Mi?rcoles, 20 de octubre de 2010

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La alegor?a de Plat?n y los medios masivos



Cuanta sabidur?a derrochaban aquellos hombres de la antig?edad -m?s all? de compartir o no sus ideas-, veintis?is siglos atr?s, en comparaci?n con el hombre de hoy.

Basta recordar la clasificaci?n que hac?an respecto de la mera opini?n (doxa) que, como bien lo ense?aba el difunto Garc?a Morente, es el saber que tenemos sin haberlo buscado y, el conocimiento fundado (episteme o ciencia) que es el saber que tenemos porque s? lo hemos buscado. Y aqu? es preciso observar un rasgo sustancial, la episteme por apelar al t?rmino griego requiere indefectiblemente de un m?nimo de esfuerzo, del ejercicio de la b?squeda para alcanzar ese saber racional y reflexivo.

En cambio la doxa u opini?n es la simple visi?n de las cosas tal cual las vemos u o?mos sin apelar al ejercicio reflexivo; es decir, sin procurar indagar m?s all? de lo aparente. Mantenerse en el terreno de la Doxa, no es otra cosa que adherir a aquella corriente filos?fica que se conoce como realismo ingenuo. Esto es, suponer que la realidad la captamos tal cual es; obviamente, si as? fuese, no tendr?amos necesidad de la ciencia, de la investigaci?n, de la b?squeda, de la episteme. Sin embargo, no son pocos los seres que, a lo largo de la historia de la humanidad, confiaron y conf?an ciegamente en la opini?n, asign?ndole a ?sta una entidad de la que intr?nsicamente carece.

Es suficiente rememorar -continuando con los griegos- aqu?l mito plat?nico denominado La alegor?a de la caverna para constatar que aquellos prisioneros de la caverna inmovilizados por sus cadenas y obligados, sin poder verse uno a otro, a contemplar un muro de sombras terminaron creyendo que la realidad era eso que ve?an; es decir, las sombras.

Y vaya a que punto que, cuando uno de esos prisioneros pudo soltarse de las cadenas y tomar, de ese modo, contacto con el exterior sus ojos no solo se vieron afectados por una sensaci?n de dolor, sino que se resist?an a ver lo que, precisamente, estaban viendo: "la concreta realidad".

Hasta que, despu?s de un esfuerzo mental, comprendi? que ese, y no otro, era el mundo real; claro que luego regres? a la caverna y procuro comentarles a sus compa?eros de prisi?n que lo real se hallaba fuera de ella. Pero como era de esperar, estos intentaron matarlo porque supon?an que estaba faltando a la verdad. Pues, tantos a?os contemplando "las sombras" que terminaron incorporando en sus mentes que esa resultaba ser la ?nica realidad.

?sta alegor?a plat?nica no podemos dejar de relacionarla con la actualidad mundial; pues, solo que hoy los prisioneros de anta?o son los "ciudadanos del momento" y el muro de sombras es el espacio medi?tico existente.

Es dable reconocer, que algunos prisioneros ?han escapado de la caverna? pero un significativo y mayoritario n?mero " de almas" aun sigue visualizando la realidad desde un muro o una pantalla de TV.

Otros ignoran la alegor?a y algunos de ellos dicen no creer, actuando (y acudamos a otro momento de la historia) como los obispos en el Galileo de Brecht que se negaban a mirar por el telescopio por temor a encontrarse con una realidad que arrojaba por los aires "las verdades" que ellos mismos abrazaban.

Sin duda, tanto Plat?n como Galileo estar?an enfrentados, hoy d?a, a los detentadores de los medios de comunicaci?n masiva - no por ser detentadores, sino por mentir descaradamente- claro que los mismos medios se encargar?an de difamarlos y de ese modo lograr el consenso necesario ?brindado, obviamente, por los eternos prisioneros- para marginarlos, condenarlos o en su defecto para que abjuren de su posici?n.

Como vemos resulta dif?cil perseverar en la b?squeda de la verdad en lo tiempos que corren, m?xime con la ilimitada capacidad de los medios en difundir informaci?n falsa, parcializada, sesgada o manipulada para que ?sus prisioneros? permanezcan ajenos al mundo real.

Lo problem?tico de todo esto es que esa poblaci?n cautiva de los medios y que confunde, merced al deplorable trabajo medi?tico, realidad con virtualidad representa un n?mero relevante de personas.

Son los ?ciudadanos teledirigidos? que ubicados placidamente sobre el veh?culo medi?tico van contemplando ?el paisaje de la realidad? mientras un gu?a, en apariencia neutral, les relata una historia que no se ajusta fielmente a la verdad.

En cambio, aquel ciudadano dispuesto a indagar un poco m?s en lo que acontece podr? encontrar, cotidianamente, sobrados ejemplos del ocultamiento deliberado de la realidad.

En nuestro pa?s, y en el mundo entero, hay ingentes muestras de la alegor?a plat?nica, ser?a bueno empe?arnos en encontrarlos y, de ese modo, abandonar la confortable pero perniciosa ?butaca de los prisioneros?.

Pero, obviamente, siempre ha sido ?mucho m?s grato? frecuentar los caminos sin esfuerzo de la Doxa que transitar los fatigosos senderos de la Episteme.

En el caso de Argentina, un buen ant?doto contra los ?efectos anestesiantes de la pantalla? ha sido la sanci?n de una nueva ley de medios; de ah? que los proveedores del suero adormecedor no escatimen en enga?ar a su p?blico haci?ndoles creer que la mentada ley tiene por objeto restringir la ?libertad de prensa?.

Menuda labor la de estos tiempos, no solo es necesario romper las cadenas de los prisioneros; sino adem?s, despertar a ?stos de su largo sue?o.


Tags: Platón, clasificación, ciencia, mito, alegoría de la caverna, Galileo, comunicación

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