Jueves, 02 de septiembre de 2010

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De acuerdo con un an?lisis editorial publicado ayer por The New York Times, la reciente masacre de 72 migrantes centro y sudamericanos en Tamaulipas confirma que el gobierno de Washington ha delegado en los se?ores de las drogas el manejo de su pol?tica de abasto migratorio, como lo hizo anteriormente con el suministro de estupefacientes, y los resultados est?n claros.

Con crudeza inusual, el rotativo neoyorquino se?ala que ?los c?rteles mexicanos son alimentados por Estados Unidos con dinero en efectivo, armas pesadas y adicciones?, en tanto el flujo humano hacia el norte es alimentado por nuestra demanda de mano de obra barata. En tal circunstancia, las organizaciones del narcotr?fico ?capitalistas oportunistas? han incursionado en el negocio del tr?fico de personas: los inmigrantes indocumentados son en cierto sentido mejores que la coca?na, porque se les puede obligar a pagar rescate y convertirlos en transportadores de droga.

El editorial referido no s?lo se inscribe en los se?alamientos sobre la vinculaci?n creciente entre narcotr?fico y trata de personas ?v?nculo que result? b?rbaramente evidenciado por la masacre de centro y sudamericanos en Tamaulipas?, sino se suma a se?alamientos acerca de la inacci?n de Washington en materia de combate a las drogas.

Numerosos analistas han expresado dudas sobre el compromiso real del gobierno estadunidense en ese empe?o impuesto por ?l mismo a otros pa?ses del continente, y para fundamentar la sospecha se se?ala, entre otros hechos, la supuesta incapacidad del aparato policial, militar y tecnol?gico m?s poderoso del mundo para detectar e interceptar la inmensa mayor?a de los embarques de estupefacientes il?citos que cruzan la l?nea fronteriza entre M?xico y Estados Unidos o que ingresan a la naci?n vecina por mar o por aire. Una vez que las sustancias il?citas llegan a ese pa?s, se distribuyen y comercializan sin mayores contratiempos desde el r?o Bravo hasta Canad?, y desde el Pac?fico hasta el Atl?ntico.

La inconsistencia entre el discurso oficial de Washington y sus acciones para detener el tr?fico de estupefacientes en su propio territorio es sim?trica a la incongruencia que existe entre las pol?ticas oficiales en materia de migraci?n, persecutorias y represivas, tanto en lo federal como en los ?mbitos estatales, y la evidente necesidad de la econom?a estadunidense de nutrirse con mano de obra barata que no puede provenir m?s que de los trabajadores extranjeros, latinoamericanos en su mayor?a, que llegan al pa?s sin documentos migratorios.

En uno y otro ?mbitos se pone de manifiesto, pues, una hipocres?a que a decir de The New York Times llega hasta el punto de usar a los c?rteles mexicanos como la v?lvula que controla el caudal migratorio. En la medida en que tales ejercicios de simulaci?n sean ciertos ?y todos los elementos de juicio apuntan a que lo son?, resulta inevitable preguntarse si semejantes abismos entre las leyes y la pr?ctica gubernamental y empresarial no configuran un gigantesco fraude a la comunidad internacional y a la propia opini?n p?blica estadunidense, mayoritariamente intoxicada por una propaganda que presenta, por un lado, a un pa?s inmaculado, pr?spero, sano y regido por el derecho, y por el otro, a un conjunto de naciones que invaden el territorio estadunidense con drogas il?citas y con migrantes delictivos y peligrosos.

En todo caso, queda claro que el lugar de los segundos en el narcotr?fico no es el de protagonistas, sino en todo caso el de v?ctimas, y que son las propias autoridades de Estados Unidos las que por medio de estrategias fallidas, si no es que malintencionadas, las que han creado esa circunstancia.

La conclusi?n inevitable de esta reflexi?n es que Washington carece de autoridad moral para dictar, acordar o sugerir acciones en materia de combate a la delincuencia organizada y, en particular, al tr?fico de drogas, y que si bien es cierto que tales fen?menos, habida cuenta de su car?cter global, deben ser enfrentados en forma multilateral y concertada, las estrategias correspondientes deben ser formuladas en negociaciones equitativas y respetuosas de las soberan?as. En este punto, a las autoridades mexicanas corresponde abandonar la sumisi?n con la que han actuado y asumir de una vez por todas que Estados Unidos no puede ser visto como fuente de soluciones, sino como parte del problema.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/08/31/index.php?section=opinion&article=002a1edi


Tags: drogas, Tamaulipas, tráfico, vinculación, cocaina, La Jornada, mano de obra

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