Lunes, 26 de julio de 2010

Portada :: Mentiras y medios
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 25-07-2010

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Archivos y estados de excepci?n



1. Las excepciones de la introducci?n

La libertad de expresi?n es un concepto que tiene, por lo menos, dos rostros como Jano: entre ellos dos se encuentra el de los que enarbolan la idea, pero, en la pr?ctica -por antecedentes o acciones concretas- no utilizan la misma concepci?n para medir qui?nes atacan o no a la libertad de expresi?n, ya que para realizar esa medici?n se basan fundamentalmente en concepciones ideol?gico- pol?ticas. (1)

Esto es, para esos grupos conservadores de presi?n o para las grandes empresas que sostienen a los medios de comunicaci?n, los gobiernos de izquierdas en Am?rica del Sur (con sus matices se podr?an mencionar los de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, Uruguay o Paraguay), violentar?an permanentemente la libertad de expresi?n, confundida con libertad de ?mercado? (la mano invisible), mientras que los gobiernos conservadores- de derechas, por su propia concepci?n econ?mico-pol?tica, defender?an la libertad de expresi?n, o no est? de m?s repetirlo, la libertad de mercado. Los sintagmas establecen la ecuaci?n: libertad de expresi?n = libertad de mercado.

Dos rostros: uno mira hacia el exterior, criticando a qui?nes supuestamente la atacan y, un segundo rostro que mira hacia el interior, asumiendo que hay libertad de expresi?n en pa?ses de ideolog?a liberal-conservadora o neoliberal. No est? de mas decirlo que en pa?ses, como por ejemplo Chile, la libertad de expresi?n es muy cuestionable porque crecen los oligopolios de los medios de comunicaci?n (cuestion?ndose, paralelamente, la libertad de mercado o su autorregulaci?n) o, conjuntamente, la diferencia pol?tica, cultural, social y econ?mica no tiene su lugar en las pantallas, sonidos y escrituras medi?ticas.
Un caso concreto es el de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), qui?n no solamente no critic? a las dictaduras c?vico- militares que atropellaron a los gobiernos democr?ticos o semi-democr?ticos que gobernaron Sudam?rica entre los a?os '70 y '80, sino que, a?n m?s, algunos de sus directivos actuales, como el periodista Danilo Arbilla, fueron funcionarios de la dictadura c?vico- militar uruguaya. Pero, en la actualidad, critican la supuesta falta de libertad de expresi?n que existir?a en pa?ses, gobernados por la izquierda, como es el caso de Venezuela, Bolivia, Ecuador o Brasil.
Otros ejemplos que habr?a que sumar son los de las actuales legislaciones sobre medios de comunicaci?n en Argentina y en Uruguay, que abrieron las licencias de otorgamiento a los medios comunitarios, adem?s, de las ya existentes a los medios, llamados, comerciales. Esas normativas han sido ampliamente criticadas por grupos empresariales que se acostumbraron a ampliar su poder en los medios de comunicaci?n sin ning?n tipo de control socio- comunitario ni estatal, y tuvieron una total impunidad para apoyar gobiernos de turno (militares; c?vico- militares; civiles acusados de corrupci?n), como es el caso del grupo Clar?n de Argentina. El pago para tanto silencio fue el otorgamiento de ondas de radio y televisi?n por parte de los gobiernos de turno. (2)
En el caso del grupo Clar?n de Argentina, empresarios/as cr?ticos/as con el actual gobierno argentino y con la ley de servicios de comunicaci?n audiovisual (3) (llamada de los tres tercios, ya que otorga un tercio a los medios comerciales, otro tercio a los medios sin fines de lucro -comunitarios, socio-culturales y otro tercio al Estado), elaborada y apoyada por grupos sociales, intelectuales, sectores comunitarios, periodistas y pol?ticos de centro- izquierda, ha reaccionado m?s airadamente contra esta ley que con las supuestas libertades que rigieron en Argentina durante la dictadura c?vico- militar o durante el gobierno, acusado de corrupci?n, de Carlos Menem. Un caso aparte es el de su relaci?n, tan confusa que llega hasta niveles familiares, con los detenidos desaparecidos durante el proceso c?vico- militar, ya que la propietaria del grupo est? acusada de adoptar dos ni?os hijos de detenidos- desaparecidos.
2. Una primera aproximaci?n al Estado de excepci?n: Clar?n y los desaparecidos
Ernestina Herrera de Noble, due?a del grupo Clar?n, para las Abuelas de Plaza de Mayo adopt? dos hijos de detenidos desaparecidos, durante la dictadura c?vico- militar de Argentina.
As? las cosas, en ese pa?s, para conocer la identidad de los hijos de detenidos desaparecidos, las personas sospechosas de haber adoptado un/una ni?o/a en esas condiciones, debe de someterse y someterlos/as a ex?menes de ADN. De no ser as? por su propia voluntad, est?n obligados/as a hacerlo.
No obstante, la propietaria del grupo Clar?n, fue burlando los ex?menes de ADN para conocer la identidad de los hijos, adoptados en 1976.
Hay que tener presente que la poderosa empresaria argentina, qui?n ha sido cr?tica con el gobierno actual de Argentina, desde el grupo de medios de comunicaci?n Clar?n, no mantuvo la misma posici?n durante la dictadura c?vico - militar que azot? a la Argentina durante los a?os 1976 y 1983.
Uno de los ?ltimos intentos por conocer la identidad de los supuestos hijos de detenidos- desaparecidos fue en junio de 2010. Pero, parad?jicamente, el d?a del examen, el Banco Nacional de Datos Gen?ticos de Argentina no pudo realizar la prueba gen?tica para determinar si la due?a del grupo Clar?n adopt? a dos hijos de desaparecidos en dictadura, inform? en un comunicado Abuelas de Plaza de Mayo, debido a la falta de colaboraci?n por parte de Herrera de Noble.
El Banco inform? a la justicia que no hab?a sido posible obtener el ADN de Marcela y Felipe Noble Herrera ?por contaminaci?n de las prendas? que fueron utilizadas para la prueba, seg?n la organizaci?n de familiares.
?El estudio determin? que las prendas de vestir, que hab?an sido entregadas voluntariamente por Marcela y Felipe Noble Herrera en el allanamiento practicado el 28 de mayo pasado, no fueron aptas para obtener su perfil gen?tico?, indica. ?Por ello, no se pudo concretar el entrecruzamiento con las muestras de los familiares que buscan a sus seres queridos desaparecidos durante de la ?ltima dictadura militar?, agrega el informe.
La entidad precis? que ?las prendas analizadas fueron medias, camisetas, camisas, pantalones y ropa interior femenina, ya que Felipe Noble Herrera no portaba calzoncillo al momento de la requisa?. Los peritos ?informaron que, llamativamente, las prendas conten?an informaci?n gen?tica de numerosas personas de distintos sexos?, seg?n la nota de prensa. Para las abuelas, los peritos deber?n declarar ahora ante la justicia para explicar por qu? razones ?podr?an aparecer tantos perfiles gen?ticos en prendas ?ntimas y de vestir, pues no parece posible que se trate de algo casual o accidental?, sostiene el comunicado.
La entidad abog? porque la jueza del controvertido caso, Sandra Arroyo Salgado, defina el curso a seguir para dilucidar si los j?venes, adoptados en 1976, son hijos de desaparecidos nacidos durante el cautiverio de sus madres durante el r?gimen militar (1976/83).
Debido a que algunos j?venes que se sospechan que fueron robados se negaron a la extracci?n de sangre para realizar la prueba gen?tica -como el caso de los Noble Herrera- la justicia argentina admite realizar la prueba en cabellos, ropas ?ntimas o cepillos de dientes.
Abuelas de Plaza de Mayo ha restituido la identidad a un centenar de ni?os apropiados, sobre un total estimado de 500 casos. Sobre el tema, el diario Clar?n y sus medios afines, no han dicho nada, ni una imagen, un sonido o una letra. Los rostros de Jano sobre la libertad de expresi?n?
3. Segunda aproximaci?n al Estado de excepci?n: Chile, Pi?era y Chilevisi?n
El actual presidente de Chile, Sebasti?n Pi?era, salt?ndose todas las concepciones mundiales sobre el otorgamiento de ondas, y con el benepl?cito de la Concertaci?n de Partidos por la Democracia de centro izquierda, durante el gobierno de Ricardo Lagos Escobar, el 15 de abril de 2005, adquiri? el canal de televisi?n Chilevisi?n. A partir de ah?, comenz? a dise?ar su campa?a presidencial que lo llev? a la presidencia de Chile en enero de 2010. Al canal de televisi?n se le sum? la propiedad mayoritaria de Colo-Colo, el equipo de f?tbol m?s popular de Chile. Canales de televisi?n, compa??as ?reas, equipos de f?tbol, lo llevaron a transformarse en el candidato presidencial-empresario, que mezclaba ambos roles sin aclarar en qu? momento cumpl?a uno u otro.
La mezcla de programas sensacionalistas sobre la delincuencia (potenciando el discurso sobre la inseguridad), teleseries, culebrones, reality shows y de programas period?sticos, permitieron que el discurso y las im?genes de Chilevisi?n, por acci?n u omisi?n, fueran uno de los principales escenarios para potenciar la candidatura, y la posterior gesti?n, de Sebasti?n Pi?era. La pol?tica en escena y la escena de la pol?tica.
Ya en la presidencia de la rep?blica, la ?venta? del canal de televisi?n se ha transformado en uno de los temas pol?ticos del pa?s. Dos rostros de Jano: en el propio canal de televisi?n se discute sobre la ?propiedad? del medio, aunque no se incorpora la opini?n de que, por definici?n, la televisi?n, como los medios de comunicaci?n de aire, son patrimonios p?blicos y, por lo tanto, no pueden enajenarse (venderse o comprarse) sino otorgarse los permisos de administraci?n (econ?mica y de contenidos de la onda), por un tiempo determinado y sujeto a evaluaciones. Mientras tanto, Pi?era sigue siendo su ?propietario? y se encuentra esperando su venta.
Uno de los ?ltimos hechos ocurri? el 15 de julio de 2010. Ese d?a, el contralor de la Rep?blica, Ramiro Mendoza determin? que Pi?era no est? ?inhabilitado? para nombrar autoridades del canal estatal de televisi?n y a un miembro del Consejo Nacional de Televisi?n, un organismo aut?nomo del Estado que debe ?velar por el correcto funcionamiento de los servicios de televisi?n?, seg?n sus estatutos. ?No ser?a ilegal el nombramiento (?) no hay una incompatibilidad?, dijo Mendoza. ?Contralor?a no advierte impedimento para que el Presidente de la Rep?blica cumpla con la funci?n de efectuar los se?alados nombramientos y proposiciones, por cuanto la sola circunstancia de que el jefe de Estado, como persona natural, sea accionista en los t?rminos antes indicados no lo inhabilita al efecto?, sentencia el dictamen. La C?mara de Diputados aprob? el 14 de julio de 2010, un proyecto de acuerdo -por 41 votos a favor y 40 en contra- para solicitar a Pi?era que venda a la brevedad Chilevisi?n.
Durante el terremoto que se produjo en Chile el 27 de febrero de 2010 y sus posteriores r?plicas, Chilevisi?n reprodujo el discurso y las im?genes sobre la inseguridad, fortaleciendo el toque de queda o estado de excepci?n (instalado por el gobierno de centro izquierda de Michelle Bachelet Jeria ante los pedidos de la centro derecha pr?xima a instalarse en el gobierno con Sebasti?n Pi?era). Dos rostros de Jano sobre la libertad de expresi?n: el estado de excepci?n se transform? en la regla, en t?rminos de Walter Benjamin. Sobre la represi?n que padeci? la poblaci?n de las zonas afectadas, Chilevisi?n no dijo nada.
En definitiva, se podr?a decir que el terremoto en Chile tuvo dos ritmos: uno fue el que le imprimi? el sismo 8, 8? el 27 de febrero y sus consiguientes r?plicas, el otro fue el que, desde la madrugada de ese d?a, se produjo en las pantallas televisivas con transmisiones las 24 horas, pero sin que ello implicara que fuera en vivo y en directo ya que las im?genes se reiteraban segundo tras segundo durante las 24 horas. En esta segunda r?tmica, se radicaliz? la idea de inseguridad, propia del discurso de la derecha que gobierna actualmente y de un sector de la concertaci?n, de estigmatizaci?n de la pobreza (los ricos no lloran, parec?a la m?xima), de enfrentamiento entre las familias y de los grupos m?s marginalizados por el sistema cada d?a menos sist?mico. A esto se le sum?, toque de queda, militarizaci?n de las zonas afectadas (4) y el discurso amn?sico sobre un nuevo tipo de desaparecido, perdido bajo las aguas del maremoto. Nuevamente, intentan limpiar -como la blanca nieve de la cordillera y del iceberg del sur- (5) la historia de secuestros, terrorismo de estado y desapariciones.
Mientras tanto, el pa?s vive a otro ritmo y la televisi?n sigue, parafraseando a Baudrillard, intentando demostrar que el terremoto no tuvo lugar, sino que se produjo en el no lugar de las pantallas y en el discurso sobre la inseguridad del Estado de excepci?n.
4. La iron?a de la ?libertad de expresi?n? como estado de excepci?n
Es Giorgio Agamben (2004), quien coloca en tensi?n diversas categor?as, entre ellas, la relaci?n entre excepcionalidad y normalidad y entre experiencia y destrucci?n. Citando e invirtiendo la tesis 8 de Walter Benjamin sobre la filosof?a de la historia, Agamben realiza un extenso an?lisis sobre los estados de excepci?n, aunque, a diferencia de Benjamin, estos estados no implican la liberaci?n de los oprimidos sino el modelo de gobierno que determina de manera creciente e incontenible la pol?tica de los estados modernos en la mayor parte de sus dimensiones. De esa forma, ?en casi todas las democracias occidentales? se manifiesta la tendencia, sin precedentes, de generalizar el ?paradigma de la seguridad como t?cnica normal de gobierno? (Agamben, 2004: 27).
En Am?rica del sur el t?rmino m?s utilizado es ?estado de sitio?, noci?n vinculada a las doctrinas italiana y francesa, mientras que ?estado de excepci?n? es com?n en la doctrina alemana (Ausnahmezustand junto con Notstand, como estado de necesidad). Para Giorgio Agamben (2004: 14): ?si las nociones de ?estado de sitio' y de ?ley marcial' expresan una conexi?n con el estado de guerra que ha sido hist?ricamente decisiva y que a?n est? presente, resultan, sin embargo, inadecuadas para definir la estructura propia del fen?meno y tienen por ello necesidad de calificaciones ?pol?tico' o ?ficticio', tambi?n de alguna manera descaminadas?. En cambio, ?el estado de excepci?n no es un derecho especial (como el derecho de guerra), pero en cuanto suspensi?n del orden jur?dico mismo, define el umbral o el concepto- l?mite de ?ste? (6).
De esa forma, cada vez m?s, en Sudam?rica diversos medios de comunicaci?n (en una era postmedi?tica), apelan al paradigma de la seguridad como t?cnica ?normal? de convivencia socio- cultural. Con im?genes, sonidos y escrituras que, apelando a un nuevo tipo de archivo, muestran, hasta el cansancio, la desintegraci?n social, parad?jicamente, como la nueva forma de convivencia. As? las cosas, fortalecen el discurso sobre la seguridad como ?t?cnica normal de gobierno?. Hay que tener presente, que las dos principales reformas que se han instalado en Sudam?rica, son las de la educaci?n y las de la seguridad. Parece que estar ?seguros? (en salud, en delincuencia, en econom?a, en pol?tica?) es, parad?jicamente, una de las claves de vida en la sociedad del riesgo.
El status necessitatis se presenta ?tanto en la forma del estado de excepci?n como en la revoluci?n, como una zona ambigua e incierta, donde procedimientos extra o antijur?dicos en s? mismos, se convierten en derecho y donde las normas jur?dicas se indeterminan en mero hecho; un umbral, pues, en que hecho y derecho parecen hacerse indecidibles? (Agamben, 2004: 46). As?, ?si se ha dicho de forma convincente que, en el estado de excepci?n, el hecho se convierte en derecho (?) lo contrario, es verdad tambi?n: en aquel act?a un movimiento inverso, en virtud del cual el derecho se suspende y se anula en el hecho? (Agamben, 2004:46).
En ese contexto, cada vez m?s, a partir de las reformas procesales penales (por ejemplo, en Chile), hecho y derecho se confunden, ya que, en diversas circunstancias, los medios de comunicaci?n ?judicializan? (o mejor dicho, derechizan -de derecho y de derechas-) a los ?afueras? no representativos: movimientos sociales, delincuentes pobres, otredades que no ingresan en el espacio representativo del adentro del discurso medi?tico y postmedi?tico.
La radical postura de Agamben es ampliamente criticada por Marcelo C?rdoba (2010), quien sostiene que el te?rico italiano realiza un an?lisis que debilita el potencial cr?tico y geneal?gico de Foucault sobre la biopol?tica y, que adem?s, hace ?de la mayor cat?strofe del siglo XX el paradigma de la pol?tica occidental?, trivializando ?el acontecimiento? y bloqueando ?su significaci?n normativa: la derrota del fascismo como ?parteaguas hist?rico' del siglo XX?. M?s all? de la cr?tica de C?rdoba, considerar el estado de excepci?n como la nueva doctrina liberal (en este caso con referencia a la libertad de expresi?n) permite estimular el debate sobre la excepci?n como regla en tiempos de fluidez, rizomas y crisis.
As? las cosas, aparece -en esos archivos desestructurados- la figura del testimonio y todas sus ambig?edades. El archivo, en concreto, no es el conjunto de discursos del pasado, sino la emergencia enunciativa e imag?nica, la relaci?n entre lo dicho y no dicho, la superficie de discursos, im?genes y sonidos y los testimonios que, con toda su complejidad, aparecen y dan cuenta de esas tramas de discursos y no discursos (instituciones, im?genes, sonidos).
5. Deconstrucci?n de los archivos
Es Michel Foucault, uno de los que incorpora esta concepci?n del archivo. Michel Foucault (1996, primera edici?n 1970), se refiere al archivo en su propuesta arqueol?gica, conceptualiz?ndolo desde la pol?mica noci?n de a priori hist?rico. As? las cosas, Foucault, comienza definiendo m?s que la condici?n de validez de una formaci?n discursiva (conformada por enunciados), el papel de lo que ?l llama un a priori hist?rico. ?Yuxtapuestos esos dos t?rminos hacen un efecto un tanto detonante: entiendo designar con ello un a priori que ser?a no condici?n de validez para unos juicios, sino condici?n de realidad para unos enunciados? (Foucault, 1996: pp. 215- 216). Por lo tanto, ?no se trata de descubrir lo que podr?a legitimar una aserci?n, sino de liberar las condiciones de emergencia de los enunciados, la ley de su coexistencia con otros, la forma espec?fica de su modo de ser?, los principios seg?n los cu?les subsisten, se transforman y desaparecen. No, un a priori de las verdades que no podr?an ser jam?s dichas, ni dadas a la experiencia, ?sino de una historia que est? dada, ya que es la de las cosas efectivamente dichas?.
Foucault utiliza este t?rmino tan pol?mico, porque ?este a priori debe dar cuenta de los enunciados en su dispersi?n, en todas las grietas abiertas por su no coherencia, en su encaballamiento y su reemplazamiento rec?proco, en su simultaneidad que no es unificable? y en su ?sucesi?n que no es deducible?. En definitiva, ?ha de dar cuenta del hecho de que el discurso no tiene ?nicamente un sentido o una verdad, sino una historia, y una historia espec?fica que no lo lleva a depender de las leyes de un devenir ajeno?.
El a priori se caracteriza por un conjunto de pr?cticas discursivas y ?l mismo es un conjunto transformable. Foucault propone llamar archivo a esos sistemas de enunciados, que, por una parte, conforman acontecimientos, y, por la otra, cosas. Por archivo no entiende ?la suma de todos los textos que una cultura ha guardado en su poder como documentos de su propio pasado?, o ?como testimonio de su identidad mantenida?; no lo entiende tampoco por ?las instituciones que, en una sociedad determinada, permiten registrar y conservar los discursos cuya memoria se quiere guardar y cuya libre disposici?n se quiere mantener? (Foucault, 1996: 219).
M?s bien, es por el contrario, el sistema de la discursividad, las posibilidades y las imposibilidades enunciativas que ?ste dispone. ?El archivo es en primer lugar la ley de lo que puede ser dicho, el sistema que rige la aparici?n de los enunciados como acontecimientos singulares?. El archivo ?es el sistema general de la formaci?n y de la transformaci?n de los enunciados? (Foucault, 1996: 221). Su an?lisis, adem?s, comporta una regi?n privilegiada: a la vez pr?xima a nosotros, pero diferente de nuestra actualidad, es la orla del tiempo que rodea nuestro presente, que se cierne sobre ?l y que lo indica en su alteridad; es lo que, fuera de nosotros, nos delimita? (Foucault, 1996: 222).
En resumen, mientras la constituci?n del archivo, de acuerdo al planteamiento de Foucault (1996), deja al sujeto al margen, reducido a una funci?n o posibilidad vac?a, ?la cuesti?n decisiva? en el testimonio, para Agamben, ?es el puesto vac?o del sujeto? (Agamben, 2003: 152).
El archivo, tambi?n, adquiere toda su densidad como parad?jico ?mal?, donde el ?arkh? guarda y desecha, ?documentaliza? y descarta. Al respecto, Jacques Derrida (1997: s/p) se pregunta: ??por qu? reelaborar hoy d?a un concepto del archivo? ?En una sola y misma configuraci?n, a la vez t?cnica y pol?tica, ?tica y jur?dica?? Entre los intentos de intervenir esa pregunta con deconstrucciones posibles, Derrida indica que habr?a que considerar que los desastres que marcan el fin de milenio y el inicio del siglo XXI, son archivos del mal: ?disimulados o destruidos, prohibidos, desviados, ?reprimidos'?.
Es decir, hay que considerar su tratamiento tanto masivo como refinado, as? como sus manipulaciones privadas o secretas, porque ?nunca se renuncia, es el inconsciente mismo, a apropiarse de un poder sobre el documento, sobre su posesi?n, su retenci?n o su interpretaci?n? (Derrida, 1997). A la primera pregunta se le suman otras: ??mas a qui?n compete en ?ltima instancia la autoridad sobre la instituci?n del archivo? ?C?mo responder de las relaciones entre memor?ndum, el indicio, la prueba y el testimonio??
En este ?ltimo punto, Giorgio Agamben se plantea, tambi?n, esa relaci?n de conflicto entre el archivo y el testimonio: ?en oposici?n al archivo, que designa el sistema de las relaciones entre lo no dicho y lo dicho, llamamos testimonio al sistema de las relaciones entre el dentro y el fuera de la langue, entre lo decible y lo no decible en toda lengua; o sea, entre una potencia de decir y su existencia, entre una posibilidad y una imposibilidad de decir? (Agamben, 2003: pp. 151- 152).
Volviendo a Agamben (2003: 153) y a su intento de demarcarse de cierta fenomenolog?a, hay que considerar que: ?el testimonio es una potencia que adquiere realidad mediante una impotencia de decir, y una imposibilidad que cobra existencia a trav?s de una posibilidad de hablar?. Estos dos ?movimientos no pueden identificarse ni en un sujeto ni en una conciencia, ni separarse en dos sustancias incomunicables. El testimonio es esta intimidad indivisible?.
A modo de conclusiones
La noci?n de libertad de expresi?n, tan instalada en occidente y en su extensi?n sudamericana, tiene dos rostros como Jano. Esto implica que est? atravesada por una parad?jica situaci?n, donde los que muchas veces dicen defenderla, no hacen m?s que defender una libertad de mercado que, contradictoriamente, no hace m?s que incrementar los oligopolios medi?ticos.
Paralelamente, los medios -en lugar de ser patrimonio o archivos p?blicos- se enajenan (venden y compran) entre empresarios (o empresarios- presidentes, como en el caso de Chile) sin pasar por mecanismos de evaluaci?n del Estado o del conjunto de la sociedad y de sus tejidos y tramas culturales. Esto implica que sus contenidos no dan cuenta de las diferencias socio- culturales, sino que est?n vinculados a la arbitrariedad de lo que deciden sus ?propietarios? del momento (caso grupo Clar?n con los ni?os hijos de detenidos-desaparecidos, supuestamente, adoptados por su ?propietaria? durante la dictadura c?vico- militar).
Es, en ese contexto, que la enarbolada por algunos medios en Sudam?rica libertad de expresi?n, adem?s, de vincularse a la libertad de mercado difunde permanentemente el ?estado de excepci?n? como ?paradigma normal de gobierno? y de convivencia. Las pantallas, sonidos y escrituras, son las nuevas formas semi?ticas de juzgar, transformando al derecho en hecho y viceversa. Los testimonios amplifican discursos que convierten a la verosimilitud en verdad y ?sta, como el acontecimiento, deja de ser un t?pico filos?fico para transformarse, contradictoriamente, en una regularidad medi?tica.
V?ctor Silva Echeto, acad?mico uruguayo, docente de la Universidad de Playa Ancha (Valpara?so, Chile) e investigador del CONICYT- Chile.
Notas:
1) Soy consciente de que la noci?n de ideolog?a presenta numerosas complejidades. Va desde el extremo de ponerla en cuestionamiento aloj?ndola en la teor?a de la representaci?n en la ?poca cl?sica (Foucault, 1986) pasando por la teor?a reproduccionista (Althusser, 1994) hasta llegar a su reactualizaci?n (?i?ek, 1994; Van Dijk, 1999 y Eagleton, 2007). No obstante, en este caso, sin entrar en detalles, me refiero a las relaciones discursivas y extra-discursivas entre ideolog?a y poder.
2) En el caso de Uruguay es escandalosa la concentraci?n de los medios de comunicaci?n -fundamentalmente radio y televisi?n- en grupos econ?micos dependientes de familias criollas de empresarios: Romay, Salvo, Restano, Schek, Cardozo y De Feo. En Chile, actualmente, se produce la concentraci?n de la ?propiedad? de las radios por parte del grupo Prisa de Espa?a (Iberoamericana Radio Chile) y de la televisi?n en un presidente (Pi?era) ?propietario? de un canal de televisi?n (Chilevisi?n) y, por extensi?n, con posibilidades de control del canal ?p?blico? (televisi?n nacional de Chile). Tres grupos econ?micos concentran el 55 por ciento de la ?propiedad? de las radios en este pa?s.
3) Hay que aclarar, no obstante, que m?s all? de la disputa entre el gobierno y el grupo Clar?n, asociaciones de medios comunitarios y alternativos, tambi?n han planteado reservas sobre el contenido de la ley.
4) Fundamentalmente, Concepci?n, justamente una de las zonas m?s enfrentadas del pa?s, entre otros temas, por la causa mapuche.
5) Hago menci?n al iceberg que Chile traslad? en 1992 a su stand de la expo-Sevilla como un gran movimiento publicitario y de marketing, justamente en momentos que se transitaba entre la dictadura chilena y la postdictadura (o democracia tutelada). Tambi?n, al blanqueamiento de La Moneda (palacio presidencial), borr?ndole todas las huellas de su destrucci?n durante el golpe de Estado que se produjo el 11 de septiembre de 1973, que instal? a Pinochet en el gobierno y provoc? la muerte de Salvador Allende, presidente elegido democr?ticamente 3 a?os antes. Y los blancos trajes que portan los/las guardias que se encuentran instalados en la puerta de La Moneda.
6) ?La historia del t?rmino 'estado de sitio ficticio o pol?tico' es instructiva? y permite aclarar porque se incorpora al sintagma, m?s general, de estado de excepci?n. ?Procede de la doctrina francesa, en su referencia al decreto napole?nico de 24 de diciembre de 1811, que preve?a la posibilidad de un estado de sitio, que el Emperador pod?a declarar, con independencia de cu?l fuera la situaci?n efectiva de una ciudad sitiada o directamente amenazada por las fuerzas enemigas?. El origen de la figura jur?dica se remonta al decreto del 8 de julio de 1791 de la Asamblea Constituyente francesa, que distingue entre ?tat de paix, en el que la autoridad militar y civil act?an cada una independiente de la otra en su propia esfera, ?tat de guerre, en el que la autoridad civil act?a concertadamente con la autoridad militar, y ?tat de si?ge, ?en el que ?todas las funciones de que est? investida la autoridad civil para el mantenimiento del orden y de la polic?a interna pasan al comandante militar, que los ejercita bajo su responsabilidad exclusiva? (Agamben, 2004: 14). Esta ?ltima fue la situaci?n que se vivi? en la zona del terremoto de Chile desde el 28 de febrero de 2010. ?Aunque por una parte (en el estado de sitio), el paradigma sea la extensi?n al ?mbito civil de los poderes que competen a la autoridad militar en tiempo de guerra, y, por otra, una suspensi?n de la constituci?n (o de las normas constitucionales que protegen la libertad individual), los dos modelos acabar?an por confluir con el tiempo en un ?nico fen?meno jur?dico, que llamamos estado de excepci?n? (Agamben, 2004: 15).
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Referencias bibliogr?ficas:
-Agamben, Giorgio (2004): Estado de excepci?n. Homo sacer II, 1. Valencia, Pre- textos.
-Althusser, Louis (1994): ?Ideolog?a y aparatos ideol?gicos del Estado? en Ideolog?a. Un mapa de la cuesti?n. M?xico D.F., Fondo de Cultura Econ?mica.
-C?rdoba, Marcelo (2010): ?Agamben, Negri y la biopol?tica hipostasiada? en [email protected], revista te?rica de la Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Playa Ancha, Chile, http://web.upla.cl/revistafaro
-Derrida, Jacques (1997): Mal de archivo. Una impresi?n freudiana. Madrid, Trotta.
-Eagleton, Terry (2007): Una introducci?n a la teor?a literaria. M?xico D.F, Fondo de Cultura Econ?mica.
-Foucault, Michel (1986): Las palabras y las cosas. Una arqueolog?a de las ciencias humanas. M?xico D.F., Siglo XXI.
(1992): Microf?sica del poder. Madrid, La piqueta.
(1996): La arqueolog?a del saber. M?xico, siglo XXI.
-?i?ek, Slavoj (ed.). (1994): Ideolog?a. Un mapa de la cuesti?n. M?xico D.F., Fondo de Cultura Econ?mica.

-Van Dijk, Teum (1999): Ideolog?a. Una aproximaci?n multidisciplinaria. Barcelona, Gedisa.

Fuente original: http://www.argenpress.info/2010/07/deconstruccion-de-la-libertad-de.html



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Tags: libertad de expresión, ideología, neoliberal, Clarín, ondas de radio

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