Mi?rcoles, 01 de septiembre de 2010

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Claridad/Rebeli?n


Definitivamente, ?tomar? el poder del Estado es m?s f?cil que refundarlo. De ello da testimonio inequ?voco el destino de las revoluciones rusa y china, dos de los m?s grandes acontecimientos hist?ricos del pasado siglo veinte.

Desde su estadocentrismo, con su llamada ?democracia popular? timoneada por elites burocr?ticas, ambas ignoraron que la revoluci?n es permanente o no es revoluci?n, es decir, que de lo que se trata en ?ltima instancia es de la refundaci?n del tiempo hist?rico. Y la refundaci?n no anida, en ?ltima instancia, en el c?lculo econ?mico del capital, sino que en la constituci?n de un nuevo orden civilizatorio arraigado en lo com?n y, como tal, portador de unos nuevos fines ?ticos como palanca del desarrollo y el bienestar, como bien advirti? el Che Guevara.

La constituci?n de una nueva hegemon?a s?lo es posible a partir de la construcci?n de una nueva sociedad. He ah? el eje de cualquier proceso revolucionario, la transformaci?n de las relaciones de orden vital, y no la mera apropiaci?n del aparato estatal.

La historia contempor?nea nos ha demostrado fehacientemente que el Estado actual, de talante principalmente liberal-capitalista, es una telara?a de relaciones sociales y de poder en funci?n del apuntalamiento permanente de los intereses del mercado. Como tal se estructura como un dispositivo de mando desde arriba, burocr?tico y profundamente desconfiado de la autodeterminaci?n concreta de los pueblos. De ah? que no se trata, en ?ltima instancia, de ?tomar? el poder del Estado, recomponerlo con caras y pol?ticas diferentes, sino de refundarlo, desde abajo, encarn?ndolo en toda la sociedad: el soberano popular.

La reflexi?n anterior viene a prop?sito de las genuinas inquietudes suscitadas por diversas contradicciones que han irrumpido en el seno de los procesos de cambio revolucionario que se viven en Bolivia y Ecuador. Se trata, por ejemplo, de los conflictos recientes en el Potos? boliviano y la Amazonia ecuatoriana, lo que reflejan serias diferencias en torno a lo que algunos se?alan como la pervivencia en sus respectivos gobiernos de cierto ilusionismo desarrollista y extractivista, propio del modelo colonial de acumulaci?n impuesto por el capitalismo.

Al enfrentarse tambi?n a lo que entienden es la continuidad de un modelo estadoc?ntrico de gobernabilidad, las comunidades ind?genas exigen ser consultadas, ser parte indispensable de la decisi?n en torno a las extracci?n de recursos naturales que yacen en el subsuelo de sus territorios, como lo requiere, por ejemplo, las nuevas constituciones en sus respectivos pa?ses.

Seg?n explica Immanuel Wallerstein en un reciente art?culo suyo titulado ?Contradicciones en la izquierda latinoamericana? (www.rebeli?n.org, 21 de agosto de 2010): ? Los movimientos indigenistas han tratado de conseguir un mayor control sobre sus propios recursos y una mejora de las relaciones no s?lo con los actores no nacionales, sino tambi?n con sus propios gobiernos nacionales. En general, afirman que su objetivo no es el crecimiento econ?mico, sino llegar a un acuerdo con la Pachamama, o madre tierra. Aseguran que no buscan una mayor utilizaci?n de los recursos, sino un uso mucho m?s sensato que respete el equilibrio ecol?gico: persiguen el denominado buen vivir ? .

Asimismo, el reconocido periodista uruguayo Ra?l Zibechi advierte en otro art?culo reciente, sugestivamente titulado ?El Estado contra los pueblos indios?, que est?n surgiendo ?las primeras grietas? en dichos procesos de cambio a partir de ?una potente disputa de poder, ya que los pueblos originarios no tienen por qu? aceptar el marco del Estado-naci?n? como pivote de la aspirada refundaci?n. En el fondo, puntualiza, se trata de una cuesti?n de soberan?a.

En una conferencia magistral ofrecida en abril pasado, en Mayag?ez, en la Facultad de Derecho Eugenio Mar?a de Hostos, el fil?sofo pol?tico boliviano, Luis Tapia Mealla advirti? que se estaba viviendo en su pa?s un proceso de ?desbordamiento de la pol?tica en relaci?n al Estado?. La rebeli?n plurinacional y popular que culmin? en el ascenso a la presidencia de Evo Morales no es esencialmente estatalista, sino que propende m?s bien hacia formas m?s comunitarias de mando pol?tico. Incluso, se?al? que existen culturas y naciones dentro de Bolivia que no tienen una noci?n del Estado como parte de su modo de pensar o de vivir. El rasgo central de su modo particular de gobernanza es la asamblea comunitaria. Concluy? Tapia que, adem?s, el Art?culo 2 de la actual Constituci?n del Estado Plurinacional, Multicultural y Comunitario pr?cticamente ?anula al Estado?, pues reconoce la libre determinaci?n de las naciones, pueblos y comunidades.

Por otra parte, en una muy pertinente obra reci?n publicada titulada ?Refundaci?n del Estado en Am?rica Latina: Perspectivas desde una epistemolog?a del Sur? (IIDS, Lima, 2010), nos explica el reputado soci?logo jur?dico portugu?s Boaventura de Sousa Santos, que en el caso del presidente Rafael Correa en Ecuador, ?hay una sola manera de pertenecer a la naci?n: ser ciudadano; por eso hay un solo concepto de naci?n: el concepto liberal, republicano. Para los ind?genas hay dos conceptos de naci?n, el liberal y el etnocultural; por ello mismo hay maneras distintas de pertenecer a la naci?n, como ciudadanos y como pueblos?.

El reconocido pensador altermundista, quien tambi?n es uno de los fundadores del Foro Social Mundial, entiende que entre los dos conceptos ?hay tensiones pero no hay incompatibilidad?. Son parte ineludible del actual ?di?logo intercultural?.

As? ocurre con la diferencia en torno al ?mbito de las decisiones pol?ticas. En el caso de los ind?genas, asegura: ?La decisi?n comunitaria es lo que cuenta y demanda tiempo para poder ser construida?.

El mandatario ecuatoriano, por su parte, no acepta que su gobierno ?tenga que pedirle permiso a tal o cual gremio para gobernar?. Tanto Correa como Morales han pretendido demonizar dichas movilizaciones ind?genas y descalificar sus reclamos, lo que les ha valido sendas cr?ticas a?n al interior de sus propios movimientos gobernantes.

Abunda Santos que hay que entender que: ?Para los ind?genas? el buen vivir es la producci?n de la vida, sobre todo de la vida colectiva y, adem?s, la producci?n de la vida en el sentido m?s amplio que incluye tambi?n a la madre tierra y sus ciclos vitales. El orden econ?mico es tambi?n social, pol?tico y cultural, y tiene como unidad b?sica no el individuo, sino la familia y la comunidad?.

?El sentido pol?tico de la refundaci?n del Estado ?nos dice Santos? deriva del proyecto de pa?s consagrado en la Constituci?n. Cuando, por ejemplo, las Constituciones de Ecuador y Bolivia consagran el principio del buen vivir (Sumak Kawsay o Suma Qama?a) como paradigma normativo de la ordenaci?n social o econ?mica, o cuando la Constituci?n de Ecuador consagra los derechos de la naturaleza entendida seg?n la cosmovisi?n andina de la Pachamama, definen que el proyecto de pa?s debe orientarse por caminos muy distintos de los que conducir?n a las econom?as capitalistas, dependientes, extractivistas y agroexportadores del presente.?

De ah? que existan a su entender tres imperativos que deben encarar los gobiernos de Bolivia y Ecuador ante la contradicci?n trabada entre ese paradigma normativo del buen vivir y los requerimientos perentorios del desarrollo para atender las necesidades materiales b?sicas de sus pueblos respectivos:

(1) la desmercantilizaci?n de su pol?tica econ?mica hacia formas de producci?n social m?s comunitarias y populares, con una gobernanza com?n sobre los recursos estrat?gicos;

(2) la democratizaci?n sin fin y sin l?mites de todos los procesos de deliberaci?n, desde los gubernamentales hasta los productivos; y

(3) la descolonizaci?n que incluye el pleno reconocimiento de las m?ltiples modos de pensar, producir y vivir que existen en el espacio plurinacional.

Al respecto, Santos cita a la intelectual y activista aimara Mar?a Eugenia Choque Quispe, quien resume magistralmente el desaf?o: ?La necesidad de construir el pluralismo parte de la conciencia de que el conflicto es inevitable, por cuanto el problema del pluralismo es en cierto sentido el problema de unos, pero tambi?n de los otros. ?C?mo podemos tolerar al otro si la forma del pensamiento es construida y razonada bajo una sola l?gica? Entonces el reto es: ?qu? hacer frente a dos sistemas incompatibles? Por ello la necesidad de puntualizar el debate en la dimensi?n pol?tica dentro de lo que significa la representaci?n y la interculturalidad?.

Bien hace el actual vice ministro de Planificaci?n Estrat?gica de Bolivia, Ra?l Prada Alcoreza, en proponer en un reciente art?culo titulado ?La alternativa al desarrollo? (www.bolpress.com, 22 de julio de 2010) que en contraposici?n a las formas pasadas del Estado, est? planteada hoy ?una transici?n donde se busca que la maquina estatal sirva como un instrumento de transformaci?n de las multitudes, un instrumento deconstructor de su propio aparataje, de la propia maquinaria liberal y colonial?.

Abunda el ex constituyente boliviano: ?Se propone un Estado que cree las condiciones de posibilidad para el desarrollo de una sociedad libre y comunitaria, autodeterminante y autogestionaria, sustentable y en armon?a con la naturaleza. Se trata de un Estado en tr?nsito y en transici?n en un proceso que lo lleva a su propia desaparici?n?.

Ahora bien, lo que est? en juego en la actual coyuntura, como bien advierte Oscar Vega Camacho -quien al igual que Tapia Mealla y Prada Alcoreza es integrante destacado del influyente grupo boliviano Comuna- es si el Estado actual, en particular su Ejecutivo, ?tendr? la suficiencia y capacidad por s? mismo? para articular esta democracia de lo com?n, o si, m?s all? de ?ste, ?lo que estamos asistiendo en las calles y las movilizaciones? es un momento cr?tico de la transici?n hacia el Estado Plurinacional que ser? tambi?n potenciado decisivamente por la fuerza social de la acci?n colectiva.

Refundar el poder significa transformar radicalmente la pol?tica. Es la pr?ctica consecuente del principio ?mandar obedeciendo?, as? como del ?vivir bien entre nosotros? como marco de las posibilidades de convivencia social sin las acostumbradas asimetr?as de poder propias del capitalismo y el colonialismo. Se trata, en fin, del tr?nsito hist?rico de la raz?n de Estado a la raz?n de la comunidad, de la soberan?a estatal a la soberan?a comunitaria.

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El autor es Catedr?tico de Filosof?a y Teor?a del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio Mar?a de Hostos, en Mayag?ez, Puerto Rico. Es, adem?s, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorrique?o Claridad.


Tags: soberanía, comunitaria, buen vivir, democracia, revolución, actores, Bolivia

Publicado por blasapisguncuevas @ 22:50  | Socialismos
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