Martes, 03 de agosto de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 03-08-2010

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M?s cerca de la destituci?n



La jugada de Mauricio Macri, consistente en propiciar un juicio pol?tico con los votos de su propio bloque -y absolverse de este modo- cada vez resulta m?s problem?tica.

A las dudas de sus aliados m?s cercanos, se suman las crecientes convergencias entre los diferentes grupos del mosaico opositor que es la Legislatura porte?a. A ese grupo se ha sumado el bloque de Proyecto Sur.

Todo parece indicar que el macrismo enfrentar? un proceso largo y desgastante, donde el tiempo y el ritmo de la acusaci?n quedar? en manos de la mayor?a simple opositora. Si esto ha de acabar en destituci?n o no, ello depender?, antes que nada, de la capacidad de Macri para retener el control de su propio bloque.

Un tr?mite largo no es favorable a ese prop?sito, y Macri lo sabe. La popularidad medida por encuestas de opini?n es variable, y al menor indicio de ca?da, varios de sus legisladores m?s fieles -que no son muchos, en verdad, no en el formato de construcci?n de PRO- pueden comenzar a buscar nuevos horizontes.

Como se?ala Natanson,

?Guste o no, Macri no deja de ser un fen?meno pol?tico, con caracter?sticas que se derivan tanto de su personalidad como del tiempo pol?tico que le toc? vivir (y que expresa de manera inmejorable): una construcci?n m?s individual que colectiva, un estilo de liderazgo radial y una mirada muy atenta respecto de los humores del mercado electoral expresado en la opini?n p?blica. La decisi?n de pedir su propio juicio pol?tico se inscribe dentro de esta l?gica de acci?n: lo devuelve al centro del escenario con un alto grado de visibilidad, le permite distraer la atenci?n del tr?mite judicial, que no controla, y lo reubica en el lugar de v?ctima, que viene explotando con ?xito desde hace a?os. Y que lo dejen hacer.

Pero la jugada encierra un riesgo. Desde el punto de vista institucional, es cierto que la composici?n actual de los bloques en la Legislatura le permitir?a reunir los votos suficientes para zafar de la acusaci?n, aunque por un margen m?s bien estrecho. El problema es que el escenario pol?tico porte?o presenta algunas particularidades. Es como si reuniera, exacerbadas, algunas tendencias verificables en el orden nacional: la desagregaci?n de las fuerzas pol?ticas y el car?cter precario de las coaliciones, la emergencia de partidos-personales de vida ef?mera, la supremac?a casi total del formato personalizado.

[...]

El PRO no escapa a esta l?gica: dispositivo de ocasi?n, est? formado a partir de una figura rodeada de una serie de aliados pegados con plasticola, procedentes por lo dem?s de or?genes muy distintos: restos del viejo PJ Capital, tecn?cratas de derecha, dirigentes provenientes de las ONG, tradicionales l?deres conservadores, peque?os partidos tipo PDP. En fin, monotributistas pol?ticos que orbitan alrededor de Macri pero cuya permanencia no est? garantizada.

Retomando entonces el inicio de esta nota, la personalidad pol?tica de Macri lo empuj? a dar un golpe de efecto de alta visibilidad medi?tica. Pero no solo las caracter?sticas del l?der, tambi?n la estructura ?el sistema pol?tico? definir?n el proceso. El ?xito de la jugada, que implica una alta exposici?n durante meses, descansa en el apoyo de los legisladores del PRO, que a su vez depende de la popularidad del l?der. Si ?sta se apaga, aqu?llos se van. Como est?n las cosas hoy, lo m?s posible es que el resultado sea positivo: Macri conserva una buena imagen y su coalici?n parece s?lida. Pero nunca conviene confiarse. Lo sabe bien An?bal Ibarra, abandonado por legisladores aliados cuando su imagen comenz? a trastabillar, que hab?a apostado a una construcci?n pol?tica similar, quiz? la ?nica posible en la Ciudad de Buenos Aires, muy posmo, muy como Macri.?

Efectivamente, algo de eso comienza a suceder. Las encuestas, por empezar, no lo absuelven tan f?cil como estaba previsto. Y esto reci?n empieza: uno puede conjeturar que los n?meros han de bajar, no al contrario, con el correr de los d?as.

Esto fortalece la vocaci?n opositora de tomarse el tiempo para ?analizar? la medida -esto es, para favorecer eventuales ?xodos-. Y complica, tambi?n, el escenario del macrismo en lo referente a los aliados. Es dif?cil, en ese sentido, que los legisladores que responden abiertamente a De Narv?ez se despeguen del resto de la oposici?n para inmolarse en una estrategia que no los beneficia en sentido alguno.

Mirando los antecedentes y el perfil del grupo de legisladores oficialistas que decidir? la suerte de la acusaci?n, la cifra de deserciones (cuatro sobre diecinueve) que podr?an abrir el camino a la destituci?n no parece tan dif?cil de alcanzar.

Macri lo sabe, y por eso presiona, aprieta, insiste, a veces p?blicamente y en ciertos casos por otros medios, sobre los referentes de su partido que bien pronto podr?an pasar a ser jueces y verdugos. Esta presi?n se siente especialmente sobre Cristian Ritondo y Diego Santilli, los dos dirigentes con mayor futuro y perspectivas fuera de PRO.

Pero incluso si logra sortear con eficiencia ejecutiva el juicio pol?tico, Macri expone mucho de su capital pol?tico en el modo en que lo haga. Una mayor?a exclusivamente propia puede resultar contraproducente, como se?ala Ricardo Gil Laavedra:

?El macrismo no podr? decidir, sin asumir un costo pol?tico de proporciones, de espaldas a lo que surja de la averiguaci?n p?blica de los hechos. Todo lo dicho supone una b?squeda sincera de la verdad. Cualquier manipulaci?n que trasunte un montaje, un escenario prearmado, una farsa destinada s?lo a conjurar los da?os pol?ticos del procesamiento producir? los efectos contrarios. Frustrar? los reclamos de la sociedad y robustecer? las sospechas acerca de la conducta del jefe de gobierno.?

El mismo pensamiento fue expresado, en estos d?as, por Eduardo Duhalde, uno de los pocos defensores de la estrategia de Macri: la debilidad, y no la fortaleza, es lo que espera al macrismo en casi cualquier horizonte. Y, en las condiciones actuales del escenario pol?tico, ello bastar?a para eliminar incluso su candidatura, que desde el vamos depende del acuerdo con otras fuerzas opositoras para alcanzar rango nacional.

En suma, el devenir pol?tico no parece tan favorable al macrismo como se?alan, incansables, sus principales voceros. Aunque a la poblaci?n no le interese demasiado, este no es un simple concurso de popularidad: su resultado se dirime en el seno de dos corporaciones, la judicial y la pol?tica, que tienen importantes cuotas de autonom?a respecto de los humores populares. Y que bien pueden tener sus propias razones para enterrar definitivamente el sue?o de una derecha democr?tica y moderna, tal cual surgi? a la vida p?blica en 2007.

Blog del autor: http://ezequielmeler.wordpress.com/


Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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Tags: Macri, acusación, derecha, judicial, Legislatura, Buenos Aires

Publicado por blasapisguncuevas @ 23:03  | Argentina
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