Martes, 17 de agosto de 2010


Por: Jos? Vicente Rangel(*)
Fecha de publicaci?n: 16/08/10??
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Lo que viene sucediendo durante los ?ltimos meses confirma la existencia de una campa?a -h?bilmente concebida y ejecutada de manera implacable- para acabar con el proceso bolivariano. Para desestabilizarlo a diario y crear condiciones para salir de Hugo Ch?vez.

Se necesita ser ingenuo para no darse cuenta de lo que sucede, o estar comprometido con la aventura para ignorarla deliberadamente. Hay demasiados indicios y pruebas que avalan lo que se trama fuera y dentro del pa?s.

La ofensiva aumenta a medida que el tiempo avanza. Cualquier error o delito en que incurran funcionarios del Gobierno nacional no son tratados por la oposici?n en el marco de la denuncia y el cuestionamiento democr?ticos: se hace en t?rminos catastr?ficos, buscando siempre potenciar su efecto, a trav?s de algunos medios, para generar angustia en la colectividad. As? el esc?ndalo se convierte en recurso para socavar la estabilidad constitucional y explotar la irracionalidad.

Cualquier actividad institucional, por ejemplo, la elecci?n de los miembros de la Asamblea Nacional, no se asume con voluntad c?vica, sino con ?nimo de generar dudas sobre la imparcialidad del ?rgano rector, el CNE, sobre el presunto ventajismo oficial y limitaciones a los observadores extranjeros. Todo este cuestionamiento apunta a la descalificaci?n del acto electoral del 26 de septiembre en caso de que no se produzca el triunfo de la oposici?n.

Hay otras piezas en la tramoya que monta la oposici?n con apoyo internacional. Desde EE UU vienen los ataques del Pent?gono, Departamento de Estado, Comando Sur ?la Casa Blanca act?a bajo perfil?, consistentes en desconocer la democracia venezolana por la presunta represi?n de la disidencia, cercenamiento de las libertades p?blicas, vinculaciones con el terrorismo y el narcotr?fico. Los voceros norteamericanos no escatiman agravios. Disparan para execrar a Ch?vez, aislar a su Gobierno y ubicar el pa?s en la galer?a de los malditos contra los que se puede actuar en cualquier momento. Esta campa?a la secundan las fuerzas m?s siniestras de la regi?n.

Los medios de comunicaci?n monop?licos, las grandes corporaciones, la internacional de partidos, ONGs, c?pula de la Iglesia cat?lica, militares retirados y Gobiernos conectados a Washington que sirven de instrumento para monitorear la subversi?n y canalizar ayuda econ?mica. La conspiraci?n tambi?n realiza un trabajo a nivel popular donde encuentra serios obst?culos, dada la fortaleza del chavismo, e insiste en ocultar su verdadero prop?sito: acabar con Ch?vez. Esa oposici?n, la pentagonal y la cipaya, est? consciente del calado popular del chavismo. Por eso que, pese a la euforia que en ella despiertan algunas encuestas comprometidas, participa con reserva en la opci?n electoral. Tiene dudas sobre la posibilidad de derrotar al Psuv por esa v?a y se prepara para otros escenarios.

Pero hay algo que definitivamente la desconcierta. Me refiero a la actitud de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Para una oposici?n con mentalidad golpista, cansada de derrotas electorales, no contar con la instituci?n militar para sus planes o, al menos, con una parte es desalentador. El formato de abril de 2002 es irrepetible si los altos mandos castrenses no est?n comprometidos. Si no se cuenta con militares traidores. Y hoy la instituci?n clausur? el atajo de la aventura. Primero, porque hay una nueva concepci?n ideol?gica-pol?tica, como ocurre con todo componente armado ?en capitalismo o en procesos de cambio social?; segundo, porque existe un fuerte liderazgo del Presidente Ch?vez en el seno de la instituci?n; y, tercero, porque la doctrina de la alianza pueblo-fuerza armada fue interiorizada por los hombres y mujeres de uniforme.

Esta novedosa caracter?stica de la instituci?n armada venezolana le confiere singular

tipicidad, que destaca si se la compara, por ejemplo, con la Fuerza Armada chilena que arremeti? contra el proceso de cambio de Salvador Allende, o con la Fuerza Armada hondure?a ?instrumentada por el Pent?gono? que derroc? al presidente constitucional Manuel Zelaya. El cuadro pol?tico, social, institucional de Venezuela con el Gobierno de Ch?vez, es completamente diferente.

Por eso la desesperaci?n del sector opositor al plantearse una pol?tica de poder. De ah? que el dardo m?s venenoso que emple? el embajador designado por la Casa Blanca para Venezuela, Larry Palmer, al comparecer ante el Comit? de Relaciones Exteriores del Senado de EE UU ?asesorado por los organismos de inteligencia yanquis?, fue la menci?n a la ?baja moral? de los militares venezolanos.

Aparte de ser un se?alamiento falso, ya que nunca la Fuerza Armada venezolana tuvo una moral m?s elevada que la actual, la referencia apunta a la descalificaci?n absoluta de la instituci?n, a promover la intriga en su seno y el desprecio de los sectores populares. El silencio de la oposici?n ante la afrenta es se?al inequ?voca de que comparte el lenguaje insolente del gringo. Y, por ende, confirma su alianza con poderosos enemigos no s?lo del Gobierno de Ch?vez, sino de Venezuela.

Claves

. ?Santificaci?n de Santos?: ?Cuidado! Hay que andarse con precauci?n para evitar decepciones. A Santos no se le pod?a hacer un desplante luego de su sibilino mensaje al Gobierno venezolano en la toma de posesi?n. Ten?a la mirada de Uribe, cargada de odio, clavada en sus espaldas y no pod?a ir m?s all?

. Hay que abrirle una discreta cuenta de confianza al nuevo mandatario qu ien, ideol?gicamente y en el ejercicio de la pol?tica, no difiere mucho del antecesor?

. Incluso, conviene recordar que con Uribe en la Casa de Nari?o hubo buenos momentos: di?logo, acuerdos beneficiosos ?sobre todo para Colombia? y reuniones distendidas bajo la sombrilla de la ret?rica grancolombiana. Hubo empat?a entre Uribe y Ch?vez, y cuando se escriba la historia de ese periodo habr? que hurgar en los pliegues de la relaci?n para saber qu? inefables vinculaciones movieron al gobernante colombiano a destruirla?

. Los letales factores que la arruinaron. y que casi conducen a un conflicto armado, siguen operando. Santos es un hombre tan ligado a Washington como Uribe, s?lo que tiene otro estilo y un proyecto personal que no pasa por la repetici?n del bonapartismo de ?ste. Sabe que la relaci?n con Venezuela es esencial para su Gobierno, que es un reclamo angustioso del empresariado al cual ?l atribuye especial importancia?

. Pero Santos no es una perita en dulce. Tiene el pu?o de hierro envuelto en guante de seda. ?A d?nde llegar? en la relaci?n con Venezuela? Ch?vez, como buen llanero, debe desentra?ar lo que busca el cachaco?

. Es imposible ignorar a Uribe, quien conserva peso en los poderes f?cticos, tiene respaldo popular y una posici?n privilegiada en la Fuerza Armada. Incluso de orden institucional. Si no ?por qu? se hizo nombrar general activo de 4 estrellas? Sin duda que para participar en las decisiones de las FAN. ?Qu? representa para Santos la participaci?n de Uribe en esos niveles de poder?...

. Por cierto, ?c?mo responder? Uribe a la bofetada de la reuni?n de Santa Marta? ?Qu? estar? tramando?...

. La reuni?n movi? el piso en la regi?n: Unasur surge como instancia eficaz frente a la OEA; el escualidismo venezolano sufri? un duro rev?s, y Ch?vez se sacude un poco de lodo de la guerra sucia.

(*)Ex vicepresidente de la Rep?blica

Publicado en el Diario Panorama
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Tags: subversión, La orquesta, pruebas, oposición, CNN, delito

Publicado por blasapisguncuevas @ 1:14  | VENEZUELA
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