Jueves, 04 de noviembre de 2010
Mente insatisfecha

Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Germ?n Leyens

Me sent? inesperadamente alentado por los resultados de la elecci?n en EE.UU., por lo menos en un aspecto. Porque han mostrado, una vez m?s, que el pueblo estadounidense siente un disgusto ?permanente, col?rico, aunque muy incipiente? con el sistema pol?tico injusto, corrupto y disfuncional de la naci?n. Sabe que algo est? profundamente mal en el sistema, y por lo tanto vota siempre por la salida de una facci?n y la entrada de la siguiente, a la espera de que algo cambie.

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La historia ha demostrado lo siguiente: casi en cada elecci?n nacional de las dos ?ltimas d?cadas, se ha visto un cambio en el control de una o ambas c?maras del Congreso o en la Casa Blanca. Esto ha sucedido en 1992, 1994, 1998, 2000, 2002, 2006, 2008 y ahora de nuevo en 2010. El modelo es obvio. Y no es que los estadounidenses ?prefieran un gobierno dividido? como les gusta aseverar a los que rumian en Washington; es porque no puede encontrar a alguien en el sistema que se preocupe de sus problemas.

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Sin excepci?n, cada vez que cambia el control faccionario, vemos un ajetreo de analistas vehementes y serios que nos cuentan que los resultados representan un inmenso cambio en la pol?tica, la cultura, la sociedad, el alma estadounidense, etc. Pero de alguna manera, dos a?os despu?s, esas oleadas terriblemente significativas se deshacen en la nada en la playa vac?a. Y de nuevo es porque en realidad no significan nada m?s que la ya perenne desaz?n y disgusto.

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Lo que es menos alentador, claro est?, es que el electorado estadounidense nunca llega a comprender completamente el hecho obvio, evidente, brutal, de que ninguna de esas facciones va a llegar un d?a a cambiar ni un ?pice el sistema si puede evitarlo; son el sistema, son sus sirvientes, sus facilitadores, sus ejecutores. Y una vez m?s nos enfrentamos, para utilizar la frase inmortal de Gore Vidal, a los Estados Unidos de Amnesia, donde la historia no existe (excepto en la forma de mitos farisaicos febrilmente deformados sobre la eterna, insuperable, peculiaridad de EE.UU.), y cada elecci?n es una tabula rasa. La ?nica titilante conciencia hist?rica que parece existir en el electorado estadounidense es un vago sentido de que la pandilla a la que eligi? dos a?os antes no ha cambiado nada; m?s vale probar de nuevo la otra pandilla? olvidando que es la misma de la que se deshizo cuatro a?os antes, por el mismo motivo.

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Y as? el ciclo se repite una y otra vez, y la podredumbre y la disfunci?n se profundizan y se hacen cada vez m?s obstinadas. No s?lo no se encaran las preocupaciones de la gente; ni siquiera son articuladas en el juego lucrativo y siniestro de El rey en la colina representado por las dos facciones, que est?n comprometidas, en cuerpo y alma, con el r?gimen de la elite, la rapi?a corporativa y el imperio militarista. Y ciertamente, ni los medios corporativos ni el sistema educacional har?n algo para ayudar a inculcar un sentido m?s profundo de la historia (?La historia es una patra?a? dijo ese estadounidense protot?pico, Henry Ford; no ayuda a ganar dinero, ?para qu? sirve entonces?), o suministrar alg?n contexto m?s amplio y profundo para articular ?y enfrentar? las causas de la insatisfacci?n del electorado. En su lugar, esas instituciones siguen reproduciendo y refrescando esos mismos mitos de peculiaridad (de una forma ?conservadora? o ?progresista?), agregando capa tras capa de ruido aniquilador del pensamiento a la Gran C?mara de resonancia que es EE.UU. que encierra, y aprisiona, a toda la sociedad.

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Tal vez no sea tan alentador despu?s de todo. Especialmente ya que ambas facciones son ?literal, legal, formal, innegablemente? jaur?as de criminales de guerra, comprometidas con la continuaci?n de un imperio rapaz de dominaci?n militar que mata a gente inocente, fomenta el odio y el extremismo y desestabiliza el mundo. El mito de la peculiaridad impide que la mayor?a de la gente vea la verdad de lo que su establishment pol?tico bipartidista hace al mundo ?o incluso a ellos mismos-, c?mo los ha privado de sus libertades, corro?do su sociedad, destruido sus comunidades y degradado su calidad de vida, mientras afecta las vidas y los futuros de sus propios hijos y nietos. Al parecer, la mayor?a de los estadounidenses no puede romper con la estrecha estructura cognitiva que ha sido impuesta a su visi?n de la realidad: es decir, que EE.UU. es inherente, indeleblemente bueno, que sea cual sea el error que pueda cometer aqu? o all? (usualmente la facci?n preferida por cada cual no est? en el poder, por cierto), esa bondad esencial sigue inviolada, nunca mancillada eternamente por alg?n mal aut?ntico.

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Y as? los perpetradores bipartidistas de enormes males ?asesinatos masivos, guerras agresivas, tortura, brutalidad, ruina, atrocidad e injusticia en una escala inmensa? no s?lo no son responsabilizados jam?s, sino que son celebrados, honorados y recompensados con gran riqueza y privilegios. Y no es sorprendente que reine la insatisfacci?n en el cuerpo pol?tico. La gente siente que algo va muy mal; pero nadie en el sistema les dice que lo que est? mal es el sistema en s?. En su lugar nos ofrecen esos circos y ficciones, esas diversiones y enga?os que pasan por campa?as electorales, vomitando una tormenta de problemas falsos y de posturas partidarias, ruido y furia que no significan nada? luego, cuando todo ha pasado, nuestros cortesanos bipartidistas vuelven a los negocios como si tal cosa y se dan un fest?n con la bazofia sangrienta del imperio.

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Y a pesar de todo, la molestosa chispa del descontento puede ser a menudo el comienzo de la sabidur?a, que termina por obligarnos a mirar m?s all? de nuestros l?mites,? revestimientos cognitivos y entendimientos previos. El carrusel de vuelcos fraccionarios, una elecci?n tras la otra, muestra que este f?rtil elemento de insatisfacci?n es rampante y cr?nico en el pueblo de EE.UU. Todav?a no ha aceptado, no completamente, el sistema del imperio rapaz y de la dominaci?n de la elite como un orden natural, el statu quo establecido. Quiere que algo cambie, quiere que las cosas sean diferentes de alguna manera, pero la gente por doquier no quiere mirarse al espejo y ver la realidad del sistema nocivo que perpet?a con su va y viene entre dos facciones terriblemente corruptas y depravadas de codiciosos y hambrientos de poder.

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Pero mientras siga existiendo la insatisfacci?n, seguir? habiendo alguna esperanza de que impulse a m?s y m?s gente a ver m?s all? de la nube del mito, a o?r verdades fuera de la c?mara de resonancia y a comenzar el largo, arduo, probablemente imposible pero moralmente imperativo, trabajo de romper el collar de fuerza de esos mentecatos asesinos y forjar una alternativa genuina al sistema.

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Chris Floyd es colaborador frecuente de CounterPunch. Su blog, Empire Burlesque, se encuentra en www.chris-floyd.com.

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Fuente: http://www.counterpunch.org/floyd11032010.html

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Tags: Floyd, Congreso, Casa Blanca, Counter Punch, caja, guerra, calidad de vida

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