Viernes, 30 de julio de 2010

Portada :: Mentiras y medios
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 30-07-2010

?Cada empresa capitalista patronista es una dictadura sobre los trabajadores. Blasapisguncuevas

Los medios masivos y el conflicto en Colombia



Sin dudas, esta ?ltima d?cada fue fatal para el periodismo colombiano. Ante la polarizaci?n pol?tica del pa?s, los grandes medios masivos entregaron definitivamente su independencia y compromiso ?tico en funci?n de los intereses del proyecto pol?tico de la elite, representada en lo esencial por el gobierno de ?lvaro Uribe V?lez, lo que redund? en la pobre calidad informativa y anal?tica de los contenidos period?sticos.

En el peri?dico de Medell?n El Colombiano, por ejemplo, donde el baj?n se ha sentido m?s por el compromiso de los due?os con la casa pol?tica de los Valencia Cossio (actual Ministro del Interior y de Justicia), despidieron a dos de las voces m?s reconocidas e independientes del periodismo nacional, Reinaldo Spitaleta y Javier Dar?o Restrepo, por sus cr?ticas al gobierno. Fernando Garavito (autor de la columna El se?or de las moscas) fue despedido de El espectador por desvelar las relaciones del entonces candidato presidencial Alvaro Uribe V?lez con el narcotr?fico y el paramilitarismo antioque?o.

Pero el compromiso de los grandes medios (RCN, Caracol, El Tiempo, etc.) con un proyecto pol?tico neoliberal, autoritario y excluyente, no se ha quedado en el silenciamiento de las voces independientes; sino que m?s bien ?stas han terminado por convertirse en una caja de resonancia del gobierno para publicitar sus diversos programas o puntos de vista evitando tocar los temas complicados para el gobierno o maquill?ndolos a su conveniencia.

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Frente a este proyecto, el conflicto armado se erige como el principal obst?culo: hay que acabar con ?l como sea y, si no se puede, negarlo. ?sta ha sido la intenci?n del gobierno de Uribe, replicada incesantemente en los grandes medios de comunicaci?n en Colombia. Uribe fue ungido por los medios masivos de comunicaci?n en 2002 para acabar con este conflicto (en seis meses), ante la supuesta ?actitud endeble? del gobierno de Pastrana.

Pasos y esfuerzos para deslegitimar el proceso de di?logo del gobierno de Pastrana con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)

Desde ese momento no hizo falta investigar a los responsables de secuestros, extorsiones y asesinatos, porque todo delito de este tipo ten?a un solo y seguro responsable: las FARC. O, al menos, as? lo sentenciaron en cada caso los medios masivos. Cuando se conoci? que alguno de esos cr?menes eran responsabilidad de bandas de delincuencia com?n, los medios igual insistieron en su versi?n, no se sintieron obligados a rectificar.

El 15 de mayo del a?o 2000, por ejemplo, dos delincuentes colocaron un collar bomba a una se?ora, Elvia Cort?s, exigi?ndole a su marido una suma de 15 millones de pesos. Esta imagen dio la vuelta al mundo por la televisi?n y se estamp? en much?simos peri?dicos. Tan famosa fue la historia que luego la recre? para televisi?n la productora Huella latente, lo que sirvi? para desprestigiar a las FARC y al proceso de paz. Desde entonces los medios vendieron la imagen del presidente Pastrana como la de un alcahuete o, en el mejor de los casos, un incompetente. Pero no hicieron el mismo esfuerzo de difusi?n cuando se comprob? que los autores del collar bomba eran delincuentes comunes y no integrantes de las FARC.

Es imposible negar que mientras se desarrollaba el di?logo entre gobierno y las FARC, ?stas ?ltimas segu?an expandi?ndose militarmente, y que incluso utilizaron la zona de distenci?n como fort?n militar. En lo que no insistieron estos medios fue en advertir que al mismo tiempo, mientras dialogaba con la guerrilla, el gobierno de Pastrana desarrollaba pol?ticas neoliberales que ocasionaron airadas protestas en los sectores sociales (como recortes en salud, educaci?n y saneamiento). Tampoco se preguntaron los medios qu? incidencia pod?a tener en las futuras negociaciones de paz el desarrollo del Plan Colombia por parte del gobierno colombiano en acuerdo con el estadounidense.

En poco tiempo los medios de comunicaci?n presentaron un verdadero mes?as que promet?a, a trav?s de su pol?tica de seguridad democr?tica, devolver la confianza a los inversores extranjeros y convertir Colombia en un verdadero para?so para el capital. Para ello, la misi?n fundamental era acabar con la guerrilla, m?s que en el plano militar en el plano del discurso. Por eso los medios masivos de comunicaci?n asumieron las m?ximas del discurso uribista: en Colombia no hay conflicto y las guerrillas apenas s? son un grupo de facinerosos que aterrorizan a la poblaci?n civil. Una de las caracter?sticas de los medios masivos de comunicaci?n que se profundiz? en estos ocho a?os de gobierno de Uribe tiene que ver con la adopci?n de las fuentes oficiales como ?nica fuente y el discurso oficial como manual de estilo. Al agudizarse el conflicto social, los medios masivos se desmarcaron tambi?n, no del gobierno sino de sus opositores, y en buena medida multiplicaron el estigma de que estar contra el gobierno era ser subversivo, guerrillero y, por tanto, terrorista.

Ya no resulta posible afirmar que los medios masivos de comunicaci?n son algo as? como el cuarto poder, que fiscaliza y vigila el comportamiento de los otros tres para garantizar la salud de la democracia. No son ya una voz imparcial (como han querido mostrarse todo el tiempo) ni representan el inter?s general del pueblo colombiano.

La caja de resonancia

Desde entonces los medios de comunicaci?n de masas se concentraron en transmitir de forma acr?tica los partes de guerra gubernamentales. Los primeros a?os del gobierno de Uribe fueron de capturas masivas, generalmente de personas integrantes de organizaciones sociales, siempre acusadas de terrorismo o de colaboraci?n con organizaciones terroristas. Todos los d?as en el noticiero las c?maras filmaban a 20 ? 30 personas que hab?an sido capturadas. Pero pocas veces hubo un seguimiento juicioso a este tipo de informaci?n. Y en un pa?s donde la justicia corrupta suele equivocarse con frecuencia, cab?a esperar que ante la presi?n por los resultados las equivocaciones se multiplicaran. Pero los medios no lo consideraron un problema, y ni siquiera se preocuparon por transmitir que la mayor parte de estos capturados sal?an libres en menos de seis meses por falta de pruebas.

Si fuera por las cifras de guerrilleros muertos, capturados o reinsertados presentadas por el gobierno a trav?s de los medios, en Colombia se habr?a acabado tres o cuatro veces con la guerrilla que encontr? el presidente Uribe al iniciar su mandato. Sin embargo, los medios masivos siguen content?ndose con transmitir las cifras como loros repetidores.

El gobierno instaur? su forma directa de gobernar en los medios, con su voz rega?ona y sus salidas de tono cuando la confrontaci?n era directa, con el irrespeto m?s grande a la dignidad de su cargo y a la de los periodistas. Y, a pesar de esto, siempre encontr? espacio suficiente para aparecer en los medios como si lo hiciera desde su casa, o desde un consejo comunitario, algo que utiliz? tambi?n para cautivar medi?ticamente a la ciudadan?a colombiana.

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Los medios masivos invisibilizan a las v?ctimas

Mientras el gobierno acababa medi?ticamente con el conflicto y con las guerrillas, se aprestaba tambi?n a finiquitar la desmovilizaci?n de los paramilitares, lo que le reportar?a suficiente r?dito pol?tico y, adem?s, le permitir?a encausar ese pasado borrascoso que amenaza su curriculo pol?tico. Para ello cre? la Ley de Justicia y Paz (2005), que en el fondo solo buscaba reinsertar a los paramilitares con el menor trauma posible, sin garantizar realmente ni la justicia ni la paz ni la reparaci?n. Por el contrario, meti? al congreso un proyecto de reforma rural que pr?cticamente legitima el despojo al que los paramilitares hab?an sometido a millones de campesinos en todo el territorio nacional.

Con unos medios de comunicaci?n cr?ticos, comprometidos con una sociedad justa e incluyente jam?s hubiera podido instaurarse en pa?s alguno una pol?tica como la del gobierno de Uribe, y mucho menos prolongarse a dos periodos y llegar a la desfachatez de amenazarnos con un tercero. Pero este gobierno lleg? al extremo de eliminar el delito pol?tico de los expedientes de los grupos revolucionarios, a la vez que inventaba la f?rmula para declarar a los paramilitares como delincuentes pol?ticos a fin de poderlos amparar con amnist?as y programas de reinserci?n.

A prop?sito de este circo montado con ocasi?n de la supuesta desmovilizaci?n de los paramilitares, a finales de julio de 2005 se realiz? el II Encuentro Nacional de V?ctimas de Cr?menes de Estado, que pretend?a ser un espacio de deliberaci?n y de presi?n para que el Estado colombiano asumiera la responsabilidad en el sinn?mero de desplazados, desparecidos y asesinados a manos de los paramilitares en connivencia con las fuerzas armadas. A este segundo encuentro no asistieron los grandes medios masivos (ni El Tiempo ni Caracol ni RCN), entre otras cosas porque las mismas organizaciones de las v?ctimas manten?an ser?as desconfianzas frente al papel que han jugado estos actores en esta dura situaci?n que les ha tocado vivir. Lo que sucedi? al d?a siguiente de la clausura del encuentro pareci? darles la raz?n.

A?n sin asistir al Encuentro, el diario El Tiempo public? un comunicado supuestamente elaborado por los organizadores del evento. Seg?n lo publicado, el Encuentro terminaba acusando a las guerrillas de las FARC y el ELN de ser los principales grupos terroristas violadores de los derechos humanos en el pa?s, y exigi?ndoles reparaci?n. Esta informaci?n contradec?a las conclusiones del Encuentro y se transformaba, m?s bien, en un se?alamiento a las organizaciones participantes. All? se denunciaban los cr?menes de Estado y la Ley de Justicia y Paz, aprobada apenas una semana atr?s. Seg?n las v?ctimas, esta Ley aseguraba la impunidad de los cr?menes cometidos por el Estado y de toda la estrategia paramilitar desarrollada por el mismo Estado.

En el V Encuentro Nacional de V?ctimas de Cr?menes de Estado, realizado en julio del 2009, la estrategia de los medios fue otra, pero igual de nefasta. Hac?a pocos d?as se hab?a conocido el asesinato en la selva de diez de los once diputados que permanec?an capturados en poder de las FARC. Los grandes canales de televisi?n (RCN y Caracol) enviaron a sus presentadoras de far?ndula a cubrir el evento, como si de una fiesta se tratara. Pero realmente nada contaron sobre lo que pasaba all?: las periodistas insist?an, a pesar de las versiones de los asistentes, en que aquel era un encuentro nacional de v?ctimas en general, diluyendo la significaci?n de las responsabilidades del Estado en la estrategia paramilitar. Desde all? mismo se centraron en entrevistar por tel?fono a familiares de las personas secuestradas y asesinadas, minimizando lo que ocurr?a en el Encuentro. Era, a todas luces, una actitud consciente y premeditada de invisibilizaci?n de las v?ctimas de los paramilitares y el Estado.

Dif?cilmente podr? medirse el da?o que la actitud de los medios masivos en Colombia durante estos ?ltimos a?os ha producido en el tejido social y en la confianza de la gente, herida ya de por s? por un conflicto que dura casi cincuenta a?os. Y m?s dif?cil a?n ser? resarcir estos da?os. Los grandes medios han sido los que le han permitido conservar a Uribe altos ?ndices de popularidad (prefabricando encuestas), a pesar de todos los esc?ndalos que lo han asediado.

La bomba de los falsos positivos no la destaparon los medios colombianos: fueron las organizaciones defensoras de derechos humanos, en colaboraci?n con organizaciones internacionales, las que lograron situar el tema en la agenda internacional. Y, sin embargo, tambi?n en esta ocasi?n cubrieron las espaldas del presidente, intentando transmitir la idea de que se trataba de algunos militares descarriados, cuando se trataba del resultado de las presiones de la seguridad democr?tica sobre los resultados.

Hoy los medios intentan inflar, de la misma manera que inflaron la figura de Uribe, la figura de Antanas Mockus, desviando la atenci?n sobre los programas concretos de gobierno de cada uno de los candidatos. El peligro se avecina: una popularidad hinchada artificialmente es la puerta de entrada al autoritarismo pol?tico, al fascismo disimulado. Eso fue lo que mantuvo erguida e impoluta la figura de Uribe, a pesar de todas las denuncias en su contra, de los altos funcionarios corruptos y comprometidos con el paramilitarismo, de su estilo de mayoral y su moral mafiosa, incluso a pesar de los p?simos resultados en materia social.

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Rub?n Dar?o Zapata es economista y fil?sofo. Colabora habitualmente con el peri?dico colombiano Periferia.

Fuente: http://www.revistapueblos.org/spip.php?article1910

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Tags: censura, dictadura, El Espectador, El Colombiano, FARC, secuestros, narcotráfico

Publicado por blasapisguncuevas @ 15:27  | Colombia
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