Martes, 17 de agosto de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 16-08-2010

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La propuesta del senador republicano por Carolina del Sur, Lindsey Graham, de cambiar la constituci?n de Estados Unidos con respecto a la Enmienda 14 ha generado un nuevo revuelo en la ya agitada discusi?n sobre migraci?n. La Enmienda 14, promulgada una vez concluida la Guerra Civil en 1868, le otorgaba a todos aquellos que nacieran en el territorio de Estados Unidos el derecho a la ciudadan?a. Su prop?sito inmediato era darles plenos derechos a los hijos de los esclavos y establecer el principio del nacimiento en el territorio para otorgar la nacionalidad.

Ahora, en pleno siglo XXI, se pretende quitarles ese derecho a los hijos de los trabajadores indocumentados, que en la actualidad constituyen el ?ltimo escal?n de la sociedad estadunidense, lugar que ocupaban los esclavos a mediados del siglo XIX. Seg?n algunas interpretaciones la Enmienda 14 va m?s all? del asunto de la esclavitud y tiene el sentido de preservar los derechos de las minor?as.

No va a ser f?cil cambiar la Constituci?n y menos a?n una enmienda que tiene un sentido simb?lico muy especial para los afroamericanos. Pero algunos sectores de la derecha republicana est?n empe?ados en atacar de manera frontal todos los resquicios que favorezcan la inmigraci?n.

Se aduce que hay una industria del turismo en busca de la nacionalidad, de ah? que viajen muchas mujeres embarazadas a tener hijos en Estados Unidos. Pero el verdadero problema son los hijos de inmigrantes irregulares que ya suman 4 millones. Estos ni?os tienen plenos derechos, pero por ser ni?os no tienen el derecho de solicitar la legalizaci?n de sus padres. S?lo podr?n hacerlo cuando cumplan la mayor?a de edad, precisamente cuando ya no tengan tanta necesidad de ellos.

La propuesta de reforma constitucional incluso ha generado oposici?n entre los mismos c?rculos antinmigrantes que consideran err?neo debatir el tema ya que si se soluciona el asunto de la migraci?n irregular, se soluciona de hecho el tema de la ciudadan?a. Para otros, relanzar el tema de la ciudadan?a puede allegar votos en favor de algunos representantes, pero se est?n perdiendo muchos sufragios latinos y de otras minor?as que se ven afectadas de manera directo o indirecta.

El derecho de suelo o ius soli, que todav?a rige en algunos pa?ses, ha sido sistem?ticamente abolido en muchos otros, de tal modo que el ?nico principio que otorgue la ciudadan?a sea el derecho de sangre o ius sanguinis. Las reformas han tenido que ver con problemas relacionados con la inmigraci?n.

No obstante, el derecho de sangre no es un principio absoluto y puede tener limitaciones o restricciones, seg?n los casos. En Alemania, por ejemplo, la nacionalidad plena se otorgaba cuando los dos padres eran de origen alem?n reconocido, principio que procuraba preservar la raza aria. En la pr?ctica hab?a dos modalidades o tipos de nacionalidad alemana seg?n el grado de pureza. Esa ley fue cambiada despu?s de la Segunda Guerra Mundial, pero de todos modos los procesos de naturalizaci?n eran muy dif?ciles y complicados. Se daba el caso de que los hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes, nacidos y socializados en Alemania, no pod?an obtener la nacionalidad. Las distorsiones que cre? este sistema de exclusi?n finalmente obligaron a reformar la ley en el a?o 2000 y facilitar las v?as para adquirir la nacionalidad, sobre todo a los hijos de inmigrantes que hab?an nacido en el pa?s y que pod?an optar por la nacionalidad al cumplir la mayor?a de edad.

En el caso de Espa?a, durante el franquismo, la nacionalidad la otorgaba el padre y no la madre. Principio que discriminaba abiertamente a las mujeres y que tuvo que ser reformado con la apertura democr?tica. De este modo, si uno de los padres es ciudadano, este le otorga derechos plenos a su hijo, independientemente de la nacionalidad y el sexo del c?nyuge.

Otro asunto problem?tico relacionado con el derecho de sangre es el de las generaciones que se reconozcan como v?lidas para obtener el derecho a la nacionalidad. En algunos pa?ses, como Italia o Alemania, se otorga el derecho a la segunda y tercera generaci?n (hijos y nietos). Pero en otros, como Espa?a, se limita el acceso a la nacionalidad a los hijos, a pesar de que ahora hay todo un movimiento social que reivindica los derechos de los nietos de espa?oles.

El resultado de estas reformas ha sido contradictorio y lo que se ha fomentado es la recuperaci?n de la nacionalidad por miles y hasta millones de personas. Existe, s?, el agravante de que muchos de aquellos que recuperan la nacionalidad de sus padres o abuelos, no tienen ninguna relaci?n con el pa?s del cual van a convertirse en nacionales. El derecho de sangre pretend?a preservar la cultura, el idioma y las ra?ces profundas de la nacionalidad, pero en la mayor?a de los casos es el hecho de haber nacido en el lugar (ius soli) el que te otorga estas caracter?sticas y no el hecho de ser hijo o nieto de alem?n, franc?s u holand?s. Las reformas en Alemania, uno de los pa?ses m?s r?gidos en cuanto al principio del derecho de sangre, finalmente han tenido que reconocer esta realidad.

Por otra parte, esta insistencia en el derecho de sangre en los pa?ses de inmigraci?n ha provocado cambios en los pa?ses emisores, que responden a la situaci?n adoptando la f?rmula de la no p?rdida de la nacionalidad. De este modo se han multiplicado los casos de personas que tienen doble o triple nacionalidad y los pa?ses no pueden hacer nada para impedirlo. Al ser irrenunciable la nacionalidad, otro pa?s no puede exigir aquello que es imposible.

Mientras parad?jicamente unos pa?ses cancelan el criterio de nacionalidad por nacimiento, otros lo ampl?an de tal modo que lo convierten en irrenunciable.

Asistimos a un cambio radical en cuanto al contenido y el simbolismo de lo que significa ser nacional de un pa?s. Los valores patrios ceden ante el pragmatismo y el potencial que otorga tener varias nacionalidades, varios pasaportes.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/08/15/index.php?section=opinion&article=016a2pol



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Tags: esclavos, siglo, La Jornada, emigrantes, nacionalidad, mujeres, legalización

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