Lunes, 15 de noviembre de 2010
Global Research

Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Germ?n Leyens

Los tan alabados ?Estados Unidos de Am?rica? no existen en ninguna parte. Es un Shangri-la. El Pre?mbulo de la Constituci?n deja perfectamente claro el tipo de naci?n que EE.UU. deber?a haber sido. Lo que existe actualmente no cumple con ninguno de esos objetivos. Algunos han argumentado que la naci?n fue un fraude desde el primer d?a. Sea o no exacto, lo que es obvio es que casi ciertamente fue asesinada r?pidamente por John Marshall, presidente de la Corte Suprema, quien escribi? la decisi?n conocida como Marbury contra Madison. Desde ese d?a, la Corte ha copiado la econom?a pol?tica de la Inglaterra del siglo XVII en la que falta s?lo la monarqu?a. Los EE.UU. actuales son una naci?n del siglo XVII adornada con baratijas del siglo XXI, muchas de ellas letales. En lugar de ser, como pretende, ?el l?der del mundo libre?, es un r?gimen autoritario y retr?grado anterior a la Ilustraci?n.

Como por el momento no tengo acceso a mi diccionario Oxford, no puedo especificar exactamente cu?ndo se lleg? a aplicar la palabra ?filantrop?a?, que etimol?gicamente significa ?amor a la humanidad?, a la donaci?n de dinero para construir empresas que se autoengrandecen. Pero lamentablemente, ?as? es! La gente parece tener una manera de distorsionar significados para hacer que lo mal?volo parezca benevolente. Y as?, empresas de todos los tipos han sido financiadas por una ?filantrop?a? semejante.

Por ejemplo, la Universidad Carnegie Mellon fue fundada por Andrew Carnegie, Andrew W. y Richard B. Mellon; la Universidad Cornell fue fundada por Ezra Cornell y Andrew Dickson White; la Universidad Purdue fue fundada por John Purdue; la Universidad Rice fue fundada por William Marsh Rice; la Universidad Stanford University fue fundada por Leland Stanford y su esposa. Hay cientos m?s.

Tambi?n hay museos: (el Museo Isabella Stewart Gardner, el Museo Amon Carter de Arte Estadounidense, el Museo de Arte Kimbell, el Museo Solomon R. Guggenheim, el Museo Whitney de Arte Estadounidense y muchos m?s), salas de conciertos (Louise M. Davies Symphony Hall, Carnegie Hall, Avery Fisher Hall, The Eastman Theatre, Morton H. Meyerson Symphony Center para s?lo nombrar algunas), teatros de la ?pera (el Nancy Lee y Perry R. Bass Performance Hall, The Dorothy Chandler Pavilion, The Peabody Opera House, The Margot and Bill Winspear Opera House, The BAM Howard Gilman Opera House), innumerables fundaciones caritativas y edificios construidos para uso p?blico como son las?bibliotecas.

Aunque cuesta negar un cierto m?rito a la mayor?a de estas iniciativas, tambi?n es dif?cil llegar a imaginar que cuando Cristo dijo: ?ama a tu pr?jimo como a ti mismo?, estaba propugnando el tipo de amor que ha llegado a expresar la filantrop?a. Pero no es mi intenci?n restar importancia a la filantrop?a en este art?culo. Estos ejemplos s?lo se proponen establecer la base para una exposici?n de algunos contrastes y para sacar de ellos algunas conclusiones reveladoras.

Ante todo, el tipo de donaciones descrito anteriormente no es el ?nico tipo de d?diva que predomina. Durante la campa?a electoral para la elecci?n de mitad de per?odo de la semana pasada, montos no especificados de dinero fueron donados an?nimamente a Comit?s de Acci?n Pol?tica en un intento de influenciar el proceso electoral. Lo que distingue a este grupo de donantes de los antes mencionados es el anonimato. Los benefactores, en el primer grupo, como los faraones del antiguo Egipto, no tienen ning?n reparo en que sus nombres se coloquen sobre sus proyectos. (Sospecho que las m?s veces, insisten en que se haga). Pero no as? los donantes del segundo grupo.

?Por qu?? Sospecho que existe un principio tras la diferencia: ?La gente no oculta lo que los enorgullece! Los benefactores en el primer grupo se enorgullecen de sus donaciones, quieren que todos las conozcan, quieren que los recuerden por ellas. ?Por qu? entonces los ?benefactores? en el segundo grupo no se sienten igualmente orgullosos de sus obras ben?ficas? ?Son solamente cobardes que carecen del valor de sus convicciones? ?O se averg?enzan de lo que hacen? ?Ocultan su verg?enza tras el anonimato? En ambos casos, no pueden ser juzgados ben?volamente.

El anonimato, sin embargo, es s?lo una manifestaci?n de una tendencia m?s profunda y creciente en la sociedad estadounidense ?la tendencia hacia m?s y m?s secreto, y nadie, que yo sepa, ha revelado las desastrosas consecuencias en ?ltima instancia de esta tendencia.

Recientemente, Sir John Sawers, jefe del Servicio Secreto de Inteligencia de Gran Breta?a, MI6, dedic? gran parte de un discurso de 30 minutos de duraci?n al rol central del secreto en el mantenimiento de la seguridad. ?Secreto?, dijo ?no es una mala palabra. El secreto no existe como encubrimiento. El secreto tiene una parte crucial en que Gran Breta?a se mantenga salva y segura. Si nuestras operaciones y m?todos se hicieran p?blicos, no funcionar?an.?

Por desgracia, es obvio que Sir John no es un maestro del ingl?s. El secreto es por definici?n un encubrimiento. Pero Sir John no quiere decir encubrimiento en el simple sentido de oculto; quiere afirmar que no se est? encubriendo nada impropio o inadmisible. Desafortunadamente, es imposible verificar esa afirmaci?n y, si fuera aceptada, tiene que ser aceptada sobre la base de la confianza. Si alguien afirma que ?l o ella no hicieron nada malo, hay que revelar qu? y c?mo. ?De qu? otra manera se puede demostrar? Y sin embargo Sir John afirma que el qu? y c?mo deben mantenerse en secreto.

Consideremos la afirmaci?n de que el universo contiene atributos absolutamente indetectables. La frase parece perfectamente sensata, pero no lo es. ?C?mo podr?a llegar a otorgar a la afirmaci?n un valor de verdad? Todo lo que uno puede hacer realmente al o?rla o leerla es encogerse de hombros. La frase no tiene contenido. La afirmaci?n de que los secretos no son encubrimientos es similar. Para saber qu? secreto no es un encubrimiento, hay que revelar el secreto, pero s?lo por definici?n un secreto no puede revelarse y ser un secreto. Afirmaciones semejantes carecen por completo de sentido.

?Por qu? entonces se deber?a confiar en todo caso en los pronunciamientos de los gobiernos y sus agentes? Que mienten se ha demostrado una y otra vez en la historia. En realidad, todo lo que hace realmente el secreto es provocar sospecha; el secreto lleva a la gente a desconfiar de sus gobiernos. Tambi?n lleva a las naciones a desconfiar unas de otras, y un mundo en el cual las naciones desconf?an unas de otras es inestable, peligroso y listo para el desastre.

El secreto gubernamental tambi?n anula todo s?mbolo de democracia que una naci?n pueda exhibir. Incluso una ciudadan?a perfectamente racional no podr?a formarse opiniones racionales sobre asuntos pol?ticos que le son ocultados por el secreto. ?C?mo se puede esperar que alguien formule una opini?n racional sobre algo que ?l o ella desconozca? El pensamiento racional requiere premisas objetivas. Sin ese conocimiento, el proceso electoral no es otra cosa que un ejercicio formal, sin sentido. A la gente se le podr? decir que es soberana, pero ni siquiera juega un papel significativo en el proceso. Los s?mbolos de la democracia no hacen que una naci?n sea democr?tica. S?lo lo logran la verdad y la honestidad reveladas con transparencia.

La mayor parte de la gente supone que el gobierno de EE.UU. est? paralizado por la intransigencia ideol?gica. La suposici?n es que nuestra clase pol?tica ha adoptado la actitud de: ?a mi manera o ninguna?. Pero existe otra posibilidad. Tal vez los que verdaderamente poseen el poder, a los que les gusta la forma en que van las cosas y quieren contravenir cualquier cambio, corrompen o a?slan a todos los funcionarios reci?n elegidos y toda la ret?rica ideol?gica que se oye no es m?s que teatro para dar a la gente la impresi?n de que los pol?ticos se preocupan. ?De qu? otra manera se puede explicar que todo siga igual despu?s de una elecci?n a pesar de los llamados al cambio en la elecci?n? ?De qu? otra manera puede seguir actuando el Congreso, como lo ha hecho siempre, ante decenios de tasas de aprobaci?n en el cuartil inferior? ?De qu? otra manera se puede explicar que un Congreso tras otro sea un Congreso que no hace nada? ?Es porque las elecciones estadounidenses son totalmente fraudulentas? ?Es porque el Congreso tiene un amo secreto que funciona detr?s del sistema electoral?

Los tan alabados m?ticos ?Estados Unidos de Am?rica? no existen en ninguna parte. Es un Shangri-la. El Pre?mbulo de la Constituci?n deja perfectamente claro qu? clase de naci?n se pretend?a que fuera EE.UU. ?Leedlo! Lo que existe actualmente no cumple con ninguno de esos objetivos.

Algunos han argumentado que la naci?n fue un fraude desde el primer d?a, que la convenci?n que redact? la Constituci?n estaba formada por una elite colonial que se propuso crear una naci?n que protegiera sus privilegios. Los hechos citados por los que lo afirman son exactos; el razonamiento es frecuentemente forzado. Sin embargo, no es f?cil refutar la afirmaci?n.

Incluso si la naci?n no naci? muerta, ciertamente fue asesinada r?pidamente. El vil hecho tuvo lugar el 24 de febrero de 1803. El asesino fue John Marshall, presidente de la Corte Suprema, quien escribi? la decisi?n conocida como Marbury contra Madison, que no s?lo se basa en argumentos absurdos sino que tambi?n es traicionera por dos motivos. Primero, Marshall adopta la posici?n de que ?Es enf?ticamente el campo de acci?n y el deber del departamento judicial decir lo que es la ley? lo que lleva a que la Corte se convierta en la ?nica autoridad constitucional que no puede ser criticada. Desde ese d?a, la Corte ha gobernado EE.UU. como una oligarqu?a judicial. Segundo, la decisi?n provee a la Corte un paradigma sobre el cual podr?a basar decisiones clara y obviamente injustas. Marshall estuvo de acuerdo en que Marbury ten?a derecho a ayuda pero se neg? a proveerla. Es obviamente injusto; sin embargo la Constituci?n dice claramente que uno de los prop?sitos de la naci?n es ?establecer justicia?.

Aunque el argumento de Marshall es absurdo, el ?nico que lo cuestion? fue Jefferson. Escribe: ?la opini?n que da a los jueces el derecho a decidir qu? leyes son constitucionales y cu?les no, no s?lo para ellos en su propio campo de acci?n sino para la Legislatura y el Ejecutivo tambi?n en los suyos, convertir?a al poder judicial en una rama desp?tica?. Es evidentemente contradictorio decir por una parte que la Corte tiene el deber de ?decir lo que es ley? y luego decir que la Corte est? impedida para proveer a Marbury la ayuda a la que tiene derecho porque la Constituci?n escrita no da a la Corte la autoridad para otorgarla. La Constituci?n escrita tampoco da a la Corte la autoridad para ?decir lo que es ley?. Sin embargo nadie se?al? que si el deber de la Corte es decir ?lo que es ley?, las legislaturas son superfluas. De modo que Marshall, ese d?a, asesin? a la Rep?blica.

Es curioso que nadie fuera de Jefferson se haya interesado. ?Fue, por cierto, porque la elite colonial que hab?a tomado el control del gobierno nunca apoy? plenamente los principios republicanos de la Constituci?n? Nunca lo sabremos. Pero antes de que la Constituci?n se ratificara, las colonias estaban plagadas de panfletos pol?ticos a favor y en contra de su ratificaci?n. Los Papeles Federalistas son los m?s conocidos y aparentemente?fueron escritos por Alexander Hamilton, James Madison, y John Jay. Los tres estaban vivos cuando se emiti? la opini?n de Marshall; pero ninguno escribi? un solo panfleto oponi?ndose a la acci?n de Marshall. ?Qu? extra?o!

Sin embargo, el resultado es obvio. Lo que hizo John Marshall fue reproducir la econom?a pol?tica de la?Inglaterra del siglo XVII, con la sola ausencia de la monarqu?a, y los tribunales han promovido y mantenido esa abominaci?n desde entonces. EE.UU. actualmente es una naci?n del siglo XVII adornada con baratijas del siglo XXI, muchas de ellas letales. En lugar de ser como afirma ?l?der del mundo libre?, es un r?gimen autoritario, reaccionario y retr?grado anterior a la Ilustraci?n. ??se es el gran secreto! No se atreven a revelarlo.

En la temprana Europa moderna, el Estado se organiz? para librar guerras m?s y m?s intensas que requieren ej?rcitos profesionales y conducen a los gobiernos nacionales a deudas perennes. Algunos afirman que la necesidad de librar guerras cada vez mayores cre? el Estado como lo conocemos. La diplomacia fue conducida en secreto por las naciones frente a oponentes, adversarios y sus propios pueblos. Aunque todav?a no se conoc?a como tal, la Realpolitik caracteriz? la ?poca. La pol?tica y la diplomacia se basaron primordialmente en consideraciones de poder e intereses nacionales, no ideales, morales, o principios. Se dijo que el equilibrio del poder de naciones autoritarias era necesario para mantener la paz, pero nunca lo hizo. ?En qu? difiere la descripci?n de Europa en el siglo XVII de una descripci?n de la condici?n del mundo actual? ?Qu? es diferente?

Podr? parecer duro calificar a EE.UU. de naci?n retr?grada, autoritaria, reaccionaria, anterior a la Ilustraci?n, ?pero de qu? otra manera se puede explicar, y menos justificar, la disposici?n estadounidense a derrocar gobiernos democr?ticamente elegidos, apoyar dictaduras derechistas y convertirse en socio anuente de las naciones m?s corruptas del mundo? Ninguna naci?n inmersa en los principios de la democracia se involucrar?a en pr?cticas semejantes.

Por lo tanto, ?qu? esperan lograr los propugnadores de esta realpolitik del siglo XVII? ?Con qu? fin mantienen esta pol?tica? Trescientos a?os de historia han demostrado que nunca produce paz o seguridad. Ir a la guerra para preservar la paz es absurdo; cualquiera que propugne una tonter?a semejante deber?a ser ridiculizado hasta que se oculte.

Recordad lo siguiente: Los imperios sobre los cuales se dec?a que nunca se pon?a el sol se desintegraron a plena luz del d?a. Todos los caballos y todos los hombres del rey no pudieron mantenerlos en pie. Por lo tanto propongo que cada cual pregunte a un ingl?s lo siguiente: ?Qu? valor posee un ingl?s de a pie en nuestros d?as que ?l o ella no habr?a pose?do si el Imperio nunca hubiera existido? Cuando sep?is la respuesta a esa pregunta os dar?is cuenta de c?mo todos los recursos y vidas perdidos para crear el Imperio y tratar de mantenerlo fueron totalmente desperdiciados. Y eso es lo que siempre sucede con los recursos y la gente gastados en la construcci?n de imperios.

El secreto es una abominaci?n. ?La gente no oculta aquello que la enorgullece! Cuando los gobiernos guardan secretos, est?n ocultando actos vergonzosos, inmorales o ilegales. La guerra es lo contrario de la paz y no puede asegurarla. El secreto alimenta la desconfianza, la sospecha, y el conflicto; no son maneras de ganar amigos e influenciar a la gente. La realpolitik es en realidad vil politik. Hasta que el bienestar de los seres humanos se convierta en el objetivo de la actividad humana, en lugar del bienestar de las instituciones, la gente no llegar? a ser otra cosa que carne de ca??n y de la industria para ser sacrificada por nada meritorio.

De modo que es hora, demasiado tarde, muy demasiado tarde, de cerrar la puerta al gobierno autoritario del siglo XVII.

John Kozy es profesor jubilado de filosof?a y l?gica y escribe blogs sobre temas sociales, pol?ticos y econ?micos. Despu?s de servir en el ej?rcito de EE.UU. durante la Guerra de Corea, pas? 20 a?os como profesor universitario y otros 20 como escritor. Ha publicado un libro de texto sobre l?gica formal, en revistas acad?micas y en una peque?a cantidad de revistas comerciales, y ha escrito una serie de editoriales como invitado en peri?dicos. Sus art?culos en l?nea se encuentran en: http://www.jkozy.com/ y se le puede escribir desde ese sitio.

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? Copyright John Kozy, Global Research, 2010

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=21880

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Tags: Constitución, ilustración, democracia, guerra, paz

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