Domingo, 22 de agosto de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 22-08-2010

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Johnpilger.com


Cuando fui por primera vez a Hiroshima en 1967, a?n estaba all? la sombra sobre los escalones. Era una impresi?n casi perfecta de un ser humano relajado: piernas separadas, espalda inclinada, una mano en el costado mientras esperaba sentada a que abriera el banco. A las ocho y cuarto de la ma?ana del 6 de Agosto, su silueta y ella fueron lanzadas ardiendo contra el granito. Estuve mirando la sombra fijamente durante una hora o m?s, luego baj? andando hacia el r?o y conoc? a un hombre llamado Yukio, en cuyo pecho todav?a estaba grabado el dibujo de la camisa que llevaba cuando se lanz? la bomba at?mica.

?l y su familia todav?a viv?an en una casucha construida r?pido y mal entre el polvo de un desierto at?mico. En su descripci?n hablaba de un rel?mpago enorme cayendo sobre la ciudad, ?una luz azulada, algo as? como un cortocircuito?, tras el cual el viento sopl? como un tornado y cay? una lluvia negra. "Fui lanzado al suelo y observ? que s?lo quedaban los tallos de mis flores. Todo estaba quieto y en silencio, y cuando me levant?, hab?a gente desnuda sin articular palabra. Algunos de ellos hab?an perdido la piel o el pelo. Supe con certeza que estaba muerto?. Nueve a?os despu?s, cuando volv? a buscarle, hab?a muerto de leucemia.

En el periodo que sigui? al lanzamiento de la bomba, las autoridades de ocupaci?n aliadas prohibieron toda menci?n del envenenamiento por radiaci?n e insistieron en que las muertes o heridas fueron consecuencia s?lo del estallido de la bomba. ?sta fue la primera gran mentira. ?No hay radiactividad en la destruida Hiroshima? dec?a la portada del New York Times, un cl?sico de la desinformaci?n y la abdicaci?n de los medios, que el periodista australiano Wilfred Burchett incluy? como primicia del siglo. ? Escribo esto como advertencia a todo el mundo?, informaba Burchett en el Daily Express, despu?s de llegar a Hiroshima tras un viaje peligroso. Fue el primer corresponsal que se atrevi?. Describi? salas de hospital llenas de gente sin heridas visibles, pero que estaba muriendo, de lo que ?l llam? ?una epidemia at?mica?. Por contar esta verdad, le retiraron su acreditaci?n de prensa, fue expuesto p?blicamente y difamado ? y justificado.

El uso de la bomba at?mica en Hiroshima y Nagasaki fue un acto criminal de dimensiones ?picas. Fue un asesinato masivo premeditado que dio rienda suelta a un arma de criminalidad intr?nseca. Por esa raz?n sus defensores han buscado refugio en la mitolog?a de la reciente ?guerra buena?, cuyo ?ba?o (de sangre) ?tico?, como Richard Drayton lo calific?, ha permitido a Occidente no s?lo expiar su sangriento pasado imperialista, sino poner en marcha 60 a?os de guerra voraz, siempre bajo la sombra de La bomba at?mica.

La mentira m?s perdurable es la de que la bomba at?mica se lanz? para acabar con la guerra en el Pac?fico y salvar vidas. ?Incluso sin los ataques de la bomba at?mica?, conclu?a el informe estadounidense sobre armas nucleares de 1946, ?la supremac?a a?rea sobre Jap?n pod?a haber ejercido la suficiente presi?n para provocar una rendici?n incondicional y obviar la necesidad de una invasi?n. Bas?ndose en una investigaci?n detallada de todos los hechos, y respaldados por el testimonio de l?deres japoneses supervivientes, el informe defiende que? Jap?n se habr?a rendido aunque las bombas at?micas no se hubieran lanzado, aunque Rusia no hubiera entrado en la guerra y aunque no se hubiera planificado o contemplado invasi?n alguna?

Ya en 1943 los archivos nacionales de Washington contienen documentos del gobierno estadounidense que recogen propuestas de paz japonesas. No se abord? ninguna. Un cable enviado el 5 de Mayo de 1945 por el embajador alem?n en Tokio e interceptado por EEUU despeja cualquier duda sobre el hecho de que los japoneses estuvieran desesperados por pedir la paz, incluso ?la capitulaci?n, aunque los t?rminos de la misma fueran duros?. En cambio, el secretario de guerra estadounidense, Henry Stimson, dijo al presidente Truman que tem?a que la fuerza a?rea estadounidense arrasara de tal manera Jap?n que esta nueva arma no pudiera ?mostrar su potencia?. Despu?s admiti? que ?no se hizo ning?n esfuerzo ni se consider? seriamente conseguir la rendici?n de los japoneses por el mero hecho de no tener que usar la bomba?. Sus compa?eros en pol?tica exterior estaban ansiosos ?por intimidar a los rusos con la bomba que tan ostentosamente llev?bamos en las caderas?. El General Leslie Groves, director del proyecto Manhattan que fabric? la bomba, testific?: ? Nunca tuve la impresi?n de que Rusia fuera nuestro enemigo, ni de que el proyecto se basara en esas premisas?. El d?a que Hiroshima fue arrasada, el presidente Truman expres? su satisfacci?n calificando el ?experimento? como ??xito abrumador?.

Desde 1945 se cree que EEUU ha estado a punto de usar armas nucleares al menos en tres ocasiones. Haciendo su falsa ?guerra contra el terror?, los gobiernos actuales de Washington y Londres han declarado que est?n preparados para realizar ataques nucleares ?preventivos? contra Estados no nucleares. A medida que suenan las campanadas de medianoche de un Armaged?n nuclear, las mentiras para justificar posibles ataques se vuelven m?s escandalosas. La ?amenaza? actual es Ir?n. Sin embargo, Ir?n no dispone de armas nucleares y la informaci?n err?nea sobre su arsenal nuclear en proyecto procede en buena parte de un grupo de oposici?n iran? desacreditado financiado por la CIA, el MEK -al igual que las mentiras sobre las armas de destrucci?n masiva de Sadam Hussein procedentes del Congreso nacional iraqu?, erigidas por Washington.

El papel desempe?ado por el periodismo occidental en erigir a este hombre de paja es crucial. Que la estimaci?n de la Inteligencia de Defensa de EEUU dice ?con gran confianza? que Ir?n abandon? su programa de armas nucleares en el 2003, eso se ha colocado en un lugar olvidado de la memoria. Que el presidente de Ir?n Mahmoud Ahmadinejad no ha amenazado nunca con ?borrar a Israel del mapa? tampoco es de inter?s.

Esta sucesi?n de mentiras nos ha reportado una de las crisis nucleares m?s peligrosas desde 1945, porque la amenaza real no se menciona en los c?rculos del sistema occidental ni en los medios. Hay s?lo una potencia nuclear desenfrenada en Oriente Medio, y es Israel. El heroico Mordechai Vanunu intent? advertir al mundo en 1986 cuando obtuvo en secreto pruebas de que Israel estaba construyendo nada menos que 200 cabezas nucleares. Desafiando las resoluciones de las Naciones Unidas, Israel est? claramente impaciente por atacar Ir?n, con el temor de que una nueva administraci?n estadounidense pudiera llevar a cabo aut?nticas negociaciones con una naci?n que Occidente lleva profanando desde que Gran Breta?a y Am?rica derrocaron la democracia iran? en 1953.

En el New York Times del 18 de Julio, el historiador israel? Benny Morris, una vez considerado liberal y ahora un asesor del sistema pol?tico y militar de su pa?s, amenaz? con ?un Ir?n convertido en un desierto nuclear?. Esto ser?a una masacre. Para un jud?o, resulta escandalosamente ir?nico.

Y nos debemos preguntar: ?vamos a convertirnos en meros testigos, argumentando, como hicieron los buenos alemanes, que ?no ten?amos conocimiento?? ? Nos escondemos cada vez m?s detr?s de lo que Richard Falk ha denominado ?una pantalla legal/ moral, en un s?lo sentido, con pretensiones de superioridad moral [con] im?genes positivas de los valores occidentales donde la inocencia se representa amenazada, dando validez a una campa?a de violencia incontrolada?? Capturar criminales de guerra vuelve a estar de moda. Radovan Karadzic est? en el banquillo de los acusados, pero Sharon y Olmert, Bush y Blair no. ?Por qu? no? La memoria de Hiroshima necesita una respuesta.

Traducido por Rosa Moya para la Agenda Roja

Fuente: http://www.johnpilger.com/page.asp?partid=499

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Tags: Hiroshima, bomba atómica, espalda, radioactividad, prensa, epidemia, leucemia

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