Jueves, 28 de octubre de 2010

Antecedentes. El lema de los derechos humanos se hab?a convertido en un arma omnipotente letal en el arsenal propagand?stico de Estados Unidos que lo usa(ba) de forma discrecional. Exist?an obscenas excepciones (v.gr. las carnicer?as de Acteal y Aguas Blancas de su aliado Zedillo), pero en t?rminos generales el arma disuasiva de los derechos humanos le rindi? suculentos dividendos a EE.UU. para presionar a China y desestabilizar a Rusia (con mayor ferocidad en la etapa de Breznev), ya no se diga otras vulnerables potencias medianas arrasadas por las revoluciones de colores caleidosc?picos de Baby Bush.

Desde Carter, los derechos humanos cobraron una relevancia exquisita con los que EE.UU. se hab?a convertido en juez supremo universal para cobrarse facturas geopol?ticas con sus rivales y hacer avanzar su agenda unilateral ?no pocas veces sincronizadas trasatl?ntica y arm?nicamente con el otorgamiento faccioso de muy pol?micos premios Nobel de la Paz (que confiere la petrolera Noruega, miembro duro de la OTAN) y de Literatura (que adjudica Suecia, cada vez m?s cargada a la extrema derecha neonazi e islam?foba).

Muchos pa?ses naufragaron entre el Escila de los derechos humanos (en sincron?a con ciertos Nobel de la Paz y de Literatura) y el Caribdis de las gradaciones financieras de la descalificada tripleta de calificadoras de EE.UU. Hasta el megaespeculador cosmopolita George Soros, instrumento de los banqueros esclavistas Rothschild, todav?a ostenta su presunta instituci?n de vigilancia de los derechos humanos (Human Rights Watch), mientras descuartiza financieramente a los ciudadanos de los pa?ses rivales (y amigos como M?xico) de EE.UU. y Gran Breta?a.

Tambi?n es cierto que desde la espeluznante exhibici?n de las torturas en la siniestra c?rcel de Abu Ghraib, al un?sono de la cruel misantrop?a en la base de Guant?namo, la dupla Cheney-Baby Bush hab?a sido puesta en la picota por quienes a?n creemos que los derechos humanos constituyen un valor universal inalienable de primer orden ?quiz? uno de los pocos valores rescatables que le quedan a los pa?ses valetudinarios para defenderse del asedio irredento de los omnipotentes? y no la exclusiva propiedad monopolista de la hip?crita virtud excepcional de la dupla anglosajona hoy vilipendiada por el ultraje universal.

Hechos. Hoy existen 483.832 razones adicionales para dejar de creer en los barb?ricos derechos humanos de la invasora dupla anglosajona de EE.UU. y Gran Breta?a, amparadas por la divulgaci?n masiva por Wikileaks de 92.000 documentos secretos (15.000 todav?a por publicar) hace tres meses sobre la guerra en Afganist?n (entre 2004 y 2009) y otros 391.832 m?s recientes de la guerra en Iraq bajo el estigma del homicidio gratuito y la tortura atroz de CIVILES.

Los documentos redactados crudamente por soldados estadunidenses de rango menor exhiben el grado de barbarie s?dico-hedonista que han alcanzado los ej?rcitos anglosajones y su caterva de mercenarios consustancialmente inimputables (que no pueden ser juzgados), a fortiori si se demuestra su consuetudinaria psicopat?a multiasesina.

M?s all? de los perturbadores or?genes primigenios de Wikileaks y la controversia que pende sobre su pol?mico director, el australiano Julian Assange hoy a salto de mata, varios analistas se han dedicado a clasificar sus macabros hallazgos donde, en esta ocasi?n, resaltan los cr?menes y torturas de CIVILES por empresas privadas anglosajonas con quienes Donald Rumsfeld (secretario de Defensa bushiano) y el ex vicepresidente Dick Cheney pretendieron privatizar, deslocalizar (outsource) y globalizar las guerras permanentes de EE.UU. y Gran Breta?a.

Sean Rament, de The Daily Telegraph (24/10/10), destaca la org?a de asesinatos, torturas y abusos f?sicos conducidos a escala industrial (?s?per sic!), relatados con detalle nauseabundo y ante los cuales los comandantes cerraron los ojos.

Hamid Karza, presidente de Afganist?n, fustig? de forma estridente a EE.UU. por exportar los asesinatos mediante ?la contrataci?n de empresas privadas de seguridad (?) financiadas por el gobierno (?s?per sic!) estadunidense? y quienes son responsables de la letan?a de cr?menes sanguinarios (sic) contra el pueblo afgano (NYT, 25/10/10).

Le Monde (23/10/10) evidencia el papel ambiguo de los mercenarios en Iraq, donde el ej?rcito estadunidense recurri? en forma masiva (sic) a las empresas privadas de seguridad, como Xe (ex Blackwater) quienes seguido (sic) estuvieron implicadas en incidentes que cobraron la vida de civiles. El rotativo galo comenta que los mercenarios de las empresas privadas, por su naturaleza, no est?n sometidos a las mismas reglas de vida en las casernas que los soldados estadunidenses y su papel exacto (sic) es muy nebuloso.

James Glanz y Andrew W. Lehren (de TNYT (23/10/10) consideran que el uso de contratistas (sic) se agreg? al caos en Iraq. De forma alarmante confiesan la necesidad imperativa de contratistas para ayudar a los militares. No dicen n?mero, pero calculan que existen m?s contratistas que militares de servicio en Afganist?n. Ergo, existen m?s mercenarios que soldados anglosajones en Iraq y Afganist?n. Ben Farmer (The Daily Telegraph, 25/5/10) calcul? que a finales de este a?o habr?a 98.000 soldados estadunidenses en Afganist?n. ?A cu?ntos miles ascender? el n?mero de contratistas y subcontratistas de la muerte en Iraq y Afganist?n, respectivamente?

Glanz y Lehren abordan de forma tangencial y superficial las crueles haza?as de las empresas privadas de mercenarios expuestas por Wikileaks: las brit?nicas Global, Aegis y Armor Group; las estadunidenses KBR, Xe Services (ex Blackwater), Custer Battles, DynCorp Intl y EOD Technology; la australiana Unity Resources Group (con sede en Dubai), y la fantasmag?rica Danubia Global Inc (con sede en Rumania).

Sin alterarse, comentan que se espera que crezca el uso de contratistas conforme las fuerzas estadunidenses se reduzcan. Refieren que en julio pasado, la comisi?n de contratistas en periodo de guerra del Congreso estim? que solamente el Departamento de Estado duplicar? (?s?per sic!) el n?mero de contratistas para proteger (sic) la embajada de EE.UU. y sus consulados en Iraq.

Es decir, el problema en Iraq no es ahora el vac?o de poder debido a la retirada oficial del ej?rcito de EE.UU, sino su sustituci?n por mercenarios de las empresas privadas de seguridad que asesinan sin discriminaci?n a los CIVILES.

Conclusi?n. El problema es m?s profundo: proviene de la fracasada Revoluci?n en Asuntos Militares (RAM) de Rumsfeld, que pretende privatizar y globalizar la guerra con mercenarios, adem?s de automatizar y robotizar sus escuadrones masivos de la muerte, con o sin drones, a imagen y semejanza de las contrataciones y subcontrataciones de sus nocivas trasnacionales, en particular de sus bancos cleptomaniacos y sus petroleras depredadoras.

?Cu?l es la diferencia entre la globalizaci?n militar y su gemela globalizaci?n financiera, cuyo com?n denominador consiste en diseminar indiscriminadamente la muerte por sus mismos actores: obscenamente visible en la primera y por la mano invisible de la segunda?

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/10/27/index.php?section=opinion&article=020o1pol

rCR


Tags: derechos humanos, Nobel de la Paz, Human Rights Watch, Abu Ghraib, universal, crímenes, contratistas

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