Martes, 12 de octubre de 2010

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??Cre? que se hab?an olvidado de m텔 Con estas palabras, seg?n los peri?dicos, recibi? Mario Vargas Llosa la noticia del Nobel. Y a medida que las ve?a repetidas en todos los medios iba cayendo en la cuenta de que ?sas eran exactamente las palabras que mejor defin?an, en efecto, al tipo de escritor e intelectual que es Mario Vargas Llosa; al tiempo que me tra?an a la memoria, cual madalena proustiana, la causa, las circunstancias y los matices del desencuentro que tuve con ?l, hace ya algo m?s de veinte a?os, en uno de los c?rculos burgueses de la ciudad italiana de Trieste, a prop?sito del estreno de su obra Kathie y el hipop?tamo, y tras una charla cuyo t?tulo, pensado ahora, resulta m?s que significativo, "La mentira y su funci?n en la vida y en la literatura"? Y es que detr?s de esas palabras, le?das una y otra vez, volv?a a ver a ese escritor e intelectual maniobrero y vergonzante que vi entonces; aquel que abandon? un d?a el compromiso con la escritura y con el desentra?amiento de las aut?nticas tramas del mundo real para irse por las ramas y echarse en manos de la impostura y del lucro ?esto es, de la industria literaria y de sus due?os?, y que demandaba ?y exig?a, desde hac?a tiempo ya? el pago definitivo de su servicio diferido tan incomprensiblemente, para ?l y los suyos, en el tiempo. Que al fin ha llegado.

Fue en la primavera de 1988 cuando, en efecto, se me present? la ocasi?n de encontrarme ?e incluso la posibilidad cierta de compartir mesa y mantel? con el autor de Los cachorros, uno de los relatos que m?s hab?a contribuido, durante mi adolescencia, a atizar esta pasi?n m?a por la escritura; pero tambi?n ?y al mismo tiempo? la ocasi?n de enfrentarme al pol?tico que acababa de fundar el Frente Democr?tico (FREDEMO), una amalgama conservadora y neoliberal ?entre reaganiana y thatcheriana?, con la que se hab?a enfrentado a Al?n Garc?a y con la que tratar?a de alcanzar, luego, la presidencia peruana, defendiendo un programa pol?tico y econ?mico tan radicalmente antisocial, que, de puro rechazo, abrir?a las puertas de par en par a la victoria de un indeseable populista como fue Alberto Fujimori.

Hab?a, pues, mucho de contradictorio y de parad?jico en la emoci?n que me embargaba mientras me dirig?a en autom?vil desde Ljubljana, en cuya universidad trabajaba por esos d?as, hasta la cercana ciudad de Trieste, acompa?ado por de algunas de mis colegas del Departamento de Lengua espa?ola y Literatura. No sab?a a qu? Vargas Llosa me encontrar?a, si al extraordinario escritor que tanto me hab?a marcado, o al detestable pol?tico neoliberal que hab?a traicionado y traicionaba, de modo tan flagrante, el sentido profundo de su propia escritura, tal como yo la hab?a recibido y comprendido.

Aunque, debo reconocerlo, me sent?a m?s predispuesto a entender y a comprender que a reconvenir e increpar, a pesar incluso de que la sede inicialmente prevista para la conferencia hab?a sido trasladada desde los locales de la Universidad triestina al de una sociedad cultural burguesa de la ciudad, por el miedo de los organizadores del acto a que le sucediese lo mismo que le hab?a acontecido, unos d?as antes, en la Universidad de Bolonia, en la que, seg?n me contaron, los profesores y los estudiantes de la misma le hab?an puesto en m?s de un brete y dificultad may?scula con sus insistentes preguntas acerca de su compromiso pol?tico y de las nefastas consecuencias que su intervenci?n hab?a tenido finalmente para su pa?s.

Sin embargo, para mi completa decepci?n y sorpresa, no me encontr? con ninguno de los dos, sino con una lamentable especie de h?brido de los dos Vargas Llosa que se arrastr? durante m?s de una hora ante un auditorio compuesto por esas se?oras de abrigo de vis?n y collar de perlas, tan t?picas de determinados actos de ?alta cultura?, por una parte; y unos cuantos profesores ?entre los que nos encontr?bamos nosotros? con alg?n estudiante de espa?ol, quiz?s, perdido entre tanto derroche de piel y de inteligencia, por otra; con un discurso manido y anticuado ya, a esas alturas, sobre el valor gen?sico de la mentira, sobre la autonom?a del arte y de la literatura, y contra el compromiso en la escritura y en el ejercicio de la literatura, que encant? a las primeras, pero que dej? fr?os y frustrados a la mayor parte de los segundos.

Mi rabia y frustraci?n, sin embargo, no proced?an tanto de lo afectado, de lo superficial y lo manoseado del discurso, sino de ver c?mo un gigante de la aut?ntica literatura se convert?a, se hab?a convertido ya definitivamente, delante de mis ojos, en un remedo de s? mismo, en un penoso monstruo de la feria cultural que trataba, mostrando sus llagas de puntual arrepentido, congraciarse con los amos del circo pensando ya, estoy seguro, en lo que dir?a cuando recibiese el premio y la recompensa prometida.

?C?mo pod?a pretender aquel hombre que optaba a la presidencia de su pa?s, con el fin de implantar en ?l las recetas m?s lesivas y criminales del Fondo Monetario Internacional y de la inteligencia econ?mica neoliberal, pretender que su escritura no estaba ya contaminada por el compromiso? ?C?mo pod?a pretender aquel hombre una literatura y un arte desligados de cualquier compromiso con las tensiones y los conflictos que jalonan y constituyen el mundo real? Y esa fue, seg?n recuerdo, mi pregunta?

Cuando se refer?a al compromiso desbaratador de la literatura y del arte puros ?le pregunt?, se estaba refiriendo, por lo que pod?a deducir, s?lo a un tipo de compromiso concreto, el que se dirige a la ra?z de los procesos hist?ricos y de los fen?menos, aqu?l que posibilita una literatura y una escritura cr?ticas: vamos, un compromiso social ?de izquierda?, ?no era eso lo que hab?a dicho? Ya que el compromiso con las ?lites y con el dinero o el lucro no contamina la literatura; ?hab?a entendido bien, o no, sus palabras? M?s tarde, una vez finalizado el acto, ?se fue tambi?n, m?s o menos, el contenido de la breve conversaci?n que mantuve con ?l a las puertas de la instituci?n; que aquel Vargas Llosa que hab?a escuchado hac?a un rato, y el contenido de su discurso, eran las razones por las que su escritura hab?a dejado de interesarme a partir de un cierto punto?

Cuesti?n y actitud, la m?a, que juzg? literalmente ?extremadamente prejuiciosa?. Huelga decir que finalmente no compartimos mesa y mantel. Recuerdo tambi?n el baboso servilismo de los que lo rodeaban, tan semejante al baboseo medi?tico de estos d?as. S?, as? mueren nuestros h?roes, entre babas, pero resulta realmente impresionante y doloroso verlos caer delante de ti. A veces, no obstante, percibo destellos del escritor que una vez fue, en su escritura reciente, y me inclino a recuperar entonces la memoria de aquel emocionante y cortante relato que marc? mi actitud frente a la escritura; y me olvido, por un instante, del fantoche que vi en Trieste, o de este pat?tico ser que dice ??Cre? que se hab?an olvidado de m텔.

Y, mientras redacto esta breve memoria de aquel momento de hace m?s de veinte a?os, Oliver Stone, de visita en Madrid para promocionar su ?ltima pel?cula, e interlocutor alejado de la general pleites?a hispano/medi?tica en torno al Nobel, en una entrevista radiof?nica, aun reconociendo que es cierto que s?lo ha le?do en ingl?s la obra del autor peruano, y que ?a lo mejor, quiz?s por ello, se ha perdido algo?, esboza de ?l un retrato que representa a la perfecci?n aquella impresi?n que tuve y que mantengo a?n de aquella tarde en Trieste. ?...Conoc? a Mario, y lo veo torcido, reprimido, conservador y con la mentalidad de las jerarqu?as que impiden los cambios necesarios en Sudam?rica??, afirma contundente, Stone. ??Pero eso no impide que escriba bien??, protesta la locutora, con ese tono de rancio y dulz?n liberalismo biempensante, tan sabihondo y tan encantado de conocerse a s? mismo, marca de la casa (de la Ser y del grupo Prisa, en general), que odio hasta el extremo. ??Eso es verdad, pero Vargas Llosa ha construido un lobby, porque es un pol?tico, y ha estado plane?ndolo durante mucho tiempo, no entiendo que no se lo hayan dado a Carlos Fuentes??, le responde el director norteamericano. Sobran los comentarios. Y compruebo que no son s?lo mis prejuicios los que escriben.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/Un-recuerdo-contra-Mario-Vargas.html


Tags: recuerdo, Vargas Llosa, diagonal, populista, Fondo Monetario, Carlos Fuentes

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