Mi?rcoles, 21 de julio de 2010

Del monocultivo a la monocultura
Por: Emiliano Bertoglio
Fecha de publicaci?n: 20/07/10??
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El crecimiento exponencial del cultivo de soja transg?nica supone el desmontaje implacable de numerosas pr?cticas socio-econ?micas de peque?a escala, sin?nimos de autogesti?n de la existencia, de identidades culturales regionales, de diversidad biol?gica y cultural. Todo andamiaje productivo ?as? como las relaciones de producci?n que le son inherentes- es igualado hoy al dominante.
Todo monocultivo somete a los pueblos a la dependencia econ?mica, a la par que los desarticula como tales.

A lo largo y a lo ancho de Argentina la expansi?n progresiva de las nuevas tecnolog?as agr?colas promotoras del monocultivo de soja transg?nica allana geograf?as, pr?cticas tradicionales, modelos de subsistencia, flora y fauna aut?ctonas, empobrece la tierra, y prescinde del hombre y de sus saberes diversos.

A?o tras a?o se suceden los anuncios de cosecha r?cord, dando por descontado que ello es sin?nimo de desarrollo para el pa?s. En la defensa ?propuesta o no- de los intereses del gobierno nacional, de los grandes terratenientes, de los empresarios del rubro y de los propios medios de comunicaci?n que representan, hay algo que las voces de los noticieros no dicen, tan preocupadas por dejar en claro s?lo el valor de las toneladas de oleaginosas exportadas: se ha pasado de siete millones de hect?reas de soja en 2003, a 20 millones en 2009-2010. ?Se calcula que en toda Argentina hay aproximadamente 31 millones de hect?reas de uso agr?cola, lo que quiere decir que la soja ya ocupa este a?o cerca del 64% de la superficie cultivable total?[1].

Esta ampliaci?n de las ?reas labradas implica la homogeneizaci?n de la producci?n y de las relaciones de producci?n al ?par?metro soja?, con el consecuente silenciamiento de andamiajes simb?licos tradicionales y sus pr?cticas, destrucci?n de espacio nativo, concentraci?n de latitudes f?rtiles.

La imposici?n de la raz?n moderna se reedita con este rostro. Dentro de ella ?el crecimiento econ?mico es un objetivo racional incuestionable? que no reconoce medios inv?lidos. La extensi?n y auto-legitimaci?n de esta l?gica genera la no existencia de lo que no encaja en sus l?mites racionales, acusado de improductivo: la naturaleza no traducible a mercanc?a es esterilidad, y el trabajo no alineado es pereza o descualificaci?n profesional[2].

En vastos horizontes de Argentina se impone el color mon?tono de la producci?n gen?ticamente modificada, implantada industrialmente. Por un lado, este sistema imperante es no-cultura, resultante de la negaci?n de las gentes diversas en la tierra, de la ruptura de lo ancestral, de la simplificaci?n de la existencia a variables cuantificables, del vaciamiento de la vida misma. Y, por otro lado y paralelamente, es supremac?a extendida de la cultura de lo mercantil, concentraci?n excesiva de suelos, radical separaci?n entre hombre y entorno biol?gico, importancia del espacio en tanto valor productivo-econ?mico individual, alteraci?n de las condiciones intr?nsecamente naturales (manipulaci?n gen?tica).

As? se va del monocultivo a la monocultura.

Semejante matriz de estandarizaci?n se encarna tanto hacia el interior de las propias fronteras de la regi?n argentina tradicionalmente agro-exportadora ?la pampa-, como en entornos que exceden a ?sta (proceso manifestado en la avanzada indetenible del modelo hacia nuevas regiones).

Con todo, frente a la creciente homogeneizaci?n, esta diferenciaci?n espacial es ya meramente anal?tica antes que cierta.

Puertas adentro

Con los procesos pol?ticos y econ?micos de las d?cadas recientes en la zona pampeana ?se fragmenta el espacio rural, y el campo, adem?s de atravesar procesos de despoblamiento tambi?n es ?vaciado? de actores y relaciones sociales hist?ricas, concentr?ndose b?sicamente en sus funciones productivas y generando una redefinici?n de su entramado asociativo?[3].

La falta de apoyo al sector durante los a?os noventa, y luego las nuevas tecnolog?as en semillas y agroqu?micos que ayudaron a prescindir de horas y procesos de trabajo, se tradujeron en des-ruralizaci?n.

Las familias asalariadas fueron expulsadas del medio rural, antiguo espacio de la vida.[4] ?[?] cada vez hay menos productores rurales en Argentina. Seg?n datos de 2009, en todo el pa?s hay censados 276.581 productores agrarios, la mitad de los que hab?a registrados en 1969, cuando lleg? la primera soja?[5]. ?[?] en los ?ltimos 15 a?os han desaparecido 100.000 productores pobres y campesinos, que hoy pueblan las villas miserias de los centros urbanos?[6].

Los r?ditos que aporta el mercado internacional de oleaginosas hacen que se socaven y desestimen otras formas de sustento, las cuales s? necesitan del factor humano. Dejan de producirse cultivos diferentes (ma?z, sorgo, algod?n, legumbres, etc.), ganado (vacuno, porcino, ovino), tambo otras y actividades como la horticultura, la fruticultura o la apicultura[7].

Las holgadas ganancias se traducen a una renta agraria sojera excesiva. ?sta favorece adem?s la concentraci?n de tierras a manos de pooles de siembra (grupos de inversores), quienes alquilan las extensiones f?rtiles en detrimento de muchos medianos o peque?os propietarios de tierras que prefieren arrendar su tierra antes que habitarla y trabajarla. En la pampa argentina 6.200 terratenientes poseen el 49 por ciento de la tierra[8].

Con esto se uniforma tambi?n la concepci?n de la econom?a agraria en tanto capitalizaci?n privada de un peque?o sector excluyente.

Los peque?os poblados que se sosten?an con las ganancias generadas por el pe?n o el peque?o productor tambi?n se encuentran en riesgo. ?Hay m?s de 60 municipios en peligro de extinci?n en la provincia de Santa Fe?.[9]

(He aqu?, en este apartado, la contra cara de lo que la sociolog?a citadina frecuentemente estudia como creciente urbanizaci?n, exclusivamente preocupada por el crecimiento de las urbes. Se desconoce as? no s?lo el origen de dicho fen?meno, sino tambi?n y fundamentalmente la desarticulaci?n del espacio rural.)

Pampeanizaci?n

Mientras tanto, hacia el exterior de las ahora desdibujadas fronteras agr?colas tradicionales de Argentina, el proceso de homogeneizaci?n adquiere una fuerza mucho m?s violenta y repentina. Los desalojos y desplazamientos de comunidades abor?genes y campesinas, as? como las apropiaciones de sus tierras, no se resuelven con procedimientos o estrategias sutiles: los pueblos originarios no venden sus tierras ni se van a las ciudades en busca de ?comodidades y confort?, tal se argumenta para el caso de los productores o peones pampeanos.

Las opulentas ganancias que promete el cultivo de la soja y la generaci?n de especies m?s resistentes a condiciones poco favorables han llevado a colonizar ?a pampeanizar- zonas hasta ahora inexploradas, como algunas partes de Chaco, Santiago del Estero, Tucum?n, Salta, el norte de C?rdoba, entre otras.

Por caso, ?En los ?ltimos doce a?os, la superficie de las tierras fiscales existentes en la provincia de Chaco ha disminuido de 3.900.000 a 660.000 hect?reas. Pero estas tierras no fueron otorgadas, de acuerdo a la Constituci?n provincial, a las comunidades ind?genas o a criollos que desarrollan actividades rurales, sino que fueron vendidas (en ocasiones con los propios ind?genas adentro) a empresarios madereros y sojeros, principales responsables de la dr?stica reducci?n de los montes ocurrida durante la ?ltima d?cada [?] El monte ya no es el antiguo vergel de recursos que brindaba alimentos y medicinas, que permit?a la vida y la hac?a posible. Van desapareciendo los ?rboles que han acompa?ado las tradiciones y los mitos del pueblo toba. Hay menos lapachos, menos algarrobos, menos itines, menos quebrachos. Disminuyen las especies animales y vegetales, no hay m?s marisca, se restringe la pesca. Las abejas, que tradicionalmente han formado parte sustancial de la econom?a y la alimentaci?n toba, huyen a otros sitios a causa del desmonte. La depredaci?n avanza y la gente no tiene sustento?[10].

La agricultura que promete generar alimentos para todos quienes habitan el bendito suelo argentino deja a la geograf?a hecha p?ramo y desolaci?n. Lejos de servir a las mayor?as, el noventa y cinco por ciento de la soja que se produce a nivel mundial se utiliza para alimentar el ganado de Europa y Asia[11].

En busca de la tensi?n transformadora

Este es el paisaje que se impone hoy en Argentina, monoproductivo y monocultural.

Sin embargo, el espacio agrario ha sido hist?ricamente y es incluso hoy un terreno de disputas y de luchas entre el peque?o campesinado, el mercado y el Estado (o el poder colonial-feudal, antes de los Estado-naci?n).

El ma?ana se escribe en clave de resistencia y creaci?n. No pocos sostienen que el foco de las luchas antiimperialistas (anti Estados y anti mercado) se halla hoy en la ruralidad y en el campesinado de la periferia[12].

Ahora, ?puede seguir consider?ndose tierra ?y, por lo tanto, espacio de rebeld?a y vida- a los inmensos llanos de la patria sojera, al campo vaciado?

Mientras tanto, en donde los hombres a?n habitan, son ellos los que levantan la voz y el pu?o para que la tierra siga incluyendo a las gentes.

Est?n en los puntos de sutura entre las regiones amenazadas por la pampeanizaci?n vecina y las propias extensiones ?sojizadas?. Pero tambi?n en el propio coraz?n del sistema, con quienes quedan dentro de las latitudes asaltadas por el monocultivo e, incluso, con los elementos urbanos de pensamiento decolonializado. Son los que piden una ley de bosques justa y respetuosa de lo natural, son los peque?os productores que luchan por defender las pr?cticas de una econom?a alternativa, es la civilidad que se moviliza contra las fumigaciones asesinas o por una alimentaci?n sana.

Al fin y al cabo todas las fuerzas totalizantes de la historia han mostrado tarde o temprano sus fisuras. Fueron estas grietas las que imposibilitaron su perpetuidad.

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[1] La rep?blica de la soja, en edici?n digital de El Pa?s (www.elpa?s.com, 4 de abril de 2010). Espa?a.

[2] Boaventura De Sousa Santos (2009). Una epistemolog?a del Sur. Ed. CLACSO / Siglo XXI Editores. Buenos Aires ? M?xico. p. 111 ? 112.

[3] Mario Lattuada y Guillermo Neiman (2005). El campo argentino. Crecimiento con exclusi?n. Ed. Capital Intelectual. Buenos Aires. p. 44.

[4] A fuerza de no caer preso de cierta ingenuidad hist?rica, debe reconocerse que a su vez el modelo y las relaciones de producci?n hoy desplazadas en la pampa argentina fueron en su momento las que se impusieron por sobre otros m?todos y modelos ?aut?ctonos?.

Por otra parte, el car?cter totalizante y monocultural del actual modelo de trabajo de la tierra pampeana puede evidenciarse en algunas de las pr?cticas discursivas que se pusieron en juego a partir del 2008, en el marco del ?conflicto? entre gobierno nacional y productores rurales. Las ideas referidas de ?los productores?, ?el campo?, ?la Argentina?, entre otras, suger?an la existencia de una ?nica alternativa econ?mico-productiva: como si la vida de todos los habitantes del pa?s estuviese implicada de manera directa en lo discutido.

[5] La rep?blica de la soja, op. cit.

[6] Los que pierden todo, en revista Chispa (2008). n? 228. Buenos Aires. p. 3.

[7] ?Productores cordobeses plantean que el monocultivo quita espacio a la diversidad de flora que necesitan. Hay menos de la mitad de apicultores que hace una d?cada?. Soja y agroqu?micos, una mezcla mortal para abejas, en diario La Voz del Interior (13 de junio de 2010). C?rdoba. p. 8 (secci?n A).

En tanto, muchos peque?os tamberos abandonan el rubro. En 2002 funcionaban 15.000 establecimientos, pero desde entonces m?s de 4.000 cerraron sus puertas. La vaquita viv?a en Pehuaj?, pero un d?a se march? (en www.infosur.info, agosto de 2009). En el mismo sentido, otras fuentes indican que la actividad mermar?a otro 5 por ciento durante este 2010.

[8] Matrimonio K: ni nacional ni popular, en revista Chispa, op. cit. p. 3.

[9] La rep?blica de la soja, op. cit.

[10] Voces de Resistencia II, en Revista Sudestada (2009). A?o 7, n? 66. Buenos Aires. p. 41.

[11] En documental Home. Dirigido por Yann Artus-Bertrand (2009).

[12] Sam Moyo y Paris Yeros (coordinadores) (2008). Recuperando la tierra. El resurgimiento de movimientos rurales en ?frica, Asia y Am?rica Latina. Ed. CLACSO. Buenos Aires.

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Tags: Soja, Argentina, monocultivo, Santa Fe, campesinado

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