S?bado, 21 de agosto de 2010

?



Traducido para Rebeli?n por Ricardo Garc?a P?rez

Introducci?n

La pol?tica estadounidense hacia Venezuela ha adoptado muchos giros t?cticos, pero el objetivo ha sido siempre el mismo: derrocar al Presidente Ch?vez, invertir el proceso de nacionalizaci?n de grandes empresas, abolir los consejos comunitarios y sindicales de base y devolver al pa?s a la situaci?n de Estado cliente.

Washington financi? y respald? pol?ticamente un golpe militar en el a?o 2002, un cierre patronal en los a?os 2002-2003, un refer?ndum e infinidad de tentativas de medios de comunicaci?n, organizaciones pol?ticas y ONG para socavar el r?gimen. Hasta el momento, todos los esfuerzos de la Casa Blanca han sido un fracaso; Ch?vez ha ganado una y otra vez en elecciones libres, ha conservado la lealtad del ej?rcito y el respaldo de la inmensa mayor?a de la poblaci?n urbana y rural m?s pobre, de las abultadas clases trabajadoras y de las clases medias empleadas en el sector p?blico.

Washington no ha cejado ni se ha resignado a aceptar el gobierno electo del Presidente Ch?vez. En cambio, con cada derrota de sus colaboradores en el interior del pa?s, la Casa Blanca ha ido adoptando cada vez m?s una estrategia ?externa?, erigiendo un ?cord?n militar? poderoso con el que rodea a Venezuela con una presencia militar a gran escala que abarca toda Am?rica Central, el norte de Sudam?rica y el Caribe. La Casa Blanca de Obama respald? un golpe militar en Honduras que derroc? al gobierno elegido democr?ticamente del Presidente Zelaya (en junio de 2009), aliado de Ch?vez, y lo sustituy? por un r?gimen t?tere que apoya las pol?ticas militares de Washington contra Ch?vez. El Pent?gono consigui? establecer siete bases militares en el este de Colombia (en 2009), que miran a la frontera venezolana, gracias a su gobernante cliente, ?lvaro Uribe, el c?lebre presidente narco-paramilitar. A mediados de 2010 Washington suscribi? un acuerdo sin precedentes con la aquiescencia de la Presidenta derechista de Costa Rica, Laura Chinchilla, para destacar a 7.000 soldados de combate estadounidenses, 200 helic?pteros y docenas de buques apuntando hacia Venezuela, con el pretexto de la persecuci?n del narcotr?fico. En la actualidad, Estados Unidos est? negociando con el r?gimen derechista del Presidente de Panam?, Ricardo Martinelli, la posibilidad de reabrir una base militar en la antigua zona del canal. Junto con la IV Flota que patrulla las costas, 20.000 soldados en Hait? y una base a?rea en Aruba, Washington ha cercado a Venezuela por el oeste y el norte, estableciendo zonas de lanzamiento de tropas para una intervenci?n directa si se dan las circunstancias internas favorables.

La militarizaci?n de la pol?tica de la Casa Blanca hacia Am?rica Latina, y hacia Venezuela en particular, forma parte de su pol?tica global de confrontaci?n e intervenci?n armada. Sobre todo, el r?gimen de Obama ha ensanchado las miras y el alcance de las operaciones de los escuadrones de la muerte clandestinos que hoy d?a operan en 70 pa?ses de cuatro continentes, ha aumentado la presencia b?lica estadounidense en Afganist?n en m?s de 30.000 soldados, m?s otros 100.000 mercenarios a sueldo que act?an atravesando las fronteras para penetrar en Pakist?n e Ir?n, y ha suministrado material y proporcionado apoyo log?stico a terroristas armados iran?es. Obama ha intensificado la provocaci?n con maniobras militares en las costas de Corea del Norte y en el Mar de China, lo que ha suscitado protestas de Pek?n. Igualmente revelador es el hecho de que el r?gimen de Obama ha incrementado el presupuesto militar en m?s de un bill?n de d?lares, a pesar de la crisis econ?mica, el monumental d?ficit y los llamamientos a la austeridad y los recortes en la Seguridad Social y otros seguros sanitarios como Medicare o Medicaid.

Dicho de otro modo: la actitud militar de Washington hacia Am?rica Latina y, en especial, hacia el gobierno socialista democr?tico del Presidente Ch?vez forma parte de una respuesta militar general hacia cualquier pa?s o movimiento que se niegue a someterse al dominio estadounidense. Se plantea entonces una pregunta: ?por qu? la Casa Blanca recurre a la alternativa militar? ?Por qu? militariza la pol?tica exterior para obtener resultados favorables ante una oposici?n firme? La respuesta reside en parte en que Estados Unidos ha perdido casi toda la influencia econ?mica que s? ejerc?a anteriormente y le permit?a derrocar o someter a los gobiernos rivales. La mayor parte de las econom?as asi?ticas y latinoamericanas han alcanzado cierto grado de autonom?a. Otras no dependen de las organizaciones econ?micas internacionales donde Estados Unidos ejerce influencia (FMI, Banco Mundial), pues obtienen pr?stamos comerciales. La mayor?a han diversificado sus pautas comerciales y de inversi?n y han ahondado en otros v?nculos regionales. En algunos pa?ses, como Brasil, Argentina, Chile o Per?, China ha sustituido a Estados Unidos como principal socio comercial. La mayor parte de los pa?ses ya no busca la ?ayuda? estadounidense para estimular el crecimiento, sino que trata de forjar iniciativas conjuntas con empresas multinacionales, a menudo radicadas fuera de Norteam?rica. Washington ha recurrido cada vez m?s a la opci?n militar hasta el punto de que retorcer el brazo econ?mico de los pa?ses ha dejado de ser una herramienta efectiva para garantizar la obediencia. Washington ha sido incapaz de reconstruir sus instrumentos de palanca econ?mica internacionales hasta el extremo de que la ?lite financiera estadounidense ha vaciado al sector industrial del pa?s.

Los fracasos diplom?ticos estrepitosos derivados de su incapacidad para adaptarse a las transformaciones fundamentales del poder global tambi?n han impulsado a Washington a abandonar las negociaciones pol?ticas y comprometerse con la intervenci?n y la confrontaci?n militares. Los legisladores estadounidenses todav?a viven congelados en las d?cadas de 1980 y 1990, la ?poca de apogeo de gobernantes clientes y saqueo econ?mico, cuando Washington recib?a respaldo mundial, privatizaba empresas, explotaba la financiaci?n de la deuda p?blica y apenas encontraba obst?culos en el mercado internacional. A finales de la d?cada de 1990, el auge del capitalismo asi?tico, las revueltas masivas contra el neoliberalismo, el ascenso de reg?menes de centro-izquierda en Am?rica Latina, las reiteradas crisis econ?micas, las grandes ca?das de los mercados de valores de Estados Unidos y la Uni?n Europea y el aumento de los precios de las mercanc?as desemboc? en una reordenaci?n del poder global. Los esfuerzos de Washington por desarrollar pol?ticas en sinton?a con las d?cadas anteriores entraban en conflicto con la nueva realidad de la diversificaci?n de los mercados, las potencias emergentes y los reg?menes pol?ticos relativamente independientes vinculados a nuevas masas de electores.

Las propuestas diplom?ticas de Washington de aislar a Cuba y a Venezuela fueron rechazadas por todos los pa?ses latinoamericanos. Se rechaz? la tentativa de reactivar acuerdos de libre comercio que privilegiaran a los exportadores estadounidenses y protegieran a su productores no competitivos. El r?gimen de Obama, decidido a no reconocer los l?mites del poder diplom?tico imperial ni a moderar sus propuestas, recurri? cada vez m?s a la opci?n militar.

La lucha de Washington por reafirmar el poder imperial a trav?s de una pol?tica intervencionista no ha dado muchos mejores resultados que sus iniciativas diplom?ticas. Los golpes de Estado respaldados por Estados Unidos en Venezuela (2002) y Bolivia (2008) fueron derrotados por la movilizaci?n popular masiva y la lealtad del Ej?rcito a los reg?menes vigentes. Asimismo, en Argentina, Ecuador y Brasil, los reg?menes post-neoliberales respaldados por las ?lites industriales, mineras y del sector agr?cola exportador y por las clases populares lograron hacer retroceder a las ?lites pro-estadounidenses neoliberales arraigadas en la pol?tica de la d?cada de 1990 y anteriores. La pol?tica de desestabilizaci?n no consigui? desplazar la construcci?n de pol?ticas exteriores relativamente independientes de esos nuevos gobiernos, que se negaron a regresar al viejo orden de la supremac?a estadounidense.

Donde Washington ha recuperado terreno pol?tico con la elecci?n de reg?menes pol?ticos derechistas, lo ha conseguido gracias a su capacidad de aprovecharse del ?desgaste? de la pol?tica de centro-izquierda (Chile), el fraude pol?tico y la militarizaci?n (Honduras y M?xico), la decadencia de la izquierda popular nacional (Costa Rica, Panam? y Per?) y la consolidaci?n de un Estado policial enormemente militarizado (Colombia). Estas victorias electorales, sobre todo en Colombia, han convencido a Washington de que la alternativa militar, unida a la intervenci?n y la explotaci?n profundas de los procesos electorales abiertos, es el modo de frenar el giro a la izquierda en Am?rica Latina; sobre todo en Venezuela.

La pol?tica estadounidense hacia Venezuela: Aunar t?cticas militares y electorales

Los esfuerzos de Estados Unidos para derrocar al gobierno democr?tico del Presidente Ch?vez adoptan muchas de las t?cticas ya aplicadas contra adversarios democr?ticos anteriores. Entre ellas se encuentran las incursiones en las fronteras de fuerzas militares y paramilitares colombianas semejantes a los ataques transfronterizos de la ?contra? financiada por Estados Unidos para debilitar al gobierno sandinista de Nicaragua en la d?cada de 1980. La tentativa de cercar y aislar a Venezuela se asemeja a la pol?tica llevada a cabo por Washington en la segunda mitad del siglo pasado contra Cuba. La canalizaci?n de fondos hacia grupos, partidos pol?ticos, medios de comunicaci?n y ONG opositores a trav?s de agencias estadounidenses y fundaciones ?ficticias? es una reedici?n de la t?ctica empleada para desestabilizar al gobierno democr?tico de Salvador Allende en Chile entre los a?os 1970-1973, al de Evo Morales en Bolivia entre los a?os 2007-2010 y a muchos otros gobiernos de la regi?n.

La pol?tica de Washington de acometer m?ltiples v?as est? orientada hacia una escalada de la guerra de nervios a base de intensificar incesantemente las amenazas para la seguridad. Las provocaciones militares, en parte, son una ?prueba? de los dispositivos de seguridad de Venezuela concebida para sondear los puntos d?biles de su defensa terrestre, a?rea y mar?tima. Este tipo de provocaciones tambi?n forma parte de una estrategia de desgaste, cuyo objetivo es obligar al gobierno de Ch?vez a poner a sus tropas defensivas en ?alerta? y movilizar a la poblaci?n para, a continuaci?n, reducir provisionalmente la presi?n hasta el pr?ximo acto de provocaci?n. La intenci?n es desautorizar las alusiones constantes del gobierno venezolano a las amenazas con el fin de debilitar la vigilancia y, cuando lo permitan las circunstancias, asestar el golpe oportuno.

La acumulaci?n militar de Washington en el exterior est? concebida para intimidar a los pa?ses del Caribe y Am?rica Central que pudieran tratar de establecer relaciones econ?micas m?s estrechas con Venezuela. La demostraci?n de fuerza tambi?n est? concebida para fomentar la oposici?n interna a las acciones m?s agresivas. Al mismo tiempo, la actitud de confrontaci?n se dirige contra los sectores ?d?biles? o ?moderados? del gobierno chavista que est?n ansiosos e impacientes por la ?reconciliaci?n?, aun pagando el precio de realizar concesiones sin escr?pulos a la oposici?n y al nuevo r?gimen colombiano del Presidente Santos. La presencia militar creciente est? concebida para ralentizar el proceso de radicalizaci?n interna y para evitar el fortalecimiento de los lazos cada vez m?s estrechos de Venezuela con Oriente Pr?ximo y otros reg?menes contrarios a la hegemon?a estadounidense. Washington est? apostando a que una escalada militar y una guerra psicol?gica que vincule a Venezuela con movimientos insurgentes revolucionarios como la guerrilla colombiana desembocar?n en el distanciamiento de los aliados y amigos latinoamericanos de Ch?vez con su r?gimen. Igualmente importantes son las acusaciones sin fundamento vertidas por Washington seg?n las cuales Venezuela alberga campamentos guerrilleros de las FARC, cuya intenci?n es presionar a Ch?vez para que reduzca el apoyo que presta a todos los movimientos sociales de la regi?n, incluido el de los campesinos sin tierra de Brasil, as? como las organizaciones no violentas de derechos humanos y los sindicatos de Colombia. Washington busca la ?polarizaci?n? pol?tica: Estados Unidos o Ch?vez. Rechaza la polarizaci?n pol?tica existente hoy d?a que enfrenta a Washington con el MERCOSUR, la organizaci?n para la integraci?n econ?mica en la que junto a Venezuela participan Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, en sinton?a con los pertenecientes a ALBA (una estructura de integraci?n econ?mica en la que participan Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y algunos otros Estados caribe?os).

El factor FARC

Obama y el actual ex Presidente Uribe han acusado a Venezuela de brindar un santuario para las guerrillas colombianas (las FARC y el ELN). En realidad, se trata de una argucia para presionar al Presidente Ch?vez para que denuncie o, como m?nimo, reclame que las FARC abandonen la lucha armada con las condiciones impuestas por los reg?menes estadounidense y colombiano.

Contrariamente a los alardes del Presidente Uribe y el Departamento de Estado estadounidense, seg?n los cuales las FARC son un residuo decadente, aislado y vencido del pasado como consecuencia de otras campa?as contrainsurgentes victoriosas, un estudio de campo minucioso realizado por un investigador colombiano, La guerra contra las FARC y la guerra de las FARC, demuestra que en los dos ?ltimos a?os la guerrilla han consolidado su influencia en m?s de un tercio del pa?s, y que el r?gimen de Bogot? controla solo la mitad del pa?s. Despu?s de sufrir derrotas importantes en 2008, las FARC y el ELN han avanzado de forma sostenida durante los a?os 2009 y 2010 causando m?s de 1.300 bajas militares el a?o pasado y, seguramente, casi el doble este a?o (La Jornada, 8 de junio de 2010). El resurgir y el avance de las FARC revisten una importancia fundamental en lo que se refiere a la campa?a militar de Washington contra Venezuela. Tambi?n reflejan la posici?n de su ?aliado estrat?gico?: el r?gimen de Santos. En primer lugar, demuestran que, pese a los m?s de 6.000 millones de d?lares de ayuda militar estadounidense a Colombia, su campa?a contra la insurgencia para ?exterminar? a las FARC ha fracasado. En segundo lugar, la ofensiva de las FARC abre un ?segundo frente? en Colombia, lo que debilita toda tentativa de emprender la invasi?n de Venezuela utilizando Colombia como ?trampol?n?. En tercer lugar, ante una lucha de clases interna cada vez m?s intensa, es probable que el nuevo Presidente Santos trate de aliviar las tensiones con Venezuela con la esperanza de reubicar tropas destacadas en la frontera con su vecino para destinarlas a la lucha con la creciente insurgencia guerrillera. En cierto sentido, a pesar de los recelos de Ch?vez contra la guerrillas y los llamamientos expresos para poner fin a la lucha guerrillera, el resurgir de los movimientos armados seguramente es un factor fundamental para debilitar las perspectivas de una intervenci?n encabezada por Estados Unidos.

Conclusi?n

La pol?tica de m?ltiples v?as de Washington encaminada a desestabilizar al gobierno venezolano ha sido contraproducente en general, ha sufrido fracasos importantes y cosechado pocos ?xitos.

La l?nea dura contra Venezuela no ha conseguido ?recabar? ning?n apoyo en los principales pa?ses de Am?rica Latina, con la excepci?n de Colombia. Ha aislado a Washington, no a Caracas. Las amenazas militares quiz? hayan radicalizado las medidas socioecon?micas adoptadas por Ch?vez, no las han moderado. Las amenazas y acusaciones procedentes de Colombia han fortalecido la cohesi?n interna en Venezuela, excepto en el n?cleo duro de los grupos de oposici?n. Tambi?n han llevado a Venezuela a mejorar sus servicios de inteligencia, polic?a y operaciones militares. Las provocaciones de Colombia han supuesto una ruptura de relaciones y un descenso del 80 por ciento del comercio transfronterizo multimillonario, dejando en la quiebra a infinidad de empresas colombianas, a las que Venezuela sustituye con importaciones agrarias e industriales procedentes de Brasil y Argentina. Los efectos de las medidas para intensificar la tensi?n y la ?guerra de desgaste? son dif?ciles de ponderar, sobre todo en t?rminos del impacto que hayan podido causar sobre las pr?ximas elecciones legislativas del 26 de septiembre de 2010, de crucial importancia. Sin duda, el fracaso de Venezuela a la hora de regular y controlar la afluencia multimillonaria de fondos estadounidenses hacia sus socios venezolanos en el interior han causado un impacto importante en su capacidad organizativa. No cabe duda de que el empeoramiento de la econom?a se ha dejado sentir en la restricci?n de gasto p?blico para nuevos programas sociales. Asimismo, la incompetencia y la corrupci?n de varios altos cargos chavistas, sobre todo en el ?mbito de la distribuci?n p?blica de alimentos, en la vivienda y en la seguridad, tendr?n consecuencias electorales.

Es probable que estos factores ?internos? influyan mucho m?s a la hora de dar forma a la distribuci?n del voto en Venezuela que la pol?tica de confrontaci?n agresiva adoptada por Washington. Sin embargo, si la oposici?n pro-estadounidense aumenta de forma sustancial su presencia legislativa en las elecciones del 26 de septiembre (hasta superar un tercio de los miembros del Congreso), tratar? de bloquear los cambios sociales y las pol?ticas de est?mulo econ?mico. Estados Unidos redoblar? sus esfuerzos para presionar a Venezuela con el fin de que desv?e recursos hacia asuntos de seguridad con el fin de mermar los gastos socioecon?micos que sustentan el apoyo del 60 por ciento m?s pobre de la poblaci?n venezolana.

Hasta el momento, la pol?tica de la Casa Blanca basada en una mayor militarizaci?n y pr?cticamente ninguna iniciativa econ?mica novedosa ha sido un fracaso. Ha animado a los pa?ses latinoamericanos m?s extensos a acrecentar su integraci?n econ?mica, como atestiguan los nuevos acuerdos aduaneros y arancelarios adoptados en la reuni?n de MERCOSUR de principios de agosto de este a?o. No ha supuesto la disminuci?n de las hostilidades entre Estados Unidos y los pa?ses de ALBA. No ha aumentado la influencia de Estados Unidos. En cambio, Am?rica Latina ha avanzado en la consolidaci?n de una organizaci?n pol?tica regional nueva, UNASUR (que excluye a Estados Unidos), bajando de categor?a a la Organizaci?n de Estados Americanos, a la que Estados Unidos emplea para impulsar sus planes. Las ?nicas luces que brillan a lo lejos, por iron?as del destino, proceden de los procesos electorales internos. El candidato derechista Jos? Serra est? realizando una carrera firme para las pr?ximas elecciones presidenciales brasile?as. En Argentina, Paraguay y Bolivia, la derecha pro-estadounidense se est? reagrupando con la esperanza de regresar al poder.

Lo que Washington no logra comprender es que en todo el espectro pol?tico que comprende desde la izquierda hasta el centro-derecha, a los dirigentes pol?ticos les espanta el impulso y el fomento estadounidense de la alternativa militar, y se oponen a que constituya el elemento central de la pol?tica. Pr?cticamente todos los l?deres pol?ticos tienen recuerdos desagradables del exilio y la persecuci?n del ciclo anterior de reg?menes militares respaldados por Estados Unidos. El autoproclamado alcance territorial del Ej?rcito estadounidense, que opera desde sus siete bases en Colombia, ha ensanchado la brecha existente entre los reg?menes democr?ticos centristas y de centro izquierda y la Casa Blanca de Obama. En otras palabras: Am?rica Latina percibe la agresi?n militar estadounidense hacia Venezuela como un ?primer paso? en direcci?n sur para llegar tambi?n a sus pa?ses. Junto al impulso hacia una mayor independencia pol?tica y la diversificaci?n de los mercados, eso ha debilitado las tentativas diplom?ticas y pol?ticas de Washington de aislar a Venezuela.

El nuevo Presidente Santos de Colombia, hecho con el mismo molde derechista de su predecesor ?lvaro Uribe, se enfrenta a un dilema espinoso: continuar siendo un instrumento de confrontaci?n militar y desestabilizaci?n estadounidense de Venezuela a costa de varios miles de millones de d?lares en p?rdidas comerciales y aislamiento del resto de Am?rica Latina, o aliviar las tensiones e incursiones fronterizas desembaraz?ndose de la ret?rica de la provocaci?n y normalizando las relaciones con Venezuela. Si sucede esto ?ltimo, Estados Unidos perder? la ?ltima herramienta de su estrategia exterior de alimentar las ?tensiones? y la guerra psicol?gica. A Washington le quedar?n dos opciones: una intervenci?n militar directa y unilateral o financiar una guerra pol?tica a trav?s de sus colaboradores en el interior del pa?s.

Mientras tanto, el Presidente Ch?vez y sus partidarios har?an bien en concentrarse en sacar a la econom?a de la recesi?n, aplacar la corrupci?n del Estado y la ineficacia monumental y capacitar a los consejos comunitarios y fabriles para que desempe?en un papel m?s relevante en todos los aspectos, desde el incremento de la productividad hasta la seguridad p?blica. En ?ltima instancia, la seguridad de Venezuela a largo plazo frente a los tent?culos largos y penetrantes del imperio estadounidense depende de la fuerza de la organizaci?n de las agrupaciones de masas que sustentan el gobierno de Ch?vez.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Env?a esta noticia
Compartir esta noticia: delicious?digg?meneametwitter


Tags: imperio contraataca, elecciones, Venezuela, guerra psicológica, Mercosur, seguridad, población

Comentarios
Discurso Impecable de Fidel Castro y ¿Por qué MoReNa? @Taibo2 Paco Ignacio Taibo II

Pirámide capitalista
Pirámide capitalista. actualizada