Mi?rcoles, 08 de septiembre de 2010

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Adi?s al caricaturista de Rebeli?n: Tomy
Queda prohibido que mueran los humoristas



A las 6 de una tarde perdida conoc? a Tomy. Fue una tarde simple por bella, sencilla por revolucionaria y perdida por ?nica, justamente en el Palacio de convenciones de la Habana donde disertar?a con el legendario acento de los d?as rom?nticos del 59 el Comandante Fidel Castro.

All? estaba el hombre sentado a mi lado, en la tercera fila de las sillas destinadas para los caricaturistas del mundo, que asist?amos a una convenci?n de prensa libre en 2002, precedidos por nuestro compromiso de conspirar contra la verdad surrealista inventada por la prensa, presa del capital.

All? nos conocimos. Hablamos de tantas cosas y la conversaci?n se torn? tan interesante que trascendi? los ritos protocolarios de la bienvenida y dejamos los espacios vacios del sal?n para enfrascarnos en la rese?a coloquial de esas peque?as cosas que s?lo la comuni?n humana entiende, mientras adentro la gran multitud como nosotros afuera, esper?bamos la llegada del m?tico Castro, ?se de barba tupida que encendi? la llama de la revoluci?n latinoamericana, y que en ese momento como ahora, y en su buen domado uso de la palabra hablada, se quejar?a de la pr?ctica pol?tica del mal que prestigia la abundancia por sobre el hambre. La pol?tica, esa puta que desde hace siglos los caricaturistas conocemos como la palma de nuestra mano, y que se mueve de burdel en burdel y que nosotros como el pan diario memorizamos en la punta de un l?piz, para desenmascarar a sus mejores postores.

Con Tommy caminamos por La Vieja Habana, ri?ndonos de cosas sin im?genes para olvidarnos por unos momentos de nuestras l?neas y trazos, de caricaturas inventadas al vuelo de rabos de nubes tropicales y descubriendo que la alegr?a era tambi?n revolucionaria como el amor y la paz, ese verso salvadore?o que se encarn? en esta patria proletaria y campesina.

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Aunque fue conversaci?n de un solo d?a fue la eternidad de Hemingway en ?Por qui?n doblan las campanas? o La vida es eterna en los cinco minutos de ?Te recuerdo Amanda?, puesto que nuestros destinos de responsabilidad y compromiso por un mundo m?s justo nos reencontrar?a en la red de Rebeli?n, colaborando como dos caricaturista en la madurez del filo pol?tico, para que nuestra ideas y pasiones descifraran la podredumbre cotidiana del ego?smo y la resistencia sin reservas de los que se rifan en el vac?o por la esperanza. Pero la noche de ayer 6 de septiembre me daba cuenta de que la muerte juguete? con el coraz?n d?bil de este buen hombre, porque no pudo asirlo de sus fuertes manos, esa muerte solitaria y fr?a que el garabate? para conjurarla, pero que igual lleg? envuelta en el humo maldito de la eternidad, que borra nuestros nombres del libro de los vivos y nos arroja al r?quiem y al obituario.

Ojal? un d?a dibuj?ramos a un dios que le diese por prohibir la muerte de los humoristas? y que solo se murieran los serios, esos pedantes de trajes impecables que llaman terrorismo a los sue?os, paz a las guerras, necesidades a las masacres y al hambre humana y democracia a las intervenciones. Afortunadamente los dioses actuales armados de l?pices y hojas en blanco dibujan las resurrecciones, y Tomy no dejar? de ser esa l?nea, esa mueca burlona, ese trazo de iron?a y esa conciencia que incomoda. Porque la muerte llega precoz en la vida de los que no son capaces de construir su propio mundo.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: caricaturista, Rebelión, La Habana, muerte, Tomy, Mc Donald, convenciones

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