Jueves, 23 de septiembre de 2010
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Por: Marcelo Colussi
Fecha de publicaci?n: 22/09/10

A modo de introducci?n?

Comencemos por decir que ?el ?nico para?so? es el para?so perdido?. O sea: la vida de los seres humanos, por lo menos hasta ahora en estos dos millones y medio de a?os que llevamos como especie desde que nuestros ancestros descendieron de los ?rboles, no ha sido precisamente un para?so. Como van las cosas, nada autoriza a pensar que el para?so est? a la vuelta de la esquina.

Pero sin proponernos algo tan inalcanzable como ?para?sos?, por el contrario buena parte de la poblaci?n mundial ?de la actualmente viva y de la que ya no est? tiene una experiencia m?s cercana a lo que podr?amos decir ?infierno?: la pobreza y la violencia, la pura sobrevivencia a los golpes con todo el rigor que ello implica, la guerra y los efectos de sociedades estructuradas en torno a la detentaci?n del poder como eje fundamental ?con todos los desastres que ello trae aparejado? son el pan nuestro de cada d?a de la mayor parte de la humanidad. Entre para?so e infierno, la gran mayor?a est? por lejos m?s cerca del segundo.

Am?n de la pobreza cr?nica con que muy buena parte de los humanos vive, la violencia en sus distintas formas es otra de las lacras que marcan nuestras vidas. Violencia, por cierto, que asume una muy amplia variedad de expresiones: pero las diferencias socioecon?micas irritantes ?el 20% m?s rico del mundo dispone de 80 veces m?s recursos que el 20% m?s pobre, por ejemplo? ?no son acaso una forma de violencia? En general, seg?n los (discutibles) criterios dominantes, la violencia implica la agresi?n directa contra el otro, el ataque f?sico, el paso a la acci?n concreta. En ese sentido, la guerra por un lado, o la criminalidad, son sus modelos por excelencia.

Entran en esta ?ltima una serie amplia de elementos: el homicidio, el robo, el asalto, cualquier da?o a la propiedad ajena, la violaci?n sexual, el secuestro de personas, el tr?fico de sustancias prohibidas. Existe cierta tendencia a identificar ?violencia? con ?criminalidad?, con lo que se invisibilizan/naturalizan otras formas de violencia: el autoritarismo, el machismo, el racismo, por ejemplo. Se mide as? con sofisticadas tasas la criminalidad, pero no el racismo o la vanidad. ?Se imaginan un ??ndice de vanidad??, ?y uno para medir la ?soberbia?? ?Y por qu? no un ??ndice de irresponsabilidad medioambiental?? ?Cu?ndo Naciones Unidas se va a atrever a medir la injusticia llam?ndola por su nombre y no con subterfugios tecnicistas?

Lo cierto es que la criminalidad ?entendida como cualquier delito que contraviene la normal convivencia social? es algo instalado en la din?mica humana y que se liga, confundi?ndose, con la inseguridad ciudadana. Ha existido desde siempre, en toda sociedad conocida, pero algo sucede en nuestra historia que en estos ?ltimos a?os tiende a crecer.

En las ?ltimas d?cadas la criminalidad ha sido un fen?meno en alza en pr?cticamente todas las regiones del planeta. De 1980 a 1997 las denuncias de actos criminales aumentaron en un 131% en el ?mbito global, lo que equivale a una tasa promedio de crecimiento anual de casi el 8 por ciento. En vez de crecer la felicidad global, crece el crimen. ?Qu? est? pasando?

En Latinoam?rica (la segunda tasa mayor de homicidios anuales del mundo duplicando la que ten?a en 1980) y en los llamados pa?ses en transici?n ?es decir: eufemismo para mencionar aquellos que salieron del socialismo sovi?tico de Europa? ese aumento coincide con la llamada ?d?cada perdida? por la falta de crecimiento econ?mico para la primera, y con la transformaci?n de una econom?a planificada a una de mercado en la segunda, lo que revela que el aumento de la criminalidad tiene entre sus causas el deterioro econ?mico que se resinti? por aquellos a?os en dichas regiones.?

De la lucha de clases a la criminalidad desatada ?

As??entendida, la criminalidad constituye un problema pol?tico-cultural con infinidad de aristas. Es, entre otros, un problema de salud p?blica, y como tal, la epidemiolog?a la estudia con preocupaci?n. Para la Organizaci?n Mundial de la Salud un ?ndice normal de criminalidad medida por muertes violentas intencionales se encuentra entre 0 y 5 homicidios por 100.000 habitantes en el per?odo de un a?o. Cuando ese ?ndice de homicidios se ubica entre 5 y 8 la situaci?n se considera delicada, pero cuando excede de 8 nos hallamos frente a un cuadro de criminalidad ?epid?mica?.

En muy buena medida, lo que cuenta en estos fen?menos es la percepci?n que tienen las poblaciones al respecto. ?D?nde se vive mejor: en Pek?n (China) o en Zurich (Suiza), en Estocolmo (Suecia) o en una aldea del departamento de Totonicap?n (Guatemala), en un monasterio budista del T?bet (Nepal) o en ciudad de M?xico, la ciudad m?s poblada y contaminada del mundo?

La respuesta a estas preguntas est? m?s all? de los ?ndices concretos, de los fr?os n?meros a que una ciencia social as?ptica nos tiene acostumbrados. La calidad de vida de una poblaci?n implica supuestos culturales, si se quiere: filos?ficos. De eso se trata en definitiva: del proyecto en juego. Aunque el DF sea un infierno urbano, quiz? para un poblador de una aldea rural pueda ser un sue?o por todas las bondades que le ofrece en t?rminos materiales, pero no para un habitante de Zurich acostumbrado a la calma y al orden. Sin dudas, la valoraci?n de la calidad de vida es siempre relativa. En Estocolmo (Suecia), los ?ndices de inseguridad ciudadana son bajos, de los m?s bajos del mundo, su ?calidad de vida? est? entre las m?s altas? pero ese pa?s ?donde se otorgan los premios Nobel, incluido el de la Paz (Henry Kissinger por ejemplo, o Barak Obama ?son imb?ciles los suecos?), y donde su primer ministro Olof Palme fue asesinado en la calle, como puede pasar en una ?peligrosa? ciudad del Tercer Mundo? es uno de los grandes productores de armas. Y suecos son algunos de los grandes bancos que constituyen el Fondo Monetario Internacional, causantes, por ejemplo, del colapso financiero que vivieron a?os atr?s pa?ses ex socialistas ??en transici?n?, para usar el vocabulario de moda? como Ucrania, Hungr?a y Letonia. Pero ning?n sueco se percibe como violento. Por el contrario, esa poblaci?n se siente primera defensora de la paz mundial. En un sentido lo es, sin dudas, y el ciudadano sueco com?n as? lo percibe, pero la violencia est? m?s all? de la pulcritud de sus calles y de la desaprobaci?n del trabajo infantil que pueda tener en su constituci?n. (En Centroam?rica, por cierto, alrededor del 2% del producto bruto de la regi?n lo producen menores, es decir: el 25% del ingreso familiar urbano. ?Qui?n tiene la ?culpa??)

En algunas comunidades mayas-quich?del departamento de Totonicap?n? ?donde se encuentra la segunda reserva de pinabetes m?s grande del mundo? en la golpeada naci?n centroamericana de Guatemala (con 245.000 muertos en su reciente guerra interna), los actuales ?ndices de criminalidad son tan bajos como los del mencionado pa?s escandinavo, siendo que a nivel nacional toda Guatemala exhibe una tasa de homicidios de 45 por 100.000, una de las m?s altas de Am?rica Latina. ?D?nde se vive mejor? ?Ser? m?s feliz un totonicapaneco o un sueco?

Si en Argentina la ciudad de Santa Mar?a de los Buenos Aires ?que de ?buenos? parece no tienen mucho sus polucionados aires, una de las capitales m?s contaminadas del mundo? es, seg?n una reciente medici?n, la ciudad latinoamericana con mejor calidad de vida, habr? que ver si los habitantes de las siempre crecientes villas miseria (las favelas, los precarios barrios urbano-marginales que ya se cuentan por millones) entraron tambi?n en la encuesta. En Buenos Aires, tan culta como Par?s o tan bella como Roma (??), ?se vive mejor que en esas aldeas de Totonicap?n? Habr? que ver a qui?n se le pregunta, claro?

Por supuesto que hoy, en un mundo absolutamente globalizado desde los patrones euroc?ntricos dominantes, los criterios para juzgar la realidad est?n ya establecidos: todo el planeta ?entiende? las cosas con la l?gica triunfante, la de la sociedad establecida desde el libre mercado que fija el Norte pr?spero. La paz y el respeto con el medio ambiente de un campesino de Totonicap?n por supuesto no cuentan; la ?calidad? de la vida est? m?s cerca del n?mero de veh?culos de que se tiene que de la cantidad de ?rboles por ser humano con que se cuenta. ?Se vive mejor en Zurich que en un monasterio tibetano? Dif?cil decirlo, sin dudas. Seg?n el patr?n dominante, sin dudas la ciudad suiza tiene la m?s alta calidad de vida del planeta. ?Se necesita ser el banco del orbe para ello? Bueno, siendo as? no parece muy s?lida ni sustentable la idea de ?alta calidad de vida?, porque no todos podemos ser el banco del mundo. ?Cu?ntos pa?ses en el planeta pueden autoproclamarse neutros? Y hoy por hoy estamos convencidos que usar todos los aparatos que la tecnolog?a del capitalismo dominante ha generado nos hace m?s felices. No hay dudas que en todo esto hay debates abiertos, que el discurso hegem?nico puede y debe ser puesto en entredicho.

Lo cierto es que la criminalidad crece, eso es inobjetable. Crece en todo el planeta, pero como dec?amos m?s arriba, las regiones m?s deprimidas econ?micamente son las que han mostrado los ?ndices de crecimiento m?s fabulosos. ?Y la criminalidad con pobreza es agobiante! Uno de cada cuatro j?venes latinoamericanos est? fuera del sistema educativo y del mercado de trabajo. De ah?, seguramente, es m?s f?cil esperar problemas que soluciones. A prop?sito, se?ala una investigaci?n de la Universidad Nacional de M?xico sobre dicho pa?s que ?la base de apoyo social del narcotr?fico comprende a m?s de 500.000 personas. Mientras no haya una pol?tica econ?mica y social para reducir la pobreza ser? dif?cil revertir la situaci?n? [de la inseguridad].

En tal sentido, la ola de inseguridad ciudadana que se va expandiendo por todos lados, constituye una marca de nuestro tiempo, del fin del siglo XX e inicios del nuevo milenio. Pero la percepci?n que acompa?a ese fen?meno es la que cuenta: el pa?s europeo donde se denuncian m?s robos de autom?viles, de bicicletas, de allanamientos a viviendas y de robos contra la propiedad personal en general, es Suiza, lo cual no significa que sea donde m?s delitos de este tipo se cometen sino: 1) donde m?s se conf?a en los cuerpos de seguridad para denunciar los il?citos y en los correspondientes sistemas de justicia que se encargan de arreglarlos, o 2) donde la idea de propiedad privada ha calado m?s hondo (Suiza? el banco del mundo, no pod?a ser de otra manera. Dijo Bertolt Brecht al respecto: ?es delito robar un banco, pero m?s delito a?n es fundarlo?). Mientras que la capital mexicana es el centro urbano con m?s c?maras p?blicas de vigilancia policial en Am?rica Latina, con alrededor de 12.000, contando al mismo tiempo con 82.000 agentes de polic?a, para ser el mayor grupo policial entre las ciudades latinoamericanas, no por todo ello la percepci?n de la capital azteca es de seguridad precisamente (es la ciudad del mundo con mayor n?mero de secuestros per capita). Pero si hablamos de calidad de vida, M?xico es la ciudad con mayor n?mero de librer?as de Latinoam?rica. C?mo entender/medir eso de ??d?nde se vive mejor??

Es decir que la inseguridad, en muy buena medida, va asociada a c?mo se la percibe, al imaginario colectivo que de ella existe. Lo cual, en nuestros d?as, y siempre en forma acrecentada significa: la inseguridad ciudadana depende de c?mo la construyen las agencias medi?ticas, imprescindibles poderes constructores de la ?realidad social? de hoy.

?Es el democr?ticamente electo presidente venezolano Hugo Ch?vez un dictador sanguinario? Los dictadores no ganan elecciones democr?ticas una tras otras, por supuesto, con un pueblo que los ama, los endiosa incluso. Ni los musulmanes son unos ?fan?ticos fundamentalistas sedientos de sangre? (casualmente tanto en Venezuela como en buena parte de Oriente Medio, musulm?n por definici?n, est?n las reservas petroleras m?s grandes del mundo), ni el narcotr?fico ni la violencia urbana son el principal verdadero problema en Latinoam?rica. Pero eso es lo que dicen incansablemente los medios comerciales, d?a a d?a, minuto a minuto. ?El narcotr?fico y otras formas de asociaci?n que generan violencia social les ofrece la coartada perfecta a los Estados Unidos para tener una presencia constante en la regi?n, presencia que es cada vez m?s militar, a tono con las pol?ticas represivas y de mano dura que prevalecen?, analizaba agudamente Rafael Cuevas.

Lo que menos necesitamos en los sufridos pa?ses de Am?rica Latina es ?mano dura?; pero eso es lo que a menudo prevalece como pol?tica p?blica para ?combatir? la criminalidad. Esa visi?n apunta a un tratamiento b?sicamente policial de todo el problema, enfatizado medidas como el dar m?s facultades a la polic?a o a los cuerpos de seguridad ?y en algunos casos a las fuerzas armadas? para tareas de orden interno (el ?gatillo f?cil?), permitir el encarcelamiento a?n por infracciones menores para dar ejemplo de dureza (la llamada tolerancia cero), considerar delito los signos de pertenencia a pandillas, bajar la edad de encarcelamiento, acelerar los juicios por este tipo de delitos ?pero no para juzgar a un empresario evasor de impuestos o a un funcionario p?blico corrupto?, implantar castigos m?s severos, pedido de pena de muerte, criminalizar a la ?juventud pobre?, y por extensi?n, a todas las zonas urbanas pobres. Ahora bien: estudios serios sobre los pa?ses del istmo centroamericano que han venido aplicando mano dura en estos a?os demuestran que las cifras de inseguridad ascendieron, y el n?mero de miembros de las ?maras? aument?. Similar a lo que sucedi? en Colombia con el tristemente c?lebre Plan Colombia (luego Plan Patriota): con una militarizaci?n extrema del pa?s, la producci?n y tr?fico de coca no disminuy? sino que, por el contrario, aument?, y la sociedad colombiana en su conjunto no se pacific? sino que contin?a siendo de las m?s violentas del orbe.

Abordar estos complejos problemas sociales no es tarea f?cil, sin dudas; pero la versi?n polic?aco-militar no soluciona nada. Eso ya est? largamente demostrado.

Esta desatada inseguridad ciudadana (en Latinoam?rica en particular, con tasas de las m?s altas del planeta) tiene costos para el conjunto de la sociedad, en t?rminos de los sistemas de salud, seguridad y justicia. Se estima que el 14% del producto bruto de la regi?n latinoamericana se pierde por la violencia, casi tres veces m?s que en los pa?ses del Norte donde las p?rdidas por tal motivo son menores al 5% de su producto. Esas p?rdidas superan ampliamente en muchos pa?ses de la regi?n al total de su inversi?n en las ?reas sociales. Junto a ello se hallan muchos otros costos dif?ciles de medir, pero muy concretos: los costos intangibles, costos invisibles aunque de gran efecto como la sensaci?n de inseguridad, el miedo, el terror y el deterioro de la calidad de la vida cotidiana. En definitiva, podr?a abrirse la pregunta si en toda esta epidemia de violencia que nos envuelve no hay proyecto pol?tico, no hay direccionalidad.

Para salir r?pidamente al paso de la acusaci?n de ?teor?a complotista? que se podr?a estar filtrando en esta afirmaci?n, es importante no perder de vista dos consideraciones:

1) Es dif?cil que haya un plan maquiav?licamente urdido que ponga en marcha cada ?mara?, cada matanza de bandas rivales de narcotraficantes o cada tel?fono celular robado que tiene lugar en cada esquina de estas castigadas sociedades. Pero hay un nivel en que se descubre una intencionalidad m?s macro tras todos estos fen?menos. Algo as? como: ?a r?o revuelto, ganancia de pescadores?. La ganancia, definitivamente, no es para las grandes masas populares. ?Podemos creernos realmente que el problema de fondo de las empobrecidas sociedades de la regi?n lo constituyen bandas de criminales, o ellas son s?lo la punta visible de un iceberg infinitamente m?s grande? En todo caso, este auge de crimen tiene varios factores a la base: la pobreza y exclusi?n social como principal. Y pol?ticamente, luego de las guerras sucias que se vivieron en la d?cada de los 80 del pasado siglo y los planes neoliberales de achicamiento de los Estados nacionales, este clima de inseguridad perpetuo sirve a los poderes para seguir controlando a las grandes masas. A ello contribuye de manera arm?nica el llamativo auge tambi?n descontrolado de las nuevas iglesias evang?licas que saturan la regi?n. Dicho en otros t?rminos ?y aunque esto lo quieran presentar como ?pasado de moda? en el ?mbito de las ciencias sociales?: para entender esta explosi?n de criminalidad y violencia hay que apelar al concepto de lucha de clases. Eso no ha desaparecido, aunque su formulaci?n te?rica est? hoy invisibilizada. ?C?mo entender estos complejos fen?menos pol?tico-sociales si no es a la luz de estas luchas a muerte en torno al poder? ?O vamos a pensar que hay cada vez m?s ?gente de mal coraz?n? que, por deporte, se dedica al hampa?

2) Una sociedad tan latinoamericana como todas las de la regi?n?(tomando ron y bailando m?sica caribe ?sabrosona?, lejos de la fisonom?a de un pa?s n?rdico, que es lo que tenemos como modelo casi obligado de ?seguridad?) no presenta en absoluto estos ?ndices de criminalidad: Cuba.?

Cuba: ?dictadura o para?so??

Nadie dijo que en la isla no haya expresiones de violencia ciudadana, incluso habiendo aumentado en los ?ltimos tiempos, tal como han llegado a reconocer medios oficiales. Aunque en la prensa que ataca sistem?ticamente a la revoluci?n nunca se habla de ello, es un hecho incontestable que el grado de criminalidad en Cuba es inferior incluso al de los pa?ses que consideramos m?s seguros en el planeta, es decir: los escandinavos.

Retomamos aqu?? lo dicho m?s arriba: la realidad pol?tico-cultural es, cada vez m?s, lo que construyen los medios masivos de comunicaci?n. Cuba tiene una tasa de homicidios anuales inferior a 5 por 100.000 personas, pero la prensa comercial jam?s lo dice.

En Cuba hay infinidad de problemas, a no dudarlo (como los hay en todas partes, por cierto). Una vez m?s, entonces, la pregunta: ?d?nde se vive mejor? Vale recordar que en el Norte pr?spero y desarrollado se habla de ?calidad de vida?; en el Sur, pobre y oprimido, en todo caso se habla de su posibilidad. Cuba, con enormes problemas estructurales, bloqueada, agredida continuamente, tiene una cantidad de ?ndices de calidad de vida similar a los pa?ses llamados desarrollados (esos que manejan los bancos del mundo, deciden las guerras e imponen las modas que estamos obligados a seguir). El de la seguridad ciudadana es uno de ellos.

Por supuesto que hay hechos violentos, j?venes agresivos, actos delictivos. De hecho, medios oficiales reconocen que la crisis econ?mica en que se hundi? el pa?s desde principios de los 90 del siglo XX con el ?per?odo especial? ante el colapso sovi?tico y las medidas que se implementaron para salir de ese atolladero, abrieron paso a manifestaciones de ?individualismo, ego?smo, incivilidad, marginalismo y violencia cotidiana?. Pero las tasas de seguridad ciudadana siguen siendo bajas, muy bajas. Cuba es un lugar seguro.

Es muy importante destacar esto, porque hoy por hoy, producto de la manipulaci?n medi?tica de la que nadie puede escapar, la ?realidad? dominante del mundo, y no digamos de Latinoam?rica, es la violencia desatada, la criminalidad que pareciera no dar respiro, el crimen organizado que se presenta como m?s poderoso que los mismos Estados. Ante ello es imprescindible hacer ver que all? hay mucho de falacia, pues un pa?s como Cuba, sin ?tolerancia cero? ni ?mano dura? contra el crimen, presenta un clima de seguridad del que est? a a?os luz cualquier pa?s vecino de la regi?n (con ?ndices de homicidios de 50 por 100.000 habitantes en m?s de un caso).

En la isla no hay evidencias de la existencia de pandillas juveniles, las temibles ?maras? que llegan al colmo de paralizar todo un pa?s, como recientemente ocurriera en Honduras, u obligaron a militarizar las favelas de R?o de Janeiro en el 2007, paralizando pr?cticamente toda la ciudad, ni hay una ?cr?nica roja? que hace fest?n ?y buen negocio? con el sensacionalismo de la nota sangrienta, amarillista, pues si un delito toma estado p?blico y llega a los diarios, la nota se redacta con una prosa did?ctica como parte de una pol?tica preventiva. El consumo de drogas prohibidas es sumamente bajo (?se es un verdadero problema de salud p?blica, por tanto pol?tico nacional, que hay que atacar con inteligencia, y no cayendo sobre el campesino de los pa?ses productores al que se le queman sembrad?os). Si se quiere atacar realmente la cadena de distribuci?n y el tr?fico de las sustancias prohibidas, toda la parafernalia militarista con que los poderes ?persiguen? mafiosos en los pa?ses de la regi?n no parece estar dando resultado (?curiosamente?). Al menos, no termina con el negocio? a no ser que el resultado buscado no sea ?se precisamente, sino controlar sociedades.

Cuba, hay que decirlo, no est? ?en manos del narcotr?fico?, como sucede en tantos Estados ?descertificados? por la Casa Blanca (?cu?ndo la Organizaci?n Mundial de la Salud ?descertific? de la lista de ?pa?ses saludables? a Estados Unidos por principal naci?n del mundo en presencia de t?xico-dependientes?) Ante un caso sonado de narcotr?fico La Habana efectivamente s? actu? y se detuvo el delito, fusilando al principal responsable, el general Arnaldo Ochoa en 1989. De hecho no hay tr?fico de drogas ilegales en la isla, por tanto bandas que se ocupen del negocio. Ni por tanto ??ser? lo que se espera finalmente?? planes militares tipo Colombia ni M?rida para enfrentar ese ?apocalipsis?.

Cuba est? llena de problemas, de contradicciones; si queremos ser m?s duros incluso: de mezquindades y flaquezas. Pero si la imposibilidad de caminar tranquilas (sin violaci?n sexual a la vista) y tranquilos por la calle es el gran d?ficit de las sociedades actuales ?de las de Am?rica Latina en especial, pero no s?lo, pues el fen?meno va expandi?ndose en forma global?, si andar de noche pas? a ser un drama de proporciones gigantescas dada la inseguridad reinante, si en cualquier esquina nos pueden asaltar o sabemos que no tenemos que entrar en ?zonas rojas? (rojas, no por socialistas?, valga la aclaraci?n) porque una mara ya no nos dejar? salir en paz, si gastamos tantos recursos en seguridad (alambradas, polic?as privadas, sistemas de alarma, c?rceles de m?xima seguridad, veh?culos blindados, guardaespaldas, telec?maras y perros guardianes, etc., etc., etc.), si todo eso es el principal problema de nuestros d?as, la ?dictadura? cubana no lo presenta. Una dictadura que cuida a su gente? ?Vaya dictadura!, ?no? Y decir que la gente quiere huir de la dictadura no es buen argumento, porque de todos los pa?ses latinoamericanos su empobrecida poblaci?n sigue huyendo a diario hacia el ?para?so? del norte, pese a que en el camino se encuentre con una matanza como la reciente de Tamaulipas, en el l?mite de M?xico con el american dream.

Cuba no ser? un para?so seguramente, pero al menos est?m?s lejos del infierno que todos los otros pa?ses hermanos de la regi?n. Sus ?ndices de criminalidad lo dicen.

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Tags: sexual, homicidio, Cuba, violencia, guerra, racismo, machismo

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