Lunes, 18 de octubre de 2010

La televisi?n cubana



Hace algunos d?as, dialogaba con una amiga acerca de conceptos que virtualmente parecen una utop?a, pero que por diversas razones tienen lugar en nuestra realidad social. Ella opina que los productos culturales procedentes de todo el mundo, de alguna manera deber?an estar exentos del pago de impuestos para que puedan ser consumidos con el mismo derecho inalienable con que tomamos el agua de un manantial o el vaso de agua que pedimos en una cafeter?a. Por supuesto, que hay formas de retribuir a los creadores de estos valiosos productos culturales, pero la idea no deja de ser justa si nos basamos en una frase tan antigua como el ser humano que se puede aplicar a nuestra problem?tica: "el agua (la cultura) no se le niega a nadie". En tal sentido, los cubanos desde hace m?s de 50 a?os padecemos de un f?rreo bloqueo econ?mico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los EE.UU., con el objetivo de asfixiar a la Revoluci?n en todos los terrenos posibles y, por supuesto, que la cultura y sus m?ltiples manifestaciones no escapan de semejante asedio.

Entre los postulados b?sicos que definen las esencias de nuestra Revoluci?n, se reconoce la presencia de la cultura como un principio consustancial para la existencia misma de la naci?n cubana. Por grav?simas que hayan sido las situaciones materiales durante estos largos a?os, de todos modos hay una conciencia de la necesidad del pueblo cubano de acceder a la cultura como v?a de afianzamiento de valores y del imprescindible enriquecimiento espiritual. Justamente, en un medio de comunicaci?n masivo de tanto alcance como la televisi?n, he sido testigo directo y part?cipe de esta voluntad animada por tan nobles principios. Es la posibilidad real de ofrecer el consumo de cultura a quienes se la han negado.

En Cuba no existen canales privados de televisi?n, sino estatales, agrupados en el Instituto Cubano de Radio y Televisi?n (ICRT), raz?n por la cual no se difunden anuncios de productos comerciales, v?a id?nea para el financiamiento de cualquier canal privado en otro pa?s. Esta observaci?n es clave para definir las diferencias que motivan a estos dos sistemas televisivos contrapuestos. Mientras, por un canal privado norteamericano, la presentaci?n de un concierto de Paul McCartney implica un indicador de elevada ganancia econ?mica para los directivos del canal por la l?gica cantidad de televidentes que pagar?n para ver dicho concierto, en Cuba la transmisi?n de ese mismo concierto por cualquiera de nuestros seis canales, si enriquece a alguien, ser?a a los miles de cubanos, muy complacidos de poder disfrutar tambi?n de este espect?culo, gracias a la b?squeda y selecci?n de los creadores del ICRT.

Programas como Bravo, dedicado a la m?sica de concierto, o De la gran escena, con parte de lo mejor de la m?sica popular y la de concierto, han marcado una diferencia que sus habituales televidentes agradecen por la preocupaci?n para satisfacerlos con conciertos como el de "Los cuatro tenores" en Italia o de renombradas ?peras que habitualmente se ven a trav?s de DVD que se compran en tiendas de cualquier pa?s, menos en las de Cuba a causa del bloqueo. Recuerdo c?mo durante los a?os 90 los canales privados norteamericanos como VH1 o MTV estaban tan saturados con el llamado rock alternativo o grunge, que si uno quer?a una opci?n diferente dentro de la m?sica popular contempor?nea, ten?a que acudir necesariamente al extenso y abarcador universo de t?tulos de DVD a cargo de prestigiosos artistas. Por supuesto, las serias advertencias de los realizadores de estos conciertos plasmados en DVD, implican severas multas para quienes en un canal privado difundan el material sin el previo pago del derecho de transmisi?n por todo lo que implica econ?micamente. En Cuba, como contamos con una televisi?n de servicio social y nadie se enriquece por su transmisi?n, pagamos al Centro de Derecho de Autor la tarifa debida que seg?n las normas internacionales corresponde al compositor por cada pieza interpretada.

En espacios como A capella o M?sica del mundo, los que tengo a mi cargo como realizador y guionista, disfruto la sensaci?n de hacer llegar a miles de televidentes programas de un valor cultural incuestionable, como un concierto de Vangelis en el Parten?n o la actuaci?n del guitarrista John McLaughlin con m?sicos hind?es o los videos m?s recientes de la agrupaci?n espa?ola Ojos de Brujo, entre tantos otros. Constituye un placer infinito hacer lo que se pueda en tal sentido, porque estamos conscientes de que sin esa posibilidad de b?squeda, selecci?n y preparaci?n de los programas, es pr?cticamente imposible que los televidentes cubanos puedan conocer y disfrutar de estos materiales. Se les estar?a ocultando una abarcadora y actualizada informaci?n cultural por el supuesto pecado de haber escogido vivir en una sociedad diferente. En ?ltima instancia, ante la ceguera por parte de los gobernantes de turno en la Casa Blanca para que levanten el bloqueo, que nadie dude de que si a nuestras manos llegara un excelente musical editado en DVD por una firma norteamericana, lo sentir?amos como si fuera agua o comida para necesitados, y tratar?amos de que apareciera en la peque?a pantalla de millones de hogares cubanos.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/2010/n493_10/493_12.html


Tags: cultura, televisión, derecho, DVD, Cuba, selección, concierto

Publicado por blasapisguncuevas @ 8:57  | CUBA
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