Jueves, 29 de julio de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 29-07-2010

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A poco de llegar a Suecia, directamente de la prisi?n como tantos otros exiliados latinoamericanos, me enter? de que el ?s?ndrome de Estocolmo? estaba relacionado con un hecho curioso sucedido en esta ciudad en 1973, cuando un grupo de delincuentes, encapuchados y a mano armada, asaltaron el Banco de Cr?dito (Kreditbanken), con el fin de hacerse con el bot?n y luego darse a la fuga.

Los delincuentes, hechos un ovillo de nervios y moviliz?ndose torpemente, obligaron a los empleados del banco a tenderse boca abajo y con las manos en la nuca, y, posteriormente, los retuvieron en calidad de rehenes durante seis angustiosos d?as. Lo interesante del caso es que, cuando los delincuentes procedieron a liberarlos, las c?maras de la prensa captaron el instante en que una de las mujeres, a tiempo de despedirse, abrazaba y besaba a su secuestrador.

Este acto ins?lito sirvi? para bautizar como el ?s?ndrome de Estocolmo" al afecto entre los captores y sus rehenes. Es probable que esta reacci?n obedezca a un estado psicol?gico en el cual la v?ctima del secuestro, o persona detenida contra su voluntad, desarrolla una relaci?n de complicidad con su secuestrador, a quien le ayuda a alcanzar sus fines y lo apoya a la hora de evadir la justicia.

Los expertos en asuntos de comportamiento humano, le atribuyen al ?s?ndrome de Estocolmo? varias causas: 1. Tanto el reh?n o la v?ctima como el autor del delito persiguen la meta de salir ilesos del incidente, por ello cooperan. 2. Los rehenes tratan de protegerse, en el contexto de situaciones incontrolables, en las cuales tratan de cumplir los deseos de sus captores. 3. Los delincuentes se presentan como benefactores ante los rehenes para evitar una escalaci?n de los hechos. De aqu? puede nacer una relaci?n emocional de las v?ctimas por agradecimiento con los autores del delito. 4. La p?rdida total del control, que sufre el reh?n durante un secuestro, es dif?cil de digerir y, sin embargo, se identifica con los motivos del autor del delito. 5. Se sabe que el ?s?ndrome de Estocolmo? es m?s frecuente en personas que han sido v?ctimas de alg?n tipo de atropello contra su dignidad, como ocurre con los miembros de una secta religiosa, ni?os con abuso psicol?gico, prisioneros de guerra, prisioneros de campos de concentraci?n y v?ctimas de incesto.

Tiempo m?s tarde, al ver la impactante escena del ?s?ndrome de Estocolmo? en un programa televisivo, me qued? pensando en que se parec?a m?s al montaje de una pel?cula de ficci?n que a un episodio sorprendente de la vida real. Por supuesto que a una persona como yo, que sufri? las vejaciones morales y las torturas f?sica en las mazmorras de una dictadura militar, le resulta harto extra?o saber que una v?ctima puede enamorarse de su verdugo. No obstante, se conocen casos aislados de prisioneras que, a pesar de las secuelas de la tortura, mantuvieron relaciones sentimentales con sus torturadores; estos casos se dieron en centros de reclusi?n, donde algunas prisioneras acabaron cediendo a las insinuaciones amorosas de los carceleros, tras haber sido violadas y golpeadas en las c?maras de tortura.

En la actualidad existan libros, pel?culas y documentales que, de una manera descarnada y una investigaci?n rigurosa, nos acercan a las profundidades m?s oscuras del alma humana, revel?ndonos a personajes siniestros que, tras una bestial sesi?n de torturas, son capaces de compadecerse de sus v?ctimas y hasta de anamorarse como en el acto m?s aberrante de una relaci?n sadomasoquista. En la Argentina, por ejemplo, se cuentan casos en que los torturadores, que formaban parte de la ?doctrina oficial? que los militares aplicaron ?contra la subversi?n?, manten?an ?relaciones normales? con sus v?ctimas despu?s de torturarlas. En el documental ?El alma de los verdugos?, realizado por el periodista espa?ol Vicente Romero y el juez Baltasar Garz?n, que echa luces sobre los cr?menes cometidos en el s?tano de la Escuela de Mec?nica de la Armada , los relatos m?s conmovedores corresponden a ex prisioneras pol?ticas, quienes confiesan c?mo sus torturadores las invitaban a salir a cenar, para despu?s volver a ponerles cadenas, grilletes y encapucharlas. Estos relatos, que hablan de esa zona de tinieblas y ambig?edades del subconsciente, contraponen la indefensi?n y el poder absoluto, la humillaci?n y la fascinaci?n, en unas relaciones atormentadas y confusas entre v?ctimas y verdugos, que resultan casi incomprensibles para el com?n de los mortales.

No s? si estos casos aislados corresponden al llamado ?s?ndrome de Estocolmo?, pero al menos pienso que podr?an considerarse como el ?s?ndrome de Santiago de Chile?, el ?s?ndrome de Buenos Aires?, el ?s?ndrome de Montevideo?, el ?s?ndrome de Asunci?n? o el ?s?ndrome de La Paz?, aunque, en honor a la verdad, no conozco a una sola prisionera boliviana que se hubiese enamorado de su torturador ni de su carcelero, quiz?s, porque estaban asqueadas de la conducta inhumana y perversa de estos seres abominables, quienes ten?an el sucio oficio de ?arrancarles toda la informaci?n?, por las buenas o por las malas, con tal de cumplir con los objetivos trazados por la tristemente famosa ?Operaci?n C?ndor?.

El ?s?ndrome de Estocolmo? me sigue pareciendo un fen?meno raro en el campo de la psiquiatr?a moderna, cuyos expertos han confirmado que este s?ndrome puede tener, como lo se?alamos l?neas arriba, varias causas, que van desde los traumas emocionales de la infancia hasta las relaciones sadomasoquistas entre una reh?n y su secuestrador.

El ?s?ndrome de Estocolmo?, que desde hace tiempo me suena a frase rocambolesca, es la expresi?n de una realidad, igual de rocambolesca como el nombre que la define, donde una relaci?n sentimental compleja y contradictoria puede encontrar un desenlace imprevisible o, en el peor de los casos, terminar en el pozo traum?tico de la v?ctima y en la impunidad de su verdugo.



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Tags: Síndrome de Estocolmo, tortura, Cóndor, exiliados

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