Domingo, 22 de agosto de 2010
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Fuentes primarias y citas del propio Trotsky
Manuel M. Navarrete | Para Kaos en la Red | 27-7-2010 a las 18:04 | 3439 lecturas | 127 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/leon-trotsky-primer-estalinista

Introducci?n?

Hace unos meses, publiqu? un art?culo titulado Trotsky no existe. Dicho art?culo efectuaba una cr?tica a lo que considero izquierda dogm?tica y anquilosada, apostando por un marxismo abierto y actualizado, que supere sus errores hist?ricos. Existe, sin embargo, una mala costumbre entre nuestros lectores: la de leer s?lo el t?tulo de los art?culos e inventarse, sin m?s, el contenido. Un ?nico p?rrafo llam? la atenci?n del p?blico: aquel en el que someto a cr?tica la figura de Le?n Trotsky. ?

La tesis, sin embargo, era bien sencilla: ni Trotsky ni Stalin existieron jam?s, al menos en las versiones ic?nicas que sus respectivos partidarios nos han legado. Ni Stalin fue el glorioso padre de los pueblos, ni Trotsky fue un activista antiburocr?tico y antirrepresi?n, como puede comprobarse recurriendo a toda la historiograf?a solvente sobre el periodo.?

Como cab?a esperar, llovieron las cr?ticas contra mi persona, calificada, claro est?, de ?estalinista camuflado?. La compa?era Neus P?rez-Vico, a quien debo dar las gracias por su brillante art?culo (El Frente Popular de Judea), sali? en mi defensa, argumentando que mis detractores no demostraban excesiva comprensi?n lectora... Tras leer un art?culo que criticaba a Trotsky precisamente por parecerse m?s a Stalin de lo que a muchos les gustar?a admitir, acabaron concluyendo que dicho art?culo era... una defensa de Stalin. ?

Sin embargo, debo dar las gracias tambi?n a estos detractores, porque sus airadas respuestas no hicieron otra cosa que darme la raz?n. A nadie molestaron mis cr?ticas a Marx, Engels o Lenin... sino s?lo mis cr?ticas a Trotsky, al que dan culto y perciben, por tanto, como infalible. Es m?s, para ellos, criticar a Trotsky ha de significar necesariamente defender a Stalin, porque proponen una visi?n grotesca y pueril del marxismo, como un eje en el cual hubiera dos extremos (Trotsky y Stalin) y en el que, obligatoriamente, cuanto m?s te alejes de uno, m?s te acercas al otro.?

Somos muchos los que pensamos que el marxismo es otra cosa. Por ello, he decidido continuar este debate, siempre sobre la base del respeto que impone el hecho de que somos compa?eros y de que, en estos momentos, diversas organizaciones de la izquierda extraparlamentaria tienen sobre la mesa de debate el proyecto de un Frente de Izquierdas en el que, m?s all? de las diversas procedencias o matices program?ticos, podamos confluir todos, en base a una breve serie de objetivos fundamentales.?
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?Qu? es el estalinismo??

El militante medio definir?a? ?estalinismo? aproximadamente en funci?n de los siguientes rasgos:?

  1. La represi?n.
  2. La calumnia contra el enemigo pol?tico para justificarse.
  3. La militarizaci?n de la sociedad y la supresi?n de la libertad sindical.
  4. La burocracia dictatorial del partido ?nico.
  5. La ausencia de control obrero y popular sobre la producci?n.
  6. El f?rreo dogmatismo ideol?gico.
  7. El culto a la persona y la deriva final hacia el reformismo.
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El prop?sito de este art?culo es demostrar que podemos afirmar, de la manera m?s exacta, que si ?estalinismo? es eso, Trotsky fue un estalinista, o, para ser m?s precisos, el primer estalinista. ?

Por mucho que a algunos pueda sorprenderle, el problema, tal y como ha sido planteado hasta ahora, se reduce a una burda tautolog?a. La escenificaci?n de una supuesta disputa te?rica entre quienes se disputaban el liderazgo tras la muerte de Lenin no resiste un an?lisis cr?tico digno de tal nombre. Dada la derrota de la revoluci?n alemana, la ?revoluci?n mundial? y el ?socialismo en un solo pa?s? no constitu?an dos opciones entre las que hubiera que elegir, cosa que ambos sab?an. El resto fue un vano intento de buscar profundas diferencias pol?ticas donde no hab?a otra cosa que despecho. Tras perder este combate por el poder, a Trotsky empez? a parecerle reprobable todo aquello que ?l mismo, junto a otros, hab?a construido; y de pronto, otros no pod?an hacer lo que, a?os antes, ?l mismo hab?a hecho.?

Ve?moslo.?
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La represi?n?

En su art?culo (Trotsky molesta) Pepe Guti?rrez me insta a citar fuentes y emplear las obras de ?toda una legi?n de historiadores?, de los que cita determinados ejemplos. En primer lugar, tal vez debiera Guti?rrez plantearse la posibilidad de que exista cierta falta de respeto intelectual en la pretensi?n imponerle a su contertulio las fuentes que debe emplear. Mi art?culo ya contaba con sus propias fuentes bibiogr?ficas (P?rez-Vico constata que, s?lo en los pasajes entrecomillados, empleo 25 fuentes directas). ?

Por otro lado, algunos de los imparciales historiadores que cita no son, en realidad, historiadores sino militantes trotskistas, como Deutscher y Mandel. Pero, sobre todo, me llama la atenci?n que mencione a E.H. Carr. Lo que Pepe Guti?rrez no sabe (aunque otros lectores m?s avispados s? se percataron de ello) es que Carr era precisamente una de las principales fuentes de mi Trotsky no existe.?

De modo que aceptar? su envite y emplear?, precisamente, al historiador que ?l ha querido imponer para este debate. Tengo sobre la mesa varios de los seis tomos de la Historia de la Rusia Sovi?tica de E.H. Carr. En el Tomo 1 (La conquista y organizaci?n del poder) de la serie La revoluci?n bolchevique (1917-1923), p?gina 175, vemos que, tras la ilegalizaci?n del partido kadete, el VtsIK (Comit? Ejecutivo Central de Todas las Rusias) protesta a Trotsky por las detenciones y registros arbitrariamente realizados. La respuesta de ?ste es, como poco, siniestra: ?Protest?is contra el blando y d?bil terror que estamos aplicando contra nuestros enemigos de clase, pero hab?is de saber que, antes de que transcurra el mes, el terror asumir? formas muy violentas siguiendo el ejemplo de los grandes revolucionarios franceses. La guillotina estar? lista para nuestros enemigos, no ya simplemente la prisi?n?. Una semana despu?s de este discurso nace la Cheka. En la p?gina 174, por su parte, podemos ver a Trotsky amenazando de manera feroz: ?Retenemos prisioneros a los kadetes como rehenes. Si nuestros hombres caen en las manos del enemigo, sepa ?ste que por cada obrero y cada soldado exigimos cinco kadetes?.?

El propio Trotsky, de su propia mano, nos dice en la p?gina 75 de Terrorismo y comunismo (1920): ?Una guerra victoriosa, en general, no extermina m?s que a una ?nfima parte del ej?rcito vencido, pero desmoraliza a las restantes y quebranta su voluntad. La revoluci?n act?a del mismo modo: mata a unas cuantas personas, aterra a miles. En este sentido el terror rojo no se diferencia, en principio, de la insurrecci?n armada, de la que tan s?lo es continuaci?n. (...) Nuestras comisiones extraordinarias fusilan a los grandes propietarios, a los capitalistas, a los generales que intentan restaurar el r?gimen capitalista. ?Percib?s ese... matiz? ?S?? Para nosotros, los comunistas, es suficiente?.?

Tambi?n en Terrorismo y comunismo, afirma Trotsky: ?Con todo, el socialismo, en su proceso, atraviesa una fase de la m?s alta estatizaci?n. Precisamente en ese periodo nos encontramos nosotros. As? como la l?mpara, antes de extinguirse, brilla con una luz m?s viva, el Estado, antes de desaparecer, reviste la forma de dictadura del proletariado; es decir, del m?s despiadado gobierno, de un gobierno que abraza imperiosamente la vida de todos los ciudadanos?.?

Presentar un an?lisis del periodo en el que Stalin sea el inaugurador de la represi?n en la URSS es, sencillamente, falsear por completo la historia sovi?tica. Recordemos el ?Telegrama a los comunistas de Ponza? de Lenin, el 11 de agosto de 1918: ?1) Deben ahorcar (ahorcar sin falta, de modo que el pueblo lo vea) por lo menos 100 kulaks notorios, los ricos, y los chupasangres. 2) Publiquen sus nombres. 3) Qu?tenles todo su grano. 4) Ejecuten a los rehenes - de acuerdo con el telegrama de ayer. Esto necesita ser llevado acabo de tal manera que la gente por centenares de millas alrededor ver?, temblar?, sabr? y gritar?: ahorquemos y estrangulemos esos kulaks chupasangres. Telegraf?enos reconociendo recibo y ejecuci?n de esto. Suyo, Lenin. P.D. Utilizen a su gente m?s dura para esto?. ?

Lenin y Stalin no dudaban en emplear la fuerza. Trotsky tampoco. Pero ?s?lo contra los enemigos de la guerra civil? Charles Bettleheim, en La lucha de clases en la URSS. Primer periodo, 1917-1923 (p?g. 353), nos trascribe la declaraci?n de Trotsky en el IX Congreso del partido (29 de marzo-5 de abril de 1920): ?Hay que decir a los obreros el lugar que deben ocupar, desplaz?ndolos y dirigi?ndolos como si fuesen soldados. La obligaci?n de trabajar alcanza su m?s alto grado de intensidad durante la transici?n del capitalismo al socialismo. Los desertores del trabajo deber?n ser incorporados a batallones disciplinados enviados a campos de concentraci?n?. ?

Figura en las propias actas del IX Congreso: Trotsky, el ?enemigo de la represi?n?, propon?a (incluso en tiempos de paz) enviar a campos de concentraci?n a aquellos obreros que no trabajaran en la ubicaci?n exacta que les ordenara el Estado. ?A qui?n le sorprende? ?Es que no recordamos Kronstadt en marzo de 1921? Trotsky dirigiendo a 50.000 soldados del Ej?rcito Rojo que reprimen a sangre y fuego a estos obreros (h?roes de la revoluci?n de 1917), que se encontraban amotinados en defensa de reivindicaciones como la libertad de expresi?n para los diferentes partidos socialistas y anarquistas ilegalizados por el Estado, libertades sindicales y libertad de expresi?n, entre otras cosas.?

La calumnia contra el enemigo pol?tico para justificarse?

Como sabemos, entre los a?os 1936 y 1938 Stalin juzg? y conden? a buena parte de la burocracia del partido en sus famosos Procesos de Mosc?, acus?ndolos de las m?s diversas calumnias.?

Pepe Guti?rrez, en su hagiograf?a (quise decir biograf?a) Conocer Trotsky y su obra (p?gs. 76 y 77) justifica la represi?n a Kronstadt en 1921, bajo argumentos como ?Hay que considerar las necesidades de la revoluci?n en peligro?, ?lo indiscutible es que la ?nica alternativa a su dominaci?n [de los bolcheviques] era pura y simplemente la restauraci?n zarista? o ?los bolcheviques (?) estaban convencidos de que (?) no se pod?a entender m?s que como una adaptaci?n de lo que los blancos bland?an?. ?

As?, Guti?rrez termina aceptando (si bien de un modo algo ambiguo) lo que tanto Lenin como Trotsky, ni cortos ni perezosos, declararon entonces: que los marinos de Kronstadt eran aliados de los blancos. Pero esa acusaci?n ya ha sido completamente refutada por la historiograf?a. La cuesti?n no es si era o no ?necesario? reprimirlos, sino si era o no necesario mentir adem?s sobre ellos. De modo que, si Trotsky, como defendemos, es el primer estalinista, su posici?n calumniadora con respecto a Kronstadt es el primer Proceso de Mosc?. ?

Por otro lado, el ?Hay que considerar las necesidades de la revoluci?n en peligro? de Guti?rrez me recuerda al argumento empleado por otro de mis detractores (Ronald Le?n, quien en su ?Qu? nos divide? defiende la divisi?n entre trotskistas y estalinistas y la imposibilidad de un frente ?nico de todos los comunistas): ?los dirigentes bolcheviques se vieron obligados a colocar su defensa como primera cuesti?n. Este fue el contexto, ineludible de enmarcar, de las medidas autoritarias o burocr?ticas que Navarrete se?ala a Trotsky, Lenin y a la direcci?n bolchevique?. La prohibici?n de todos los partidos menos el bolchevique le resultan a Ronald Le?n ?una medida de guerra?, ya que, de permanecer los mencheviques o los anarquistas en la legalidad, habr?a acabado ?imponi?ndose ya no un r?gimen pol?tico con ciertas limitaciones circunstanciales a la democracia, sino un r?gimen de dictadura tipo fascista?. Curiosa percepci?n del resto de fuerzas pol?ticas, aunque siempre dentro de la l?gica autojustificatoria, apoyada en el argumento de la ?inevitabilidad de lo necesario?; una l?gica que cuenta con la dudosa ventaja de hacer innecesaria cualquier autocr?tica.?

P?rez-Vico contesta con una original f?rmula matem?tica: ?Si la circunstancia de guerra civil en Rusia justificaba todos los recortes democr?ticos que hicieron Lenin y Trotsky, ?la circunstancia de guerra civil espa?ola justificaba acciones an?logas??
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Podemos expresarlo incluso mediante una regla de tres:

Guerra civil rusa--------------------------Kronstadt

Guerra civil espa?ola-------------------- X

Si despejamos la ecuaci?n, el resultado ser?:?

X= mayo del 37?.?
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La militarizaci?n de la sociedad y la supresi?n de la libertad sindical?

En la p?gina 228 del Tomo 2 (El orden econ?mico, tambi?n en la serie La revoluci?n bolchevique 1917-1923) de E. H. Carr (Historia de la Rusia Sovi?tica), precisamente el historiador que Pepe Guti?rrez me suger?a emplear, leemos la siguiente cita de Trotsky: ?Reconocemos con ello fundamentalmente -no formalmente, sino fundamentalmente- el derecho del Estado de los obreros a enviar a todos los hombres y mujeres trabajadores al lugar donde son necesarios para el cumplimiento de las tareas econ?micas. Por tanto, reconocemos el derecho del Estado, el Estado de los obreros, a castigar al hombre o mujer trabajador que se niegue a cumplir sus ?rdenes, que no subordine su voluntad a la de la clase trabajadora y a sus tareas econ?micas. La militarizaci?n de la mano de obra es el m?todo indispensable y b?sico para la organizaci?n de nuestras fuerzas laborales?. ?

Trotsky propon?a esta f?rmula para el ?periodo de transici?n del capitalismo al socialismo?. En la p?gina 225 del mismo tomo, E.H. Carr reproduce esta otra frase de Le?n Trotsky: ?La militarizaci?n es impensable sin militarizar a los sindicatos como tales, sin el establecimiento de un r?gimen en el que cada obrero se sienta soldado del trabajo, que no pueda disponer por s? mismo libremente; si se le da la orden de trasladarse, debe cumplirla; si no la cumple, ser? un desertor a quien se castiga. ?Qui?n cuida de ello? El sindicato; ?l crea el nuevo r?gimen. Esto es la militarizaci?n de la clase obrera?. ?

Todo esto figura, como ya dijimos, en las actas del IX Congreso del partido bolchevique. Como podemos consultar en la p?gina 238 de Carr, la propuesta de Trotsky (tambi?n secundada por Bujarin) fue rechazada por 336 votos contra 50. Las Resoluciones del IX Congreso (que pueden consultarse en el tomo anexo a las Obras completas de Lenin), recogen que para la inmensa mayor?a del partido, contra lo que pensaba Trotsky, la coerci?n y la militarizaci?n s?lo pod?an justificarse por circunstancias de guerra, y de ning?n modo una vez superada ?sta ni como m?todo de construcci?n del socialismo.?

Como expone Charles Bettleheim (p?ginas 357-360), Lenin combati? las posiciones burocr?ticas de Trotsky en su folleto Los sindicatos, la situaci?n actual y los errores de Trotsky. Para Lenin, Trotsky no entiende la dial?ctica, ya que concibe el Estado sovi?tico de una forma falsamente abstracta, como si fuese la ?pura expresi?n? de la dictadura del proletariado. Lenin afirma que el Estado sovi?tico tiene una doble naturaleza: obrero en la medida en que lo dirige un partido revolucionario y burgu?s por muchos de sus rasgos: dependencia de los t?cnicos y especialistas burgueses, reminiscencias administrativas del pasado... Por tanto, para Lenin, a diferencia de lo que planteaba Trotsky, la lucha huelgu?stica puede estar justificada por la necesidad de combatir las deformaciones del nuevo Estado y las supervivencias del antiguo.?

Trotsky, en su libro Terrorismo y comunismo (1920), expone de nuevo su curiosa propuesta de organizaci?n de la URSS. En el cap?tulo VII (?Las cuestiones de organizaci?n del trabajo?, p?g. 155), leemos: ?El Estado proletario se considera con derecho a enviar a todo trabajador adonde su trabajo sea necesario. Y ning?n socialista serio negar? al gobierno obrero el derecho a castigar al trabajador que se obstine en no llevar a cabo la misi?n que se le encomiende (?) Sin trabajo obligatorio, sin derecho a dar ?rdenes y a exigir su cumplimiento, los sindicatos pierden su raz?n de ser, pues el Estado socialista en formaci?n los necesita, no para luchar por el mejoramiento de las condiciones de trabajo ?que es la obra de conjunto de la organizaci?n social gubernamental?, sino con el fin de organizar la clase obrera para la producci?n, con el fin de educarla, de disciplinarla, de distribuirla?. ?

Existe una idea com?nmente difundida, seg?n la cual, de haber ascendido Trotsky, en lugar de Stalin, al poder, la URSS habr?a sido un lugar mucho m?s habitable. Sin embargo, cualquiera que lea estas palabras tendr? que admitir que la propuesta de Trotsky no parec?a presagiarlo. No tenemos, por tanto, el menor motivo para pensar que la URSS hubiera sido mucho mejor, si excluimos el pensamiento desiderativo. ?

S?lo dos cuestiones me resta por plantear al respecto. La primera: algunos, como Roland Le?n, dir?n que muchas de las medidas extremas que se propusieron eran estrictamente necesarias, pero, ?era esta medida que propon?a Trotsky necesaria? ?Era necesario militarizar a la poblaci?n, subordinar los sindicatos al Estado y que ?ste decidiera a d?nde deb?a mandar a cada trabajador, so pena de ingresar en un campo de concentraci?n en caso de negarse a cumplir dicha orden?? La segunda cuesti?n es, ?por qu? Pepe Guti?rrez, en su biograf?a de Trotsky (cuyas imparciales fuentes son, b?sicamente, la autobiograf?a de Trotsky y la biograf?a realizada por el trotskista Isaac Deutscher), no menciona una sola palabra acerca de este hecho, que figura, no s?lo en el E. H. Carr que me aconsejaba consultar, sino en las propias obras de Trotsky, como Terrorismo y comunismo (1920)? ?Existen fragmentos de la vida y de la obra de Trotsky que no deben mencionarse? ?Hay que falsificar la historia para construir un nuevo Trotsky a la medida del mito que sobre ?l hemos inventado? ?Qu? adelantamos con eso??
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La burocracia dictatorial del partido ?nico?

En Terrorismo y comunismo, Trotsky nos dice tambi?n: ?M?s de una vez se nos ha acusado de haber practicado la dictadura del partido en lugar de la dictadura de los s?viets. (?) En esta sustituci?n del poder de la clase obrera por el poder del partido no ha habido nada casual, e incluso, en el fondo, no existe en ello ninguna sustituci?n. Los comunistas expresan los intereses fundamentales de la clase trabajadora?. En esta obra, recientemente vuelta a publicar por Akal, Trotsky defiende la concepci?n de un partido ?nico, infalible y situado por encima de la sociedad.?

Bettleheim, por su parte (p?g. 355), nos transcribe esta despectiva referencia a la Oposici?n Obrera de Alexandra Kollontai, efectuada por Trotsky en los debates del X Congreso del partido (1921): ?Ellos han avanzado consignas peligrosas. Han convertido en fetiche los principios democr?ticos. Han colocado por encima del partido el derecho de los obreros a elegir sus representantes. Como si el partido no tuviese derecho a afirmar su dictadura, incluso si esta dictadura est? en conflicto temporal con los humores cambiantes de la democracia obrera. El partido est? obligado a mantener su dictadura, cualesquiera que sean las vacilaciones temporales, incluso de la propia clase obrera. La dictadura no se basa a cada instante en el principio formal de la democracia obrera?.?

Como vemos, Trotsky defend?a la dictadura del partido, y no la democracia obrera. Es m?s: todos los bolcheviques lo hac?an. Ya record?, en Trotsky no existe, el episodio de la disoluci?n de la Asamblea Constituyente, en enero de 1918. O la cr?tica a la Revoluci?n Rusa de Rosa Luxemburg, tambi?n en una fecha tan temprana como 1918. Vale la pena releer las palabras de Rosa y reflexionar sobre ellas: ?Pero al sofocarse la actividad pol?tica en todo el pa?s, tambi?n la vida en los s?viets tiene que resultar paralizada. Sin sufragio universal, libertad ilimitada de prensa y reuni?n y sin contraste libre de opiniones, se extingue la vida de toda instituci?n p?blica, se convierte en una vida aparente, en la que la burocracia queda como ?nico elemento activo. Al ir entumeci?ndose la vida p?blica, todo lo dirigen y gobiernan unas docenas de jefes del partido, (...) en definitiva, una camarilla, una dictadura, ciertamente, pero no la del proletariado, sino una dictadura de un pu?ado de pol?ticos?.?

Adem?s, cabe resaltar que Trotsky, en este X Congreso, se auto-expuls? virtualmente a s? mismo del partido, al votar a favor de la propuesta de Lenin de prohibir las facciones internas. A?os m?s tarde, fue expulsado del partido por organizar una facci?n precisamente.?

A pesar de las ut?picas palabras de Lenin en El estado y la revoluci?n (1917), nunca en la URSS existieron los cargos revocables ni las decisiones democr?ticas. Si queremos ver un texto m?s realista sobre las pr?cticas desempe?adas en la vida real por los bolcheviques, podemos consultar Las tareas inmediatas del poder sovi?tico (Lenin, 1918), donde leemos: ?La experiencia irrefutable de la historia muestra que la dictadura personal ha sido con mucha frecuencia, en el curso de los movimientos revolucionarios, la expresi?n de la dictadura de las clases revolucionarias, su portadora y su veh?culo". Tambi?n en el 18 aparece otro texto de Lenin, Acerca del infantilismo de izquierdas, citado por E.H. Carr en su Tomo 2 (p?g. 105), donde leemos: ?Nuestra tarea consiste en aprender de los alemanes el capitalismo de Estado, en implantarlo con todas las fuerzas, en no escatimar m?todos dictatoriales para acelerar su implantaci?n, (?) sin reparar en medios b?rbaros de lucha contra la barbarie". ?

?Lenin y Trotsky antiburocr?ticos? Ser?a necesario reescribir y falsear la historia entera de esta revoluci?n para llegar a esa conclusi?n. Por ?ltimo, no deja de resultar curioso que, en sus ?ltimas cartas (consideradas su ?testamento pol?tico), Lenin, tras criticar con dureza a Stalin, Bujarin, Zinoviev, Kamenev y Piatakov, acuse tambi?n a Trotsky de vanidad y... burocratismo (?est? demasiado ensoberbecido y demasiado atra?do por el aspecto puramente administrativo de los asuntos?). El caso es que, nos guste o no, para Lenin ninguno de sus sucesores estaba a la altura.?
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La ausencia de control obrero y popular sobre la producci?n?

En la c?lebre novela de George Orwell Rebeli?n en la granja, f?bula inspirada en la historia de la Revoluci?n Rusa, los animales de la ?Granja Animal? se han sublevado contra sus amos y viven en un r?gimen ut?pico. Entonces, uno de los l?deres (Napole?n) expulsa a otro (Snowball) y establece su dictadura. Se produce un corte radical: desde ese momento, comienza una degeneraci?n por la cual Napole?n acaba siendo tan tir?nico y explotador como los antiguos amos (o quiz? m?s).?

La mala costumbre de la militancia comunista actual de no leer ni informarse hace que, en no pocos casos, esta breve y popular novela (o la pel?cula, o el resumen de Wikipedia, o la narraci?n acelerada de un compa?ero...) venga a sustituir a la adecuada formaci?n hist?rica sobre el periodo. As?, surge el ?mito del corte de 1924?. En pocas palabras, la URSS era un para?so socialista (con sus problemas, tal vez... pero b?sicamente eso), hasta que, en 1924, muere Lenin y asciende al poder Stalin, que acaba con la revoluci?n y establece un sistema similar al de la Alemania nazi. Otros, en un alarde de cultura, adelantan la fecha a 1922, demostrando con ello conocer aquello de la apoplej?a final de Lenin. La cuesti?n es que, conociendo la f?bula popular orwelliana, basta con rellenar los huecos a base de tres o cuatro an?cdotas eruditas, que demuestren, por ejemplo, lo bueno que era mi personaje hist?rico favorito y lo malo que era su odiado rival y... voil?, ya tenemos a un militante bien formado, capaz de ingresar en el Comit? Central de m?s de una liga o partido proletario con m?s siglas que afiliados.?

Volvamos al mundo real. En sus Tesis de abril (1917), al igual que en El estado y la revoluci?n, Lenin propon?a? que los funcionarios del Estado o los directores de f?brica no percibieran un salario mayor que los obreros y fueran elegidos por ellos democr?ticamente, con posibilidad de revocaci?n en cualquier instante. En Acerca del infantilismo de izquierdas (1918), en cambio, Lenin ha asumido que es completamente imposible reorganizar la maquinaria del Estado mediante el control obrero. A menudo las f?bricas s?lo miran por su propio inter?s o expulsan a los directores arbitrariamente. La producci?n desciende y la utop?a, sencillamente, no ha funcionado. ?

En la p?gina 85 del Tomo 2 de la obra de E.H. Carr asistimos a la creaci?n del Consejo Superior de Econom?a Nacional (Vesenja), por el decreto del 5-18 de diciembre de 1917. En la p?gina 98, asistimos a la promulgaci?n del decreto de 3 de marzo de 1918, que otorga a este organismo estatal el control de toda la industria, acabando de facto con el control obrero. Como cuenta Carr en el Tomo 1, p?gina 234, un militante llamado Sapronov protest? ante el partido porque el Vesenja zanjaba cualquier discusi?n con los ?rganos inferiores con un lac?nico: ?No entend?is absolutamente nada de producci?n?. En Acerca del infantilismo de izquierdas, Lenin explica la necesidad de poner al frente de la industria a los antiguos capitalistas y expertos, al ser los ?nicos que pod?an ponerla en marcha de manera solvente. Estos expertos, naturalmente, ser?n nombrados por el Vesenja (el s?viet tendr? un papel meramente consultivo). Lenin justifica incluso la necesidad de que cobren un salario m?s elevado que los obreros. He ah? el g?nesis de la burocracia: en 1918. Ya en el IX Congreso (1919) Sapronov critic? esta degeneraci?n burocr?tica, argumentando que eso no era ?centralismo democr?tico? sino ?centralismo vertical ordinario? (E.H. Carr, Tomo 1, p?g. 235).?

Tambi?n en E. H. Carr (p?g. 238 del Tomo 1) podemos leer la siguiente declaraci?n de Trotsky en el II Congreso del Komintern (1920), una declaraci?n que constituye, adem?s, un alarde de burocratismo casi sin precedentes: ?Hoy hemos recibido propuestas del gobierno polaco para firmar la paz. ?Qui?n decide en esta cuesti?n? Poseemos el Sovnarkom pero tiene que estar sujeto a un cierto control. ?Qu? control?? ?El control de la clase obrera como masa ca?tica y sin forma? No. El comit? central del partido ha sido reunido para discutir la propuesta y decidir c?mo contestarla?. Eso opinaba Trotsky. ?Y el resto del bolchevismo? Un a?o antes, en el IX Congreso, como leemos en la p?gina 237 del Tomo 1 de E. H. Carr, escrib?a por su parte Grigori Zinoviev, presidente del Soviet de Petrogrado, que ?las cuestiones fundamentales de pol?tica, tanto internacional como interior, tienen que ser decididas por el comit? central de nuestro partido, es decir, del Partido Comunista, que de este modo tramita estas decisiones a trav?s de los organismos del S?viet?. ?

As? pues, tal vez el trotskismo defienda el control obrero y la autonom?a sindical, pero la realidad (contrastable en toda la historiograf?a disponible de las m?s diversas tendencias) es que Trotsky no lo hizo. O, en otras palabras, en esta materia Trotsky no fue trotskista, sino ?estalinista?.?
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El f?rreo dogmatismo ideol?gico?

En el ep?logo de La revoluci?n permanente (1930) Trotsky resume sus ideas, efectuando determinadas afirmaciones harto atrevidas: ?La resoluci?n ?ntegra y efectiva de los fines democr?ticos y de la emancipaci?n nacional tan s?lo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empu?ando ?ste el poder como caudillo de la naci?n oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas?. ?La realizaci?n de la alianza revolucionaria del proletariado con las masas campesinas s?lo es concebible bajo la direcci?n pol?tica de la vanguardia proletaria organizada en Partido Comunista?. ?Sin embargo, esta ?ltima [la experiencia hist?rica] ha demostrado, y en condiciones que excluyen toda torcida interpretaci?n, que, por grande que sea el papel revolucionario de los campesinos, no puede ser nunca aut?nomo ni, con mayor motivo, dirigente. El campesino sigue al obrero o al burgu?s. Esto significa que la 'dictadura democr?tica del proletariado y de los campesinos' s?lo es concebible como dictadura del proletariado arrastrando tras de s? a las masas campesinas?. ?Un pa?s colonial o semicolonial, cuyo proletariado resulte a?n insuficientemente preparado para agrupar en torno suyo a los campesinos y conquistar el poder, se halla por ello mismo imposibilitado para llevar hasta el fin la revoluci?n democr?tica?.?La tendencia de la Internacional Comunista a imponer actualmente a los pueblos orientales la consigna de la dictadura democr?tica del proletariado y de los campesinos, superada definitivamente desde hace tiempo por la historia, no puede tener m?s que un car?cter reaccionario?, ya que ?esta consigna se opone a la dictadura del proletariado?, de modo que ?la incorporaci?n de esta consigna al Programa de la Internacional Comunista representa ya de suyo una traici?n directa contra el marxismo y las tradiciones bolchevistas de Octubre?. ?

Cuando uno lee este libro, parece que el centro de la ?teor?a de la revoluci?n permanente? es la idea de que el campesinado no puede ser revolucionario. S?lo el proletariado industrial (con su mono azul, a ser posible) est? capacitado para ello. Estamos otra vez ante el vetusto (o carpetovet?nico) prejuicio, defendido a?n por muchos en la actualidad, lo que resulta m?s grotesco si cabe, ya que, hoy d?a, el pueblo trabajador se divide en muy distintas fracciones de clase y los obreros fabriles son s?lo una minor?a (y no la m?s empobrecida, ni tampoco la m?s revolucionaria). ?

Trotsky no quiso aprender de los aportes que, ya entonces, planteaba Jos? Carlos Mari?tegui, de su alegr?a creadora y del nuevo papel que asignaba al campesinado. En mi opini?n, Trotsky aqu? es m?s marxiano, pero menos marxista que Mari?tegui o Lenin. Si tomamos al pie de la letra (y, por tanto, de manera antidial?ctica) los textos de Marx, la teor?a de Trotsky se convierte correcta, pero deja de tener utilidad en el mundo real. El gran acierto de Lenin es saber qu? hemos de desechar de las ideas de Marx, para que el marxismo siga siendo ?til. Por ejemplo, a la idea marxiana de que la revoluci?n triunfar? en los pa?ses industrializados, Lenin opone la idea marxista de que una cadena se rompe por ?el eslab?n m?s d?bil? (las naciones subdesarrolladas). Lenin no hace uso de los textos de Marx como un creyente hace uso de la Biblia. De modo que yo, porque soy leninista, no me ci?o lo que dijera Lenin. Parto de mi propia realidad, no de cuatro citas descontextualizadas.?

Esto nunca fue comprendido ni por Trotsky, ni por buena parte del trotskismo (y del estalinismo). Sin embargo, contra lo que postulaba la ?teor?a de la revoluci?n permanente?, y como bien teoriz? en su d?a el Che Guevara, el campesinado se ha convertido en el sujeto central de todas y cada una de las revoluciones triunfantes que se han producido desde el momento en que ese texto de Trotsky fue redactado hasta la actualidad: desde la Revoluci?n China, hasta la Revoluci?n Nicarag?ense, pasando por la Revoluci?n Cubana o la Vietnamita. ?Se puede seguir defendiendo esa teor?a, aun habiendo sido refutada de manera clamorosa por toda la historia del siglo XX? Supongo que, por descontado, no podemos esperar de nadie la menor rectificaci?n, ni tampoco el abandono de esta teor?a (en todo caso, podemos esperar que la falsifiquen, diciendo que afirmaba otra cosa distinta a lo que realmente afirmaba). Aunque, ?qu? es la realidad comparada con una hermosa teor?a de hace casi un siglo??

Uno de mis detractores, Ronald Le?n, milita, como ?l mismo indica, a un partido perteneneciente a la LIT, que es s?lo una m?s de las muchas ?Internacionales? que surgieron tras la muerte de Trotsky, cuando cada uno de los l?deres de su IV Internacional lleg? a la conclusi?n de que era el verdadero ex?geta del revolucionario ucraniano, a diferencia de los dem?s que eran unos traidores peque?oburgueses. El l?der de la LIT, que se llamaba Nahuel Moreno y fue uno de los principales dirigentes del trotskismo latinoamericano, escribi? en 1973 un texto titulado Tesis sobre el guerrillerismo, en el que afirma: ?El surgimiento de direcciones peque?oburguesas independientes del stalinismo que han dirigido revoluciones triunfantes, como fue en su momento el castrismo y es ahora el sandinismo, puede llevarnos al error de creer que con estas direcciones y sus organizaciones nos une una estrategia com?n. (?) Pero a la larga es inevitable que traicionen a la revoluci?n, en alg?n punto del proceso revolucionario, por esa profunda raz?n de clase: son peque?oburguesas. (?) Las organizaciones y direcciones guerrilleras no son obreras, sino burguesas o peque?oburguesas, por el solo hecho de ser guerrilleras. (?) Las organizaciones guerrilleras son enemigas de la organizaci?n obrera.? (?) Las organizaciones guerrilleras son terroristas. (...)Los trotskistas no s?lo no apoyamos esas acciones, sino denunciamos ante los trabajadores su car?cter desmoralizador, desmovilizador y desorganizador?.?

El dogmatismo afirma que su m?todo de lucha es el ?nico v?lido y posible, satanizando cualquier otro. Tampoco la efectividad de una u otra v?a supone el menor argumento para ellos, como vemos en esta cr?tica a Fidel Castro y los sandinistas (que, a diferencia de Moreno, s? hicieron la revoluci?n en sus respectivos pa?ses). Se trata, simplemente, de dar cabezazos contra la realidad, a fin de amoldarla, encorsetarla y, aunque sea a duras penas, hacerla coherente con un texto sagrado y lleno de polvo.?
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El culto a la persona y la deriva final hacia el reformismo?

?sta es, para acabar, una de las caracter?sticas m?s evidentes del estalinismo de Le?n Trotsky. En La revoluci?n permanente, Trotsky habla de s? mismo en tercera persona, a lo largo de todo el libro. En la primera de las conclusiones finales, afirma, tan humilde como de costumbre: ?La teor?a de la revoluci?n permanente exige en la actualidad la mayor atenci?n por parte de todo marxista?. En la ?ltima, se ubica a s? mismo en el olimpo de los dioses del marxismo, junto a los m?s grandes: ?el problema de la revoluci?n permanente ha rebasado las divergencias epis?dicas, completamente superadas por la historia, entre Lenin y Trotski. La lucha est? entablada entre las ideas fundamentales de Marx y Lenin de una parte, y el eclecticismo de los centristas, de otra?. Para colmo, Trotsky no pudo resistirse a escribir su autobiograf?a (Mi vida).?

Si el culto a Stalin fue vergonzoso y de mal gusto, no lo es menos el culto a Trotsky. En cualquier organizaci?n o editorial de ideolog?a trotskista, como por ejemplo El Militante, no faltar?n jam?s rostros de Trotsky por doquier, o citas de este autor, aunque no vengan al caso. La misma adscripci?n al significativo t?rmino ?trotskista? se efect?a de un modo sect?reo, excluyente y cerrado. Cabe preguntarse, ?cre? este revolucionario (o Fidel, o Mao, o el Che) un corpus te?rico comparable al de Marx o Lenin, que justifique el nacimiento de una nueva ideolog?a? ?

Por otra parte, el trotskismo ha acusado siempre al estalinismo de ?reformista?. Por supuesto, el trotskismo se ha cuidado mucho de mezclar y confundir el estalinismo con las ideas de revisionistas y anti-estalinistas tard?os como Nikita Kruschev o, en el contexto del Estado espa?ol, Santiago Carrillo (ya que no pod?an llamar reformistas a las guerrillas radicales mao?stas, que proliferaban por medio mundo). Con Kruschev (que, como sabemos, reneg? de Stalin y de sus pr?cticas) comienza la doctrina de la ?coexistencia pac?fica? y los Partidos Comunistas de todo el mundo adoptan la v?a electoral como la fundamental, descartando m?todos revolucionarios. ?

La base emp?rica que emplea el trotskismo para promover esta identificaci?n entre estalinismo y reformismo est? en la estrategia de Frentes Populares, adoptada, tras extensos debates, por el Komintern en su VII Congreso (1935), con el fin de frenar el auge incontenible del fascismo en Europa. La posibilidad, en situaciones muy concretas (por ejemplo, una invasi?n extranjera, una situaci?n semi-feudal o el auge del fascismo), de alianzas de clase entre la clase trabajadora y sectores progresistas de la burgues?a es algo que siempre ha espantado de manera singular al trotskismo, a pesar de que el propio Marx, en un texto tan poco rebuscado como el Manifiesto comunista, afirma: ?En Alemania, el partido comunista lucha al lado de la burgues?a, en tanto que ?sta act?a revolucionariamente contra la monarqu?a absoluta, la propiedad territorial feudal y la peque?a burgues?a reaccionaria?. Pero, en efecto, a mediados de los a?os 30 el estalinismo empieza a plantear la necesidad de alianzas con la socialdemocracia reformista y otras fuerzas democr?ticas antifascistas, manteniendo sin embargo la independencia del partido. ?

Sin embargo, en esta misma ?poca, Trotsky instaba a sus seguidores a dejar en un segundo plano el partido comunista en el que militaran y afiliarse... directamente a los socialdem?cratas. En La Liga frente un giro decisivo, de 1934, Trotsky afirma que ?Queremos participar activamente. La ?nica posibilidad que nuestra organizaci?n tiene de participar en el frente ?nico de masas, en las circunstancias dadas, consiste en ingresar al Partido Socialista. Hoy, tal como antes, consideramos m?s necesaria que nunca la lucha por los principios del bolchevismo, por la creaci?n de un verdadera partido revolucionario de la vanguardia proletaria y por la Cuarta Internacional. Confiamos en que hemos de convencer de todo esto a la mayor?a de los trabajadores, tanto socialistas como comunistas. Nos comprometemos a llevar a cabo esta tarea dentro de los marcos del partido, a sujetarnos a su disciplina y a preservar la unidad de acci?n?.?

Esta t?ctica (afiliarse a un partido con el fin de convencer a algunos de sus miembros de que ingresen en otro), que se caracteriza por su excepcional deslealtad, fue denominada ?entrismo?. En muchos lugares conocemos sus nefastos resultados. Incluso en la actualidad. As? fue como destruyeron las asambleas vecinales que se crearon en Argentina tras el ?corralito?. Por no hablar del movimiento estudiantil en diversos puntos del Estado espa?ol. Pero lo curioso, volviendo a los a?os 30, es que los trotskistas acusaran a los comunistas de reformismo por pactar con la socialdemocracia, decidiendo con ello ingresar... en la socialdemocracia.?

Por otro lado, ?por qu? no se acusa a Lenin de reformismo, en tanto que inspirador de la NEP? ?Su figura es incuestionable? ?C?mo es que al hablar de la NEP (al igual que pasaba al tratar el asunto de Kronstadt) vuelven a entrar en juego las ?circunstancias que obligan y justifican? y la ?inevitabilidad de lo necesario???
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Conclusi?n?

El t?rmino ?estalinismo? no me parece aceptable para definir el fen?meno que hemos tratado de referir. Suele emplearse arbitraria y abusivamente, para definir experiencias hist?ricas en los m?s diversos lugares y ?pocas, o hechos que se dieron tanto antes de la ascensi?n de Stalin al poder como despu?s de su muerte. No obstante, lo emplear? provisionalmente. ?

La conclusi?n de este art?culo es que Trotsky, como hemos tratado de demostrar, fue el primer estalinista. Era partidario de la m?s f?rrea represi?n, no s?lo contra el enemigo de clase, sino incluso contra los propios trabajadores, como en Kronstadt (a cuyos obreros no dud? en calumniar, en lo que he denominado ?el primer Proceso de Mosc??). Propuso incluso la deportaci?n de los trabajadores a campos de concentraci?n si desobedec?an al Estado. Defendi? con toda firmeza la militarizaci?n del trabajo (no ya para los tiempos de guerra, sino como modelo de construcci?n del socialismo), de modo que el Estado decidiera donde deb?a trasladarse a trabajar cada cual, de manera obligatoria y vinculante. Cre?a en un r?gimen de partido ?nico, sin la menor libertad sindical y en el que los s?viets estuvieran totalmente controlados por el partido. Se auto-expuls? a s? mismo del partido, ya que vot? a favor de la prohibici?n de facciones internas, para acabar siendo expulsado precisamente por ese motivo. Propugnaba que una minor?a del Comit? Central del Partido deb?a decidir en todas las cuestiones relevantes. Particip? activamente en la eliminaci?n del control obrero sobre la producci?n, que s?lo se mantuvo vigente durante los 6 primeros meses de la revoluci?n. No dej? de practicar y defender todas estas pr?cticas hasta que fue desplazado de los puestos de poder. Adem?s, hac?a gala de un f?rreo dogmatismo ideol?gico, lo que le llevaba a despreciar el papel del campesinado, que seg?n ?l no pod?a tener un papel activo ni revolucionario. No estaba exento de cierta egolatr?a y sus seguidores dieron culto a su persona, cosa que siguen haciendo. Dado la peque?ez de los partidos de su IV Internacional, termin? propugnando a sus militantes que, en lugar de militar en los partidos comunistas, lo hicieran en la socialdemocracia, si bien era s?lo una t?ctica desleal para convencer a la gente de que abandonara esos partidos e ingresara en el suyo. Todo esto es irrefutable, ya que he acudido a las fuentes m?s directas para documentarlo, empezando siempre por los textos del propio Trotsky.?

Adem?s, este fen?meno que hemos tratado de estudiar, el fen?meno de justificar y practicar la represi?n en defensa de un partido dictatorial y burocr?tico (?estalinismo? seg?n la err?nea terminolog?a que aqu?, provisional y metodol?gicamente, hemos aceptado) ser?a un fen?meno com?n tanto a Lenin, como a Stalin, como a Trotsky, en diferentes grados. Podemos decir que en Stalin se dio en un grado mayor, quiz? por el hecho de estar durante m?s a?os en el poder. Pero, no obstante, en los a?os en los que Lenin y Trotsky (junto a Stalin y otros) controlaron los resortes del poder, ya exist?an el terror, la Cheka, el GULAG, el Partido ?nico, la prohibici?n de las facciones internas en el partido, la burocracia, el dogmatismo y la ausencia de control obrero.?

Por supuesto, para m?? no se trata de extraer conclusiones maniqueas, aunque no faltar?n, de igual modo que tampoco faltar?n etiquetas. Probablemente, los trotskistas dir?n que soy un estalinista (y me recordar?n los cr?menes de Stalin, aunque no venga a cuento hacerlo, ya que ni los he negado ni tengo el menor inter?s en hacerlo). Los estalinistas, por su parte, dir?n que soy un anarquista. Los anarquistas dir?n que soy un degenerado. Nada de eso me ha import(un)ado a la hora de elaborar este escrito, que persigue ?nicamente la verdad, la realidad hist?rica a la que, a grandes rasgos, con todos los matices que puedan hacerse, llegar? cualquiera que, libre de prejuicios y estereotipos, estudie el periodo. Por tanto, no he buscado llegar a una vulgar moraleja, al estilo de ?los bolcheviques eran buenos? o ?los bolcheviques eran malos?. Los bolcheviques, en mi opini?n, hicieron una gran revoluci?n, que pasar? a la historia de la humanidad como uno de los momentos m?s luminosos para los oprimidos en su pugna por liberarse de la sociedad de clases. Los avances de la sociedad sovi?tica fueron innegables, pero tambi?n sus errores. Apoyo y defiendo la Revoluci?n Rusa, pero trato de comprenderla hist?ricamente, para aprender de sus fracasos, al plantear, aqu? y ahora, la t?ctica m?s adecuada para (y desde) mi realidad.?

No creo en las excusas. Como dice Zizek, el trotskismo (al igual que el estalinismo) ha supuesto un obst?culo casi insalvable, que anulaba cualquier oportunidad de efectuar una cr?tica ?til, seria y estructural. Eso nos impide progresar. Por un lado, como nos recuerda Jean Salem, se aceptan acr?ticamente las cifras sobre la represi?n en la Uni?n Sovi?tica o la China de Mao, por irrisorias que puedan llegar a ser (como los 100 millones del Libro Negro de Courtois). Por otro, se echan balones fuera, cada vez que se cuestiona alg?n aspecto de la URSS (o incluso de Cuba o la China mao?sta), recurriendo al comod?n de Stalin. No podemos seguir jugando a este juego. Debemos admitir que el comunismo (el de Lenin, el de Fidel y el de todos) tambi?n tuvo sus problemas, sus errores y sus dilemas (desde el mismo a?o 17). ?

Defiendo la noci?n de Poder Popular y creo que, en las condiciones hist?ricas actuales (bastante distintas a las que vivieron los bolcheviques), los partidos deben centrarse en reforzar las instancias comunes de participaci?n y resistencia, y no en reforzarse a s? mismos. No creo en el partido infalible que, nos guste o no, planteaban tanto Lenin, como Trotsky, como Stalin. Creo que, tarde o temprano, esa subordinaci?n del pueblo trabajador (de las bases) a la jerarqu?a y ese flujo unidireccional del poder y las decisiones acaban por socavar la propia jerarqu?a, haciendo caer todo como un castillo de naipes. Debemos apoyarnos en la heterodoxia para pensar otra vez la relaci?n entre el partido y las masas, alcanzando una comprensi?n m?s profunda de c?mo se protegen sus lazos, ya que el divorcio entre ?l y ellas ha sido, hasta ahora, a causa de la prepotencia de ?l, y no de la ?incapacidad? de ellas. S?lo as? podremos hacerlo mejor la pr?xima vez.?

Trotsky no existe: es un s?mbolo, una f?bula, una excusa para no aceptar que, en m?s de un aspecto, lo hicimos mal desde el principio. La cuesti?n es ?necesitamos ese s?mbolo? ?Nos sirve para algo? ?Refleja la madurez de nuestro movimiento, o su puerilidad?

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