Martes, 17 de agosto de 2010

Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 17-08-2010

?


Experimento sobre la agresividad. Albert Bandura

Maurice Lemoine

Le Monde Diplomatique (edici?n Colombia)

A pesar de llevar adelante una pol?tica activa de justicia social, Venezuela sigue exhibiendo una de las tasas de homicidios m?s altas del mundo. ?C?mo se explica esta violencia persistente, que el gobierno de Hugo Ch?vez ha desatendido durante mucho tiempo? La oposici?n, tanto en el interior como en el exterior del pa?s, no se priva de instrumentalizarla en funci?n de sus objetivos pol?ticos.

Al expresar su hostilidad hacia la Venezuela ?bolivariana?, el diario espa?ol El Pa?s raramente establece matices. Pero a veces se supera a s? mismo: ?Caracas es una ciudad sangrante. De sus edificios brotan r?os de sangre, de sus monta?as brotan r?os de sangre, de sus casas brotan r?os de sangre [?]? (1).

Los habitantes de la capital a cuya consideraci?n sometemos esta prosa estallan de risa golpe?ndose la sien con la punta del dedo ?ndice. No obstante, sobre este tema candente, y en grados diversos, todos constatan lo mismo: ?Tenemos un problema muy serio? (Tulio Jim?nez, presidente de la Comisi?n de Pol?tica Interior de la Asamblea Nacional); ?All?, bajo el puente, mi esposa fue atacada dos veces en dos a?os? (un brasile?o del Movimiento de los Sin Tierra [MST] enviado a Venezuela); ?Para la gente que vive en los ?barrios?, la violencia es parte del pan cotidiano? (un habitante de la inmensa urbanizaci?n de Petare); ??Se mata incluso a polic?as que tienen chaleco antibalas! Entonces nosotros? ?Dios m?o!? (una trabajadora de Ocumare del Tuy, un suburbio alejado); ?En nuestras familias de las comunidades cristianas, casi todos tienen parientes cercanos asesinados. Cuando celebramos una misa comunitaria, es muy raro que no surja el tema: esta semana han matado ?ya no s? bien a qui?n!...? (el padre Didier Heyraud, sacerdote en Petare).

Es cierto que con una tasa de 48 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2008, Venezuela est? casi a la cabeza del ranking del espanto. En Caracas esa tasa es m?s elevada a?n. Se contaron 1.976 homicidios entre enero y septiembre de 2009, en una ciudad de 4,8 millones de habitantes (2)?

Para la oposici?n, el responsable tiene nombre: ?Ch?vez?. Las postas medi?ticas machacan: ?Bajo la revoluci?n bolivariana del presidente Hugo Ch?vez, la capital de Venezuela se ha elevado al rango de las ciudades m?s violentas del mundo? (3). Miguel ?ngel P?rez, vicepresidente del Instituto de Estudios Avanzados (IDEA), hace manifiesta su irritaci?n: ?Nos quieren hacer creer que la inseguridad es una creaci?n del chavismo? Lo que supone olvidar que el final de los a?os 1980 y el comienzo de la d?cada de 1990 fueron terribles: ?no se pod?a salir a la calle!?.

De hecho, en diciembre de 1996, dos a?os antes de la llegada de Ch?vez al poder, una revista especializada escrib?a: ?Con un promedio de ochenta muertos por balas cada fin de semana, con ataques cotidianos en los transportes p?blicos, con un desarrollo exponencial de la pobreza y, finalmente, con una crisis econ?mica que carcome al pa?s desde hace m?s de quince a?os ?la inflaci?n es de m?s del 1.000% anual?, Caracas se ha convertido desde hace algunos a?os en una de las ciudades m?s peligrosas del mundo, tal vez incluso en la m?s peligrosa? (4). Muy pocos parecen recordarlo. En la lucha pol?tica, el olvido es un arma de una eficacia temible.

?Estamos en un a?o electoral ?se?ala P?rez? (5). En estos a?os, la curva de lo que se llama inseguridad se dispara, amplificada hasta el infinito por los medios, porque es el caballito de batalla de la oposici?n?. Hay que ver, cada lunes a la ma?ana, ante la morgue de Bello Monte, el ej?rcito de reporteros que se precipita, c?maras y micr?fonos en mano, hacia los parientes de las v?ctimas del fin de semana, de preferencia mujeres viejas desconsoladas: ??Qu? siente se?ora??.

Provenientes de fuentes ?extraoficiales?, circulan los alegatos m?s fantasiosos: ?Hoy la tasa de homicidios [del pa?s] supera ampliamente a 70 cada 100.000 habitantes?, miente el diario El Universal (3-6-10). Los venezolanos leen y sienten que su pulso se acelera; sobre todo, cuando viven en barrios adinerados, como Altamira, Palo Grande, La Castellana. Pero el poder tiene su cuota de responsabilidad: las oficinas de prensa de las comisar?as del Cuerpo de Investigaciones Cient?ficas, Penales y Criminal?sticas (CICPC) fueron suprimidas, y no existe ninguna base de datos, a nivel nacional, que centralice las cifras con criterios comunes. Cada uno puede inventar el ?balance r?cord? que le conviene, sin correr el riesgo de ser desmentido. Y sin nunca analizar las causas del fen?meno; s?lo los efectos.

Territorios de exclusi?n

Comienzos del siglo XX: el oro negro brota del suelo venezolano. Los campesinos desheredados de los Andes y de los Llanos ?sabanas que se extienden hasta el infinito? se precipitan hacia las ciudades: Maracay, Valencia, Maracaibo, Caracas. All? hay trabajo, salarios, pueden recogerse algunas migajas del ?milagro petrolero?. ?Invadidas?, las colinas y monta?as que rodean a la capital se ven r?pidamente pobladas. De cualquier manera, a fuerza de ladrillos y trueques, van surgiendo construcciones precarias, sin agua ni electricidad, separadas por pasajes, callejones y abruptas escaleras. As? nacen los cinturones de miseria y, sobre este territorio de exclusi?n social, lo que se llama inseguridad.

Nada que no sea un cl?sico, le cuentan a uno aqu? y all?, evocando el pasado: ?Te robo un par de zapatos, un reloj, una cadena de oro, por necesidad, para sobrevivir, para tener dinero, para poder comer. Un tipo de violencia muy diferente de la que conocemos hoy en d?a?.

El 25 de mayo se vivi? un drama com?n y corriente en Petare: un joven fue masacrado a cuchillazos y rematado a balazos, cuando trataba de defender a uno de sus amigos que estaba pele?ndose. ?Por qu?? Bueno? los conflictos entre delincuentes se originan a veces por peque?eces. Una simple bofetada, un insulto, y se declara la guerra. Las balas silban, un cuerpo cae, digamos el de El Sapo. El Pupilo lo mat?. Los amigos de El Sapo lo buscan. Encuentran a su hermano. ??Dinos d?nde se encuentra El Pupilo!? El hombre balbucea que no sabe nada. Una r?faga sanciona su ignorancia, o su sentido de la solidaridad. Al mismo tiempo, env?a al cementerio al peque?o Gabikley, de cuatro a?os, que jugaba por all? cerca.

?Qui?nes mueren, principalmente en los barrios populares? Los que tienen entre 15 y 25 a?os, pobres, de piel oscura. S?lo que? ?Pasas por all? por casualidad, te encuentras en medio del tiroteo y ?zas! ?Es para ti!?. La mejor manera de hacerse matar es resistir: una bala en la cabeza por un tel?fono celular, nada menos. Sobre el porqu? del fen?meno, cada uno hace su an?lisis; los mismos que se escuchan en todas partes. ?El padre no est?, la madre tampoco, lo cuida la abuela, pero el muchacho se desv?a. ?Es culpa de los padres!? Violencia de g?nero, violencia familiar, agresividad reproducida, hacinamiento?

De acuerdo, pero no demos m?s vueltas: ?El factor fundamental es cultural: el venezolano es violento?. ?De ninguna manera! Lo que ocurre, ?es una p?rdida de sentido moral: ya no se roba por necesidad, sino por vicio. Se ha creado toda una escala de valores en la cual la moto, la muchacha que va en el asiento trasero, la cantidad de muertos que tienes en tu cuenta, implican respeto?. M?s aun cuando el alcohol corre a raudales y las armas circulan por todas partes. Se puede decir esto as?, pero no olvidemos que ?la televisi?n influye de manera determinante, con sus pel?culas violentas y las ganas que genera, a trav?s de la publicidad, de poseer cualquier cosa?. Sobre todo porque ?la pobreza se ha reducido, hay m?s dinero que antes en manos de la gente y, por lo tanto m?s oportunidades para los delincuentes?. Y como ?las leyes los favorecen, y ellos saben c?mo usarlas, si los detienen, salen enseguida?.

Curiosa paradoja: en un pa?s donde, en diez a?os, la tasa de pobreza ha venido cayendo del 60% a cerca del 23% de la poblaci?n, y la indigencia del 25% al 5%, las cifras de la delincuencia se disparan. ?No habr? ca?do el gobierno bolivariano en el an?lisis reduccionista que atribuye la violencia s?lo a la miseria? Es posible suponerlo. Porque, yendo a lo urgente, volcando todas sus fuerzas, y con ?xito, en los programas sociales relativos a la salud, la educaci?n y la alimentaci?n, durante mucho tiempo descuid? la inseguridad, que se supon?a iba a desaparecer como por encanto como consecuencia de los progresos logrados.

Reformar la polic?a

Pero, ?qu? hace la polic?a?, preguntamos. Como en casi toda Am?rica Latina, la polic?a es parte del problema, y no de la soluci?n. ?Nuestro drama ?conf?a Soraya El Aschkar, secretaria ejecutiva del Consejo General de Polic?a (CGP)?, es que no tenemos una polic?a, ?sino ciento treinta y cinco!? En este pa?s federal, descentralizado ?una herencia del pasado?, cada gobernador, cada alcalde dispone de su propio cuerpo de seguridad. No existe ninguna norma com?n, ni siquiera para la formaci?n, a menudo confiada a ex militares que, por definici?n, ?dan luz a instituciones m?s militarizadas que profesionales?.

En Caracas, cinco polic?as municipales y la Polic?a Metropolitana comparten el territorio, sin coordinaci?n, a veces incluso opuestas por divergencias pol?ticas. En abril de 2002, elementos de tres de ellas ?la Metropolitana, PoliChacao y PoliBaruta?, controladas por alcaldes de la oposici?n, participaron activamente en el golpe de Estado contra el presidente Ch?vez.

P?gina entera de publicidad en el diario ?ltimas Noticias (25-5-10): el gobernador (chavista) del estado de Anzo?tegui hace p?blica su ?tercera lista? de funcionarios expulsados de PoliAnzo?tegui: veinticinco polic?as por, entre otras, faltas de servicio (quince), acoso sexual (dos), robo (cinco) y homicidio (uno). Represiva, desprovista de sensibilidad social, a veces implicada en la delincuencia y en los diversos tr?ficos, la polic?a es vivida como una plaga por los venezolanos. A punto tal que el Ministro del Interior, Tareck El Aissami, declar? recientemente: ?El 20% de los delitos y cr?menes cometidos en el pa?s los hacen polic?as?. Lo que lleva a El Aschkar a afirmar: ?Con este modelo, desconectado de la sociedad, sin supervisi?n ni control interno, la violencia no disminuir?. S?lo la profunda reforma que estamos emprendiendo permitir? garantizar la seguridad?.

El 13 de mayo pasado, ya consciente de la gravedad de la situaci?n y lanzado a una carrera contra reloj, el presidente Ch?vez inaugur? el Centro de Formaci?n Policial (Cefopol) en la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES) destinada a la implementaci?n de una Polic?a Nacional Bolivariana (PNB). Nuevo enfoque, nuevos m?todos, nueva filosof?a: una formaci?n t?cnica, pero tambi?n una sensibilizaci?n hacia los derechos humanos y al indispensable v?nculo entre polic?a y ciudadanos. Mil cincuenta y ocho ex agentes de la Metropolitana, sin ning?n prontuario a cuestas, fueron seleccionados, formados, y est?n en actividad en el barrio de Catia; con un balance alentador y una reducci?n sustancial de la inseguridad. Otros mil est?n terminando los cursos. Se hizo un llamado a los bachilleres para integrar el nuevo cuerpo que, al t?rmino de los tres pr?ximos a?os, deber?a alcanzar los treinta y un mil funcionarios. Es mucho y poco al mismo tiempo, ya que se sabe que el resultado no ser? forzosamente inmediato.

Paramilitares y narcotr?fico

Regreso a Ocumare del Tuy. Sentada en una silla de pl?stico, Sonia Manrique, miembro del Consejo Comunal, deja caer sus manos entre las rodillas: ??Ahora, es a causa de la droga que un joven va a atacarte!?. La boca de su vecino Andr?s Betancur se tuerce de rabia: ?Menores, con armas de este calibre, m?s grandes que ellos? ?De d?nde vienen esas armas? Hay organizaciones mafiosas detr?s de ellos?.

Un tema delicado? Seg?n un estudio realizado en 2007, 4.200.000 colombianos viven en Venezuela, habiendo huido de su pa?s, presentado hoy en d?a por muchos observadores ?sin re?rse? como un modelo de? ?seguridad?. En su inmensa mayor?a son personas honestas, decentes, aceptadas y adoptadas (6). Por lo tanto, el coraz?n del problema puede abordarse sin ninguna xenofobia: la violencia, en Caracas, ha cambiado de naturaleza y de grado. Con la complicidad de funcionarios de los diferentes cuerpos de polic?a y de la Guardia Nacional, el narcotr?fico que viene del pa?s vecino no s?lo ha penetrado en Venezuela ?utiliz?ndola como zona de tr?nsito hacia Estados Unidos y ?frica (7)?, sino que tambi?n ha ampliado su influencia sobre Caracas y sus barrios: tr?fico a gran escala manejado por los ?capos?; incorporaci?n de j?venes marginales mediante la oferta de coca?na a muy bajo precio, cuando no regalada (en un primer momento). ?Hubo un aumento significativo del consumo ?confirma el diputado Jim?nez? y tenemos indicadores preocupantes en cuanto al n?mero de adolescentes afectados?.

Son ellos los que, habiendo metido el dedo en el engranaje, sustraen, roban, agreden y a veces matan para comprarse la droga a la que se han vuelto adictos. Son ellos los que revenden, trafican y terminan por recibir una bala en la cabeza porque no tienen el dinero para pagarle a su proveedor a tiempo. Son sus bandas las que se enfrentan para controlar zonas enteras? ?La l?gica infernal de las redes importadas ?nos conf?a uno de nuestros interlocutores? y la lucha por los ?territorios?, producen no pocos de los cad?veres con los que se deleitan los diarios.?

?Se trata de un fen?meno espont?neo, vinculado a la expansi?n de una criminalidad transnacional que, adapt?ndose a las circunstancias, aprovechando las aperturas, utilizando las vulnerabilidades, afecta tanto a Brasil ?en las favelas cariocas? como a Am?rica Central y sobre todo a M?xico? Tal vez. Salvo que?

La oposici?n y los medios de comunicaci?n se regocijan cada vez que, sobre la base de revelaciones dudosas (8) o de testimonios de supuestos ex guerrilleros con sus rasgos disimulados, y encubiertos con seud?nimos rid?culos, Washington y Bogot? acusan: ?Los jefes de la ?narcoguerrilla? colombiana se encuentran en Venezuela?. En cambio, hay un silencio p?dico sobre ?entre otras cosas? las revelaciones realizadas a rostro descubierto por Rafael Garc?a, ex jefe del servicio inform?tico de la polic?a pol?tica colombiana, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). Encarcelado, Garc?a revel? los v?nculos entre esta instituci?n y los paramilitares de extrema derecha, actores centrales del narcotr?fico; tambi?n afirm? que el ex jefe del DAS, Jorge Noguera, se encontr? en 2004 con l?deres paramilitares y opositores venezolanos a fin de concertar un ?plan de desestabilizaci?n? y el asesinato de Ch?vez.

La presencia de los ?paracos? (paramilitares) en los estados fronterizos de T?chira, Apure y Zulia, es conocida desde hace mucho tiempo. En 2008, el ex director general de la Direcci?n de los Servicios de Inteligencia y Prevenci?n (DISIP), Eli?cer Otaiza, denunciaba ?la presencia de veinte mil [paramilitares] en el conjunto del territorio nacional, [donde] llevan a cabo acciones criminales vinculadas a los secuestros, al sicariato y al narcotr?fico? (9). La penetraci?n va en aumento. Lo que oculta la prensa venezolana, un diario de Bogot?, El Espectador, lo revel? el 31 de enero de 2009 al titular: ?Las ?guilas Negras (10) volaron a Venezuela?. Tras recorrer el estado de T?chira, el periodista Enrique Vivas relata c?mo esos grupos han montado all? ?estructuras ilegales y se han transformado en un poder que controla casi todo, ofreciendo hasta seguros de vida?. Salvo a los miembros del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), varios de los cuales fueron asesinados en febrero y marzo de 2010.

Con la complicidad de la polic?a regional de Zulia, bajo el dominio de gobernadores de la oposici?n, los ?paracos? tomaron el control de algunos barrios de Maracaibo y del comercio popular de las Playitas recurriendo a la violencia o prestando dinero. Constataci?n de un observador: ?Las autoridades de Zulia organizan numerosos pseudo encuentros de campesinos. Hay muchos que vienen de Colombia y que? no vuelven m?s?.

M?s al interior de Venezuela, en el estado de Barinas, un habitante afirma (bajo reserva de anonimato): ?Nunca hubo tantos colombianos. Compran, alquilan. Si hay un problema, ayudan financieramente a las personas. Act?an como los ?narcos? en Brasil. Y la violencia explot?, llegando casi al mismo nivel que en Caracas?. ?Y entonces? ?Esa violencia bien puede ser generada por venezolanos! ?Y cu?l es el l?mite entre delincuentes, aunque sean originarios del pa?s vecino, y paramilitares? ?Antes, los colombianos no se instalaban en esta zona. Iban a Caracas a buscar un empleo. Y nunca hab?an existido aqu?, en esta escala, el sicariato, las masacres, los secuestros??.

El 23 de abril de 2007, investigando el secuestro del industrial Nicol?s Alberto Cid Souto, la polic?a del estado de Cojedes captur? una banda dirigida por un ex dirigente de las Autodefensas Unidas de Colombia (auc), Gerson ?lvarez, te?ricamente ?desmovilizado? pero reconvertido en el financista de las ?guilas Negras. En marzo de 2008, en Zulia, fue arrestado por la CICPC el jefe narco-paramilitar Herm?goras Gonz?lez; se le encontraron encima documentos de identidad de la DISIP y de la Guardia Nacional. El 19 de noviembre de 2009, en Maracaibo, cay? Magally Moreno ?alias ?La Perla?? ex miembro de las auc, conocida por sus v?nculos con el DAS, con oficiales del ej?rcito colombiano y con altas autoridades de ese pa?s.

Muchos dan la voz de alarma. ?A veces hay picos de inseguridad totalmente fuera de lo normal ?se?ala Guadalupe Rodr?guez, de la Coordinadora Sim?n Bolivar, en la ciudadela ?chavista? de 23 de Enero?. Esto se parece a una pol?tica de desestabilizaci?n.? Para P?rez, que estudia la cuesti?n de cerca: ?Caracas se parece hoy a la Medell?n de los a?os 1980. Se trata del mismo modus operandi. Intereses oscuros crean la inseguridad para hacer nacer un ?para-Estado??.

??Podemos llegar ?reflexionaba ante nosotros un diplom?tico venezolano? hasta hablar de infiltraci?n de una quinta columna? ?Hasta d?nde se puede afirmar que existe un plan orquestado desde el exterior?? Sabe que el ejercicio es peligroso. Conoce la interpretaci?n a la que, infaliblemente, dar?a lugar semejante denuncia: acorralado por las ?revelaciones? sobre su complicidad con los ?terroristas? de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Ch?vez inventa una fabulosa cortina de humo ??el ?complot extranjero?!? para, por una parte, pagarles a sus enemigos con la misma moneda y, por otra, camuflar su fracaso en la explosi?n de la inseguridad.

Sin embargo, fue muy cerca de Caracas, en la finca Daktari, que 116 paramilitares colombianos fueron detenidos en 2004, mientras preparaban una acci?n desestabilizadora y el asesinato del jefe de Estado venezolano. En el barrio de La Vega, algunos d?as antes del refer?ndum del 2 de diciembre de 2007, tambi?n fueron detenidos varios m?s (11). Seg?n los testimonios recogidos, algunos colombianos compran casas en las zonas populares de La Vega, Los Teques y Petare, montan restaurantes y bares en los que venden drogas a escondidas; intentan tomar el control de los juegos legales e ilegales, de las apuestas de caballos, de la prostituci?n, y de las empresas y cooperativas de taxis; le prestan dinero a quien lo necesita al 7% de inter?s, sin ninguna garant?a; ofrecen su protecci?n (que m?s vale aceptar) a cambio de dinero?

Para tratar de comprender las l?gicas subyacentes, la observaci?n de lo que ocurre cerca de la frontera, en Apure y, desde hace poco, en T?chira, resulta esclarecedor. Los paramilitares crearon all? el caos, multiplicando las violencias, los asesinatos y los secuestros. Desde hace poco, distribuyen panfletos en los pueblos: ?Con nosotros, no m?s droga, no m?s delincuencia, ni prostituci?n?. Provocar el p?nico y luego presentarse como los ?salvadores?: hay razones para sospechar de una estrategia cuidadosamente elaborada.

Un desaf?o mayor

Despu?s de haber obtenido la seguridad de que no ser?a mencionado, un alto funcionario nos confi?: ?En el m?s alto nivel, pienso que hay una subestimaci?n del peligro. Se sigue hablando de bandas de delincuentes, cuando en realidad nos enfrentamos a una organizaci?n, por no decir a un ej?rcito de ocupaci?n?. ?Exagerado? Tal vez? La experiencia de las intrigas ?contra-subversivas? estadounidenses en la regi?n no facilita la tarea a los que tratan de desenredar la madeja: ?se trata de la emergencia de empresarios de la violencia sin una verdadera fidelidad pol?tica o de una estrategia de desestabilizaci?n?

Por el momento, con excepci?n de algunos barrios ?como el 23 de Enero, Guarenas, Guatire? que, muy politizados, con decenas de a?os de organizaci?n tras ellos, controlan el ?territorio?, los actores sociales parecen desarmados. ?Los consejos comunales todav?a no est?n lo suficientemente desarrollados y no tienen el ojo cl?nico para detectar este movimiento?, analiza un brasile?o que trabaja con los campesinos en el estado de Barinas. Evocando los barrios ?rojos-rojitos?, An?bal Espejo tambi?n constata: ?La gente sabe? pero no tiene todav?a la madurez pol?tica para enfrentar ese tipo de desaf?o?.

El 13 de abril de 2002, dos d?as despu?s de que el Presidente fuera derrocado, fue la movilizaci?n popular masiva la que, bajando de los barrios populares, impuso el retroceso de los golpistas y el retorno al poder de Ch?vez. ?En caso de un nuevo intento de golpe de Estado, con paramilitares armados y bien organizados en los barrios, no ser? posible otro 13 de abril?, se alarma el intelectual Luis Britto Garc?a. P?rez, por su parte, no mira tan lejos. Simplemente constata: ?Amplificado, por no decir apoyado por los medios, el caos creado por estos grupos criminales sirve a los intereses de la derecha. Cuanto m?s muertos haya, m?s votos habr? para la oposici?n?.

---

Notas:

1 Gerardo Zavarce, ?Caracas, una guerra sin nombre?, El Pa?s semanal, Madrid, 18-4-10.

2 ?Situaci?n de los derechos humanos en Venezuela. Informe anual octubre 2008-septiembre 2009?, Programa venezolano de Educaci?n-Acci?n en Derechos Humanos (Provea), Caracas, diciembre de 2009-

3 ?Caracas, la cit? de la peur?, L?Express, Par?s, 28-5-10.

4 Raids, N? 127, Par?s, diciembre de 1996.

5 Las elecciones legislativas tendr?n lugar en septiembre de 2010.

6 520.000 recibieron la nacionalidad venezolana; 200.000 gozan del estatuto de refugiados; un mill?n obtuvo el estatuto de ?residente?; los dem?s son ?sin papeles?. Y llegan todos los d?as.

7 Esto no hace de Venezuela un ?narco-Estado?, como intenta hacer creer Washington; o entonces Estados Unidos, incapaz de controlar sus fronteras ?su mercado interno de drogas il?citas supera los 60.000 millones de d?lares (al precio de venta al detalle)? se coloca en la primera fila de esos Estados-canalla. Seg?n la Oficina Nacional de Drogas, las autoridades venezolanas incautaron cerca de 28 toneladas de drogas en el territorio nacional desde principios de 2010. El pasado 13 de julio, tres narcotraficantes, entre ellos Carlos Alberto ?Beto? Renter?a, jefe del cartel colombiano del Norte del Valle (capturado en Caracas el 4 de julio), sobre el que pesaba una orden de arresto de Interpol, fueron extraditados a Estados Unidos

8 V?ase Maurice Lemoine, ?Colombia y el ciberguerrillero?, Le Monde diplomatique, edici?n Colombia, julio de 2007.

9 ?ltimas Noticias, Caracas, 6-3-08.

10 Las ?guilas Negras: grupo reformado despu?s de la desmovilizaci?n de los paramilitares en el marco de una ley controvertida, denominada ?Justicia y paz?, en 2005. Sobre este tema, ve?se Carlos Guti?rrez, ?Desmovilizaci?n de paramilitares: Colombia, el reino de la impunidad?, Le Monde diplomatique, edici?n Cono Sur, Buenos Aires, octubre de 2005.

11 Vea, Caracas, 17-4-08.

?

Fuente: http://eldiplo.info/mostrar_articulo.php?id=1132&numero=92

Texto completo en la edici?n impresa de Le Monde Diplomatique (edici?n Colombia) del mes de agosto 2010

rCR



Env?a esta noticia
Compartir esta noticia: delicious?digg?meneametwitter


Tags: Caracas, delincuencia, paramilitar, autodefensas, sicariato, Chávez, prensa

Publicado por blasapisguncuevas @ 20:41  | VENEZUELA
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios
Discurso Impecable de Fidel Castro y ¿Por qué MoReNa? @Taibo2 Paco Ignacio Taibo II

Pirámide capitalista
Pirámide capitalista. actualizada