Lunes, 11 de octubre de 2010

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No creo que el Premio Nobel de literatura o los premios literarios en general tengan ninguna legitimidad. No me interesa por tanto discutir si el premio Nobel de literatura a Vargas Llosa es justo o injusto, es simplemente tan arbitrario como todos los dem?s. Lo que me interesa explorar es el modo en el que amplios sectores de izquierda parecen asumir expl?cita o impl?citamente que Vargas Llosa es un intelectual org?nico de la internacional neoliberal conservadora, un esbirro del imperio y, al mismo tiempo, el autor de algunas novelas de indudable valor literario. Algunos son incluso m?s espec?ficos y a?aden que sus mejores novelas son aquellas que publica en su primera ?poca, antes de su ruptura con la revoluci?n cubana y de abandonarse a un tipo de escritura eminentemente comercial y oportunista. Esta concepci?n de la obra de Vargas Llosa asume sin discutirlo nunca que el estilo, la calidad literaria o la literatura en general est?n al margen de la realidad, au dessus de la m?l?. Pero la literatura, como cualquier otro discurso, est? no s?lo inserta en la realidad, sino que es un modo de construir, conocer y atravesar esa realidad. Por eso, no hay estilo inocuo ni est?tica literaria que no est? siempre ya determinada por todas las tensiones del poder: el fondo y la forma son inseparables y est?n abocados a producir efectos ideol?gicos.

En Am?rica Latina, nadie como ?ngel Rama entendi? las estrechas conexiones de la literatura con las estructuras de poder, dominaci?n y explotaci?n que constituyen la historia de la regi?n desde la colonia a la formaci?n de los estados modernos. Rama teoriza las relaciones entre escritura y poder a partir de la figura del letrado, una singular versi?n del intelectual org?nico gramsciano. Para el critico uruguayo, la escritura desempe?a un papel fundamental en Am?rica Latina, porque desde la conquista en adelante, son s?lo una minor?a los intelectuales que tienen el privilegio de acceder a la escritura y lo hacen siempre en contraposici?n a las culturas orales precolombinas y sus particulares formas de entender el lenguaje y la historia. A partir de la independencia y con mayor ?mpetu todav?a con la llegada de la modernidad, el letrado latinoamericano se transforma en una suerte de mediador entre el Estado y las clases subalternas. El letrado es, por tanto, traductor y representante de las clases subalternas en su proceso de integraci?n a los procesos de modernidad en Am?rica Latina. Esta particular singladura est? en el coraz?n, por ejemplo, de toda la literatura indigenista del continente. El escritor indigenista est? entre el Estado y las masas de ind?genas tratando de imaginarles un lugar en el coraz?n de la patria tras siglos de invisibilidad, explotaci?n y opresi?n. Esta importante y ambivalente posici?n de representantes de "los sin voz" que ocupan los escritores letrados en Am?rica Latina es crucial para entender la producci?n literaria y cultural.

En este sentido, cabe decir que Mario Vargas Llosa es un escritor letrado por definici?n y, no s?lo eso, es un escritor letrado que siempre o casi siempre ha escrito a favor del poder de las clases dominantes, primero en Am?rica Latina y m?s tarde a nivel global. Esta adscripci?n al poder constituido se puede leer en novelas a priori tan alejadas de la pol?tica como La t?a Julia y el escribidor (1977). La novela, escrita en clave autobiogr?fica, cuenta la historia de "Varguitas" un joven escritor latinoamericano que se inicia en la literatura y en el amor con una turgente t?a suya, a pesar y contra los valores burgueses de su familia. Pero la novela es tambi?n la historia de Pedro Camacho, un ?escribidor? boliviano de guiones de radionovela que inicia a ?Varguitas? en la escritura. Al cabo de escribir tantos folletines, Camacho acaba volvi?ndose loco y produciendo un discurso delirante, donde el follet?n, la realidad y la ficci?n se vuelven inoperativos. Por tanto, lo que esta en juego no es s?lo la iniciaci?n del joven escritor, sino la autoridad del letrado sobre la cultura popular oral, lo que la novela produce es la distinci?n entre el escritor letrado con capital simb?lico y el escribiente popular sin capital cultural ni legitimidad, el otro abyecto.

Esta obsesi?n por ejercer y reclamar la autoridad del escritor letrado sobre las clases subalternas aparece en infinidad de novelas de Vargas Llosa y llega a su cl?max con la publicaci?n de El Hablador (1987), novela que vuelve a mezclar dos planos narrativos y dos voces, la del hablador y la del escritor letrado. El ?hablador? es una figura clave en las culturas ind?genas de la amazon?a, porque es el encargado de preservar y actualizar la historia de la comunidad, una suerte de archivo oral andante. A medida que avanza la novela la contraposici?n entre oralidad y escritura se acent?a y se vuelve m?s violenta, hasta que descubrimos que, en realidad, el ?hablador? es, Sa?l Zuratas, un compa?ero de facultad del escritor/narrador. Zuratas, apodado ?Mascarita? por una mancha oscura que le cubre la mitad de la cara y por su cabello endiablado y pelirrojo era famoso por su fealdad, era hijo de un jud?o y una criolla. As? de crudo y poco sofisticado: Zuratas se interesa en las culturas ind?genas porque es feo. De hecho, la novela no es m?s una burda reactualizaci?n de la dicotom?a civilizaci?n y barbarie que inaugura el Facundo del escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento. Los indios, para Vargas Llosa, representan simplemente la barbarie y el atraso. Tal y como expresara con singular brutalidad en un art?culo publicado en la revista norteamericana Harper?s: ?Questions of Conquest: What Columbus Wrought and What He Did Not?, el precio que debe pagar Per? por el desarrollo y la modernidad es la extinci?n de sus culturas ind?genas, porque ?stas no son m?s que un lastre antimoderno e irracional.

Vargas Llosa, que seguramente es un lector ferviente de ?Kafka y sus precursores?, sabe como Borges que todo escritor se inventa su propia genealog?a literaria. Por eso, adem?s de desplazar continuamente la oralidad, la cultura popular y el indigenismo, el escritor hispano-peruano, como lo llama El Pa?s , tambi?n est? obsesionado por ejercer su autoridad y desplazar a otros escritores, sobre todo a aqu?llos que han puesto su escritura a favor de la revoluci?n y de los excluidos (los otros letrados). La guerra del fin del mundo (1981) es ejemplar en este sentido, porque se trata de una reescritura de la novela Os Sertoes (1902), del escritor brasile?o, Euclides da Cunha. Las dos novelas cuentan la historia de Antonio Consejero, una especie de l?der religioso-pol?tico de Canudos que forma una comunidad que suprime, entre otras cosas, el dinero y el sistema m?trico decimal. Los rebeldes de Canudos, los m?s despose?dos y olvidados del Brasil, se resisten a la dominaci?n del Estado liberal hasta que el ej?rcito les aniquila. Sin embargo, mientras que Euclides da Cunha se esfuerza en intentar comprender Canudos como una forma de "cotrarracionalidad" y resistencia al Estado liberal, Vargas Llosa construye a los rebeldes como obstinados m?sticos milenaristas y transforma a da Cunha en un periodista ciego. Apoyar la revoluci?n produce ceguera pol?tica.

Pero no s?lo son da Cunha o Garc?a M?rquez, ning?n escritor inquieta y preocupa tanto a Vargas Llosa como Jos? Mar?a Arguedas. Arguedas era quechuahablante y su literatura, al contrario que la de Vargas Llosa, se movi? siempre en una tensi?n entre dos mundos, dos lenguas y dos historias; El Zorro de arriba y el zorro de abajo, como titul? su ?ltima novela. Arguedas, como Jos? Carlos Mari?tegui aunque de manera diferente, no vio en las culturas ind?genas una r?mora, sino la posibilidad misma del comunismo incaico, de una sociedad y una modernidad asentadas sobre el comunitarismo y no sobre el genocidio cultural y f?sico de los ind?genas. Si, como Borges imagin? en ?La biblioteca de babel?, todo libro tiene su contralibro, sin duda el contralibro de la Ciudad y los Perros (1962)? es Los r?os profundos (1956). Mientras que La ciudad y los perros es el relato inici?tico de la burgues?a lime?a, Los r?os profundos es el relato inici?tico de un sujeto cuzque?o radicalmente mestizo y ut?picamente bicultural; mientras que la Ciudad y los perros est? escrita en el espa?ol de la clase media lime?a, Los r?os profundos est? escrita un espa?ol liberado de sus trabas por la sintaxis del quechua; mientras el protagonista de La ciudad y los perros se debate entre sus amores y su solidaridad con ?el esclavo?, Ernesto, el protagonista de Los r?os profundos , se identifica con la rebeli?n de las indias chicheras contra la opresi?n neocolonial; mientras que Arguedas se peg? dos tiros para firmar su ?ltima novela, desesperado por las contradicciones de la modernidad andina, Vargas Llosa gana el premio Nobel de literatura.

A Vargas Llosa le preocupa tanto Arguedas que escribi? un panfleto infame, La utop?a arcaica, cuya ?nica funci?n es desplazar a Arguedas del canon literario peruano para ponerse ?l. Los ejemplos podr?an multiplicarse, podemos pensar muchas cosas de Vargas Llosa, pero no podemos decir, si somos lectores serios y rigurosos, que su literatura se hizo al margen de las voluntades de los poderosos; podemos pensar que es buena literatura, pero no podemos ignorar que su literatura se construy? sobre el desprecio m?s absoluto a las clases populares latinoamericanas.

(Para Daniel Noemi, por las conversaciones de literatura latinoamericana hasta altas horas de la madrugada en Toronto y por tantos a?os de lecturas y aprendizajes compartidos).

Luis Mart?n-Cabrera es profesor asistente del Departamento de Literatura de la Universidad de California, San Diego.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR


Tags: Vargas Llosa, literatura, explotación, extinción, novela, revolución, Nobel

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