Martes, 20 de julio de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 20-07-2010

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Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Germ?n Leyens

La resistencia no es una banda de hombres armados empe?ados en causar estragos. No es una c?lula de terroristas que traman maneras de volar edificios.

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La verdadera resistencia es una cultura.

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Es una r?plica colectiva a la opresi?n.

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La comprensi?n de la verdadera naturaleza de la resistencia, sin embargo, no es f?cil. Ning?n byte informativo podr?a ser suficientemente exhaustivo para explicar por qu? la gente, como gente, resiste. Incluso si una tarea tan ardua fuera posible, las noticias podr?an preferir no transmitirla, ya que se estrellar?a directamente contra interpretaciones dominantes de la violencia y de la resistencia no violenta. La historia de Afganist?n debe quedar limitada al mismo lenguaje: al-Qaida y los talibanes. Hay que representar a L?bano en t?rminos de un Hizbul? (Partido de Dios) amenazante, respaldado por Ir?n. Eternamente hay que mostrar a Ham?s en Palestina como un grupo militante que jura destruir el Estado jud?o. Todo intento de ofrecer una interpretaci?n alternativa equivale a simpatizar con los terroristas y justificar la violencia.

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La refundici?n deliberada y el abuso de la terminolog?a casi han imposibilitado pr?cticamente que se comprenda, y por lo tanto que se resuelvan realmente, sangrientos conflictos.

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Incluso los que pretenden simpatizar con naciones en resistencia contribuyen a menudo a la confusi?n. Activistas de los pa?ses occidentales tienden a seguir una comprensi?n acad?mica de lo que sucede en Palestina, Iraq, el L?bano, y Afganist?n. Por lo tanto ciertas ideas se perpet?an: los atentados suicidas son malos, la resistencia no violenta es buena; los cohetes de Ham?s son malos, las hondas son buenas; la resistencia armada es mala, las vigilias frente a las oficinas de la Cruz Roja son buenas. Muchos activistas citar?n a Martin Luther King Jr., pero no a Malcolm X. Inculcar?n una comprensi?n selectiva de Gandhi, pero nunca de Guevara. Este discurso supuestamente ?estrat?gico? ha despojado a muchos de lo que podr?a ser una comprensi?n preciosa de la resistencia ?como concepto y como cultura.

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Entre la comprensi?n reduccionista dominante de la resistencia como violenta y terrorista y la desfiguraci?n ?alternativa? de una experiencia cultural inspiradora y apremiante, se pierde la resistencia como cultura. Las dos definiciones preponderantes no ofrecen otra cosa que descripciones estrechas. Ambas presentan a los que tratan de transmitir el punto de vista de la cultura de la resistencia como si estuvieran casi siempre a la defensiva. Por lo tanto escuchamos repetidamente las mismas declaraciones: no, no somos terroristas; no, no somos violentos, realmente tenemos una rica cultura de resistencia no violenta; no, Ham?s no est? asociado a al-Qaida; no, Hizbul? no es un agente iran?. Ir?nicamente, escritores, intelectuales y acad?micos israel?es reconocen mucho menos que sus hom?logos palestinos, aunque los primeros tienden a defender la agresi?n y los ?ltimos defienden, o por lo menos tratan de explicar su resistencia a la agresi?n. Tambi?n es ir?nico que en lugar de tratar de comprender por qu? la gente resiste, muchos tratan de debatir c?mo reprimir su resistencia.

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Al hablar de resistencia como cultura, me refiero a la elucidaci?n de Edward Said de la ?cultura (como) una manera de luchar contra la extinci?n y el exterminio?. Cuando las culturas resisten no intrigan ni juegan a la pol?tica. Tampoco maltratan con sadismo. Sus decisiones sobre si emprender la lucha armada o emplear m?todos no violentos, sobre si atacar o no a civiles, sobre si conspirar o no con elementos extranjeros, son todas puramente estrat?gicas. Tienen poca o ninguna relevancia con el concepto de resistencia en s?. La mezcla entre los dos es manipuladora o simplemente ignorante.

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Si la resistencia ?es la acci?n de oponerse a algo que se desaprueba o con lo que no se est? de acuerdo?, entonces una cultura de la resistencia es lo que ocurre cuando toda una cultura llega a esta decisi?n colectiva de oponerse al elemento irritante ?a menudo una ocupaci?n extranjera-. La decisi?n no est? calculada. Se genera a trav?s de un largo proceso en el cual la conciencia de uno mismo, la autoafirmaci?n, la tradici?n, las experiencias colectivas, los s?mbolos y muchos otros factores interact?an de maneras espec?ficas. Esto podr?a ser nuevo para la riqueza de las experiencias pasadas de esa cultura. Pero es en mucho un proceso interno.

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Es casi como una reacci?n qu?mica, pero incluso m?s compleja ya que no siempre es f?cil separar sus elementos. Por lo tanto tampoco es f?cil comprenderla completamente y, en el caso de un ej?rcito invasor, no se puede reprimir f?cilmente. Es como trat? de explicar el primer levantamiento palestino de 1987, que viv? ?ntegramente en Gaza:

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?No es f?cil aislar fechas y eventos espec?ficos que desatan revoluciones populares. La rebeli?n colectiva genuina no se puede racionalizar a trav?s de una l?nea coherente de l?gica que cubra el tiempo y el espacio; es m?s bien la culminaci?n de experiencias que unen al individuo al colectivo, su consciente y subconsciente, sus relaciones con sus entornos inmediatos y con lo que no es tan inmediato, y todo choca y explota en una furia que no se puede reprimir? (My Father Was A Freedom Fighter: Gaza?s Untold Story)

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Los ocupantes extranjeros tienden a combatir la resistencia popular mediante diversos medios. Uno incluye una cantidad variada de violencia dirigida a desorientar, destruir y reconstruir una naci?n seg?n una imagen deseada (Lea La doctrina del choque de Naomi Klein). Otra estrategia es debilitar los componentes mismos que dan a una cultura su singular identidad y sus fuerzas interiores ?y as? debilitar la capacidad de resistencia de esa cultura-. La primera requiere poder de fuego, mientras que la segunda se puede lograr mediante m?todos flexibles de control. Numerosas naciones del ?Tercer Mundo? que alardean de su soberan?a e independencia podr?an, en realidad, estar muy ocupadas, pero debido a sus culturas fragmentadas y subyugadas ?a trav?s de la globalizaci?n, por ejemplo? son incapaces de comprender la dimensi?n de su tragedia y dependencia. Otras, que podr?an estar efectivamente ocupadas, poseen a menudo una cultura de resistencia que imposibilita que sus ocupantes logren algunos de sus objetivos deseados.

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En Gaza, Palestina, aunque los medios hablan interminablemente de cohetes y de la seguridad de Israel, y discuten qui?n es realmente responsable del mantenimiento de los palestinos como rehenes en la Franja, no se presta ninguna atenci?n a los ni?os que viven en carpas en las ruinas de las casas que perdieron en el ?ltimo asalto israel?. Esos ni?os participan de la misma cultura de resistencia que Gaza ha vivido durante los seis ?ltimos decenios. En sus cuadernos de notas dibujan a combatientes con fusiles, ni?os con hondas, mujeres con banderas, as? como tanques y aviones de guerra amenazantes de Israel, tumbas marcadas con la palabra ?m?rtir?, y casas destruidas. Por doquier, se utiliza constantemente la palabra ?victoria?.

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Cuando estuve en Iraq presenci? una versi?n local de los dibujos de esos ni?os. Y aunque todav?a no he visto los ?lbumes de recortes de ni?os afganos tambi?n puedo imaginar f?cilmente su contenido.

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Ramzy Baroud (www.ramzybaroud.net) es un columnista internacionalmente reconocido y editor de PalestineChronicle.com. Su libro m?s reciente es ?My Father Was a Freedom Fighter: Gaza?s Untold Story? (Pluto Press, London).

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Fuente: http://www.counterpunch.org/baroud07152010.html

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Tags: violencia, opresión, resistencia, tradición, doctrina, palestinos, cultura

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