Lunes, 08 de noviembre de 2010


Las elecciones intermedias de Estados Unidos registran un nivel de c?lera, temor y desilusi?n en el pa?s como nada que pueda recordar en mi existencia. Dado que los dem?cratas est?n en el poder, ellos reciben el impacto del rechazo en torno a nuestra situaci?n socioecon?mica y pol?tica actual.

M?s de la mitad de los estadunidenses de la corriente principal, seg?n una encuesta Rasmussen del mes pasado, dijeron ver favorablemente al movimiento del Tea Party ?una muestra clara del esp?ritu de desencanto-. Las quejas son leg?timas. Durante m?s de 30 a?os, los ingresos reales de la mayor?a de la poblaci?n se han estancado o disminuido en tanto que las horas de trabajo y la inseguridad han aumentado, junto con la deuda. La riqueza se ha acumulado, pero en muy pocos bolsillos, llevando a una desigualdad sin precedentes.

Estas consecuencias surgen principalmente de la financializaci?n de la econom?a desde los a?os 70 y el correspondiente ahuecamiento de la producci?n. El proceso se ve alentado por la man?a de la desregularizaci?n favorecida por Wall Street y es apoyado por los economistas hipnotizados por los mitos del mercado eficiente.

La gente ve que los banqueros responsables en su mayor parte de la crisis financiera y que fueron rescatados de la bancarrota por el p?blico ahora est?n disfrutando de utilidades sin precedentes y de enormes bonos. En tanto, el desempleo oficial permanece en m?s o menos 10 por ciento. La manufactura est? en niveles de la Depresi?n; una de cada seis personas carece de empleo y es poco probable que los buenos trabajos regresen.

Con todo el derecho la gente quiere respuestas y no las est? recibiendo salvo por parte de voces que dicen cuentos que tienen alguna relevancia interna ?si usted est? dispuesto a suspender su incredulidad e ingresar a su mundo de irracionalidad y enga?o.

Sin embargo, ridiculizar las argucias del Tea Party es un grave error. Es mucho m?s apropiado comprender qu? hay detr?s del atractivo popular del movimiento, y preguntarnos por qu? gente justamente enojada est? siendo movilizada por la extrema derecha y no por el tipo de activismo constructivo que surgi? en la Depresi?n, como el CIO (Congreso de Organizaciones Industriales, en ingl?s).

Ahora los que simpatizan con el Tea Party est?n escuchando que toda instituci?n, gobierno, corporaci?n y las profesiones est?n podridos y que nada funciona.

Entre el desempleo y las ejecuciones hipotecarias, los dem?cratas no se pueden quejar acerca de las pol?ticas que llevaron al desastre. El presidente Ronald Reagan y sus sucesores republicanos quiz? hayan sido los peores culpables, pero las pol?ticas empezaron con el presidente Jimmy Carter y se aceleraron con el presidente Bill Clinton. Durante las elecciones presidenciales, los principales electores de Barack Obama fueron las instituciones financieras, que han conquistado un dominio notable sobre la econom?a desde la generaci?n pasada. Ese incorregible radical del siglo XVIII, Adam Smith, hablando de Inglaterra, dijo que los principales arquitectos del poder eran los due?os de la sociedad ?en su d?a, los mercaderes y los fabricantes? y ellos se aseguraban de que la pol?tica gubernamental atendiera escrupulosamente a sus intereses, por m?s doloroso que resultara el impacto para el pueblo ingl?s; y peor a?n, para las v?ctimas de la salvaje injusticia de los europeos en el extranjero.

Una versi?n moderna y m?s sofisticada de la m?xima de Smith es la teor?a de las inversiones de la pol?tica del economista Thomas Ferguson, que ve las elecciones como ocasiones en las que los grupos de inversores se unen con el fin de controlar el Estado, seleccionando a los arquitectos de pol?ticas que servir?n a sus intereses.

La teor?a de Ferguson resulta excelente para predecir la pol?tica a lo largo de periodos prolongados. Eso no deber?a sorprender a nadie. Las concentraciones de poder econ?mico naturalmente tienden a extender su influencia sobre cualquier proceso pol?tico. En Estados Unidos, esa din?mica tiende a ser extrema.

Puede decirse, sin embargo, que los grandes protagonistas corporativos tienen una defensa v?lida contra acusaciones de codicia e indiferencia por la salud de la sociedad. Su tarea es maximizar las utilidades y su porcentaje del mercado; de hecho, ?sa es su obligaci?n legal. Si no cumplen con ese mandato, ser?n remplazados por alguien que lo cumpla. Tambi?n ignoran el riesgo sist?mico: la probabilidad de que sus transacciones da?en la econom?a en general. Tales externalidades no son asunto suyo ?no porque sean gente mala, sino por razones institucionales.

Cuando la burbuja revienta, los que han corrido riesgos pueden huir al refugio del Estado protector. Los rescates ?una especie de p?liza de seguro gubernamental? son algunos de los muchos incentivos perversos que magnifican las ineficiencias del mercado.

Hay un creciente reconocimiento de que nuestro sistema financiero est? operando en un ciclo del juicio final, escribieron en enero los economistas Pete Boone y Simon Johnson en el Financial Times. ?Cada vez que falla, dependemos de dinero laxo y pol?ticas fiscales para rescatarlo. Esta respuesta ense?a al sector financiero: corre grandes riesgos para ser pagado abundantemente, y no te preocupes por los costos, los cubrir?n los contribuyentes? mediante rescates y otros instrumentos, y el sistema financiero ?es as? resucitado para apostar nuevamente y fracasar de nuevo?.

La met?fora del juicio final tambi?n se aplica fuera del mundo financiero. El Instituto Estadunidense del Petr?leo, respaldado por la C?mara de Comercio y otros cabildos empresariales, ha intensificado sus esfuerzos para persuadir al p?blico de descartar sus preocupaciones acerca del calentamiento global antropog?nico ?con un ?xito considerable, como indican las encuestas-. Entre los candidatos republicanos al Congreso en las elecciones de 2010, pr?cticamente todos rechazan el calentamiento global.

Los ejecutivos detr?s de la propaganda saben que el calentamiento global es real, y que nuestras perspectivas son terribles. Pero el destino de la especie es una externalidad que los ejecutivos deben pasar por alto, en la medida que el sistema de mercados prevalece. Y el p?blico no podr? correr al rescate cuando la peor de las posibilidades se presente.

Soy apenas lo suficientemente viejo para recordar esos estremecedores y ominosos d?as en que Alemania descendi? de la decencia a la barbarie, para citar a Fritz Stern, el distinguido acad?mico de la historia alemana. En un art?culo en 2005, Stern indica que tiene en mente el futuro de Estados Unidos cuando revisa un proceso hist?rico en el que el resentimiento contra un mundo secular desencantado encontr? su soluci?n en un escape ext?tico de sin raz?n.

El mundo es demasiado complejo para que la historia se repita, pero hay, no obstante, lecciones que debemos recordar al registrar las consecuencias de otro ciclo electoral. No habr? escasez de tareas para quienes intentan presentar una alternativa a la furia y la equivocaci?n mal dirigidas, ayudar a los incontables afectados y encabezar el avance hacia un futuro mejor.

(El libro m?s reciente de Noam Chomsky es Hopes and Prospects. Chomsky es profesor em?rito de Ling??stica y Filosof?a en el Instituto de Tecnolog?a de Massachusetts, en Cambridge, Mass.)

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/11/07/index.php?section=opinion&article=030a1mun

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Tags: calentamiento global, elecciones, Chomsky, Tea Party, Adam Smith, teoría

Publicado por blasapisguncuevas @ 14:53  | M?xico
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