Mi?rcoles, 25 de agosto de 2010

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 24-08-2010

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Cronopiando



Ning?n periodista, cuando insiste en la supuesta vocaci?n por el subdesarrollo que asegura manifiesta Latinoam?rica, cita como descargo a tan triste suerte, como antecedente a tener en cuenta, el genocidio conquistador que, en apenas 50 a?os, deshabit? el continente americano y marc? con fuego su destino arrasando sus recursos naturales e imponiendo sus credos y mercados. Nadie que escriba o hable en los medios de comunicaci?n sobre la pretendida incompetencia y corrupci?n de los gobiernos latinoamericanos, se entretiene en la colonia, tan cerca en algunos casos, para explicar esa devoci?n por el vasallaje.

Ocasionalmente, Vietnam vuelve a ser noticia por una u otra raz?n, pero nadie recuerda el genocidio de ese pueblo a manos de franceses primero y estadounidenses despu?s. Nadie repasa la n?mina de los millones de vietnamitas muertos antes de desenvainar de nuevo la pluma y criticar, por ejemplo, a sus actuales autoridades.

Tampoco nadie que censure la subordinaci?n de Jap?n al consorcio empresarial que rige la econom?a del mundo, va a molestarse en reiterar la solidaridad, previamente, con ese pa?s, por el holocausto que sufrieran, todav?a padecen sus secuelas, Hiroshima y Nagasaki

Africa ha sido tantas veces rota, tantas descompuesta, queda tan poco de Africa que no se haya saqueado o pervertido, que ni soluci?n pareciera tener en el futuro un continente que acumula guerra sobre peste y en el que la sequ?a s?lo cede su espacio en los titulares a la hambruna, pero nadie que censure la insultante opulencia en que viven algunos presidentes y monarcas africanos recuerda los ejemplos que les han servido de modelo, o cita los intereses que han gobernado Africa y que siguen teniendo asiento en el llamado primer mundo.

No hay pueblo que no haya sufrido alguna vez el loco ultraje de la guerra, que no haya sido devastado, condenado a la hoguera, perseguido, dispersado. La historia es una larga sucesi?n de ?xodos, de pueblos errantes a la b?squeda de un espacio propio en el que la vida no sea un acertijo, de odiseas por el infierno a la espera, simplemente, de un puesto de trabajo o un carn? de residente, pero ning?n pueblo dispone de un pasado que lo exculpe, ning?n Estado disfruta de una coartada que lo justifique, excepto? el Estado de Israel.

Cada vez que alguien decide recordar en una simple cuartilla de opini?n, a la que todav?a no alcanza el veto estadounidense, el medio centenar de resoluciones de Naciones Unidas de las que Israel se ha burlado y desconocido, parece obligado, previamente, rememorar el genocidio nazi hace m?s de medio siglo.

Cada vez que condenamos el terrorismo de Estado que impone Israel bombardeando ciudades, destruyendo infraestructuras, asesinando a miles de libaneses o palestinos, se impone, antes que nada, referir la solidaridad para con las v?ctimas del holocausto jud?o hace m?s de medio siglo.

Cada vez que recurrimos a la Convenci?n de Ginebra para censurar que Israel practique detenciones indiscriminadas, torture a los presos, ataque veh?culos de la Cruz Roja o dispare y mate a funcionarios de Naciones Unidas, se exige, como paso previo, la en?rgica condena de la persecuci?n de los jud?os hace m?s de medio siglo.

Cada vez que reprobamos que el ej?rcito israel? disfrute de patente de corso para asaltar nav?os en aguas internacionales, asesinar pacifistas o robarles sus partencias, se nos demanda considerar los millones de jud?os asaltados, asesinados y robados, hace m?s de medio siglo.

Y me pregunto si aquel holocausto fue un crimen contra la humanidad o una indeclinable licencia para el crimen, si aquel genocidio fue expresi?n de la barbarie nazi o el mejor pretexto del Estado nazi de Israel.

Cada vez que alguien condena el crimen de una joven cooperante estadounidense aplastada por una retroexcavadora israel?, nunca falta quien, a nombre del asesino, denuncie en la condena una muestra de antisemitismo.

Cada vez que alguien rechaza el asesinato de un palestino nunca falta quien encuentre en el rechazo a semejante crimen una expresi?n de odio a los jud?os.

Cada vez que alguien censura aberraciones como las que ocupaban a ni?as y ni?os israel?es, escribiendo mensajes insultantes sobre las bombas que sus soldados arrojar?an sobre pueblos ?rabes, o a soldados israel?es mof?ndose y denigrando a sus prisioneros, nunca falta quien descubra en la condena una ?intolerable? ofensa a la comunidad jud?a.

Y me pregunto qu? tendr? que ver denunciar la existencia de un gobierno nazi en Israel con el derecho a ser y vivir como jud?o.

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Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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Tags: genocidio, holocausto, Israel, judíos, licencia, patente de corso, África

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