Mi?rcoles, 18 de agosto de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 18-08-2010

Cada empresa capitalista-patronista es una dictadura sobre los asalariados. Como todo es el contexto, cualquier sociedad capitalista-patronista es una sociedad dictatorial privada o p?blica y no deja de serlo a pesar de las muchas elecciones que se convoquen en esa sociedad para que nada cambie y los capitalistas patrones exploten a los proletarios. S?lo en una sociedad sin explotaci?n podr? haber democracia para todos y en beneficio de todos. Blasapisguncuevas


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Desde que la institucionalizaron los atenienses, la democracia ha ido perdiendo significado y valor a manos de los siglos y de los incontables tiranos que la han llegado a corromper por completo. Su significado inicial, tan claro y directo de ?poder del pueblo? hoy apenas tiene vigencia. La palabra se ha debilitado, ha caducado. Todo ciudadano, esto es, aquel que no fuera esclavo o extranjero, pod?a representarse a s? mismo en el gobierno de la ciudad.

La representaci?n ciudadana es hoy en d?a poco menos que una ilusi?n, casi un mito. La llamada democracia es, en la actualidad, un eufemismo con poderosos efectos sedantes sobre la poblaci?n aletargada. Los gobiernos llamados democr?ticos mantienen a sus s?bditos en un estado de hipnosis ilusoria idiotizante, por medio de la cu?l les hacen creer que sus intereses, en tanto que ciudadanos, est?n representados y protegidos por un pu?ado de personas con las que poco o nada tienen en com?n.

Para ello, los usurpadores de las democracias modernas se han servido de poderosas armas de control de la sociedad. Tradicionalmente ha utilizado contra el pueblo, la fe y la bala, y m?s recientemente la palabra.

Con la fe, en franco y celebrable retroceso, y la bala relegada a democratizar lejanos pa?ses ricos en recursos naturales, la palabra se ha convertido en el arma estrella para usurpar las democracias occidentales. La palabra ha sido moldeada a imagen y acechanza del capitalismo globalizador, que la ha convertido en la m?s eficaz de cuantas armas ha utilizado contra el pueblo.

Los medios de ?comunicaci?n? masiva suponen el ?ltimo paso para ce?ir entorno al cuello del pueblo la soga del capitalismo.

Ahora ya no precisan amenazarnos con dioses que est?n en los cielos ni siquiera con balas que est?n en la rec?mara y que llevan grabada la palabra ?democracia?. La palabra es ahora la droga que se fuerza al pueblo a consumir hasta dejar completamente anulada su capacidad de pensar por s? mismo. Se lanza una consigna que se replica al instante en casi cada medio, y la sensaci?n de est?reo adquiere una nueva dimensi?n, y un efecto demoledor en la voluntad del individuo, y por ende, en su libertad. Cada cu?l es libre de pensar lo que yo le inculco , se dir?a que repiten hasta la saciedad. En una suerte de Mundo Feliz , que Huxley hubiera reescrito, este sistema totalitario que es el capitalismo, piensa por nosotros, consume por nosotros, habla por nosotros, vive por nosotros. Todo por nosotros, pero nada para nosotros. Sin nosotros. ( Obs?rvese en este mismo texto que la palabra ?nosotros? pierde su significado de tanto repetirla. T?mese este como buen ejemplo de las pr?cticas globalizadoras del capitalismo )

Como pueblo nos han robado la palabra y la han puesto a trabajar a su servicio, en nuestra contra, en contra de la democracia. Se sirven de ella para utilizarnos, para manipularnos, para convertirnos en n?meros de una larga lista de esclavos o extranjeros a los que no permiten una representaci?n y una participaci?n directa en esto que s?lo ellos llaman democracia.

No es democracia el sistema que va contra el pueblo, no es democracia el sistema de gobierno que preconiza el inter?s privado de unos pocos y atenta a diario contra el inter?s general ?C?mo hemos permitido que se siga utilizando el t?rmino ?democracia? para definir precisamente lo contrario?

Pero a?n hay una esperanza, a?n le queda algo por hacer al pueblo pisoteado. Como si se les hubiera pasado por alto, han depositado en nuestras manos una suerte de poder que s? emana de nosotros: el dinero, su dinero, el alimento de esa fiera voraz, devoradora de hombres y corruptora de almas que es el capitalismo. El c?rculo que describe la soga alrededor de nuestro cuello s?lo se cerrar? si dejamos emanar ese poder de nosotros. El c?rculo s?lo se cerrar? si consumimos y devolvemos al circuito financiero todo el dinero que esperan que emanemos.

?

M?s all? de lo imprescindible, no consumas.

M?s all? de una vida digna y suficiente, no consumas.

M?s all? de lo que soporte el planeta, no consumas .

M?s all? de lo que resulte moral, no consumas .

M?s all? de lo que te sacie, no consumas.

M?s all? de lo que considerar?as justo y racional para tu vecino, no consumas .

Si no consumimos m?s all? , su m?quina, esa m?quina que nos degrada como personas se detendr? tarde o temprano. Toda c?rcel necesita sus presos, todo supermercado necesita sus clientes, todo capitalismo necesita sus v?ctimas.

Queda demostrado pues, que no vivimos en una democracia, vivimos como aquellos esclavos o extranjeros , que esperaban en Atenas una liberaci?n que no llega, que hay que salir a buscar a donde quiera que est?. Entre todos podemos encontrarla. Otro mundo es posible.


Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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Tags: democracia, explotación, globalización, capitalista, contexto, vigencia, sedantes

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