Martes, 31 de agosto de 2010

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Ning?n Dios escribe texto b?blico
Por: Freddy Y?pez
Fecha de publicaci?n: 31/08/10??
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Que se conozca jam?s un Dios ha dejado escrito alg?n texto b?blico. El primer acto de respeto que debe tenerse por los dioses, creados a la imagen y semejanza de los hombres, es no poner en su boca lo que nunca han dicho. Siento profundo respeto por todas las religiones aunque debo decir que no comparto con ninguna su visi?n de mundo ni sus llamados a la felicidad en reinos distintos al de la Tierra. Los dioses son una cosa y los profetas otra. Que ?stos hablen por los primeros es igualmente otra cosa distinta. Si eso no lo entendemos, terminaremos siempre culpando a los dioses de todas nuestras adversidades y derrotas o aplaudi?ndolos en todas nuestras victorias. Pero, punto de partida, respetemos tanto a los dioses como a los profetas sin que ello implique, por lo menos para los ateos, que estemos avalando sus existencias o sus mandatos, porque el mejor de todos los dioses y el mejor de todos los profetas son las dos materias eternas: el tiempo y el espacio. Sin ?stos no puede haber existencia alguna? y la nada, seg?n dicen, no existe. Todos los textos b?blicos han sido escritos por hombres de carne y hueso con circulaci?n de sangre y ox?geno por el cuerpo, con cerebro capaz de racionalizaci?n.
Que los creyentes en religiones tengan la convicci?n que tanto el bien como el mal existen en la entra?a misma de su Dios, no es cosa de ?ste sino de aquellos. Pero dejemos de lado las cosas de los dioses y de los profetas y concentr?monos en las cosas del ser humano. La naturaleza, con su tiempo y su espacio, es la gran diosa creadora del ser humano, porque s? tiene los poderes creadores para crearlo como los pueblos gozan de la potestad de rebelarse un d?a contra todo lo que le explota y le oprime. Para ello es imprescindible ese momento de locura creadora en que aplastan, con sus fuerzas y sus anhelos, los obst?culos sociales que se les interponen en sus caminos.

Hasta ahora, la gran v?ctima de la creaci?n humana ha sido la mujer. Cierto es que ha obtenido logros importantes pero a?n le falta para conquistar lo que por derecho (y por ser quien en su vientre garantiza la reproducci?n humana) le corresponde: la emancipaci?n de todo vestigio de esclavitud social. Sin embargo, ?sta no es cosa ni de los dioses ni de los profetas sino, principalmente, una misi?n hist?rica del proletariado sin fronteras. El gran Fourier, primero que los marxistas, dijo que la medida de la redenci?n social es la emancipaci?n de la mujer. La poligamia, en provecho del hombre, sigue siendo un escollo dif?cil de superar aun en sociedades donde se levantan las banderas y los principios religiosos como inviolables. Que un hombre tenga derecho a poseer varias mujeres y la mujer s?lo a ser integralmente fiel al esposo contin?a siendo un quid de profunda desigualdad social, de menosprecio y burla contra la mujer.

La mujer esclava, durante el r?gimen que negaba derechos y establec?a deberes a los explotados y oprimidos, fue tratada como herramienta y mercanc?a de muy poco valor. Los dolores sociales eran superiores a los del parto y, especialmente, cuando los cazadores de seres humanos despojaban a madres de sus hijos para trasladarlos a otros continentes y traficarlos como mercanc?as esclavas. En el feudalismo la mujer sigui? siendo v?ctima de los amos de la econom?a, de los gobernantes del poder pol?tico y de aquellas ideolog?as que siempre la descalificaba por tenerla como simple raz?n de sexo y de reproducci?n humana. El capitalismo perfeccion?, para su beneficio econ?mico, s?lo en pocas cosas el tratamiento del hombre sobre la mujer, porque ?sta no s?lo ha sido esclava del modo de producci?n imperante que se sustenta en la explotaci?n y opresi?n de una clase por otra sino, igualmente, del hombre en el hogar o lo que Lenin denomina ?explotaci?n de la econom?a dom?stica?.

Es espeluznante, es ins?lito desde todo punto de vista, es cruel por el ?ngulo que se le mida, es inhumano desde cualquier visi?n de mundo, que en pleno siglo XXI existan regiones en el mundo donde los Estados apliquen leyes, en nombre de Dios, para criminalizar actividades de la mujer mientras que se le garantiza todo g?nero de protecci?n a las del hombre. Resulta un hecho verdaderamente criminal que una mujer, acusada de infidelidad al esposo, sea asesinada a latigazos o a pedradas por una multitud de personas que aspiran ir, alg?n d?a, a vivir feliz al lado de su Dios.

En estos d?as los talibanes asesinaron a una mujer no s?lo por un m?todo de crueldad como si vivi?ramos el viejo tiempo de la esclavitud salvaje, sino que se sobrepasaron aunque la v?ctima no haya tenido oportunidad o tiempo de contar los latigazos. Seg?n sus leyes debieron ser ochenta latigazos, pero a la pobre mujer le dieron doscientos y luego la remataron con tres tiros en la cabeza. Que me perdonen los religiosos pero no puedo creer que alg?n Dios, nacido para hacer el bien o buscar la salvaci?n del ser humano en la Tierra, haya dictado semejante ley de crueldad.

Lo cierto es que ninguna instituci?n respetable de defensa de los derechos humanos ha realizado actos de condena contra esa crueldad; ninguna organizaci?n de defensa de los derechos de la mujer se ha pronunciado con vehemencia y constancia contra ese salvajismo que denigra de la condici?n humana de los hombres que lo cometen; ning?n gobierno en el mundo que se proponga la construcci?n de una sociedad distinta al capitalismo y donde la mujer conquiste su verdadera redenci?n social, ha manifestado su condena categ?rica a esa cruel manera de quitarle la vida a una persona; ninguna organizaci?n revolucionaria que luche por el socialismo ha abierto su boca para rechazar o protestar contra esa legislaci?n que en nombre de Dios comete una atrocidad tan espantosa como la de asesinar a mujeres a pedradas o latigazos mientras a los hombres se les protege, se les legaliza la poligamia como si nacieron para explotar y oprimir de por vida a la mujer dotados de una superioridad ?divina? que nada ni nadie se las ha otorgado.

No pocas veces se dejan o?r muchas voces de condena y protesta contra la pena de muerte en Estados Unidos y sus m?todos oprobiosos de aplicarla, pero callan cuando se trata de cr?menes que lesionan casi exclusivamente a la mujer por raz?n de sexo; no pocas veces centenares de intelectuales y el gobierno de Estados Unidos condenan y rechazan un fusilamiento de un criminal irrecuperable en Cuba, pero nada dicen de rechazo y condena contra los vulgares y detestables asesinatos que se cometen en el Medio Oriente contra las mujeres que carecen de derechos pero son obligadas a profesar fidelidad a los deberes. Nada, nada dice y callan como los peores c?mplices de cr?menes de lesa humanidad. El gobierno estadounidense, por ejemplo, nada dice que en Arabia Saudita, por ejemplo, cortan manos, brazos, piernas y todo en nombre de Dios como castigo para vengarse de delitos que el mismo modo de producci?n capitalista, por efectos de miseria y degeneraci?n, es el principal generador de los mismos. Lo cierto es que ninguna ideolog?a, ninguna pol?tica ni ninguna religi?n que asuma, como principio, crueles castigos para las mujeres mientras libera al hombre de los mismos, conducir? al mundo hacia la emancipaci?n social. No puede creerse en un Dios que avale esos castigos, por mucho que los profetas digan lo contrario.

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Tags: mujeres, asesinados, Dios, espacio, profeta, oxígeno, manos

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