Mi?rcoles, 13 de octubre de 2010
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Leonardo Sai en Naci?n Apache hinc? sus filosos dientes reflexivos sobre el periodismo con un t?tulo contundente: Periodismo mercenario. Su lectura me ha disparado algunas anotaciones en torno al tema. A prop?sito ?hay alg?n tema m?s encendido que el rol de la prensa en esta actualidad?

I. Independencia

La independencia para un periodista dependiente es el equilibrio entre la dignidad y la supervivencia.

II. Periodista independiente

?Un ox?moron?

III. Falsa inocencia de los medios

El principal argumento a favor de la hip?tesis que define el poder central de los medios en la construcci?n del pensamiento es precisamente que logren que todo el mundo haga circular por doquier la idea contraria. Tambi?n lo es la enorme variedad de intrincadas operaciones argumentativas que han realizado para arribar y hacer arribar a los dem?s siempre a la misma conclusi?n: no hay nada que justifique afectar un ?pice sus intereses y sus negocios establecidos. Y afectarlos conduce directamente a la cat?strofe: totalitarismo, autoritarismo, tiran?a, miseria, exclusi?n, pobreza, inseguridad son algunos de los ?flagelos? que sobrevendr?n como castigo divino si se insiste con la maldita intenci?n de ?meterse con los medios?. Como un curioso aparato m?vil que se propone vueltas y vueltas para arribar siempre al mismo lugar, las teor?as que circulan reconocen diferentes or?genes ideol?gicos m?s siempre un mismo final: salvar la ropa de los negocios de los medios que son sagrados porque tocarlos activar?a el desencadenamiento de todas las plagas de la historia. Este mandamiento final adopta desde el tono de un consejo sincero pasando por la advertencia hasta la amenaza.

IV. ?Todos somos mercenarios?

En el sistema capitalista todos los que trabajan por dinero para los intereses de otro son mercenarios en alguna forma. Y son mercenarios los empleados que contribuyen a realizar las intenciones y pareceres de su empleador y no los suyos propios, como as? tambi?n lo son los cuentapropistas que venden aquello que los clientes piden y no lo que les gusta. Porque se vende la energ?a laboral e intelectual a qui?n paga e impone el objetivo a alcanzar. Y en ello vienen incluidos los objetivos de esa tarea que el empleador determina. El distribuidor de cerveza Quilmes te vende Quilmes y no Brahma aunque la primera le haga doler el h?gado si la bebe, como el de la Seren?sima vende el yogur Ser y no el Sancor, por m?s que el de Sancor le parezca m?s rico.

El periodista entonces, como cualquier otro empleado, es un mercenario. Lo que lo hace diferente es que trabaja con la informaci?n combinada con la opini?n, elementos que combinados constituyen la c?lula b?sica de la construcci?n de discurso de realidad, importante materia prima con la que se conforma la opini?n p?blica, ese imaginario popular activado que aprueba o desaprueba asuntos muy decisivos para la suerte de todos.

V. Periodismo de autor

En algunos casos algunos periodistas han asumido posturas digamos ideol?gicas muy marcadas, caracterizadas, y las han podido desarrollar trabajando para medios afines a esa inclinaci?n. Por ejemplo, desde que escucho a Eduardo Aliverti desde principios de los 80 siempre sostuvo un mensaje parecido. Lo mantuvo a?n trabajando en medios no expl?citamente adherentes a ese ideario y en otros de mayor afinidad. Obviamente que un tipo como Aliverti no ser?a contratado por La Naci?n o Clar?n, pero en tiempos de paz puede que alg?n medio comercial al que podr?amos definir como defensor de ideas liberales m?s por inercia que por vocaci?n combativa, podr?a darse el lujo de contratar un periodista eficaz en su oficio pero de conocida tendencia progresista ya que no afectar?a en modo directo sus intereses y adem?s implicar?a por razones de segmentaci?n la posibilidad de tener una opci?n de llegada a un segmento diferenciado de audiencia. Tal ser?a el caso de alguna emisora radial por ejemplo. Salvo que ese periodista se volviera muy extremo y comenzara a execrar a las empresas anunciantes con consignas anti-capitalistas, esa presencia de cuerpo extra?o ser?a tolerable. Del otro lado tambi?n existen periodistas identificados ideol?gicamente con la tradici?n conservadora que han construido su reputaci?n en base a una opini?n caracterizada.

Para los periodistas que asumieron una postura pol?tica como marca, hoy m?s que nunca el archivo es crucial para su credibilidad. Esto no significa que el devenir de los acontecimientos no admita cambios en sus toma de posiciones y a?n hasta en sus convicciones, pero de los argumentos que den para fundamentar sus posturas depender? si son considerados comerciantes de su propia inclinaci?n ideol?gica o bien personas pensantes cuya evoluci?n merece cr?dito.

VI. Periodismo de g?nero

Luego tenemos el caso de una enorme mayor?a de periodistas de oficio a los que podr?amos definir como ?sin identidad de opini?n?. Es decir, trabajadores de la informaci?n que se limitan a obedecer los mandatos ideol?gicos globales de su empresa m?s no asumen el rol de periodistas de opini?n, lucen as?pticos o limitados a la cr?nica o el comentario t?cnico. En ?pocas tranquilas, donde su poder no est? cuestionado, las empresas period?sticas se limitan a vender su producto detr?s de la cortina de la objetividad posicion?ndose por fuera de la realidad de la que forman parte activa, d?ndose un rol de meros mensajeros neutrales, de espejos b?sicos. Se autoproclaman mensajeros, se desresponsabilizan como ni?os del contenido efectivo de sus actos y se dictan sus propias sentencias absolutorias, constituy?ndose en ins?pidos nexos entre los hechos y la pobre gente desinformada que les reclama conocimiento. Pero ellos aportan palabras, datos, gu?as. Conocen a la perfecci?n el hambre de verdades que padece la gente. Ellos se las ofrecen en bandeja pero no quieren asumirlo, prefieren esconderse detr?s de una falsa inocencia, porque precisamente es esa presunci?n de inocencia su mayor capital de cara a la credibilidad. El p?blico debe presumir inocente y honesto al periodista para creerle, debe comprar la presunci?n de inocencia objetiva de la informaci?n. Los hechos son sagrados, dicen. Pero lo que dicen de los hechos y como los presentan implica una desacralizaci?n inmediata que clausura toda beatitud.

Ahora, en cambio, puesta en escena su condici?n de part?cipes necesarios de la realidad en tanto conductores de los grandes espejos, se ven en la necesidad de defenderse a si mismos y los grandes clientes que adem?s les piden que defiendan su producto con mayor agresividad. Por eso es que parece que se vende opini?n por todas partes y se transforma en art?culo de opini?n hasta el reporte meteorol?gico, buscando el hueco donde poder filtrar el avisito anti-kirchnerista. Cuando un medio est? en estado de guerra, los due?os requisan toda informaci?n para su uso b?lico y el margen de independencia habitual del periodista se reduce. Nada puede ya ser desperdiciado en virtud de neutralidad alguna, y el riesgo de quedar expuesto se considera menor ante lo que se juega en la cruzada.

VII. Indefensi?n del periodista-intelectual

Desde la izquierda y el progresismo, unos sacerdotes de la denuncia anticapitalista cuando se trata de una industria minera, petrolera o farmac?utica que claman regulaciones estatales humanizadoras, que vociferan ecologismos escandalizados por el descontrolado af?n de lucro que pone en peligro el planeta, a la hora de referirse a la industria de los medios ?industria cultural- adoptan un ritual genuflexo, hincan el hocico cacareante para llamarse a un tibio mensajito resignado y claudicante. ?P?nico porque me dejes sin trabajo?

El periodista intelectual ?o el intelectual que trabaja de periodista- es un perro indefenso. Si la suerte lo ungi? de suficiente capital econ?mico para un buen pasar que solvente sus costos culturales, adolece de suma dependencia para construir capital simb?lico. Para colmo est? comprometida una de sus fuentes de supervivencia que es la industria cultural, la que lo coopta y suele adormecerlo. Si el enfrentamiento paradigm?tico de la gesti?n K hubiera sido contra un monopolio petrolero, azucarero o inform?tico seguramente los intelectuales hubieran estado m?s c?modos, con menos condicionamientos para posicionarse en opini?n. Pero tuvo que ser contra un monopolio medi?tico, pilar de la industria cultural y ya todo se desdibuj? ya que es la esfera de la que el intelectual depende en mayor medida para su subsistencia. Como tirarse contra la mano que te da de comer, material y simb?licamente, contra la mano que te ofrece alimentos para tu est?mago, ingresos para tu cuenta bancaria y capital para tu cuenta simb?lica. Hoy se los ve impelidos a una opci?n dura. Si le dan la espalda a los intereses medi?ticos que en plena crisis de guerra demandan apoyos expl?citos a sus soldados, quedan pocas opciones en las que recostarse: el aparato estatal que maneja el kirchnerismo con Canal 7 y Radio Nacional, la solitaria P?gina 12, la productora de Gvirtz o las publicaciones del grupo Spolsky. Y cualquiera con un poco de mirada extendida puede dudar de la suerte de varios de estos medios si cambia el signo del gobierno; futuro incierto de poderes y estructuras sujetas a la provisionalidad de los vaivenes electorales de la pol?tica.

Muchos pueden volver al refugio menos glamouroso ?y menos suculento- de la docencia o los claustros acad?micos, o bien imaginar vivir de la edici?n de libros, pero los principales sellos de la industria editorial son tambi?n dependientes en su mayor?a de grupos econ?micos afines ideol?gicamente a los medios ?en alg?n caso con participaci?n accionaria- o dependen indirectamente de ellos para la buena venta de sus productos a trav?s de la publicidad directa o el circuito de rese?as de los suplementos culturales.

Fuente original: http://hargentina.blogspot.com/2010/10/periodismo-pendiente.html


Tags: periodismo, tiranía, mercenarios, Página 12, presunción, sagrados, monopolios

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