Lunes, 19 de julio de 2010

Portada :: Ecolog?a social
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 18-07-2010

?

El descubrimiento del ?efecto rebote?

Le Monde Diplomatique


En junio pasado, el Consejo de Innovaci?n Energ?tica estadounidense ?un think tank creado por Bill Gates y Jeff Immelt, due?o de General Electric? solicit? al presidente Obama triplicar los gastos de investigaci?n en energ?as limpias para no darle ventaja a China. Pero estas energ?as no siempre generan los efectos esperados en el medio ambiente?

Su proveedor de agua le propone adoptar un comportamiento ecol?gico y pasar a la facturaci?n electr?nica, argumentando que as? se ahorrar? papel. Y como al hacerlo la empresa reducir? sus gastos, le ofrecer? tarifas m?s atractivas. ?As? la ecolog?a se unir?a a la econom?a para mayor beneficio de todos! Pero en los hechos? ?no lo incitar?n esos precios m?s bajos a regar el c?sped o a tomar varios ba?os por semana? ?Sigue entonces siendo tan ecol?gico? Los economistas denominan a esta paradoja ?efecto rebote?. Decir que ella ensombrece las perspectivas de la econom?a ?verde? es quedarse corto.

En Francia, 35.000.000 de contadores el?ctricos viejos ser?n reemplazados pr?ximamente por contadores ?inteligentes?. En Lyon, una de las zonas de prueba de esta operaci?n, los proveedores de electricidad instalar?n en las casas de sus clientes ?con su permiso? unas cajas con un dispositivo que les permitir? controlar el consumo a distancia, con un margen de error de un segundo, con la esperanza de que esta vigilancia motive una reducci?n del monto de la factura (1). Los ahorros para el proveedor ?ya no hacen falta t?cnicos para controlar los contadores?, deber?an traer adem?s un descenso de los precios. ?Es el fin de las disputas en torno al radiador porque los friolentos han subido disimuladamente el termostato del sal?n!

?Pero en qu? se utilizar? el ahorro producido? Algunos estudios no publicados de los servicios de investigaci?n de EDF (Electricit? de France) demuestran que, cuando las tarifas bajan, los hogares modestos tienden a aumentar la temperatura de su vivienda. Los hogares ricos no se quedan a la zaga, con la fren?tica renovaci?n del equipamiento de punta. Cuando un bien o un servicio baja su precio se tiende, sin pensarlo, a consumir una mayor cantidad del mismo. Y, m?s all? de la temperatura considerada suficientemente confortable, el excedente financiero se destinar? a la adquisici?n de otros bienes de consumo (pantalla de plasma, viaje en avi?n, tel?fono ?inteligente?, etc.) cuyo balance de carbono ser?, por otra parte, probablemente a?n menos favorable para el medio ambiente. Al final, el beneficio ecol?gico de la tecnolog?a se encoge como piel de zapa ?o pasa incluso, en algunos casos, a ser negativo? mediante un ajuste de los comportamientos individuales que, sin embargo, constituyen el blanco principal de las campa?as oficiales de comunicaci?n acerca del ?desarrollo sustentable? que elevan al pin?culo la imagen del ?consumidor responsable?.

En este laborioso inicio del siglo XXI, industriales y gobernantes ven en la tecnolog?a el milagroso catalizador capaz de poner en marcha un nuevo ciclo de crecimiento, de crear empleos, de reabsorber los d?ficits, de reducir las desigualdades y, por supuesto, de recuperar los ecosistemas naturales. En todas las estrategias planificadas para que el mejoramiento de la calidad de vida ya no est? atado a la explotaci?n de los ?servicios naturales? ?energ?a, materias primas, procesamiento de residuos? (2)?, las nuevas tecnolog?as juegan un papel determinante. La inform?tica, en particular, ofrecer?a una herramienta esencial para ?enfrentar el desaf?o clim?tico?, mediante la reducci?n del consumo de energ?a (3).

Gracias a las tecnolog?as verdes de la informaci?n y la comunicaci?n (en espa?ol TIC verdes, en ingl?s green IT), as? como a la permanente reducci?n de los costos de los productos electr?nicos, los ?productores responsables? ponen en el mercado tel?fonos y computadoras ?verdes?, que contienen pl?stico reciclado, bamb?, etc. Algunos llegan incluso a financiar talleres con las normas europeas para el tratamiento de los residuos electr?nicos, en pa?ses que los importan m?s o menos legalmente (4). Por el lado de los distribuidores, comprar aparatos usados a fin de reciclarlos para que sean comprados de nuevo es una pr?ctica corriente. As?, cada uno puede disponer de un tel?fono en cada bolsillo, de un televisor en cada habitaci?n, de una computadora port?til en cada rodilla, y hasta ?de m?sica en todos los pisos? (Le Monde Magazine, 30-4-10). Pero la m?xima sofisticaci?n siguen siendo los funerales virtuales, alabados por la prensa por su ?ecologismo?, porque es evidente, parece, que ?permiten evitar un derroche de recursos naturales? (Le Monde, 17-4-10) ?al menos en este caso particular, el efecto rebote no cuenta?. Por otra parte, su consideraci?n podr?a perfectamente reducir los milagros de estas ?tecnolog?as verdes? al estatus de quimeras.

Consecuencias parad?jicas

Los economistas distinguen tres tipos de efectos rebote. El primero, denominado ?directo?, es el m?s intuitivo: cuando se reduce la intensidad en energ?a de un servicio, su costo baja; el ahorro as? realizado permite, por consiguiente, consumir m?s de ese mismo servicio. El ejemplo cl?sico es el del automovilista que reemplaza su viejo autom?vil por un modelo m?s eficaz y aprovecha el ahorro en combustible para conducirlo m?s seguido y m?s lejos (5). Otro caso t?pico es el de la calefacci?n.

En Francia, el sector residencial y terciario va a la cabeza en el consumo de energ?a (43% del total, delante de los transportes y la industria): dos tercios de ?ste son imputables a la calefacci?n. Paradoja: por un lado, gracias a los trabajos de administraci?n de la energ?a, a las reglamentaciones t?rmicas, etc., el consumo medio para calefaccionar un metro cuadrado pas? de 365 a 215 kilovatios/hora (kWh) entre 1973 y 2005; por el otro, el consumo de energ?a debido a la calefacci?n aument? en un 20% desde 1970. ?Un efecto rebote habr?a absorbido parte de las ganancias? Todo conduce a pensarlo. Entre 1986 y 2003, a pesar de las pol?ticas de econom?a energ?tica, la temperatura media de las viviendas francesas pas? de 19?C a 21?C (cada grado suplementario aumenta el consumo de energ?a en un 10%). Para mucha gente, mejorar el confort implica sobrecalefacci?n y sobreconsumo, incluso para los encargados de los edificios, a quienes a veces se les va la mano con el termostato de la calefacci?n colectiva. Seg?n la Agencia del Medio Ambiente y del Manejo de la Energ?a (Ademe), un departamento ocupado no tendr?a que superar una temperatura media de 19?C. Por encima de eso, el sentimiento de confort puede tener efectos nefastos sobre la salud (erupciones cut?neas, sudores, hiperventilaci?n).

En Estados Unidos se produce el mismo escenario. Seg?n el informe anual 2010 de la agencia estadounidense de la energ?a, el consumo energ?tico y las emisiones de CO2 por d?lar de Producto Interno Bruto (PIB) disminuyeron m?s del 80% desde 1980. Esto no impidi? que el consumo total de energ?a y las emisiones de CO2 del pa?s aumentaran en un 25% y en un 165% en el mismo per?odo, respectivamente (6). De manera que los beneficios de una campa?a p?blica de sensibilizaci?n para la sobriedad energ?tica se anularon.

Algunas pol?ticas son directamente cuestionadas cuando aparece un efecto rebote. Este es el caso de las normas de rendimiento energ?tico, que favorecen el surgimiento de innovaciones tecnol?gicas (7). En efecto, se registran temperaturas tendencialmente m?s altas en las viviendas m?s nuevas que en las construcciones antiguas. Gracias a las t?cnicas para mejorar el aislamiento y la ventilaci?n, mantener la temperatura de las habitaciones de una vivienda en un piso m?s alto ya no plantea problemas. De ah? que una pol?tica orientada a reducir el consumo de energ?a haya provocado el efecto contrario.

Se utilizaron varios m?todos para medir el efecto rebote. Por ejemplo, la elasticidad precio: si el consumo en kWh aumenta un 2% luego de una reducci?n de las tarifas de la energ?a del 10%, el efecto rebote es del 20% (8). En el sector del transporte, se mide el aumento del consumo de combustible ocasionado por una mayor eficacia de los veh?culos. En ese caso, la innovaci?n tecnol?gica reduce el costo del transporte por kil?metro, lo cual tiende a alargar las distancias recorridas y a aumentar el consumo global de combustible (de un 20% a un 30% en Estados Unidos, seg?n una estimaci?n).

En el Reino Unido, un estudio evalu? el efecto rebote de las pol?ticas de ahorro energ?tico implementadas entre los a?os 2000 y 2010 en cerca del 30% (9). Es decir que las ganancias en eficacia energ?tica producidas por esas pol?ticas no pueden considerarse rentables a menos que logren superar ese ?ndice del 30%.

Desperdiciar menos para equiparse mejor

El segundo tipo de efecto rebote es indirecto. Contrariamente al caso anterior, el consumidor estima haber alcanzado un nivel satisfactorio de consumo del servicio cuyo precio ha bajado. Pero gastar? el dinero ahorrado de otra manera, lo cual conduce a aumentar los flujos materiales en la sociedad. Por ejemplo, una familia podr?a invertir la diferencia obtenida al aislar las ventanas en la compra de una consola de juego o de un nuevo televisor. ?Habr? que ver en ello un efecto de la recomendaci?n parad?jica de adoptar un comportamiento ?ecol?gicamente responsable? y, simult?neamente, dotarse del ?ltimo artefacto de moda? ?El mismo correo que prescribe al cliente, por una preocupaci?n ecol?gica, adoptar la facturaci?n por internet, le recuerda cu?ntos puntos tiene para cambiar ?gratuitamente? de tel?fono m?vil!

El confort ya presupone un sobreequipamiento en artefactos el?ctricos energ?voros y contaminantes. Los artefactos el?ctricos, descontando los de calefacci?n, representan el 20% del consumo de energ?a. A trav?s de un efecto rebote indirecto, el ahorro efectuado en calefacci?n puede trasladarse al consumo de los productos de entretenimiento (equipamiento hi-fi, televisi?n?), que salt? de 18 kWh por vivienda en 1973 a 321 kWh, 25 a?os despu?s (10).

La difusi?n del equipamiento electr?nico conduce a un tercer tipo de efecto rebote, susceptible, esta vez, de modificar la estructura misma de las sociedades humanas. Cuando la eficacia para explotar un recurso aumenta, su costo disminuye, favoreciendo las actividades socioecon?micas que lo utilizan intensivamente. Estas ?ltimas atraen entonces capitales financieros y colaboradores de alto rendimiento, fortaleciendo su posici?n hasta dominar a la competencia. En consecuencia, la econom?a entera se vuelca hacia ese recurso que se abarat?.

El petr?leo constituye una ilustraci?n perfecta de este encadenamiento, si se considera el impacto de su explotaci?n y producci?n sobre las sociedades mecanizadas, industrializadas, urbanas y motorizadas. De la misma manera, nuestra capacidad exponencial de transportar y almacenar un byte de informaci?n est? en v?as de transformar profundamente la sociedad. Como en el caso del autom?vil, puede hacerse dif?cil para los individuos desprenderse de la ?civilizaci?n de los hidrocarburos? a la que estamos, en sentido literal, pegados (11).

Aunque estos fen?menos no son nuevos, siguen siendo dif?ciles de aprehender, ya que obligan a concebir, para cada t?cnica empleada, el conjunto de las consecuencias estructurales que su empleo masivo puede generar.

En el libro La cuesti?n del carb?n, el economista ingl?s William Stanley Jevons compart?a en 1865 sus temores en relaci?n al agotamiento, hacia fines del siglo XX, de esa fuente de energ?a vital para el poder?o de su pa?s. Es cierto que el carb?n no desaparecer? tan r?pido como ?l lo pronostic?, pero el argumento te?rico de la ?paradoja de Jevons? conserva su solidez: cuanto m?s eficazmente utilizamos el carb?n, m?s consumimos.

En efecto, si necesitamos menos carb?n para producir una tonelada de fundici?n en bruto, las ganancias de la industria sider?rgica aumentan. Lo cual incita a los industriales a aumentar sus vol?menes de producci?n y disminuir sus costos, provocando as? un incremento del consumo de carb?n y de las ganancias obtenidas. En consecuencia, crecen los dividendos y ?en teor?a? los salarios, as? como el consumo neto de los trabajadores y los accionistas. Entonces, todo descenso del costo de la energ?a completa el ?reservorio de demandas no satisfechas?; y un tiempo de trabajo suplementario tomado del descanso asegura el aumento del presupuesto necesario para satisfacer esas demandas (12). El consumo del recurso m?s eficazmente utilizado disminuye? pero para rebotar mejor.

Al igual que los combustibles energ?ticos, las tecnolog?as de la informaci?n son hoy indispensables en todos los sectores econ?micos. Como el autom?vil, ellas transforman las sociedades, favorecen innovaciones m?s r?pidas, aumentan las econom?as de escala (13). Gracias a ellas, un mayor n?mero de productores se encuentran capacitados para innovar y ? la obsolescencia de los bienes y servicios se acelera. Lejos de alargar la vida ?til de los aparatos y la capacidad de repararlos, el ciclo vital de estos productos se acorta, provocando un aumento de la necesidad de materias primas para fabricarlos.

Existen otras causas de efecto rebote: consumimos un bien o un servicio porque procura un nivel m?s elevado de confort o rendimiento, pero tambi?n porque hace ganar tiempo (14); y ?ste puede tener importantes repercusiones al difundirse masivamente en la sociedad. Por ejemplo, los medios de transporte r?pidos resultar?n privilegiados, as? como primar?n los desplazamientos individuales sobre los colectivos y crecer?n las filas de espera en los aeropuertos o los embotellamientos en las rutas ?

Los usuarios de internet tambi?n son v?ctimas de un fen?meno de ese tipo. El acceso muy r?pido a documentos que en el pasado habr?a sido necesario encargar por correo o ir a consultar a una biblioteca genera una profusi?n de informaci?n que finalmente desemboca en que dedicamos m?s cantidad de horas de lo previsto a leer esa documentaci?n en la pantalla. Como sugiere Hartmut Rosa (15) todo sucede como si la aceleraci?n exigiera? m?s tiempo.

C?dric Gossart. Profesor de Telecom ?cole de Management (Evry).

Traducci?n: Patricia Minarrieta

Notas:

1 Sobre una experiencia europea, v?ase Mari Martiskainen y Josie Ellis, ?The role of smart meters in encouraging behavioural change ? p rospects for the UK?, Sussex Energy Group, Brighton,?2009.

2 ?Croissance verte? (Patricia Crifo, informe al Conseil ?conomique pour le d?veloppement durable, Par?s, 2009); ?capitalisme immat?riel? (Maurice L?vy y Jean-Pierre Jouyet, L?Economie de l'immat?riel. La croissance de demain, La Documentation fran?aise, Par?s, 2006); ?d?couplage absolu? (Tim Jackson, Prosp?rit? sans croissance. La transition vers une ?conomie durable, De Boeck, Bruselas, 2010).

3 Sobre las aplicaciones de las tecnolog?as de comunicaci?n al desarrollo sustentable, v?ase Gilles Berhault, D?veloppement durable 2.0, L?Aube, La Tour-d?Aigues, 2010.

4 Para eludir las restricciones legales sobre el transporte internacional de residuos peligrosos (Convenci?n de Basilea), los desechos electr?nicos son exportados a veces como material de segunda mano. V?ase ?De l?exportation des maux ?cologiques ? l??re du num?rique?, Mouvements, N? 60, Par?s, octubre-diciembre de 2009.

5 Steve Sorrell, ?Jevons? Paradox revisited?, Energy Policy, Vol. XXXVII, N? 4, Amsterdam, abril de 2009.

6 US Energy Information Administration (EIA), ?Annual Energy Outlook, 2010?; US EIA, ?Carbon dioxide (CO2) emissions? (www.eia.doe.gov).

7 Credoc, Consommation et Modes de Vie, N? 227, Par?s, marzo de 2010.

8 V?ase Fabrice Flipo y C?dric Gossart, ?Infrastructure num?rique et environnement. L?impossible domestication de l?effet rebond?, Terminal, N? 103-104, Par?s, 2009.

9 Terry Barker, Paul Ekins y Tim Foxon, ?The macro-economic rebound effect and the UK economy?, Energy Policy, Vol. XXXV, N? 10, Amsterdam, octubre de 2007.

10 Livre Blanc sur les Energies , 7-11-03. V?ase tambi?n Insee Premi?re, N? 1.121, Par?s, enero de 2007.

11 V?ase Khadija Sherife, ?C?mo BP se r?e de la ley?, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, julio de 2010.

12 Blake Alcott, ?Jevons? paradox?, Ecological Economics, Vol. LIV, N? 1, julio de 2005.

13 Michel Gensollen, ?A quoi ressemblera le monde num?rique en 2030??, Annales des Mines- R?alit?s industrielles , Par?s, mayo de 2009.

14 Horace Herring y Robin Roy, ?Technological innovation, energy efficient design and the rebound effect?, Technovation, Vol. XXVII, N? 4, abril de 2007.

15 Hartmut Rosa, Acc?l?ration: Une critique sociale du temps, La D?couverte, Par?s, 2010.



Env?a esta noticia
Compartir esta noticia: delicious?digg?meneametwitter


Tags: tecnología, distribuidores, normas, residuos, ecología, calefacción

Comentarios
Discurso Impecable de Fidel Castro y ¿Por qué MoReNa? @Taibo2 Paco Ignacio Taibo II

Pirámide capitalista
Pirámide capitalista. actualizada