Mi?rcoles, 20 de octubre de 2010
Comprando unas elecciones Max Castro Progreso Semanal El gran humorista norteamericano Will Rogers (1879 ?1935) dijo una vez que ?tenemos el mejor Congreso que el dinero puede comprar?. Quisiera que nos viera hoy. La enfermedad que Rogers diagnostic? hace tantas d?cadas era solamente un lunar en el cuerpo pol?tico, comparado con el monstruo en que se ha metastatizado. Como implica la c?lebre cita de Rogers, desde hace mucho tiempo el dinero ha jugado un rol importante --y las m?s de las veces nefasto-- en la pol?tica norteamericana. Con frecuencia, el poder econ?mico concentrado de grupos con intereses muy estrechos ha encontrado el benepl?cito en los pasillos del Congreso, como resultado de contribuciones de campa?a bien ubicadas. No es inusual que las industrias m?s socialmente destructivas tengan los cabildos m?s efectivos que canalizan dinero para campa?as con el fin de asegurar resultados totalmente ajenos al inter?s p?blico. As?, durante d?cadas la industria de las armas de fuego, representada por la Asociaci?n Nacional de Rifle (NRA), y la industria tabacalera (los productos de esta son responsable de un estimado de 400 000 muertes al a?o, solo en Estados Unidos) han puesto en pr?ctica las m?s exitosas operaciones de cabildeo en Washington. Y las actividades de estas industrias tampoco se han desarrollado con un nivel de discreci?n. Es m?s, en 1995, el entonces presidente de la Conferencia del Partido republicano, John Boehner ?el hombre que se convertir? en presidente de la C?mara de Representantes si los republicanos obtienen la mayor?a-- con todo descaro reparti? cheques entre sus colegas republicanos en el propio recinto de la C?mara. Los cheques proven?an del comit? de acci?n pol?tica de la compa??a tabacalera Brown & Williamson Corp. Y la influencia del dinero de campa?a no ha estado restringida a la pol?tica interna. Es del conocimiento de todos que los cabildos de l?nea dura pro Israel y anti castrista han ejercido durante d?cadas y hasta el presente enorme influencia en la pol?tica exterior de EE.UU. Estos cabildos han infligido un da?o incalculable a las perspectivas de paz en el Medio Oriente y a la normalizaci?n de las relaciones EE.UU.-Cuba. Y todav?a falta mucho por ver. Este es el a?o en que al poder del dinero se le permite ejercer el m?ximo de influencia en la pol?tica norteamericana, gracias a un Tribunal Supremo repleto de jueces pro corporaciones, nombrados por George W. Bush. En enero, en el caso de Ciudadanos Unidos vs. Comisi?n Electoral Federal, el Tribunal concedi? al poder del dinero una de sus grandes victorias En una decisi?n ideol?gica de 5-4, el Tribunal Supremo hizo caso omiso de un precedente de d?cadas que prohib?a a corporaciones, asociaciones y sindicatos donar dinero para influir en las elecciones. La decisi?n de Ciudadanos Unidos abri? las compuertas a las corporaciones para que contribuyeran con decenas de millones de d?lares a las campa?as. Ese dinero, que ha beneficiado m?s a republicanos que a dem?cratas en una proporci?n de 7 a 1, se canaliza por organizaciones establecidas, como la C?mara de Comercio de EE.UU., as? como por grupos reci?n estrenados que sirven de pantalla a los republicanos, y que fueron creados expresamente con este prop?sito. Entre estos est?n American Crossroads y Crossroads GPS de Karl Rove, el ex asesor principal de Bush. Aunque bajo las nuevas regulaciones las corporaciones podr?an financiar directamente anuncios comerciales de una campa?a, la ventaja de utilizar a un tercero es que evita repercusiones a las corporaciones, tales como protestas o boicots de consumidores. Para las corporaciones, lo bueno de la situaci?n es que la organizaci?n a la cual entregan su dinero pol?tico no tiene que revelar al p?blico la identidad de la fuente de la contribuci?n. De esa manera, las corporaciones no solo pueden tratar de comprar las elecciones, sino que pueden lograrlo sin que el elector sepa qui?n es el comprador. El papel del dinero en estas elecciones tiene una fuente secundaria, adem?s de la decisi?n del Supremo: la extrema concentraci?n de riqueza individual que ha tenido lugar durante las ?ltimas dos d?cadas. El ascenso de un min?sculo pero fabulosamente rico sector de la poblaci?n hace posible que una candidata como Meg Whitman, que aspira a ser gobernadora de California en la candidatura republicana, gaste m?s de $140 millones de su propia fortuna para tratar de comprar la elecci?n. Whitman es s?lo una de los muchos candidatos sin experiencia pol?tica, pero con una gran fortuna, que han tratado de usar su dinero para llegar a un cargo p?blico. El ?xito de Michael Bloomberg, el alcalde multimillonario de Nueva York, est? siendo emulado por muchos candidatos, algunos de los cuales descubrir?n que no basta la fuerza de dinero para ganar una elecci?n. Hasta Donald Trump, el megal?mano y urbanista de Nueva York, le ha estado dando vueltas a la idea de aspirar a la presidencia en 2012. Las elecciones de 2010 y de 2012 dar?n la medida de hasta d?nde la democracia norteamericana puede sobrevivir a la arremetida de plutocracia lanzada por el Tribunal Supremo y las dos d?cadas de guerra de clases de los de arriba contra los de abajo. Fuente: http://progreso-semanal.com/4/index.php?option=com_content&view=article&id=2725:comprando-unas-elecciones&catid=3:en-los-estados-unidos&Itemid=4

Tags: elecciones, Castro, Progreso Semanal, Asociación, industria, política

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