Lunes, 04 de octubre de 2010
La crisis actual

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A Babord! Revue sociale et politique

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Sabemos que el origen de la crisis actual se est? en el fracaso masivo de los pr?stamos hipotecarios de alto riesgo concedidos a gran escala en Estados Unidos a compradores no solventes. Pero hunde sus ra?ces m?s profundas en el superdesarrollo de un capital vol?til, desligado de la inversi?n en la producci?n y con libertad para desplazarse en todo el espacio planetario en funci?n ?nicamente de las necesidades de su valorizaci?n. El saque inicial de este desarrollo, poderosamente estimulado desde 1980 por la liberalizaci?n y la desregularizaci?n neoliberales, se produjo con el hundimiento, en 1971, del sistema de tasas de cambio fijo entre las monedas establecido en 1944 en Bretton Woods, y con el nacimiento de aquellos precursores de los complejos productos derivados actuales que fueron los primeros contratos de cobertura (hedge) sobre las divisas convertidas en moneda fluctuante.

La econom?a mundial dominada por las finanzas es el lugar natural de despliegue del capital ficticio, de la especulaci?n, de la b?squeda, por medios dudosos, del m?ximo rendimiento a corto t?rmino, de la manipulaci?n y del fraude. En Estados Unidos, la parte del sector financiero en la capitalizaci?n burs?til pas? del 5,2% en 1980 al 23,5% en 2007 [1] . A escala mundial, el valor de los productos derivados de todo tipo alcanzaba en las mismas fechas cerca de diez veces el Producto interior bruto mundial. Esto demuestra que la mayor parte del capital est? invertida en operaciones que tienen muy poco que ver con la econom?a real; en operaciones cuyo valor fluct?a a merced de los movimientos especulativos y cuyo montante se ve propulsado al m?ximo debido a los efectos del apalancamiento, ocasionando un endeudamiento del orden de treinta veces el capital propio de las instituciones de cr?dito.

En este contexto general, la crisis actual se gener? por los mismos medios que se hab?an promovido para sacar la econom?a de Estados Unidos del letargo consecutivo a la deflaci?n de la ?burbuja tecnol?gica? en 2001 y 2002: tasas de inter?s excepcionalmente bajas, f?cil acceso a la propiedad sin atender a las posibilidades financieras de los compradores y refinanciamiento de hipotecas bajo la forma de l?neas de cr?dito hipotecarios destinadas a aumentar el consumo corriente. La f?rmula funcion? mientras los precios inmobiliarios se mantuvieron y las tasas de inter?s siguieron bajas. Pero los precios se vinieron abajo a partir de 2006, de modo que el valor comercial de las casas cay? por debajo del valor del montante del pr?stamo renovable y las tasas de inter?s aumentaron considerablemente: la tasa directriz del Banco central de Estados Unidos, que era del orden del 1% de 2004 a 2006, llegaba al 5,2% en 2006. De ah? la gran cantidad de fallos que arrastraron a Estados Unidos al aniquilamiento de miles de millones de d?lares de valor, la p?rdida de sus casas para millones de familias y la evicci?n [2] de una multitud de arrendatarios a consecuencia del desfalco de sus propietarios.

Los trasfondos de la crisis financiera

La crisis inmobiliaria se transform? desde entonces en crisis financiera. Desde su epicentro, Estados Unidos, se propag? r?pidamente por el mundo entero por la v?a de una opaca estructura financiera fundada en una sobreexposici?n al riesgo, debido a que los pr?stamos hipotecarios de alto riesgo hab?an sido masivamente reagrupados por grupos, junto con otros cr?ditos (pr?stamos y tarjetas de cr?dito, pr?t-bail [3] de coches, pr?stamos a las empresas y a los comerciantes, pr?stamos personales), en nuevos t?tulos a corto plazo, ?respaldados? por esos activos (o ?garantizados? por ellos). El mercado en el que se negocian estos cr?ditos se desplom? a partir de 2007 a causa de los numerosos fallos de los pr?stamos hipotecarios.

La afiliaci?n de t?tulos a activos es una de las m?ltiples facetas de la titularizaci?n [4] generalizada, t?cnica considerada como una genial innovaci?n de los creadores de montajes financieros que se supone que garantiza el sistema financiero contra el riesgo en un sistema que hace opaca la composici?n de productos sint?ticos que resultan de ello. Estos t?tulos conocieron un crecimiento espectacular; pasaron de 400 mil millones a 2,5 billones de d?lares desde 1995 hasta principios de 2008 [5] . Se fueron haciendo cada vez m?s complejos con la creaci?n de ?t?tulos derivados de t?tulos? (collateralized debt obligations), es decir, reagrupamientos de amalgamas de t?tulos diversos, resultado de un doble proceso de titulaci?n cuya opacidad ha contribuido en gran medida a precipitar las dificultades que se fueron manifestando a partir del verano de 2007.

Para protegerse de los riesgos, los poseedores de t?tulos recurrieron a ese nuevo instrumento que son los ?t?tulos de garant?a contra la falta de pago de los prestatarios?, o credit default swaps, particularmente los bancos estadounidenses, acudiendo a ese gigante de los seguros que es el American Interntional Group. De una cifra pr?cticamente inapreciable registrada en 2001, los credit default swaps conocieron un crecimiento fenomenal que alcanz? la cantidad de 60 billones en 2007 [6]. De instrumentos de cobertura del riesgo pasaron a ser instrumentos de especulaci?n. En cuanto a la calidad de la cobertura contra el riesgo, se puede juzgar a partir del monumental descalabro del American International Group en septiembre del 2008 y su rescate, por su nacionalizaci?n efectiva (adquisici?n del 80% de su capital por el gobierno de Estados Unidos contra el aporte de 150 mil millones de d?lares de fondos).

La pretendida garant?a contra el riesgo que se pensaba que iba a aportar la titulaci?n, era ficticia como lo ha demostrado el desencadenamiento de la crisis en el verano de 2007. Temiendo un riesgo de fallo de los pr?stamos hipotecarios de alto riesgo, los poseedores mundiales de t?tulos respaldados por activos, entre ellos los titulares de papel comercial (billetes de tesorer?a a muy corto plazo / papel comercial a corto) emitido por sociedades financieras, sucesivamente se fueron absteniendo de renovarlos a su vencimiento. La situaci?n se agrav? por la decisi?n de algunos emisores de congelar sus t?tulos, rehusando volver a comprarlos a su vencimiento, por falta de liquidez para hacerlo, pues eran incapaces de encontrar nuevos compradores. La crisis de liquidez as? creada se fue ampliando a causa de la desconfianza de los bancos, reacios a prestarse unos a otros y celosos de su liquidez por miedo a que les faltase. De ello se sigui? una desecaci?n completa del cr?dito interbancario que constituy? una amenaza directa a la econom?a real debido al agotamiento de las posibilidades de cr?dito ofrecidas a las empresas y a los consumidores.

Un salvamento a cargo de la colectividad

Aterrados ante el hundimiento de la econom?a mundial que hab?an provocado con sus pol?ticas, los jefes de Estado y de gobierno y los dirigentes de los organismos internacionales multiplicaron las declaraciones sobre la gravedad de la situaci?n. Algunos hablaron de una necesaria refundaci?n del capitalismo mundial, de un nuevo ?Bretton Woods?, etc. Pero manifestaron una profunda reticencia en cuanto a una acci?n concertada a favor de transformaciones reales. La reuni?n de los pa?ses del G-20 que se celebr? en Washington el 15 de noviembre pari? un rat?n y pospuso cualquier decisi?n para una nueva cita en abril.

Por contra, vimos desplegarse por todo el mundo un compromiso com?n espont?neo de los gobiernos y bancos centrales a favor de medidas de urgencia destinadas a rescatar sus sistemas financieros nacionales, como la recompra de t?tulos t?xicos, la nacionalizaci?n de los bancos, la creaci?n de enormes cantidades de liquidez por parte de los bancos centrales y la bajada de los tipos de inter?s. En Estados Unidos, las sumas engullidas en operaciones de salvamento, solamente del sector financiero, fueron de 8,4 billones de d?lares desde diciembre de 2007 hasta finales de noviembre de 2008 [7] , un montante equivalente a la mitad del producto interior bruto. Estas cifras gigantescas, financiadas con el dinero de los contribuyentes y mediante un incremento sustancial de la deuda p?blica, quedaron sin efecto en los mercados burs?tiles que continuaron cayendo en picado para, a finales de noviembre de 2008, volver a encontrarse con los niveles de antes de 2003, mientras que la crisis financiera y burs?til se propagaba a la econom?a real finalmente inmersa en una severa recesi?n mundial. Para combatir esta recesi?n, la mayor?a de los gobiernos anunciaron planes expansionistas de reducci?n de tasas y de obras p?blicas. Fueron tambi?n instados a conceder subvenciones a las empresas privadas tambaleantes de sectores neur?lgicos como la industria del autom?vil.

Juraban ayer mismo no m?s que por el mercado y helos aqu? interviniendo masivamente a golpe de miles de millones de d?lares de los fondos p?blicos para adquirir, sobre una base temporal y sin reivindicar el derecho de supervisi?n de sus decisiones, una parte del capital de los grandes bancos, de compa??as de seguros y otras establecimientos privados, justo el tiempo de asegurarles su salvamento a costa de la colectividad y de poner de nuevo las bases para una vuelta integral a la iniciativa privada rentable y, por ende, a la anarqu?a que es su fundamento y a las inevitables crisis futuras que de ello se derivan. Invocan a tal fin el argumento del ?too big to fail? (expresi?n consagrada de la jerga financiera angl?fona que significa ?demasiado grande para que falle?) y agitan el espantajo de los riesgos, aun mayores para la econom?a y el empleo, que resultar?an de la negativa de los poderes p?blicos a intervenir.

Un control necesario del Estado

Estas intervenciones del Estado no tienen nada que ver con la ?socializaci?n? que algunos les atribuyen. Lo que s? ponen claramente en evidencia es el punto muerto al que el sistema de propiedad privada lleva cuando se le deja a su propia din?mica, y la obligaci?n que se le impone de buscar la v?a de salida de este imp?s fuera de sus propios cuadros, es decir, fuera del marco de la iniciativa privada apelando al Estado. La crisis actual pone sobre todo de relieve los l?mites de este sistema, la incompatibilidad, como dec?a Marx, entre el tama?o cada vez m?s grande, es decir, cada vez m?s social, de los medios de producci?n y el car?cter cada vez m?s privado y concentrado de su propiedad. Una incompatibilidad que se?ala la necesidad de su control por parte de la colectividad y su planificaci?n democr?tica en cuanto que bienes p?blicos dotados de una misi?n de servicio p?blico, pero que apunta tambi?n con el dedo, dram?ticamente, el grado actual de desculturizaci?n pol?tica, fruto de treinta a?os de neoliberalismo, y la falta de preparaci?n de la poblaci?n trabajadora para hacer frente a este desaf?o. De ah? la urgencia de ponerse manos a la obra.

De cara al futuro, hay en primer lugar que tomar conciencia de que una empresa privada reputada ?too big to fail? y cuya sobrevivencia reposa en el sost?n del Estado, deber?a ser considerada ?too big to remain private?, demasiado grande para seguir siendo privada, bajo gesti?n privada y fuente de beneficios privados. La pol?tica m?nima que se deduce de este corolario deber?a ser el rechazo de cualquier donaci?n de fondos p?blicos que no vaya acompa?ada de una toma de apropiaci?n al menos parcial, si no completa, por parte del Estado, sobre una base permanente y con un control determinante de la gesti?n de los establecimientos a cuya ayuda acude.

?Pol?tica radical? M?s bien moderada cuando vemos c?mo, recientemente, hasta el muy conservador Financial Times [8] no ha dudado en evocar una eventual necesaria toma de control por parte del Estado de los grandes bancos rescatados con fondos p?blicos que contin?en neg?ndose a jugar su rol social de dispensadores de cr?dito a la poblaci?n, mientras destinan a otros usos el dinero que se ha puesto a su disposici?n. Nadie duda de que la propiedad p?blica de los grandes bancos y de los establecimientos de cr?dito garantizar?a el ejercicio de esta funci?n social que les corresponde; m?s aun, esta propiedad p?blica har?a desaparecer la especulaci?n, el fraude y las indecentes remuneraciones de los directivos que gangrenan el sistema, y constituir?a as? un muro de contenci?n frente a nuevas crisis financieras.

El autor es conomista, profesor jubilado de la Universidad du Qu?bec ? Monr?al (UQAM)

* Publicado en la revista ? Babord! Revue sociale et politique , n? 28, febrero-marzo 2009. N?mero titulado: ?Fiscalit? ?quitable et justice sociale?



[1] 1The Economist, 16 octubre 2008.

[2] 2 [DRAE: p?rdida de un derecho por sentencia firme y en virtud de derecho anterior ajeno] N. del T.

[3] 3 [Pr?stamo y alquileres] N. del T.

[4] 4 [?Qu? es la titulizaci?n? Operaci?n por la que una entidad transforma un activo o un derecho de cobro no negociable (por ejemplo los cr?ditos hipotecarios de los clientes de una entidad financiera) en valores de renta fija homog?neos, estandarizados y, por consiguiente, susceptibles de negociaci?n en mercados de valores organizados. La TITULIZACI?N consiste en convertir un pr?stamo o un activo no negociable (participaciones hipotecarias) en un t?tulo negociable (bonos titulizados hipotecarios). La ley de 1992 ?nicamente permit?a la posibilidad de titulizaci?n de cr?ditos o pr?stamos hipotecarios, pero a partir de 1993 se extendi? la posibilidad a otros activos no negociables. http://wiki.rankia.com/Titulizacion ] N.de T.

[5] 5 Idem.

[6] 6 Idem.

[7] 7 Desjardins. ?tudes ?conomiques, 28 noviembre 2008.

[8] 8 ?dition du 21 novembre 2008.

Traducido para Corriente Roja por Jos? M? Fdez. Criado

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Tags: crisis, crédito, inversión, capital, hipotecas, fórmula, inmobiliaria

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