Jueves, 29 de julio de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 29-07-2010

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The Empire Burlesque

Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Sinfo Fern?ndez

En la ?ltima d?cada del siglo XX, una naci?n a menudo aclamada (sobre todo por s? misma) como la ?mayor democracia del mundo? lideraba un programa de salvaje guerra econ?mica contra un pa?s roto e indefenso. Perpetrado con una frialdad burocr?tica inconmovible, el bloque mat?, seg?n estimaciones muy conservadoras, al menos a un mill?n de seres inocentes. M?s de la mitad de esas v?ctimas eran ni?os muy peque?os.

Ni?os muertos. Miles de ni?os muertos. Decenas de miles de ni?os muertes. Cientos de miles de ni?os muertos. Monta?as de ni?os muertos. Inmensos y terribles alba?ales de ni?os muertos. Eso es lo que la mayor democracia del mundo cre?, deliberadamente, fr?amente, como objetivo de pol?tica nacional cuidadosamente meditado.

El bloqueo se impuso por una sola raz?n: forzar la salida del recalcitrante dirigente del destrozado pa?s, que en otro tiempo hab?a sido aliado y cliente de la ?mayor democracia del mundo? pero que ya no contaba con los suficientes parabienes para que le permitieran seguir gobernando su estrat?gicamente situada tierra y sus inmensos recursos energ?ticos. Los l?deres de las dos facciones en dominio del poder en la ?mayor democracia del mundo? acordaron que el asesinato deliberado de gente inocente ?m?s gente de la que se asesin? en el comparable genocidio en Ruanda- era un precio aceptable a pagar por ese objetivo geopol?tico. Para ellos, el juego ?el aumento de sus ya tremendos y sin parang?n riqueza y poder- merec?a la pena, es decir: los espasmos de la muerte de un ni?o en la agon?a final de la gastroenteritis o el c?lera o cualquier otra enfermedad f?cilmente evitable.

Es, sin comparaci?n, una de las m?s notables ?y horrendas- historias de la ?ltima mitad del siglo XX, superada s?lo durante ese per?odo por el Gran Salto Adelante de China y los millones de seres asesinados en los conflictos en Indochina, en los que la ?mayor democracia del mundo? jug? tan decisivo papel. Pero sigue habiendo una ?guerra invisible?, como Joy Gordon la denomina en el t?tulo de su nuevo libro sobre Estados Unidos y las sanciones contra Iraq. No s?lo es que los autores de ese paseo genocida que supera al de Ruanda siguen hoy a?n entre nosotros, a salvo, sin alterarse, con honor, confort y privilegios. Es que algunos de ellos a?n mantienen puestos de poder en el gobierno actual. Si su guerra salvaje fue invisible, de la misma forma ese hace invisible la sangre inocente que les empapa de la cabeza a los pies.

Andrew Cockburn ha escrito una excelente rese?a ?muy detallada- del trabajo de Gordon en la ?ltima London Review of Books, utilizando su propia y amplia experiencia en Iraq as? como las exhaustivas pruebas que el libro ofrece. Merece la pena reflejar con detalle la rese?a, aunque hay mucho m?s en la obra original, que tambi?n deber?an leer.

Cockburn escribe:

    ?? Los m?ltiples desastres infligidos a Iraq desde la invasi?n anglo-estadounidense de 2003 han tendido a eclipsar la letalmente eficaz ?guerra invisible? emprendida contra los civiles iraqu?es entre agosto de 1990 y mayo de 2003, dotada por las Naciones Unidas de plenos poderes y con la inagotable atenci?n de los gobiernos estadounidense y brit?nico? Incluso en aquel momento las sanciones contra Iraq suscitaron s?lo alg?n comentario p?blico espor?dico, y a?n se prest? menos atenci?n a las maniobras burocr?ticas en Washington, siempre con la obediente ayuda de Londres, que asegur? las muertes de medio mill?n de ni?os, entre otras consecuencias. En su excelente libro, Joy Gordon registra esas consecuencias en sus detalles horripilantes??

Las sanciones se impusieron originalmente a Iraq despu?s de que Saddam ?que hab?a recibido la famosa ?luz verde? de la enviada del presidente estadounidense- invadiera Kuwait. Se dijo que las sanciones iban a suponer una especie de guerra breve para obligarle a retirarse; despu?s se convirtieron en un instrumento de guerra cuando los combates empezaron. Y m?s tarde se trocaron en una extensi?n de la guerra por otros medios. Pero en todos los casos, como Gordon y Cockburn se?alan, fueron sobre todo un arma para destruir la econom?a y la infraestructura civil del pa?s. Cockburn escribe:

    ?? Cuando sobrevino la guerra, ?sta se dirigi? tanto contra la econom?a de Iraq como contra su ej?rcito en Kuwait. Las caracter?sticas fundamentales de la campa?a de bombardeos se dise?aron ?como su principal planificador, el Coronel John Warden de la fuerza a?rea estadounidense me explic? despu?s- para destruir los ?pilares fundamentales? que hac?an que Iraq funcionara como una sociedad industrial moderna. La fuerza a?rea hab?a estado so?ando con conseguir eso desde antes de la Segunda Guerra Mundial, y Warden pensaba que la introducci?n de las ?bombas inteligentes? de precisi?n guiada lo permitir?an ahora. Las centrales de energ?a el?ctrica, los centros de telecomunicaciones, las refiner?as de petr?leo, las plantas de tratamiento de aguas residuales y otras infraestructuras clave iraqu?es resultaron destruidas o gravemente da?adas. Warden, recuerdo, se sent?a irritado de que esos bombardeos, a?adidos a su esquema original, hab?an oscurecido el impacto de su ataque quir?rgico contra los pilares en que se apoyaba la sociedad moderna iraqu?

    ? El primer indicio de que el bloqueo proseguir?a, aunque a Iraq se le hubiera desalojado de Kuwait, lleg? en un brusco comentario de Bush en una conferencia de prensa el 16 de abril de 1991. No habr?a relaciones normales con Iraq, dijo, hasta que ?Saddam Hussein est? fuera de all?, i.e., ?Proseguiremos con las sanciones econ?micas?. Se hab?a recogido oficialmente que iban a levantarse las sanciones una vez que se hubiera compensado a Kuwait por los da?os acarreados durante los seis meses de ocupaci?n, y una vez que se confirmara que Iraq ya no pose?a ?armas de destrucci?n masiva? ni capacidad para fabricarlas. Se cre? una organizaci?n especial de inspecci?n de la ONU, UNSCOM, encabezada por el diplom?tico sueco Rolf Ekeus, un veterano de las negociaciones sobre control de armamento. Pero en caso de que alguien no hubiera captado bien la declaraci?n de Bush, su asesor adjunto de seguridad nacional, Robert Gates (ahora secretario de defensa de Obama), lo explic? detalladamente pocas semanas despu?s: ?Saddam se ha desacreditado y no puede redimirse. La comunidad mundial no va a aceptar nunca su liderazgo. Por tanto?, continu? Gates, ?los iraqu?es pagar?n el precio mientras ?l siga en el poder. Se mantendr?n todas las sanciones posibles hasta que se haya marchado?

Esa es la voz de hierro ensangrentada del hombre que el Progresista Premio N?bel de la Paz ha conservado en la Casa Blanca para que dirija su maquinaria de guerra mientras calcina cuerpos humanos por todo el mundo, en Iraq, Afganist?n, Pakist?n, Yemen, Somalia, Filipinas, Colombia y docenas de otros pa?ses: una maquinaria de guerra compuesta de ej?rcitos oficiales, milicias secretas, escuadrones de la muerte, robots y mercenarios. Volviendo a Cockburn:

    ?A pesar de esta expl?cita confirmaci?n de que la justificaci?n oficial de las sanciones era irrelevante, el supuesto rechazo de Saddam a entregar su mort?fero arsenal se blandir?a por los sancionadores siempre que el precio que los iraqu?es estaban pagando atrajera la atenci?n del mundo exterior. Y aunque Bush y Gates afirmaban que Saddam, y no sus armas, era el objeto real de las sanciones, algunos funcionarios de los cuarteles de la CIA en Langley me aseguraron en aquel tiempo que la posibilidad de que la poblaci?n, desesperada por las sanciones, derrocara al dictador era ?la menos probable de las alternativas?. El empobrecimiento de Iraq ?por no mencionar la exclusi?n de su petr?leo del mercado global y del beneficio de los precios del petr?leo- no era un medio para llegar a un fin: era el fin.?

Desde luego que hoy en d?a estamos viendo ponerse en marcha esa misma din?mica mientras Gates y un nuevo emperador temporal trabajan en el mismo esquema, con el mismo objetivo, sobre otra recalcitrante naci?n que desgraciadamente posee una ubicaci?n estrat?gica e inmensos recursos energ?ticos. Incluso se est? utilizando la misma y vergonzosa justificaci?n: la no existente amenaza de las no existentes armas de destrucci?n masiva. Y, ?por qu? no? Mientras sigan cayendo inocentes de esa forma, los se?ores de la guerra seguir?n us?ndola. Cockburn contin?a:

    ?Cuando visit? Iraq ese primer verano de sanciones tras la guerra, me encontr? con una poblaci?n aturdida por el desastre que estaba reduciendo su nivel de vida al del Tercer Mundo? Los doctores, la mayor?a de ellos formados en Gran Breta?a, mostraban sus vac?os dispensarios. Por todas partes la gente preguntaba cu?ndo se iban a levantar las sanciones, asumiendo que, como mucho, pod?a ser cuesti?n de meses (una creencia inicialmente compartida por Saddam). La noci?n de que seguir?an en pie una d?cada despu?s era inimaginable.

    Los doctores no deber?an haberse preocupado por nada. La Resoluci?n 661 prohib?a la venta o suministro de cualquier producto a Iraq? con la excepci?n expl?cita de los ?suministros estrictamente dedicados a tareas m?dicas y, en circunstancias humanitarias, comestibles?. Sin embargo, cada producto que Iraq intentara importar, incluyendo alimentos y medicinas, ten?a que ser aprobado por el ?Comit? 661? creado a tal prop?sito y dotado con diplom?ticos de los quince estados miembros del Consejo de Seguridad. El comit? se reun?a en secreto y apenas publicaba nada sobre sus procedimientos. Gracias a la desaparici?n de la Uni?n Sovi?tica, EEUU pod?a ahora dominar las Naciones Unidas y utilizarlas para proporcionar una tapadera de legitimidad a sus unilaterales acciones.

    El objetivo conocido del Comit? 661 era revisar y autorizar las excepciones a las sanciones, pero como Gordon explica, su funci?n actual era negar la importaci?n hasta de los m?s inocuos productos justific?ndose en que pod?an, posiblemente, utilizarse en la producci?n de armas de destrucci?n masiva. Una ingeniosa disposici?n permit?a que cualquier miembro del comit? aplazara la aprobaci?n de cualquier producto para el que se hab?a solicitado autorizaci?n. As? pues, aunque otros miembros, incluso una mayor?a, pudiera desear que se enviaran productos a Iraq, EEUU y su siempre bien dispuesto socio brit?nico pod?a, y as? lo hicieron, bloquear cualquier cosa que eligieran con la m?s pobre de las excusas? De esa forma, en los primeros a?os de la d?cada de 1990 EEUU bloque?, entre otros productos, la sal, pipas de agua, bicicletas infantiles, materiales utilizados para hacer pa?ales, equipamiento para procesar la leche en polvo y tela para hacer ropa. La lista se ampliar?a m?s tarde hasta incluir relojes, calcetines, marcos de las ventanas, azulejos y pintura.

    En 1991, los representantes estadounidenses sostuvieron con toda la energ?a que pudieron desplegar que no se deb?a permitir que Iraq importara leche en polvo porque no respond?a a una necesidad humanitaria. Despu?s, los diplom?ticos sostuvieron obedientemente que una petici?n de vacunas infantiles, considerada ?sospechosa? por los expertos en armas de Washington, deber?a asimismo rechazarse.

    Durante todo el per?odo de sanciones, EEUU frustr? los intentos iraqu?es de importar las bombas que se necesitaban para las plantas de tratamiento del agua del Tigris, que se hab?a convertido en una cloaca al aire libre gracias a la destrucci?n de dichas plantas de tratamiento de las aguas. El cloro, vital para tratar los suministros de agua contaminada, se prohibi? asimismo alegando que pod?a utilizarse como arma qu?mica. Las consecuencias de todo esto se hicieron visibles en las salas de pediatr?a de los hospitales. Cada a?o aumentaba la cifra de beb?s que mor?an antes de alcanzar su primer cumplea?os, de 1 de cada 30 en 1990, a 1 de cada 8 siete a?os despu?s. Los especialistas sanitarios estaban de acuerdo en que el agua contaminada era la responsable: los ni?os eran especialmente sensibles a la gastroenteritis y c?lera causadas por el agua sucia.?

?Qu? espanto todo! Pero, ?qu? hay del programa de la ONU de ?Petr?leo por Alimentos? que se puso eventualmente en marcha para proporcionar un hilo de productos a Iraq a cambio de los codiciados recursos energ?ticos? Como Cockburn se?ala, aunque la ?guerra invisible? de sanciones que mat? a medio mill?n de ni?os es ahora un suceso que nunca ocurri? en la conciencia estadounidense, el ?esc?ndalo? del Petr?leo por Alimentos ?Saddam jugando con el sistema mientras su pueblo sufr?a- todav?a es en gran medida utilizado por los apologistas de la guerra de agresi?n de 2003. ?ste, dicen, fue el esc?ndalo verdadero, no el de todos esos beb?s muertos. Cockburn:

    ?Bajo las condiciones del programa, gran parte del dinero fue inmediatamente desviado [por los bloqueadores dirigidos por EEUU] para pagar lo que los cr?ticos denominaban como exigencias `inveros?milmente altas? por parte de Kuwait a la hora de pedir indemnizaciones por los da?os de la invasi?n de 1990, y para pagar las inspecciones de la UNSCOM y otros costes administrativos de la ONU en Iraq. Aunque el acuerdo permit?a alguna mejora en los niveles de vida, no hubo cambio fundamental alguno: el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, inform? en noviembre de 1997 que, a pesar del programa, el 31% de los ni?os menores de cinco a?os sufr?a a?n de desnutrici?n, que los suministros de agua potable y medicinas eran ?en gran medida inadecuados? y que la infraestructura sanitaria sufr?a un ?deterioro excepcionalmente grave?.?

    Para los iraqu?es fue posible sacar alguna ventaja pecuniaria del programa Petr?leo por Alimentos de las comisiones que sacaban de las compa??as petroleras a quienes se favorec?a con adjudicaciones, tambi?n de los comerciantes del trigo a los que compraban suministros. En 2004, mientras Iraq se desintegraba, el ?esc?ndalo del petr?leo por alimentos? fue aireado a bombo y platillo por la prensa estadounidense como ?la mayor estafa de la historia?. El Congreso, que hab?a guardado un silencio total durante los a?os de las sanciones, estall? ahora con denuncias sobre el fraude y los enga?os del dictador ca?do, quien, con la supuesta complicidad de la ONU, hab?a sido supuestamente la causa directa de tantas muertes.

Gordon pone todo esto en su contexto: ?Bajo el programa Petr?leo por Alimentos, el gobierno iraqu? se hizo con el 10% de los contratos de importaci?n y durante un breve tiempo recibi? pagos il?citos por las ventas del petr?leo. Los dos factores combinados supusieron unos 2.000 millones de d?lares? En cambio, en los catorce primeros meses de la ocupaci?n [tras la invasi?n de 2003], la autoridad de la ocupaci?n dirigida por EEUU redujo los fondos en 18.000 millones de d?lares, dinero ganado de la venta de petr?leo, la mayor parte del cual desapareci? como el humo, sin control alguno y sin que el pueblo iraqu? pudiera percibir nada del mismo. Quiz? Saddam derroch? millones en palacios de m?rmol (en gran medida mal construidos, como sus posteriores ocupantes militares estadounidenses descubrieron) pero su codicia palidece en comparaci?n con la de sus sucesores.

Como hemos se?alado aqu? a menudo anteriormente, los dirigentes brit?nicos y estadounidenses que impusieron las asesinas sanciones sab?an muy bien, durante muchos a?os, que Iraq no ten?a en absoluto armas de destrucci?n masiva, ni siquiera un programa para desarrollar armas de destrucci?n masiva. Sab?an que en el momento de la invasi?n de 2003, esos programas de armas de destrucci?n masiva (que en otro tiempo hab?a apoyado con dinero secreto, cr?ditos y ?tecnolog?a de doble uso? nada menos que George Herbert Walker Bush) llevaban doce a?os metidos en naftalina. Habl? de esto, por escrito, all? por 2003 ?incluso Newsweek informaba de ello, ?justo unas semanas antes de la guerra!- pero la verdad es que no hab?a realmente espacio para la historia en la mente pol?tica estadounidense o en la memoria nacional. Por eso Cockburn y Gordon nos hacen tan buen servicio detallando de nuevo la historia. Tambi?n a?aden uno de los aspectos m?s cr?ticos de la historia: los desesperados esfuerzos de Bill Clinton ?s?, el viejo buen ?Gran Hombre? de nuestros progresistas modernos- para suprimir la verdad y mantener las criminales sanciones y la deriva hacia la guerra, es demasiado fuerte:

    ?El estrangulamiento econ?mico de Iraq se justific? sobre la base de la supuesta posesi?n de Saddam de armas nucleares, qu?micas o biol?gicas. A?o tras a?o, los inspectores de la ONU peinaron Iraq en b?squeda de pruebas de que esas armas exist?an. Pero despu?s de 1991, el primer a?o de las inspecciones, cuando se detect? y se destruy? toda la infraestructura del programa de armas nucleares de Iraq, junto con los misiles y un amplio arsenal de armas qu?micas, no se encontr? ya nunca jam?s nada. Dados los antecedentes de Saddam negando la existencia de su proyecto nuclear (su arsenal qu?mico era bien conocido; lo hab?a utilizado ampliamente en la guerra Ir?n-Iraq, con la aprobaci?n de EEUU), los inspectores ten?an alg?n motivo para sospechar, al menos hasta agosto de 1995. Fue entonces cuando Hussein Kamel, el yerno de Saddam y anterior supervisor de sus programas de armamento, huy? de repente a Jordania donde rindi? completos informes a la CIA, el MI6 y la UNSCOM. En aquellas entrevistas, dej? perfectamente claro que en 1991 se hab?a destruido todo el arsenal de armas de destrucci?n masiva, una confesi?n que sus interlocutores, incluidos los inspectores de la ONU, tuvieron gran cuidado en ocultar al mundo exterior.

    Sin embargo, a principios de 1997, Rolf Ekeus lleg? a la conclusi?n, como me cont? muchos a?os despu?s, de que deb?a informar al Consejo de Seguridad que Iraq no ten?a armas de destrucci?n masiva y, por tanto, hab?a cumplido con las Resoluciones de la ONU salvo en alg?n punto. Se sent?a inclinado a recomendar que se levantaran las sanciones. Al saber de sus intenciones, a la administraci?n Clinton se le pusieron los pelos de punta. El fin de las sanciones expondr?a a Clinton a los ataques republicanos por permitir que Saddam se fuera de rositas. El problema se resolvi?, me explic? Ekeus, consiguiendo que Madeleine Albright, reci?n instalada como secretaria de estado, declarara en un discurso p?blico el 26 de marzo de 1997 que ?no estamos de acuerdo con las naciones que defienden que si Iraq cumple con sus obligaciones en relaci?n con las armas de destrucci?n masiva, deben levantarse las sanciones?. El previsible resultado fue que Saddam no tuvo m?s inter?s en cooperar con los inspectores. Esto provoc? una escalada de enfrentamientos entre el equipo de la UNSCOM y los funcionarios de la seguridad iraqu? que acab? con la expulsi?n de los inspectores, con las proclamas de que Saddam ?se negaba a desarmarse? y, finalmente, con la guerra.?

Ah? lo tienen. Clinton no quer?a que se levantaran las sanciones; no quer?a que se dejaran de arrojar los cuerpos de los ni?os muertos en el terrible alba?al. Como siempre, cuando uno supon?a que se hab?a alcanzado un punto de referencia ?en este caso, la eliminaci?n de las armas y los programas de armas de destrucci?n masiva- van y se cambian simplemente las reglas. Vemos esto tambi?n respecto a Ir?n. Obama present? lo que pretend?a ser una gran soluci?n ?diplom?tica? haciendo que Ir?n enviara su combustible nuclear a Brasil y Turqu?a para que estos dos pa?ses lo procesaran. Este fue desde luego, un mero gesto hueco que persegu?a mostrar lo intransigente y poco fiable que Ir?n realmente es; esos mullahs tan ansiosos de tener armas nucleares rechazar?an el acuerdo. Pero cuando Ir?n llego a ese acuerdo con Brasil y Turqu?a para hacer exactamente lo que Obama quer?a que hiciera, fue denunciado de inmediato ?por Obama- como? una demostraci?n de cu?n intransigente y poco digno de confianza es realmente Ir?n. Logren un hito y los amos sencillamente cambiar?n las reglas. As? es como funciona hasta que consiguen lo que quieren: un cambio de r?gimen en tierras estrat?gicas repletas de recursos naturales.

Cockburn se?ala otro efecto de las sanciones que casi siempre se pasa por alto:

    ?Dennis Halliday, el coordinador humanitario para Iraq de la ONU que dimiti? en 1998 en protesta por lo que llam? r?gimen ?genocida? de sanciones, describi? en aquel momento sus efectos m?s insidiosos sobre la sociedad iraqu?. Toda una generaci?n de j?venes hab?a crecido aislada del mundo exterior. Los comparaba, inquietantemente, con los hu?rfanos de Afganist?n de la guerra con Rusia que m?s tarde formaron los talibanes. ?Deber?a preocuparnos al menos la posibilidad de que se desarrolle de forma m?s intensa el pensamiento fundamentalista isl?mico?, advert?a Halliday. ?No se comprende que ?sa puede ser una consecuencia posible del r?gimen de sanciones. Estamos empujando a la gente para que adopte posiciones extremas?. Esa fue la sociedad que los ej?rcitos de EEUU y el Reino Unido enfrentaron en 2003: empobrecida, extremista e iracunda. Mientras ellos cuentan las v?ctimas que cada d?a sufren a causa de las bombas colocadas en los arcenes y los ataques suicidas, Occidente deber?a pens?rselo muy cuidadosamente antes de desplegar una vez m?s ?el instrumento perfecto? del bloqueo.

Pero, por supuesto, como hemos indicado a menudo en estas l?neas, eso parece ser exactamente lo que quieren: un suministro constante de extremistas en los que se pueda confiar para mantener avivados los rentables fuegos de la Guerra del Terror: llamas que a su vez alimentan los monstruosos motores de la Maquinaria de Guerra y sus reto?os de la Seguridad, ambos devorados desde hace mucho tiempo por los residuos de la rep?blica estadounidense y que est?n ahora sufriendo una met?stasis a velocidad vertiginosa, casi m?s all? de cualquier comprensi?n humana.

Ni?os muertos. Miles de ni?os muertos. La monta?a, el alba?al se va haciendo cada vez m?s alto. Y a?n sigue la gente dormida?

Fuente: http://www.chris-floyd.com/articles/1-latest-news/1993-invisible-holocaust-iraqi-sanction-criminals-seek-reprise-in-iran.html

rCR



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Tags: Holocausto, Irak, Írán, muertos, Floyd, democracia, guerra

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