Martes, 24 de agosto de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 24-08-2010

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Los detractores del socialismo no pueden o?r hablar de la existencia de explotaci?n, imperialismo o explotadores. Se muestran iracundos cuando alg?n comensal o interlocutor les hace ver que las clases sociales son una realidad. Los portadores del nuevo catecismo posmoderno dicen tener argumentos de peso para desmontar la tesis que a?n postula su validez y su vigencia como categor?as de an?lisis de las estructuras sociales y de poder. Lamentablemente, s?lo es posible identificar, con cierto grado de sustancia, dos tesis. El resto entra en el esti?rcol de las ciencias sociales. Son adjetivos calificativos, insultos personales y cr?ticas sin altura de miras. Yendo al grano, la primera tesis subraya que la contradicci?n explotados-explotadores es una quimera, por tanto, todos sus derivados, entre ellos las clases sociales, son conceptos anticuados de corto recorrido. Ya no hay clases sociales, y si las hubiese, son restos de una guerra pasada. Desde la ca?da del muro de Berl?n hasta nuestros d?as las clases sociales est?n destinadas a desaparecer, si no lo han hecho ya. El segundo argumento, corolario del primero, nos ubica en la caducidad de las ideolog?as y principios que les dan sustento, es decir el marxismo y el socialismo. Su conclusi?n es obvia: los dirigentes sindicales, l?deres pol?ticos e intelectuales que hacen acopio y se sirven de la categor?a clases sociales para describir luchas y alternativas en la actual era de la informaci?n, vivir?an de espaldas a la realidad. Nost?lgicos enfrentados a molinos de viento que han perdido el tren de la historia. Para seguir adelante hay que renovar, buscar conceptos en un mundo nov?simo.

Sin duda en las dos ?ltimas d?cadas del siglo XX y la primera del XXI han emergido procesos sociales, econ?micos, pol?ticos y culturales que no s?lo han reinventado la realidad, sino los conceptos para describirla. Ello no es acontecimiento novedoso. La historia est? llena de estas vicisitudes donde se inventan palabras. Basta leer libros de tecnociencias, inform?tica, bioqu?mica o neurociencias para comprobar lo dicho. Incluso una academia tan conservadora como la espa?ola de la lengua se ve obligada, cada cierto tiempo, a incorporar voces que emergen de la vida diaria hasta convertirse en una realidad dif?cil de soslayar. Sin embargo, no debe caerse en el absurdo de tirar el agua sucia con el ni?o dentro. Nuevas voces no invalidan las ya existentes. Pueden complementar o enriquecer el lenguaje.

La posibilidad de caer en el absurdo a la hora de renombrar objetos, oficios y situaciones, est? a la orden el d?a. Los casos son variopintos. As?, nos podemos encontrar que un cocinero se ha convertido en un restaurador de alimentos; los recreos en los patios de los colegios han pasado a denominarse segmentos l?dicos y los bares se consideran zonas de avituallamiento r?pido. Esta moda s?lo aporta confusi?n.

No es lo mismo un concepto viejo que otro anticuado. El imperialismo existe por mucho que les pese a quienes plantean su muerte en beneficio de la llamada interdependencia global o globalizaci?n. Su definici?n sigue siendo v?lida en tanto explica a) la concentraci?n de la producci?n y del capital que dio origen a los monopolios; b) la fusi?n del capital bancario e industrial y la emergencia de una oligarqu?a financiera; c) el poder hegem?nico de la exportaci?n de capitales frente a las materias primas; d) la formaci?n de las trasnacionales y reparto del mundo entre las empresas; f) las luchas por el control y el reparto territorial del mundo entre pa?ses dominantes; y g) facilita comprender las formas de internacionalizaci?n de los mercados, la producci?n y el trabajo.

Por consiguiente, los cambios del imperialismo se?alan su versatilidad y capacidad de adaptaci?n en medio de los cambios profundos que sufre el capitalismo. La globalizaci?n como concepto no sustituye al imperialismo como una realidad. Saber que el imperialismo actual dista del imperialismo del siglo XIX es de sentido com?n y no requiere de muchas c?balas. El imperialismo goza de buena salud. Otro tanto ocurre con el concepto de clases sociales. En la actualidad muchos cient?ficos sociales prefieren hablar de estratificaci?n social y estructuras ocupacionales antes que acudir al concepto de clases sociales para explicar las desigualdades, la pobreza o la indigencia. Los ejemplos pueden continuar. Tambi?n los conceptos de explotaci?n y colonialismo internos han ca?do en desgracia, aunque la semiesclavitud, la trata de blancas y el trabajo infantil y el dominio ?tnico sean una realidad cada vez m?s extendida en el planeta. Es este contexto adverso para el pensamiento cr?tico donde ve la luz, en Am?rica Latina, una nueva realidad que trata de explicar este rechazo al uso de conceptos y categor?as provenientes de la tradici?n humanista y marxiana: la colonialidad del saber y del poder.

Bajo el manto de parecer posmodernos, integrados a la llamada sociedad de la informaci?n y part?cipes de la globalizaci?n neoliberal, se renuncia a ejercer el juicio cr?tico. Es m?s c?modo dejar de pensar, apoy?ndose en una supuesta caducidad de los conceptos, que darse a la molestia de averiguar cu?les son y han sido las transformaciones sufridas por las clases sociales durante las ?ltimas d?cadas. Ello supondr?a reflexionar, atributo del cual carecen los nuevos robots alegres de pensamiento sist?mico.

Por ?ltimo, sirva como provocaci?n se?alar las diferencias entre conceptos viejos y anticuados. La ley de gravitaci?n universal tiene m?s de cinco siglos, por su data es desde luego longeva, pero sigue siendo v?lida. Quienes duden de su pertinencia, les aconsejo un ejercicio pr?ctico, d?jense caer de una altura de 50 metros y comprobar?n si la ley de gravitaci?n universal es anticuada y caduca. Lo mismo ocurre con las clases sociales. Negar su existencia es, por decir lo menos, un acto de ignorancia.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/08/22/index.php?section=opinion&article=022a1mun

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Tags: clases sociales, tesis, La Jornada, imperialismo, informática, países, explotación

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