Viernes, 13 de agosto de 2010

Portada :: Mundo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 13-08-2010

Malvado el invasor de Kuwait, bueno el imperio golpista que a?n no ha devuelto la mitad de M?xico y piensa quedarse con Afganist?n, Ir?n e Irak, etc. Blasapisguncuevas.

"Vali? la pena"

London Review of Books

Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Germ?n Leyens

Pocas personas recuerdan ahora que durante muchos meses despu?s del fin de la Primera Guerra Mundial en noviembre de 1918, se mantuvo en todo su rigor el bloqueo de Alemania, cuya poblaci?n ya estaba al borde de la inanici?n. Las autoridades alemanes preve?an para la primavera siguiente un aumento de un 50% en la tasa de mortalidad infantil. En una memoria posterior, John Maynard Keynes atribuy? la prolongaci?n del castigo a los civiles a una causa inherente en la burocracia. El bloqueo se hab?a convertido en un instrumento muy perfeccionado. Su creaci?n hab?a tardado cuatro a?os y era el mejor logro de Whitehall [met?nimo para el gobierno administrativo brit?nico, N. del T.]; hab?a evocado las cualidades de los ingleses en su m?xima sutileza. Sus autores hab?an llegado a quererlo por s? solo; inclu?a algunas mejoras recientes, que se desperdiciar?an con su fin; era muy complicado, y una vasta organizaci?n hab?a establecido un inter?s creado. Los expertos informaron, por lo tanto, de que era nuestro ?nico instrumento para imponer a Alemania nuestros t?rminos para la paz, y que una vez suspendido ser?a muy dif?cil volver a imponerlo.

Finalmente se levant? la prohibici?n de importaciones de alimentos (por miedo a promover el bolchevismo) antes de que Alemania aceptara las condiciones punitivas del tratado de Versalles, pero los bloqueos han conservado su popularidad como un arma utilizada por las potencias fuertes contra las d?biles. En la mayor parte de los casos no han sido efectivos para lograr su prop?sito declarado, la notable excepci?n son las sanciones impuestas renuentemente por los gobiernos occidentales como reacci?n a la presi?n popular contra el r?gimen sudafricano del apartheid. M?s a menudo constituyen un ejercicio de car?cter vengativo, como en el caso del embargo estadounidense sobre Vietnam y Camboya despu?s de la guerra de Indochina, o el bloqueo de Gaza por Israel con la intenci?n expresa de ?poner a dieta a la poblaci?n?.

Los m?ltiples desastres infligidos a Iraq desde la invasi?n anglo-estadounidense de 2003 han tendido a dejar en segundo plano la ?guerra invisible? letalmente efectiva librada contra civiles iraqu?es entre agosto de 1990 y mayo de 2003, con la plena autorizaci?n de las Naciones Unidas y la incansable atenci?n de los gobiernos de EE.UU. y Gran Breta?a. Como ejemplo de una crueldad cuidadosamente urdida, esta historia presenta un parecido cercano al ejercicio de Gran Breta?a sobre Alemania. En ambos casos, las sanciones se mantuvieron despu?s de que su prop?sito original ?la derrota militar de la naci?n bloqueada? se hab?a logrado, y en ambos casos apuntaban a civiles mientras dejaban a sus gobernantes relativamente indemnes. Los que implementaban los bloqueos arg??an vehementemente que su suspensi?n significar?a una inversi?n de la victoria en el campo de batalla y la vuelta de la potencia derrotada a sus actitudes belicosas.

Incluso en esa ocasi?n las sanciones contra Iraq causaron s?lo un comentario p?blico espor?dico, e incluso se prest? menos atenci?n a las maniobras burocr?ticas en Washington, siempre con la anuente ayuda de Londres, que aseguraron las muertes de medio mill?n de ni?os, entre otras consecuencias. En su excelente libro, Joy Gordon las enumera en horripilante detalle, mientras suministra un riguroso examen de las coartadas y excusas presentadas por los partidarios de las sanciones en esos d?as y desde entonces: el sufrimiento se deb?a enteramente a la obstinaci?n de Sadam Hussein; los suministros de alimentos y medicinas estaban disponibles pero eran retenidos por el r?gimen en funci?n de los intereses de su propaganda; el programa de Alimentos por Petr?leo era corrupto y permit?a que Sadam evadiera el impacto de las sanciones, etc.

El fundamento legal de la campa?a se basaba en la Resoluci?n 661 del Consejo de Seguridad, aprobada en agosto de 1990 poco despu?s de la invasi?n de Kuwait por Sadam. ?sta prohib?a a todos los Estados miembros de la ONU que comerciaran con Iraq: la prohibici?n inclu?a crucialmente todas las compras de petr?leo. Para no dejar nada al azar, EE.UU. ofreci? honorarios de ayuda econ?mica antes de la votaci?n a pa?ses empobrecidos como Etiopia y Zaire, que entonces serv?an como miembros temporales del Consejo de Seguridad. Despu?s de votar contra la resoluci?n, se inform? de modo tajante al embajador yemen? en la ONU que: ?Ese ser? el voto de ?no? m?s costoso que usted haya jam?s emitido?. Tres d?as m?s tarde, EE.UU. cancel? todo el programa de ayuda para su pa?s.

Ir?nicamente, las sanciones contra Iraq fueron populares al principio entre gente de mente liberal porque parec?an ofrecer una alternativa a la guerra. A medida que la determinaci?n del gobierno de Bush de ir a la guerra se hizo m?s evidente, el que se diera ?tiempo para que surtieran efecto? las sanciones se convirti? en un grito unificador para el partido de la paz. Despu?s de todo, las sanciones econ?micas hab?an puesto de rodillas al r?gimen del apartheid sin derramamiento de sangre o un sufrimiento notable de la poblaci?n: ?por qu? no utilizarlas contra Sadam Hussein?

Menos publicitadas fueron las severas sanciones de EE.UU. contra Camboya, motivadas por poco m?s que el despecho por la derrota de los jemeres rojos por el r?gimen con la ayuda vietnamita. Casualmente se estaban reduciendo en 1990 despu?s de revelaciones embarazosas del continuo apoyo estadounidense a los jemeres rojos.

La guerra, cuando tuvo lugar, se dirigi? tanto contra la econom?a de Iraq como contra su ej?rcito en Kuwait. Caracter?sticas clave de la campa?a de bombardeo ten?an el prop?sito ?como me explic? m?s tarde su principal planificador, el coronel John Warden de la fuerza a?rea de EE.UU.? de destruir los ?nodos cr?ticos? que permit?an que Iraq funcionara como una sociedad industrial moderna. La fuerza a?rea hab?a so?ado con poder hacer algo semejante desde antes de la Segunda Guerra Mundial, y Warden pens? que la introducci?n de ?bombas inteligentes? con gu?as de precisi?n ahora la convert?an en una proposici?n pr?ctica. Las centrales de energ?a el?ctrica de Iraq, sus centros de telecomunicaciones, refiner?as de petr?leo, plantas de tratamiento de aguas usadas y otras infraestructuras claves, fueron destruidas o fuertemente da?adas. Warden, recuerdo, estaba irritado porque el bombardeo adicional a su plan original hab?a restado brillo al impacto de su ataque quir?rgico contra los pilares que apoyaban la sociedad iraqu? moderna.

Sorprendentemente, gran parte del da?o se repar? un a?o despu?s del fin de la guerra despu?s de una campa?a nacional presentada como ?el contraataque?. Yo hab?a visitado la central el?ctrica al-Dora al borde de Bagdad en 1991 y encontr? un mont?n de metal torcido. Siete meses despu?s descubr? que la mitad de la central estaba de nuevo funcionando. La sala de control, totalmente demolida por bombas aliadas, hab?a sido rehabilitada totalmente, con la combinaci?n de color pastel preferida por sus dise?adores italianos originales. Mirando de cerca los diales del panel de control pude ver que los n?meros se hab?an pintado concienzudamente con un pincel delgado. Si este programa de reconstrucci?n hubiese podido utilizar los miles de millones de d?lares que otrora proven?an de las ventas de petr?leo, Iraq habr?a podido volver r?pidamente a su condici?n de preguerra. Pero el contraataque se realiz? con reparaciones improvisadas y repuestos tomados de otras m?quinas. A medida que persist?a el bloqueo, el deterioro de la infraestructura fue incesante.

El primer indicio de que el bloqueo continuar?a a pesar de que Iraq hab?a sido expulsado de Kuwait vino en una observaci?n casual de Bush en una informaci?n de prensa del 16 de abril de 1991. No habr?a relaciones normales con Iraq, dijo, hasta que ?Sadam Hussein se vaya?: ?Continuaremos con las sanciones econ?micas?. Oficialmente, EE.UU. hab?a hecho constar su compromiso de que las sanciones se levantar?an una vez que Kuwait hubiera sido compensado por el da?o sufrido durante seis meses de ocupaci?n y una vez que se confirmara que Iraq ya no pose?a ?armas de destrucci?n masiva? o la capacidad para producirlas. Se cre? una organizaci?n especial de inspecci?n de la ONU, Unscom, dirigida por el diplom?tico sueco Rolf Ekeus, un veterano de las negociaciones de control de armas. Pero en caso de que alguien no hubiera comprendido el punto principal de la declaraci?n de Bush, su consejero nacional de seguridad adjunto, Robert Gates (actual secretario de defensa de Obama), lo dijo llanamente unas pocas semanas despu?s: ?Sadam est? desacreditado y no puede redimirse. Su dirigencia nunca ser? aceptada por la comunidad mundial. Por ello", sigui? diciendo Gates, ?los iraqu?es tendr?n que pagar el precio mientras ?l contin?e en el poder. Todas las sanciones posibles se mantendr?n hasta que se haya ido?.

A pesar de esta confirmaci?n expl?cita de que la justificaci?n oficial de las sanciones era irrelevante, la supuesta negativa de Sadam a entregar su arsenal mort?fero fue blandida por los partidarios de las sanciones cada vez que el precio que pagaban los iraqu?es atra?a la atenci?n del mundo exterior. Y aunque Bush y Gates afirmaban que Sadam, no sus armas, era el verdadero objetivo de las sanciones, funcionarios en la central de la CIA en Langley me aseguraron en esos d?as que un derrocamiento del dictador por una poblaci?n desesperada por las sanciones era ?la alternativa menos probable?. El empobrecimiento de Iraq ?para no hablar de la exclusi?n de su petr?leo del mercado global en beneficio de los precios del petr?leo? no era un medio hacia un objetivo: era el objetivo.

Al visitar Iraq en ese primer verano de sanciones de posguerra, encontr? una poblaci?n conmocionada por el desastre que la estaba reduciendo a un est?ndar de vida del Tercer Mundo. Las casas de subasta de Bagdad estaban repletas de reliquias de familia y muebles de las clases medias, vendidos en un esfuerzo desesperado por sobrellevar la inflaci?n. En el enclave de la clase media superior de Mansur, vi una multitud fren?tica de amas de casa que se apresuraba a buscar suministros de alimentos distribuidos por la obra ben?fica estadounidense Catholic Relief Services. Doctores, en su mayor?a formados en Gran Breta?a, mostraban sus dispensarios vac?os. Por todas partes la gente preguntaba cu?ndo se levantar?an las sanciones, suponiendo que en el peor de los casos durar?an s?lo unos meses (una creencia compartida inicialmente por Sadam). La idea de que seguir?an en vigor diez a?os despu?s era inimaginable.

Los m?dicos no deber?an haber tenido motivos de preocupaci?n. La resoluci?n 661 prohib?a la venta o el suministro de cualesquiera bienes a Iraq (o a Kuwait cuando a?n estaba bajo control iraqu?) con la excepci?n expl?cita de ?suministros con el objeto estricto de prop?sitos m?dicos, y, en circunstancias humanitarias, alimentos?. Sin embargo, cada ?tem espec?fico que Iraq trataba de importar, incluyendo alimentos y medicinas, ten?a que ser aprobado por el ?Comit? 661?, creado con este prop?sito y dotado de personal por los 15 miembros del Consejo de Seguridad. El comit? se reun?a en secreto y apenas publicaba alguna informaci?n sobre sus actos. Gracias al fin de la Uni?n Sovi?tica, EE.UU. dominaba la ONU, y la utilizaba para suministrar un manto de legitimidad a sus acciones unilaterales.

El prop?sito declarado del Comit? 661 era considerar y autorizar excepciones a las sanciones pero, como explica Gordon, su verdadera funci?n era denegar la importaci?n de hasta los suministros m?s inocuos sobre la base de que podr?an, te?ricamente, utilizarse en la producci?n de armas de destrucci?n masiva. Una cl?usula ingeniosa permit?a que cualquier miembro del comit? postergara cualquier productocuya aprobaci?n se hab?a solicitado. Por lo tanto, aunque otros miembros, incluso una mayor?a, hubieran deseado acelerar el env?o de bienes a Iraq, EE.UU. y su siempre dispuesto socio brit?nico pod?an bloquear ?y lo hicieron? todo lo que quisieran con la m?s d?bil excusa. Como medio para reducir un Estado que era pr?spero a una condici?n pre-industrial y mantenerlo en ella, este sistema habr?a provocado la envidia de los bur?cratas del bloqueo ridiculizados por Keynes. Por lo tanto, a comienzos de los a?os noventa, EE.UU. bloque?, entre otras cosas, sal, pipas de agua, bicicletas para ni?os, materiales utilizados para producir pa?ales, equipos para procesar leche en polvo y tejido para hacer vestimentas. La lista se extendi? posteriormente para que incluyera interruptores, enchufes, marcos de ventanas, azulejos y pintura. En 1991, los representantes de EE.UU. argumentaron vigorosamente contra el permiso para que Iraq importara leche en polvo sobre la base de que no cubr?a una necesidad humanitaria. M?s adelante los diplom?ticos argumentaron sumisamente que un pedido de vacunas para ni?os, consideradas ?sospechosas? por expertos en armas en Washington, deb?a rechazarse.

Durante todo el per?odo de sanciones, EE.UU. frustr? los intentos de Iraq de importar bombas necesarias para las plantas de tratamiento de agua del Tigris, que se hab?a convertido en una alcantarilla abierta gracias a la destrucci?n de las plantas de tratamiento. El cloro, vital para tratar un suministro contaminado de agua, se prohibi? sobre la base de que podr?a utilizarse como arma qu?mica. Las consecuencias de todo esto fueron visibles en las salas pedi?tricas. Cada a?o aumentaba la cantidad de ni?os que mor?an antes de llegar a su primer cumplea?os, de uno por cada 30 en 1990 a uno por cada ocho siete a?os despu?s. Especialistas de la salud estaban de acuerdo en que se deb?a al agua contaminada: los ni?os eran especialmente susceptibles a sufrir gastroenteritis y c?lera causadas por agua sucia.

Si el objetivo de un embargo de semejante amplitud hab?a sido ciertamente el derrocamiento del dictador, sus perpetradores podr?an haber considerado el hecho de que estaba teniendo el efecto contrario. Sadam, cuya invasi?n de Kuwait hab?a llevado al desastre, pod?a ahora culpar a las potencias extranjeras como fuente del sufrimiento de los iraqu?es. Mientras los ahorros y los ingresos de la gente disminu?an debido a la inflaci?n rampante y al desempleo generalizado, lleg? a depender cada vez m?s de las raciones, por escasas que fueran, distribuidas por el eficiente aparato gubernamental de Sadam. Debido a la escasez de las medicinas y al deterioro de los hospitales, los iraqu?es llegaron a creer que casi cualquier enfermedad podr?a ser curable si no fuera por las sanciones. En el campo, los aldeanos conservaban frecuentemente radiograf?as polvorientas por si las sanciones terminaban un d?a y podr?an encontrar una cura.

Casi todo el tiempo, los que supervisaban el bloqueo pudieron realizar su tarea sin enfrentarse a reproches p?blicos. De vez en cuando una informaci?n en la prensa desde Bagdad destacaba el inmenso desastre a c?mara lenta en Iraq, pero en su mayor?a la conciencia del mundo, y especialmente la del p?blico estadounidense, no se inquiet?. Funcionarios del gobierno se tranquilizaban diciendo que cualquier penuria era enteramente por culpa de Sadam, y que en todo caso los informes sobre sufrimientos civiles eran deliberadamente exagerados por el r?gimen iraqu?. Como me dijo, con toda sinceridad, en aquel entonces un funcionario estadounidense con un papel clave en las inspecciones de armas de Unscom: ?Los que que informan sobre todos esos beb?s moribundos son cuidadosamente orientados por el gobierno hacia ciertos hospitales?. A pesar de resmas de estad?sticas de mortalidad infantil recolectas por diversas fuentes exteriores, como la Organizaci?n Mundial de la Salud, fue imposible convencerlo de lo contrario.

Muy ocasionalmente aparec?a un rayo de verdad. En 1996, el corresponsal de 60 Minutes, Lesley Stahl, entrevist? a Madeleine Albright, entonces embajadora de EE.UU. en la ONU. Albright sostuvo que las sanciones hab?an demostrado su valor porque Sadam hab?a hecho algunas admisiones sobre sus programas de armas y hab?a reconocido la independencia de Kuwait (lo hizo en 1991, directamente despu?s de la guerra). Cuando le preguntaron si esto val?a la muerte de medio mill?n de ni?os, Albright respondi?: ?Pensamos que el precio vale la pena?. A?os m?s tarde, como se?ala Gordon, Albright todav?a ?trataba de explicar que no hubiera podido responder m?s efectivamente a lo que describi? como ?nuestro problema de relaciones p?blicas??. Sus intentos de justificar la pol?tica encontraron su eco en otros partidarios de las sanciones, como el funcionario del Departamento de Estado citado por Gordon que sostuvo que ?EE.UU. est? realizando un bien p?blico, pero fracas? en la tarea de vender la idea a otros pa?ses?.

En el primer a?o de sanciones, la ONU ofreci? que permitir?a que Iraq vendiera una cantidad limitada de petr?leo bajo condiciones estrictas. Sadam lo rechaz? sobre la base de que infring?a la soberan?a de Iraq, pero cinco a?os m?s tarde acept? una oferta mejorada que permit?a que Iraq vendiera su petr?leo y utilizara los ingresos, bajo supervisi?n de la ONU, para comprar alimentos y algunos otros requerimientos esenciales. Seg?n los t?rminos del programa, gran parte del dinero fue inmediatamente desviado para pagar lo que algunos cr?ticos llamaron pedidos ?inveros?milmente elevados? de compensaci?n de da?os por la invasi?n de 1990 de Kuwait y los costes de inspecciones de Unscom y otros costes administrativos de la ONU en Iraq. Aunque el arreglo permiti? algunas mejoras en los est?ndares de vida, no hubo ning?n cambio fundamental: el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, inform? en noviembre de 1997 de que, a pesar del programa, un 31% de los ni?os menores de cinco a?os todav?a sufr?an desnutrici?n, los suministros de agua potable y medicinas eran ?demasiado inadecuados? y la infraestructura sanitaria sufr?a un ?deterioro excepcionalmente serio?.

A los iraqu?es les fue posible extraer una cierta ventaja pecuniaria del programa de Petr?leo por Alimentos gracias a sobornos de comerciantes petroleros a los que favorec?an con adjudicaciones, as? como de compa??as, como comerciantes en trigo, a los cuales compraban suministros. En 2004, mientras Iraq se desintegraba, el ?esc?ndalo de Petr?leo por Alimentos?, se publicit? con mucho alboroto en la prensa de EE.UU. como ?el mayor robo de la historia?. El Congreso, que hab?a mantenido un silencio casi total durante los a?os de sanciones, estall? ahora con denuncias del fraude y del enga?o del dictador ca?do, que, con la presunta complicidad de la ONU, hab?a sido supuestamente la causa directa de tantas muertes.

Gordon pone todo esto en contexto. ?Bajo el programa de Petr?leo por Alimentos, el gobierno iraqu? se llev? cerca de un 10% de contratos de importaci?n y durante poco tiempo recibi? pagos il?citos por ventas de petr?leo. Las dos cosas combinadas ascendieron a unos 2.000 millones de d?lares? En contraste, en 14 meses de ocupaci?n, la autoridad de ocupaci?n dirigida por EE.UU. extrajo fondos por 18.000 millones de d?lares? ?dinero obtenido con la venta de petr?leo, que desapareci? con poco o ning?n control y sin ninguna ventaja discernible para el pueblo iraqu?. Sadam podr? haber derrochado millones en palacios de m?rmol (construidos r?pido y mal, como descubrieron los subsiguientes ocupantes militares de EE.UU.), pero su codicia palideci? en comparaci?n con la de sus sucesores.

El estrangulamiento econ?mico de Iraq se justific? sobre la base de la supuesta posesi?n de armas nucleares, qu?micas o biol?gicas por Sadam. A?o tras a?o, los inspectores de la ONU recorrieron Iraq en busca de evidencias de la existencia de esas ADM. Pero despu?s de 1991, el primer a?o de inspecciones, cuando fue detectada y destruida la infraestructura del programa de armas nucleares de Iraq, nunca se volvi? a encontrar nada m?s. Ante los antecedentes de Sadam en la negaci?n de la existencia de su proyecto nuclear (su arsenal qu?mico era bien conocido; lo hab?a utilizado ampliamente en la guerra Ir?n-Iraq, con aprobaci?n de EE.UU.) los inspectores tuvieron buenos motivos para sospechar, por lo menos hasta agosto de 1995. Fue cuando Hussein Kamel, yerno de Sadam y ex supervisor de sus programas de armas, desert? repentinamente a Jordania, donde fue interrogado por la CIA, MI6 y Unscom. En esas entrevistas dej? perfectamente claro que todo el arsenal de ADM se hab?a destruido en 1991, una confesi?n que sus interlocutores, incluidos los inspectores de la ONU, hicieron lo posible por ocultar al mundo exterior.

A pesar de todo, a comienzos de 1997, Rolf Ekeus hab?a concluido, como me dijo muchos a?os despu?s, que deb?a informar al Consejo de Seguridad de que Ir?n no pose?a armas de destrucci?n masiva y que por lo tanto cumpl?a con las resoluciones del Consejo, con la excepci?n de unos pocos puntos. Se sent?a obligado a recomendar que las sanciones se levantaran. Los informes sobre sus intenciones hicieron que cundiera el p?nico en el gobierno de Clinton. El fin de las sanciones expondr?a a Clinton a ataques republicanos por dejar que Sadam saliera del atolladero. El problema se solucion?, me explic? Exeus, haciendo que Madeleine Albright, reci?n instalada como secretaria de Estado, declarara en un discurso p?blico el 26 de marzo de 1997 que ?no estamos de acuerdo con las naciones que argumentan que las sanciones se deber?an levantar si Iraq cumple con sus obligaciones respecto a las armas de destrucci?n masiva?. El resultado previsible fue que Sadam vio que ten?a poco sentido seguir cooperando con los inspectores. Esto provoc? una serie creciente de confrontaciones entre el equipo de Unscom y funcionarios de la seguridad iraqu?, que termin? con la expulsi?n de los inspectores, afirmaciones de que Sadam ?se negaba a desarmarse? y, finalmente, a la guerra.

Denis Halliday, el coordinador humanitario de la ONU para Iraq, quien renunci? en 1998 en protesta por lo que calific? de r?gimen ?genocida? de sanciones, describi? entonces sus peores efectos sobre la sociedad iraqu?. Toda una generaci?n de j?venes hab?a crecido aislada del mundo exterior. Los compar?, ominosamente, con los hu?rfanos de la guerra rusa en Afganist?n,que luego formaron los talibanes. ?Lo que deber?a preocupar es la posibilidad de que por lo menos se desarrolle m?s pensamiento fundamentalista isl?mico?, advirti? Halliday. ?No se comprende bien que es una posible derivaci?n del r?gimen de sanciones. Estamos impulsando a la gente a adoptar posiciones extremas?. ?sta fue la sociedad a la que los ej?rcitos de EE.UU. y Gran Breta?a se enfrentaron en 2003: empobrecida, extremista y col?rica. Mientras cuenta las p?rdidas que ha sufrido por bombas al borde de la ruta y ataques suicidas, Occidente deber?a reflexionar cuidadosamente antes de volver a desplegar una vez m?s el ?instrumento perfecto? de un bloqueo.

Andrew Cockburn escribe sobre temas de seguridad nacional y otros relacionados. Su libro m?s reciente es: ?Rumsfeld: His Rise, Fall and Catastrophic Legacy? Es coproductor de ?American Casino,? el largometraje documental sobre el actual colapso financiero. Para contactos, dir?jase a [email protected].

London Review of Books, 22 de julio de 2010. Invisible War: The United States and the Iraq Sanctions de Joy Gordon Harvard, 359 pp, ?29.95, abril de 2010, ISBN 978 0 674 03571 3

Fuente: http://www.lrb.co.uk/v32/n14/andrew-cockburn/worth-it

rCR



Env?a esta noticia
Compartir esta noticia: delicious?digg?meneametwitter


Tags: historia, sanciones, Guerra Mundial, dieta, bloqueo, jemeres rojos, expertos

Comentarios
Discurso Impecable de Fidel Castro y ¿Por qué MoReNa? @Taibo2 Paco Ignacio Taibo II

Pirámide capitalista
Pirámide capitalista. actualizada