Lunes, 09 de agosto de 2010



Bien puede asegurarse que en el Per? la batalla por el Gas ha ganado espacios y se ha convertido en un fen?meno social de incalculables proyecciones.

Dif?cilmente podr?a precisarse en qu? momento comenz?. Pero lo importante ahora, no es eso. Sino registrar el hecho que contin?a, y que toma fuerza en la medida que se desarrolla el proceso pol?tico nacional y nuevas fuerzas van tomando conciencia de lo que constituye una genuina bandera patri?tica que est? situada m?s all?, incluso, de los requerimientos partidistas o coyunturales.

A la acci?n de peque?os segmentos de intelectuales o parlamentarios que en d?cadas pasadas activ? la tarea de preservar los recursos naturales y defender la soberan?a nacional; se suman hoy numerosos poblados del interior del pa?s que act?an con decisi?n y coraje y que, en las m?s dif?cil condiciones, ponen en evidencia la naturaleza entreguista de la administraci?n gubernativa actual.

Si miramos someramente el escenario, veremos que, sobre todo en la regi?n andina, y particularmente en el Cusco milenario, esta lucha ha calado hondo y ha concitado el fervor de multitudes.

All?, hace once d?as se inici? una serie sucesiva de protestas que incluy? Paros, huelgas y activas movilizaciones populares que colocaron al r?gimen aprista al borde del acantilado.

Hoy reina la tensi?n en la zona y aunque se ha abierto una peque?a ventana de ?di?logo?, gracias a la mediaci?n de la Iglesia, nadie se hace la ilusi?n que este conducir? a una soluci?n racional de las demandas planteadas.

Y es que, finalmente, lo que est? en juego no es la construcci?n de una obra peque?a o la habilitaci?n de una carretera, sino la aplicaci?n de una pol?tica nacional de corte patri?tico, ciertamente incompatible con el servilismo de las autoridades actuales, entregadas en cuerpo y alma al poder de los monopolios.

La gente lucha hoy, en efecto, por la recuperaci?n de esta importante riqueza, que fuera entregada a a consorcios extranjeros a espaldas del inter?s nacional y sin consulta alguna a la ciudadan?a.

Como ocurriera en el pasado con los yacimientos petroleros de la costa, la selva y el mar; los recursos gas?feros, esta vez fueron colocados bajo la ?rbita de gesti?n de empresas extranjeras que multiplican sus utilidades agobiando a la poblaci?n peruana que debe pagar por ese recuerdo tres y cuatro veces m?s de lo que le cuesta a los ciudadanos de otros pa?ses que usufruct?an el bien.

Los poblados cusque?os de Kiteri y Kespashiato, seguramente ignorados por la inmensa mayor?a de los peruanos, han pasado al primer lugar de la notoriedad en medio de fragorosos enfrentamientos con las denominadas ?fuerzas del orden?.

Una secuela de numerosos heridos y una significativa cantidad de detenidos ha puesto en evidencia una confrontaci?n que el gobierno no ha podido ocultar. En contraste, sin embargo, la solidaridad con estos, no ha brillado con la magnitud requerida en la circunstancia.

En la provincia de La Convenci?n, cuya capital es Quillabamba y en el poblado de Echarate, donde se hallan los principales yacimientos de Gas en disputa, miles de pobladores se hallan movilizados en tanto que en el Cusco Imperial se realizan cotidianas acciones de masas.

La demanda de la poblaci?n se orienta a afirmar la idea de resistir sin descanso, y no dar tregua al gobierno actual que ya est? en camino de salida, pero que busca afirmar sus compromisos con los consorcios for?neos a costa del inter?s nacional.

En este marco es muy importante evaluar la importancia de esta lucha y no doblegarse ante la prepotencia gubernamental que se ha expresado en el traslado, y uso, de destacamentos armados de la polic?a y el ej?rcito, a ser empleados contra el pueblo en acci?n.

Pero al hacerlo, hay que tener cuidado y amplitud en el manejo de los temas. Y no caer en la lamentable distorsi?n manifestada por voceros de alg?n segmento de la llamada ?Izquierda oficial?, que, de alguna manera, se ha solazado con los reveses registrados por el movimiento.

Cuando el 20 de junio pasado las organizaciones regionales de Puno, Madre de Dios, Cusco y Apurimac, reunidas en la capital altipl?nica, aprobaron un Paro Indefinido a partir del 27 de julio, ciertamente cometieron un error. No s?lo porque ese d?a -inicio de las Fiestas Patrias- asomar?a el carnaval patriotero y festivo que el oficialismo suele levantar en el periodo; sino porque, en efecto, resultaba subjetivo el suponer que las fuerzas regionales estaban ya todas preparadas para una acci?n de esa magnitud.

El Paro General no es -no podr?a ser- el punto primero de una orden de batalla, sino el escal?n superior de una confrontaci?n de clase. No deb?a considerarse en la etapa inicial, sino en un momento m?s alto, cuando las fuerzas hubiesen adquirido mayor consistencia y experiencia de lucha.

Eso no fue tomado en cuenta. Y, por cierto, dio al traste con la contundencia de de un movimiento que, en la regi?n, dur? apenas un par de d?as.

Pero eso no debiera alegrar a nadie. Nadie, en su sano juicio, podr?a proclamar exultante que ?los hechos, le dieron la raz?n? y que, por tanto, quienes tomaron la iniciativa de la lucha fueron ?irresponsables? y ?demagogos?. Aludir entonces a ?supuestas organizaciones? reunidas en ?clandestinidad absoluta?, y referirse a un ?fracaso total?, motejando a los conductores de ese movimiento de ?oportunistas miserables? y ?folkl?ricos personajes? ganado por el ?infantilismo pol?tico?; carece de sentido.

Una cosa es percibir defectuosamente un escenario y no tomar en cuenta la real capacidad de combate de un pueblo; y otra, muy distinta, es sabotear un movimiento con medidas extremas. Y en el caso, estuvo presente lo primero, pero de ning?n modo lo segundo.

No resulta l?cito, ni decoroso, entonces, enrostrar el supuesto ?fracaso? ?que tampoco fue propiamente tal- a nadie. Y s? aconsejable, extraer las lecciones de la lucha para superar y corregir las debilidades y afirmar las batallas que se inician.

En esta lucha no podr? seguirse un derrotero lineal, de victoria en victoria. Ser? inevitable registrar avances, y retrocesos; incluso derrotas. Pero ellas servir?n tambi?n para afirmar el camino en la medida en que seamos capaces de extraer lecciones, y no excomuniones.

En ese esp?ritu hay que trabajar en la perspectiva. Porque, como lo hemos dicho, esta es una batalla de largo aliento en la que no cabe disputar liderazgos, sino unir voluntades.

Todas las fuerzas que se sumen -por peque?as y a?n inconstantes que sean- deben ser bienvenidas. El sectarismo y el hegemonismo no pueden convertirse en la l?nea de mando en esta circunstancia.

Por ahora, lo importante, es sumar y crecer. Y demostrar que la bandera del gas encarna seriamente la voluntad de los peruanos.

Y es que, aunque el gobierno se resista a admitirlo, la resistencia popular a su pol?tica traidora, no cesa, sino persevera.

Gustavo Espinoza M. del Colectivo de direcci?n de Nuestra Bandera / www.nuestra- bandera.com

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: Perú, gas, infantilismo, Cusco, región, Paro

Publicado por blasapisguncuevas @ 20:42  | PER?
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