fijar un precio por debajo del precio al cual se igualan la oferta y la demanda resulta en escaseces. Los economistas lo han aprendido del control de alquileres. La fijaci?n de un precio por encima del precio al que se igualan la oferta y la demanda resulta en excedentes. Los economistas lo han aprendido de los subsidios agr?colas. Un mercado libre no significa un mercado en el cual la conducta humana no sea regulada. Un mercado libre es el que permite que la oferta y la demanda se equiparen.

Segundo, hay que comprender que la regulaci?n regula la conducta humana, no el mercado. Los protagonistas del mercado son los que pagan por infracciones regulatorias, no la instituci?n en s?. La regulaci?n es necesaria por las deficiencias humanas, como la codicia, el fraude, el descuido, no por deficiencias del mercado.

Tercero, hay que comprender que el problema de la regulaci?n es que ?sta la realizan seres humanos defectuosos. Los defectos humanos no desaparecen por la transferencia de la acci?n humana de la econom?a al gobierno. Es m?s probable que los defectos empeoren ya que a menudo el gobierno no tiene que rendir cuentas por sus decisiones. Muchos economistas suponen que los reguladores act?an en funci?n del inter?s p?blico. Sin embargo, como se?al? George Stigler, otro Premio Nobel, hace varias d?cadas, los reguladores son invariablemente atrapados por las industrias que regulan.

Hay ejemplos interminables de reguladores ?por cierto, gobiernos enteros? que son atrapados por los intereses privados que supuestamente deben regular. Por ejemplo, en una reciente edici?n s?lo para suscriptores de CounterPunch (16-30 de junio) Jeffrey St. Clair describe en detalle la relaci?n incestuosa entre el Servicio de Manejo de Materiales (MMS, por sus siglas en ingl?s) y la industria petrolera. Un organismo encargado de regular el impacto de la perforaci?n petrolera sobre el medio ambiente se convirti? en un ?ayudante burocr?tico del gran petr?leo?. De ah? la cat?strofe ecol?gica en el Golfo de M?xico y la amenaza de cat?strofes a lo largo de la fr?gil l?nea costera de Alaska.

Por cierto, los propios economistas y acad?micos frecuentemente son atrapados por grupos de intereses privados y convertidos en sus c?mplices. En How The Economy Was Lost (C?mo se perdi? la econom?a), acuso a los economistas de c?mplices de las corporaciones transnacionales cuando describen falsamente la subcontrataci?n de puestos de trabajo en el extranjero como efectos beneficiosos del mercado libre. Como el lobby de Israel, las corporaciones han descubierto que el dinero compra profesores, departamentos acad?micos y think tanks, as? como periodistas.

La exportaci?n de puestos de trabajo convierte los salarios de los trabajadores estadounidenses en bonificaciones por rendimiento para los ejecutivos, ganancias de capital para los accionistas y subvenciones y honorarios de investigaci?n para economistas que son c?mplices de la pr?ctica.

El problema que enfrenta la econom?a de EE.UU. es mucho m?s serio que la crisis financiera que resulta de la desregulaci?n financiera. La raz?n por la cual las pol?ticas monetarias y fiscales tradicionales no pueden producir una recuperaci?n econ?mica es que una gran parte de la econom?a estadounidense se ha llevado al extranjero. Mientras los puestos de trabajo se han ido, no hay trabajo al cual las bajas tasas de inter?s y los masivos gastos del gobierno puedan atraer a los trabajadores. Es la verdadera ca?da libre.

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Paul Craig Roberts fue editor del Wall Street Journal y secretario adjunto del Tesoro en el gobierno de Ronald Reagan. Su ?ltimo libro, How the Economy Was Lost, ha sido publicado recientemente por CounterPunch/AK Press. Se le puede contactar en: [email protected]

Fuente: http://www.counterpunch.org/roberts07152010.html

rCR



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Tags: economía, dinero, Premio Nobel, mercado, inteligencia, intervención

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