Mi?rcoles, 24 de noviembre de 2010
Revoluci?n o reforma

La isla desconocida

El pasado viernes 19 de noviembre le? esta ponencia --que me hab?an solicitado los organizadores de forma expresa--, en la 9na. Conferencia de Estudios Americanos celebrada en La Habana. Aunque retoma ideas expresadas en otros textos m?os --y es un poco larga para este medio--, quiero compartirla con los lectores de mi blog dado el momento de ajustes que vivimos

Dentro de pocos meses la Revoluci?n cubana cumplir? su primer medio siglo de haberse declarado socialista. Exist?a en el pa?s una tradici?n revolucionaria que se remontaba a los or?genes de la naci?n: las necesidades vitales (econ?micas) de la poblaci?n nacida en la colonia ?de la esclava, por supuesto, de ascendencia africana o asi?tica, por momentos mayoritaria; pero tambi?n de la criolla, hija de peninsulares e isle?os espa?oles--, solo pod?an ser satisfechas desde presupuestos ?ticos. Hasta que esas necesidades no cuajaron en moldes justicieros, no se fragu? el sentimiento independentista. El primer acto en pos de la independencia, fue inevitablemente de justicia: la liberaci?n de los esclavos. Una rara identidad de lo ?tico y de lo ?til engendraba la Patria. Jos? Mart? hablar?a dos d?cadas despu?s de ?la utilidad de la virtud?. Cuando le correspondi? organizar la nueva guerra, no habl? de naci?n ?un concepto viciado por sus usos metropolitanos, y por reivindicaciones raciales--, sino de Patria, que era, dec?a, Humanidad. Y parad?jicamente, no cre? un Partido Independentista, sino uno que nombr?, para siempre, Revolucionario.

?Una importante cualidad animaba el pensamiento martiano, profundamente revolucionario: hombre culto, de fina sensibilidad y extraordinarios conocimientos cient?ficos, Mart? rechaz? el materialismo vulgar, en el fondo idealista, del positivismo, al que se adher?an muchos de sus coet?neos. Hab?a en Mart? un ?loco? indomable, que rechazaba de forma casi instintiva el acatamiento pasivo de los ?hechos? sociales: si alg?n antecedente tuvo la frase convertida en graffiti por una mano an?nima en una calle parisina del 68 del siglo siguiente, esa que ped?a que fu?semos realistas, e hici?ramos lo imposible, fue quiz?s el realismo pol?tico del decimon?nico Mart?. En alg?n texto he propuesto una diferenciaci?n conceptual entre el ?deber ser? y el ?poder ser? martiano; el primer concepto ignora la realidad en todas sus facetas ?lo visible, lo f?ctico, y lo posible, lo latente--, para aferrarse a un ideal no ratificado por la pr?ctica, y ajustar artificialmente la realidad al modelo; el segundo, parte de la existencia de diferentes posibilidades latentes en la sociedad, todas reales, aunque no totalmente manifiestas, y de la certeza de que la realizaci?n de cualquiera de ellas puede y debe impulsarse de forma conciente. Los positivistas recolectaban datos, y en nombre de la ciencia, al decir de Mart? y con verbo de su invenci?n, ?insecteaban por lo concreto?; en oposici?n, ped?a un vuelo de c?ndor, en el que participase la intuici?n como forma del saber. Los positivistas eran esencialmente reformistas, Jos? Mart? fue un revolucionario.

?Y esto qu? tiene que ver con el socialismo cubano? El hilo de Ariadna solo sirve para encontrar el pasado, jam?s para hallar el futuro; el presente a?n puede conducir a diferentes futuros. Decir, como alegan sus enemigos, que la Revoluci?n se ha inventado una historia teleol?gica, es una mala treta. Salto por sobre simplificaciones y esquematismos manualescos, siempre presentes: la Revoluci?n cubana cuenta con una s?lida tradici?n hist?rica. Tanto es as?, que algunos ide?logos de la contrarrevoluci?n propusieron en los noventa la existencia de dos l?neas matrices en paralelo (necesitados ellos de una): la moderna, capitalista, que transitaba por los diversos reformismos ?en la Cuba decimon?nica, el anexionismo y el autonomismo, y en la del siglo XX, un capitalismo dependiente que finalmente se adher?a a posturas neo-anexionistas o neo-autonomistas--, y que part?a de los primeros patricios blancos, en los que a?n la justicia y el inter?s de clase no se fund?an, y llegaba hasta los actuales empresarios cubano americanos, en los que ya nunca la una y los otros encontrar?n espacio com?n; y por la otra, la que llamaron antimoderna, ut?pica ?en un sentido despectivo--, por anticapitalista, en la que juntaron sin recato y con raz?n a Mart? y a Fidel. En la historia de Cuba dos conceptos adquirieron un sentido opuesto, excluyente: la Revoluci?n fundacional, propiciadora del nacimiento de la Patria, y la Reforma conservadora, asidero de una elite entreguista, antinacional. El esp?ritu revolucionario que necesitaba la independencia y el reformista, que necesitaba la dependencia. Los autonomistas finiseculares que clamaban por la hispanidad imperecedera de Cuba, cuando las ?nicas alternativas fueron la Anexi?n a Estados Unidos o la Independencia Absoluta, optaron por la primera. En una carta in?dita del 3 de septiembre de 1899, dirigida al anexionista cubano-americano Jos? Ignacio Rodr?guez ?que se conserva en los archivos de la Biblioteca del Congreso en Washington--, el presidente del Partido Liberal Autonomista cubano, Jos? Mar?a G?lvez expresaba en tono conspirativo: ?La independencia absoluta es la ilusi?n del d?a fomentada por los 'patrioteros' y acariciada por la turba mulata. Conviene desvanecerla antes de emprender la demostraci?n de que ? la anexi?n ha de llegarse de todos modos, ? la manera que para los cat?licos por todos los caminos se va a Roma. Creo haberte dicho antes y repito ahora que suspiran por la anexi?n todos los que tienen algo que perder, los que aspiran ? adquirir, y la masa general de espa?oles?. De cualquier manera, para el que quiera ver por el ojo de la cerradura la reconstrucci?n de la historia que har?a una victoriosa contrarrevoluci?n cubana, as?mese a las actuales sociedades este-europeas.

Pero la tradici?n revolucionaria en Cuba hab?a recorrido tambi?n los caminos del marxismo en la primera mitad del siglo XX. Importantes intelectuales cubanos como Mella, Mart?nez Villena y Marinello, por solo citar a tres, fueron dirigentes partidistas; otros, colaboradores o simpatizantes del Partido. Los obreros cubanos y los estudiantes mostraban una impresionante pl?yade de m?rtires y de l?deres m?s o menos cercanos a los ideales socialistas. La ola revolucionaria de 1959 ?antecedida por la del 33, que no tuvo una fuerza centr?fuga que halara a sus diversos componentes--, uni? esta vez a todos: las divergencias y los sectarismos fueron barridos por los acontecimientos, y los pocos que no fueron capaces de superar viejos rencores o ansiados protagonismos, desaparecieron del entramado hist?rico. La gesta libertaria del Movimiento 26 de julio fue nuevamente un desaf?o a lo aparentemente imposible: asaltos al cielo, traves?as mar?timas y desembarcos fantasmales, y la frase de Fidel al reunir apenas a ocho sobrevivientes del desembarco y siete fusiles, frente a un ej?rcito bien armado y la previsible hostilidad del imperialismo m?s poderoso de la Tierra, ??ahora s? ganamos la guerra!?. Del programa esbozado en La Historia me absolver?, pasando por la Primera Declaraci?n de La Habana, hasta el d?a 16 de abril de 1961 en que se proclama el car?cter socialista de la Revoluci?n, han transcurrido veloces los acontecimientos. Una Revoluci?n que transit? del anticolonialismo del siglo XIX al antiimperialismo del XX, era necesariamente anticapitalista. Buscar explicaciones externas al proceso, especular sobre las consecuencias que hubiese tenido una reacci?n m?s comprensiva por parte del gobierno estadounidense, es ignorar la naturaleza de los sucesos y de sus protagonistas: o era anticapitalista o no era. Fidel lo explica as? en el Editorial del n?mero inicial de la revista Cuba Socialista, en septiembre de 1961: ?El 16 de abril, cuando acompa??bamos a las v?ctimas del cobarde ataque a?reo del d?a anterior, puestas en tensi?n todas las fuerzas nacionales, respir?ndose ya la atm?sfera de la agresi?n inminente, en v?spera de la batalla contra el imperialismo que todo el mundo adivinaba, se proclam? el car?cter socialista de la Revoluci?n. La Revoluci?n no se hizo socialista ese d?a. Era socialista en su voluntad y en sus aspiraciones definidas, cuando el pueblo formul? la Declaraci?n de La Habana. Se hizo definitivamente socialista en las realizaciones, en los hechos econ?micos-sociales cuando convirti? en propiedad colectiva de todo el pueblo los centrales azucareros, las grandes f?bricas, los grandes comercios, las minas, los transportes, los bancos, etc. El germen socialista de la Revoluci?n se encontraba ya en el Movimiento del Moncada, cuyos prop?sitos, claramente expresados, inspiraron todas las primeras leyes de la Revoluci?n. (?) Y dentro de un r?gimen social semi-colonial y capitalista como aquel, no pod?a haber otro cambio revolucionario que el socialismo, una vez que se cumpliera la etapa de la liberaci?n nacional?

La br?jula de navegaci?n marcaba la ruta del Este europeo, pero nuestros padres, m?s que al hipot?tico lugar de llegada, miraban al de partida, con sus tareas sociales pendientes y sus poderosos enemigos al acecho. El comando que se hizo de la embarcaci?n no proven?a del Partido (Comunista) ?muy bien organizado en Cuba, con una historia heroica, pero demasiado enredado en los saberes de su tiempo y en las t?cticas de lo inmediato--, y no tra?a manuales de navegaci?n. Eran j?venes irreverentes, melenudos y barbudos, que despreciaban las normas burguesas de comportamiento e invad?an con sus botas guerrilleras los salones de la burgues?a derrotada; estadistas que al ser rechazados en los hoteles neoyorkinos de lujo, amenazaban con instalarse en carpas improvisadas en los jardines de Naciones Unidas o aceptaban gustosos una habitaci?n en un modesto hotel del barrio negro de Harlem (eran tiempos de segregaci?n racial legalizada en Estados Unidos). Pero no eran hombres y mujeres pol?ticamente inmaduros; Fidel, en espec?fico, hab?a le?do concienzudamente textos de Marx y Lenin, de historia, conoc?a en profundidad la realidad de su pa?s ?la visible y la latente--, pose?a un optimismo revolucionario arrollador (solo es posible, lo que se cree posible), y un instinto pol?tico poco com?n. Como todos, vivi? el diario, acelerado aprendizaje, que propicia una Revoluci?n. En ellos es norma el apego a un c?digo ?tico estricto que se expres? desde los d?as de la Sierra en el trato a los prisioneros enemigos y a los campesinos del entorno, y despu?s, en la relaci?n con el pueblo y en los compromisos internacionales. A pesar de ello, dijo Fidel hace cinco a?os y repiti? en d?as pasados, ?entre los muchos errores que hemos cometido todos, el m?s importante error era creer que alguien sab?a de socialismo, o que alguien sab?a de c?mo se construye el socialismo?. Pero tambi?n dijo: ??Qu? sociedad ser?a esta, o qu? digna de alegr?a cuando nos reunimos en un lugar como este, un d?a como este, si no supi?ramos un m?nimo de lo que debe saberse, para que en esta isla heroica, este pueblo heroico, este pueblo que ha escrito p?ginas no escritas por ning?n otro en la historia de la humanidad preserve la Revoluci?n?? Porque hay que decir que el socialismo cubano nunca dej? de buscarse, de rectificarse, de recomenzarse: cada d?cada marca de alguna manera un nuevo comienzo, una nueva b?squeda.

Suele decirse con mal?vola intenci?n o desconocimiento, que las masas enardecidas que acompa?an a un proceso revolucionario carecen de voluntad propia. En realidad, solo una Revoluci?n es capaz de transformar a las masas en colectivos de individualidades, solo un proceso revolucionario convierte a los individuos en sujetos, en actores de su destino. La escena de la pel?cula Madagascar en la que la protagonista se busca in?tilmente en una foto a?rea de una concentraci?n masiva publicada en un peri?dico de la ?poca, convencida de que se hallar?a en ella, es muy reveladora: esa mujer no conceb?a que su rostro no apareciese, porque se sent?a protagonista de aquel suceso, por m?s que estuviese acompa?ada por un mill?n de cubanos. El hero?smo individualizado y el hero?smo an?nimo son dos expresiones, a veces complementarias, a veces contrapuestas, de una Revoluci?n. Una Revoluci?n es el proceso mediante el cual las masas empiezan a conformar colectividades de individuos. En la medida en que ese proceso se complete o deshaga, triunfa o fracasa. En Cuba, dice el Che, ?este ente multifac?tico no es, como se pretende, la suma de elementos de la misma categor?a (reducidos a la misma categor?a, adem?s, por el sistema impuesto), que act?a como un manso reba?o?. No obstante, contin?a, ?vistas las cosas desde un punto de vista superficial, pudiera parecer que tienen raz?n aquellos que hablan de la supeditaci?n del individuo al Estado; la masa realiza con entusiasmo y disciplina sin iguales las tareas que el gobierno fija (...)?. Y avanza una hip?tesis de trabajo verdaderamente revolucionaria: "Lo dif?cil de entender para quien no viva la experiencia de la Revoluci?n es esa estrecha unidad dial?ctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes".

Uno de los aportes y de las fortalezas del socialismo cubano, ha sido esa relaci?n m?ltiple: la masa y cada individuo de una parte; la masa como conjunto de individuos y sus principales dirigentes, de la otra. Vuelvo sobre un ejemplo que suelo utilizar por su ejemplaridad: el Gobierno revolucionario pod?a tomar la decisi?n de enviar az?car al pueblo chileno en ?poca de la Unidad Popular, pero Fidel se dirigi? a ese mill?n de cubanos que protagonizaba la Revoluci?n con su presencia en la Plaza, y le pregunt?, ?est? cada uno de ustedes, en disposici?n de donar una libra de az?car de la que reciben por la libreta de abastecimiento al pueblo chileno? La inmensa mayor?a de los presentes levant? conmovido su brazo, en se?al de aprobaci?n. Cada ciudadano, de forma individual, como si se tratara de un acuerdo entre vecinos, donaba parte de su escasa cuota de az?car a un pueblo hermano. Los Lineamientos Econ?micos y Sociales que debatir? y aprobar? el pr?ximo Congreso del Partido se discutir?n antes en todos los centros de trabajo y vecindarios del pa?s. No es la primera vez, ha sido una pr?ctica com?n en nuestra historia revolucionaria.

Siendo como fue una Revoluci?n aut?ntica, la cubana nunca se percibi? ?y la verdad, tampoco hubiese podido hacerlo, a?n de querer--, como asunto interno: fue Primer Territorio Libre de Am?rica, y en esencia, un eslab?n de la Revoluci?n mundial. Por primera vez en la historia, la vocaci?n internacionalista de un estado revolucionario no se ejerc?a desde los presupuestos, los prejuicios o los intereses de un pa?s de mayor desarrollo, hacia pa?ses o regiones de menor desarrollo. Cuba alz? la vista hacia sus hermanos de infortunio como un igual: de pobre a pobre, de ex colonia a colonia. Y sobrevivi?, por cierto a los llamados ?hermanos mayores? de Europa: hoy la Revoluci?n cubana tiene m?s edad de la que ten?an esos estados cuando se desmoronaron. El internacionalismo cubano se practic? como deber, no como favor. Comparti? m?dicos, maestros, soldados, guerrilleros. Por eso acostumbraba a recibir la solidaridad con agradecimiento, convencida de que no recib?a un favor, sino un trato justo. Fidel fund? como estadista una nueva pr?ctica del internacionalismo, ajena a todo inter?s geopol?tico, que se nutre del humanismo revolucionario, pero rechaza toda pretensi?n ideologizante ?o evangelizadora de una doctrina revolucionaria--, salvo aquella que emana del ejemplo, como dir?a el Che. La Internacional comunista dispersaba a sus emisarios sin duda heroicos por el mundo, con una misi?n ?evangelizadora?, similar en su car?cter, aunque diferente en prop?sitos, a la del misionero cat?lico o protestante. El m?dico cubano no habla de pol?tica, cura a ricos y a pobres, a neoliberales y a comunistas, a ni?os y a delincuentes; puede colaborar incluso con autoridades sanitarias de gobiernos fascistas si de salvar vidas se trata ?como ocurri? en la Nicaragua de Somoza, en los d?as posteriores al terremoto--, o con instituciones de estados con los que no existen ni se reclaman relaciones diplom?ticas. En 1991 sobrevino el Derrumbe: del horizonte, de la moda revolucionaria, para los que siempre navegan seg?n la corriente, de las relaciones comerciales m?s justas. El bloqueo cerr? todas las puertas y apag? la luz, no solo la el?ctrica. Miles de cubanos salimos cada d?a en bicicletas al trabajo, llevando en la parrilla a la esposa y al hijo peque?o, dejando en casa, pospuestos, muchos proyectos de vida que parec?an factibles. En momentos de moment?nea p?rdida del sentido de orientaci?n, nuestra Revoluci?n conserv? sin embargo la peque?a llama que evit? el congelamiento. El socialismo cubano reorient? sus esfuerzos a la sobrevivencia de las m?s elementales conquistas; a?n as?, en 1998, cuando la palabra internacionalismo parec?a olvidada, dispers? sus guerrillas m?dicas por Centroam?rica y Hait? e inici? una nueva etapa de labor solidaria. Ese a?o marc? tambi?n el triunfo electoral de Hugo Ch?vez en Venezuela y el inicio de una nueva era de revoluciones constitucionales en Am?rica Latina. La dura batalla por la sobrevivencia de Cuba y su defensa de los principios socialistas e internacionalistas, permitieron a la postre ese renacimiento colectivo.

?Es el socialismo cubano un hecho hist?rico del siglo XX?, ?existe un socialismo del siglo XXI que lo relega al pasado, para estudio de academias?, ?fracas? el socialismo cubano? M?s de veinte a?os despu?s de la ca?da de los otros, Cuba reajusta su econom?a, buscando acomodar sus fuerzas, esencialmente humanas, en un mundo hostil, y en circunstancias revolucionarias diferentes. ?Es obsoleto el concepto de Revoluci?n? No voy a recordar la definici?n fidelista, que lo ubica en un plano esencialmente ?tico. De alguna manera, los cubanos parecemos m?s centrados y terrenales ahora, pero nuestros sue?os escritos y nuestras realizaciones colosales permanecen intactos; Esta es una Revoluci?n que hizo posible lo imposible en un peque?o pa?s del Tercer Mundo, permanentemente sometido a un bloqueo econ?mico y a una guerra medi?tica: con ?ndices de educaci?n y salud del Primer Mundo, Cuba estableci? pautas en la relaci?n de sus l?deres con las masas, del Partido revolucionario con su pueblo. La actualizaci?n de su modelo econ?mico no es reformista; en la historia de Cuba, como hemos visto, la Reforma conduce a la ruptura entre lo ?tico y lo justo. ?El pa?s tendr? mucho m?s ?ha reiterado Fidel--, pero no ser? jam?s una sociedad de consumo, ser? una sociedad de conocimientos, de cultura, del m?s extraordinario desarrollo humano que pueda concebirse, desarrollo de la cultura, del arte, de la ciencia [...] con una plenitud de libertad que nadie puede cortar. Eso lo sabemos, no hay ni que proclamarlo, aunque s? recordarlo?.

Cuba ha creado una sociedad m?s diversa, porque ha enriquecido a sus individuos; su mill?n de profesionales, su poblaci?n con un m?nimo de noveno grado escolar, es la mayor de sus conquistas. El capitalismo incentiva el individualismo; el socialismo no siempre ha sabido o ha podido desencadenar al m?ximo, como un inter?s social, las potencialidades del individuo. La actualizaci?n cubana de su econom?a, potencia esas posibilidades. Ser?a probablemente extempor?neo debatir ahora sobre el llamado guevarismo, o sobre la relaci?n exacta, ?til y justa, de los est?mulos materiales y morales en un pa?s sin recursos. Vivimos una etapa cualitativamente distinta, y los revolucionarios dejar?amos de serlo si no superamos viejos estereotipos. ?En este mundo real, que debe ser cambiado, todo estratega y t?ctico revolucionario tiene el deber de concebir una estrategia y una t?ctica que conduzcan al objetivo fundamental de cambiar ese mundo real. Ninguna t?ctica o estrategia que desuna ser?a buena?, ha reiterado Fidel en d?as pasados. El modelo econ?mico y social capitalista ha fracasado, y Cuba rechaza el consumismo inherente al modo de producci?n capitalista.

Se demoniza a Cuba por no haber podido impedir el resurgimiento de la prostituci?n, aunque la soluci?n impl?cita, la capitalista, significar?a su masificaci?n. Se acusa a Cuba de no haber podido contener ciertas injustas diferencias sociales y la soluci?n capitalista ser?a acrecentarlas, hacerlas m?s hondas, injustas e irreversibles. Cada m?dico o deportista que deserta es la victoria de la ?normalidad? frente al sue?o de una sociedad solidaria. Pero la deserci?n (que es la renuncia de alguien a su presunta ?anormalidad?) es presentada como un hecho en s? anormal, extraordinario. El cubano que deserta no es definido en funci?n de sus intereses personales ?como suele ser normal en este mundo--, sino como expresi?n de una posici?n pol?tica. Las im?genes que se trasmiten desde Cuba se regodean en los rincones sucios y demacrados de la ciudad, en los bordes m?s pobres de una sociedad estrangulada por el bloqueo. Los espacios bonitos se consideran falsos o manipulados. No importa que los espacios ?feos? sean normales ?y por eso poco interesantes--, en otras ciudades latinoamericanas. La normalidad cubana debe ser destruida, para que Cuba sea tan normal como los restantes pa?ses del Tercer Mundo. Sobre todo porque Cuba no acaba de admitir ?ni admitir?--, la m?s importante y definitoria normalidad: la del ?libre mercado? (concepto que en la gran prensa se roba los significados de democracia y de libertad).

Pienso para concluir, que no es posible construir la justicia deseada desde la pobreza, y que de alguna manera, los pa?ses del Tercer Mundo debemos levantarnos juntos. El ALBA ?fundada sobre la experiencia del internacionalismo cubano--, ofrece una respuesta incipiente. No hay modelos para el socialismo, pero hay principios, y un horizonte ?nico: el anticapitalismo. Creo que el socialismo cubano lejos de ser un proyecto del siglo XX, lo es del XXI; la Humanidad retomar? sus ?locuras? m?s hermosas, y por ello m?s necesarias, cuando est? en condiciones de universalizarlas. Mientras, esta peque?a isla de Utop?a no cejar? en su empe?o de crecer y de compartir sus conquistas.

Tags: reforma, revolución cubana, socialista, Isla desconocida, Martí, prostitución, colonia

Publicado por blasapisguncuevas @ 19:30  | CUBA
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