Domingo, 26 de septiembre de 2010

?"Desaparezca la filosof?a del despojo y habr? desaparecido la filosof?a de la guerra"
Fidel

?El 26 de septiembre de 1960, hoy hace 50 a?os, Fidel pronunci? un memorable discurso en la XV Asamblea General de las Naciones Unidas. Por albergar en su seno la sede general de la ONU, Estados Unidos tiene la obligaci?n de acoger y facilitar la estancia a todas las delegaciones de los pa?ses miembros que asisten a sus asambleas, incluida a la cubana. Pero la hostilidad para con los visitantes de los pa?ses que escapan de sus garras siempre fue m?s que evidente. Cuba era un pa?s ?disidente? desde el primero de enero de 1959, y los yanquis, lejos de cumplir con sus obligaciones, procuraron de manera rid?cula e insultante que la delegaci?n cubana tuviese una estancia lo m?s inc?moda posible durante aquellos d?as de 1960.

No hab?a salido ?sta de la Isla cuando un cable informativo anunci? que el Sindicato de Maleteros del Aeropuerto de Idelwild -hoy Kennedy- hab?a acordado no cargar sus maletas, ?en protesta por la presencia del comunista Fidel Castro?. Adem?s, Christian Herter, Secretario de Estado de los Estados Unidos por aquel entonces, inform? a los periodistas que los movimientos del Primer Ministro cubano ser?an limitados dentro de la ciudad. Los cubanos respondieron prohibiendo al embajador estadounidense en La Habana ?de manera unilateral, los imperialistas rompieron relaciones diplom?ticas con Cuba el 3 de enero de 1961- moverse por otras calles que no fueran las existentes entre su residencia y la Embajada, y viajaron a Nueva York con las mochilas utilizadas en la Sierra Maestra. ?Ellos piensan que con ese anuncio nos van a asustar ?respondi? Fidel a la pregunta de un periodista-. Con esta mochila y esta hamaca pas? dos a?os en la Sierra Maestra y estoy en disposici?n de volverlas a usar. Y que conste que son las mismas.?

Presidida por Fidel, la delegaci?n cubana estuvo compuesta por Ra?l Roa, Celia S?nchez, Ramiro Vald?s, Antonio N??ez, Emilio Aragon?s, Jos? Abrantes, Juan Escalona y otros compa?eros. Dos d?as despu?s, el 20 de septiembre, se sumaron Juan Almeida y Regino Boti.

Ya en territorio estadounidense, el due?o del Hotel Shelbourne, Edwuard E. Spatz, argumentando que la presencia de Fidel provocaba una publicidad negativa para su negocio, exigi? pagos adicionales -un dep?sito de 20.000 d?lares-. De m?s est? decir que la exigencia fue rechazada. El propio Fidel se encarg? de comunicar al Secretario General de la ONU que, si no pod?an instalarse en el hotel, comprar?an tiendas de campa?a para acampar en el jard?n de las Naciones Unidas o en el Parque Central de la ciudad.

El revolico que esta decisi?n form? en la prensa y en las propias instancias de la ONU fue may?sculo. Finalmente, Larry B. Woods a trav?s de Malcolm X ofreci? el Hotel Theresa, sito en el ghetto negro de Harlem. El entonces Secretario General de la ONU, Dog Hammarksj?ld, trat? de que Fidel no aceptara el modesto Theresa, de que se trasladara a uno de los buenos hoteles de ?Midtown?. Pero la decisi?n ya estaba tomada, y los cubanos se fueron a Harlem ?con los humildes, los negros y latinos preteridos y discriminados, nuestros hermanos...? Pueden imaginarse la cara que debi? poner el funcionario sueco al recibir la respuesta.

En el hotel Theresa, Fidel recibi? la visita de numerosos l?deres mundiales, as? como de diferentes personalidades norteamericanas, entre las que se encontraba el citado Malcolm X? Y por fin, llegado el esperado d?a, el presidente de la Asamblea General, Frederik H. Boland, invit? a Fidel a ocupar la tribuna; eran las 3:55 p.m. del 26 de septiembre de 1960. Segundos despu?s, el Comandante en Jefe comenz? su hist?rico discurso ante 819 delegados de 96 naciones, entre los que se encontraban quince jefes de Estado y veintisiete ministros de Relaciones Exteriores. La prensa de todo el mundo estaba representada con alrededor de 1.200 periodistas; aquellos y ?stos escucharon con atenci?n manifiesta la encendida intervenci?n del l?der de la Revoluci?n Cubana.

Con la representaci?n de los agresores presentes, Fidel denunci? las agresiones estadounidenses contra Cuba y reivindic? el derecho de su pa?s a ser soberano e independiente: ?Las colonias no hablan ?expres? el compa?ero Fidel-, a las colonias no se les conoce en el mundo hasta que tienen oportunidad de expresarse. Por eso a nuestra colonia no la conoc?a el mundo, y los problemas de nuestra colonia no los conoc?a el mundo. En los libros de geograf?a aparec?a una bandera m?s, un escudo m?s; en los mapas geogr?ficos aparec?a un color m?s, pero all? no exist?a una Rep?blica independiente. Nadie se enga?e, que con enga?arnos no hacemos m?s que el rid?culo; nadie se enga?e, all? no hab?a una Rep?blica independiente, all? hab?a una colonia, donde quien mandaba era el embajador de los Estados Unidos.

No nos da verg?enza tener que proclamarlo, porque frente a esa verg?enza est? el orgullo de poder decir, ?que hoy ninguna embajada gobierna nuestro pueblo, que a nuestro pueblo lo gobierna el pueblo!? Y a continuaci?n hizo una exposici?n de la calamitosa y conocida herencia que el imperialismo yanqui dej? al pueblo de Cuba tras casi sesenta a?os de neocolonia.

Por supuesto que, como buen internacionalista que siempre ha sido, Fidel tambi?n se acord? del resto de los pa?ses oprimidos, y puso un ejemplo tan claro que todo el mundo pudo entenderlo: ?Si a esta Asamblea llegara un personaje interplanetario que no hubiera le?do ni el Manifiesto Comunista de Carlos Marx ni los cables de la UPI, o de la AP, o dem?s publicaciones monopolistas, y preguntara c?mo est? repartido el mundo, y en un mapa viera que las riquezas est?n divididas entre los monopolios de cuatro o cinco pa?ses, sin ninguna otra consideraci?n, dir?a: el mundo est? mal repartido, el mundo est? explotado. [?] Y aqu?, donde hay una gran mayor?a de pa?ses subdesarrollados, podr?a decir: una gran mayor?a de los pueblos que ustedes representan est?n explotados, han estado explot?ndolos desde hace mucho tiempo: han variado las formas de explotaci?n, pero no han dejado de ser explotados. Ese ser?a el veredicto?.

Record? que las guerras existen desde el principio de la humanidad, y que la raz?n fundamental de la existencia de aquellas es la perversa decisi?n de unos de despojar a otros de sus riquezas. Y exhort? a los m?ximos responsables de pr?cticas tan miserables: ??Desaparezca la filosof?a del despojo, y habr? desaparecido la filosof?a de la guerra! ?Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotaci?n de los pa?ses por los monopolios, y entonces la humanidad habr? alcanzado una verdadera etapa de progreso!?

Es evidente que los aludidos por las palabras de Fidel hicieron caso omiso, han hecho caso omiso durante estos cincuenta a?os; as? va el mundo como va. Y es que los monopolios nunca dejar?n de ser ?amigos? de las armas, y lo ser?n siempre por doble motivo: con ellas defienden sus ileg?timos intereses y, adem?s, la carrera armamentista siempre ha resultado ser un gran negocio para ellos.

Fidel discurs? durante cuatro horas y diez minutos. Acab? pues a las 8:15 p.m. Y lo hizo tras leer la parte m?s importante de la Primera Declaraci?n de La Habana, aprobada por el pueblo cubano el 2 de septiembre de aquel mismo a?o. Durante su hist?rica intervenci?n, el l?der de la Revoluci?n Cubana fue interrumpido en doce ocasiones por los clamorosos aplausos de los asistentes, as? como por las dos veces que la Presidencia de la Asamblea, Frederik H. Boland, le llam? la atenci?n por motivos poco convincentes. Si hist?rico fue el discurso pronunciado por Fidel, no menos hist?rica fue la ovaci?n de varios minutos que cosech? el Comandante en Jefe al cabo de su intervenci?n, ya que nunca antes hab?a ocurrido algo parecido en una sesi?n de Naciones Unidas.

La Revoluci?n Cubana siempre ha sido una obra creada y desarrollada por los humildes y para los humildes habitantes de la Isla irredenta. Pero, inevitablemente ?y afortunadamente tambi?n-, su dign?simo ejemplo ha trascendido a todos los pueblos y rincones del mundo. Por eso Cuba tiene un pu?ado de enemigos tan poderosos que, lejos de resignarse a aceptar la luminosa existencia de la experiencia cubana, se dedica a golpearla sin interrupci?n y de la manera m?s da?ina posible; por eso Cuba, a la vez, tiene un inmenso oc?ano de amigos sinceros que admiran su proceso revolucionario y ofrecen sin ambages su apoyo y solidaridad.

Como ya he comentado unas l?neas m?s arriba de este escrito, la delegaci?n cubana no fue bien recibida?, pero tuvo que ser recibida. Cuando abandonaron la sede de la ONU para regresar al hotel Theresa, los cubanos fueron insultados por algunos habitantes de los barrios ricos que cruzaron para llegar a su destino; en Harlem, sin embargo, fueron recibidos con admiraci?n y c?lidos aplausos. Un buen ejemplo de c?mo la sociedad est? dividida en clases, un buen ejemplo de la lucha de clases.

Fidel acababa de dejar bien claro las leg?tima determinaci?n del pueblo cubano: ser libre y soberano; y adem?s lo hab?a hecho en las propias entra?as del monstruo. No sent? nada bien a los verdugos de Cuba y del resto del mundo el ?atrevimiento? del l?der de la Revoluci?n Cubana, si acaso todo lo contrario. De vuelta a Cuba, a pesar de tener inmunidad diplom?tica, la delegaci?n revolucionaria tuvo que hacerlo en un avi?n cedido por los sovi?ticos, ya que la nave cubana que les llev? a Nueva York fue embargada por el gobierno estadounidense. Miserable comportamiento, sin duda, de un imperio torpe y decadente.


Blog del autor: http://baragua.wordpress.com


Tags: discurso de Fidel, imperialistas, Malcom X, despojo, colonia, República, Cuba

Publicado por blasapisguncuevas @ 14:44  | CUBA
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