Jueves, 22 de julio de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 22-07-2010

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La destrucci?n del medio ambiente y el crecimiento parece que van de la mano. Por esa raz?n hoy existe un movimiento importante que propone un crecimiento cero o hasta un de-crecimiento en las econom?as del planeta como una forma de frenar el deterioro del medio ambiente.

El decrecimiento es definido como una reducci?n en t?rminos f?sicos en la producci?n y consumo a trav?s de una contracci?n en la escala de actividad y no s?lo por incrementos en la eficiencia. En un trabajo reciente Kallis-Schneider-Mart?nez Alier (www.esee2009.si) explican que el decrecimiento puede ser visto como una reducci?n voluntaria, equitativa y gradual en la producci?n y consumo de tal modo que se garantice el bienestar humano y la sustentabilidad ambiental a nivel local y global, tanto en el corto como en el largo plazo.

Para alcanzar el decrecimiento se han propuesto muchas medidas relacionadas con tecnolog?a, trabajo, educaci?n y cr?dito. Algunas de estas medidas est?n relacionadas con pol?ticas macroecon?micas. Por ejemplo, se propone una reforma monetaria en la que desaparece la moneda fiduciaria, considerando que as? se corta de tajo la propensi?n al crecimiento desenfrenado. La moneda fiduciaria no est? respaldada por reservas de oro o alg?n otro metal, o valores y divisas, de tal modo que su valor intr?nseco es nulo. Su funci?n de medio de pago es posible porque ha sido designada oficialmente como el instrumento monetario por excelencia. La confianza derivada de esta declaratoria permite que un simple pedazo de papel pueda desempe?arse como instrumento monetario. Parece que los seguidores del decrecimiento siempre han visto un enemigo en este mecanismo porque les parece que permite el crecimiento sin fin por carecer de un referente tangible. Esta es una visi?n equivocada: la prueba es que a?n cuando la moneda no era fiduciaria hab?a crecimiento.

El crecimiento tampoco encuentra sus or?genes en una patolog?a cultural, una man?a, un fetiche o una moda loca. El crecimiento es la consecuencia directa de la operaci?n de las econom?as capitalistas. Y esta afirmaci?n se aplica al capitalismo tal y como exist?a en G?nova en el siglo XVI, o al mundo de las mega-corporaciones que imponen sus reglas en los mercados globales. Tambi?n vale para describir lo que pasa en el capitalismo industrial o en el financiero.

En pocas palabras, el crecimiento est? generado por factores end?genos del capitalismo porque el objetivo del capital es producir ganancias sin un fin determinado. Ese es el sentido de la particular forma de circulaci?n monetaria que define al capital. Por la ley de la mercanc?a su prop?sito no es producir cosas m?s o menos ?tiles (o decididamente in?tiles), sino producir ganancias y reproducirse a s? mismo. Por eso el capital es un motor de acumulaci?n interminable, independientemente de si existe o no una moneda fiduciaria, o de si hay tal o cual mentalidad. La competencia intercapitalista es la manifestaci?n de esta caracter?stica del capital.

En los Grundrisse, Marx se?ala que ?conceptualmente, la competencia no es otra cosa que la naturaleza interna del capital, su car?cter esencial, que surge y se realiza en la interacci?n de muchos capitales, una tendencia interna que se presenta como necesidad externa. El capital existe y s?lo puede existir como muchos capitales y su determinaci?n aparece como la interacci?n rec?proca de unos con otros. Por las fuerzas de la competencia, el capital est? siendo continuamente acosado ??marcha, marcha!?

Cada componente de estos capitales es un centro privado de acumulaci?n y sabe que de no actuar como tal, la competencia lo aniquilar?. Por eso el capital siempre est? estrenando espacios de rentabilidad: nuevos productos, procesos y mercados. Cada intersticio y cada oquedad es un territorio en espera de ser conquistado para la rentabilidad del capital. Para sus ojos inquietos, todo es un espacio de rentabilidad, desde los alimentos y el agua, los recursos gen?ticos, los yacimientos de petr?leo o las p?ldoras tranquilizantes para olvidar el estr?s cotidiano.

?Podr?amos tener un sistema tecnol?gico tan eficiente que redujera la huella ecol?gica a?n con crecimiento? Eso est? por verse, pero por el momento las ganancias de eficiencia han sido contrarrestadas por el efecto escala y por el efecto boomerang (al incrementar la eficiencia, los costos unitarios disminuyen, los precios bajan y aumenta el consumo).

Debe quedar claro que el crecimiento capitalista es una especie de enfermedad que todo destruye, comenzando con el ser humano. El corolario de todo esto es que la ?nica forma de abandonar la man?a del crecimiento es deshaci?ndonos del capital. Por supuesto, esto abre otra discusi?n interesante. Mientras tanto, la teor?a macroecon?mica lo ?nico que ha podido hacer es darse cuenta de las consecuencias terribles del estancamiento en las econom?as capitalistas: desempleo, inventarios no vendidos, crisis. ?Capitalismo sin crecimiento? No va a ser f?cil.

http://www.jornada.unam.mx/2010/07/21/index.php?section=opinion&article=028a1eco



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Tags: capital, medio ambiente, crecimiento, La Jornada, producción, estrés

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