Jueves, 25 de noviembre de 2010

?Qui?n dijo que las empresas p?blicas son ineficientes?
Por: Marcelo Colussi
Fecha de publicaci?n: 25/11/10??
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?? impr?melo?? Compartir
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????????????????? El esc?ndalo de la Inquisici?n no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducir a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana.
Frei Betto

???? Desde hace unos cuantos a?os ya pas? a ser com?n el prejuicio por el que consideramos de excelente calidad todo lo que sea iniciativa privada, mientras que vemos como malo, corrupto e ineficiente todo lo que sea p?blico. Por supuesto que, como todo prejuicio, exagera determinadas caracter?sticas, generalizando indebidamente sin ning?n criterio cr?tico. Lo cierto es que, una vez puestos a circular, esos prejuicios son muy dif?ciles, cuando no imposibles, de contrarrestar. No cabe ninguna duda entonces que, hoy por hoy, a nivel global hablar de lo p?blico pas? a ser sin?nimo de ineficiencia y corrupci?n.

???? Ahora bien: ?de d?nde sale ese mito? Definitivamente va de la mano del triunfo omn?modo del capital transnacional que tiene lugar en estas ?ltimas d?cadas, tras la ca?da del muro de Berl?n y la extinci?n del campo socialista sovi?tico. All? se entroniza el mito de la eficiencia de la empresa privada: la globalizaci?n de la que comienza a hablarse es la del capital triunfador sin enemigos que le hagan sombra. M?s all? que sea eficiente para ganar dinero y no otra cosa, el mito que se ha entronizado y repetido hasta el hartazgo es que lo privado trabaja mejor que la iniciativa p?blica, no desperdicia, no derrocha, busca la calidad fundamentalmente eliminando el burocratismo y la p?rdida de tiempo, es hiper productivo. Es, para decirlo con t?rminos a la moda: ?competitivo?. En definitiva: es un ganador exitoso sobre el perdedor decadente que representa lo estatal.

???? Sin dudas eso es mito, relato novelado, porque en lo que s? es eficiente sin ninguna duda es en lo primero: en ganar dinero. Lo dem?s: no cuenta. Si para obtener ganancias tiene que explotar el trabajo de miles y miles de trabajadores o destruir la naturaleza, ello es apenas una consecuencia colateral. Desde la l?gica del lucro, eso no se ve como p?rdida. La obtenci?n de ganancias lo justifica todo. Luego se encargar? la mentira medi?tica de arreglar las cosas. ?Pero qui?n podr?a tomar en serio la eficiencia de la empresa privada cuando ella tiene como premisa la cat?strofe medioambiental en curso? ?Por qu? seguir repitiendo tama?a estupidez?

???? Sin dudas que lo estatal, lo p?blico, puede ser ineficiente, pesado y burocr?tico; ejemplos al respecto sobran, por supuesto. Un an?lisis sopesado, cr?tico y veraz del fen?meno nos muestra que todav?a estamos muy lejos del mundo de ?productores libres asociados? que so?aron los fundadores de socialismo hace 150 a?os; en todo caso, la mediocridad dominante en la cotidianeidad del campo de lo p?blico nos pone m?s cerca a?n de la pesadilla kafkiana que describ?a el autor checoslovaco a principios del siglo XX en algunas de sus c?lebres novelas que de un mecanismo ?gil, din?mico y eficiente. La visi?n estereotipada del empleado p?blico como harag?n, siempre listo para el soborno, poco creativo y conservador, lamentablemente en muy buena medida es una realidad. Si en la pantalla de la computadora el nombre de la persona de carne y hueso que consulta aparece como ?muerto?, lo m?s probable es que el empleado tras la ventanilla le insista al vivo que reclama que ?usted est? muerto??, y lo manda a hacer fila en otra ventanilla.

???? ?Qui?n en Latinoam?rica no ha sufrido en carne propia este tipo de cosas, estos abusos y mediocridades? El clima kafkiano no es una pura enso?aci?n literaria: es una cruda realidad de cualquier oficina p?blica. Pero con objetividad hay que decir que entre los dos modelos, lo p?blico al menos tiene la intenci?n de beneficiar al colectivo; la empresa privada s?lo beneficia a sus due?os, lo cual ya marca un l?mite insalvable. Aquello de que ?usted no es un cliente, ?es un amigo!? no puede pasar de burda manipulaci?n mercadol?gica; en el momento en que el tal ?amigo? no paga, inmediatamente deja de ser amistoso y pasa a ser deudor. Y si es necesario embargarlo, se lo hace sin miramientos. En la l?gica mercantil no hay amigos ni solidaridad: hay fr?os intereses. ?Y punto!, m?s all? de las banalidades publicitarias. El Estado, aunque deficientemente, intenta al menos ser un regulador social para la totalidad de la poblaci?n.

???? Ahora bien: el Estado de bienestar keynesiano que domin? buena parte del siglo pasado ha salido de escena, siendo reemplazado por esta idea omn?moda de la liberalizaci?n absoluta del comercio y la entronizaci?n del individualismo triunfal. De esa cuenta, la libre empresa se presenta como figura principal, victoriosa, desplazando en el imaginario colectivo al Estado, quien va quedando reducido al papel de par?sito bobalic?n, torpe e ineficaz.

???? Pero ah? es donde se descubre la mentira en juego: la receta neoliberal nos ha tratado de convencer ?logr?ndolo en muchos casos? de la inservibilidad de ese Estado, aunque la libre empresa siga necesitando imperiosamente de ?l. Ante la reciente crisis financiera que sacudi? la econom?a mundial, en los Estados Unidos fue el Estado quien sali? a asistir a las grandes empresas en bancarrota, como la General Motors o a los bancos arruinados. ?Ah? s? fue eficiente el Estado? ?D?nde qued? entonces toda la pr?dica antiestatista?

???? Pero si en algo puede verse la incongruencia, o m?s bien la hipocres?a del doble discurso dominante del capitalismo, es en el campo de la seguridad (?seguridad?: eufemismo por decir: mantenimiento seguro de la propiedad privada de los grandes propietarios, valga aclarar. Porque de la seguridad de las grandes mayor?as? ni hablar). Es all?, en el campo de esa sacrosanta ?seguridad? donde el Estado s? juega un papel predominante. Lo juega a trav?s de sus distintos cuerpos armados: ej?rcito, aeron?utica militar, marina de guerra, polic?a, guardia de fronteras, etc. Aunque la seguridad vaya experimentando tambi?n a pasos agigantados el fen?meno de la privatizaci?n (agencias privadas de seguridad ?el rubro que m?s creci? en Am?rica Latina en estos ?ltimos 10 a?os?, ?contratistas? dentro de las Fuerzas Armadas como vemos en Estados Unidos), es el Estado quien lleva la voz cantante en la materia. ?Podr?a decirse que en esto es ineficiente?

???? Cuando se trata de defender aquello para lo que est?n concebidos, los cuerpos armados de cualquier pa?s no se equivocan, no son ineficientes, corruptos ni burocr?ticos. Lo cual demuestra ?pat?ticamente, claro? que cuando el Estado tiene que funcionar, lo hace a las mil maravillas. Quiz? no hay nada m?s elocuente del papel real del Estado que lo que ponen en juego los cuerpos armados: son la violencia de clase organizada, el aparato de defensa de los grandes propietarios.

???? Valga como muestra lo sucedido recientemente en Latinoam?rica en d?cadas pasadas: cuando la protesta y la movilizaci?n populares crecieron dando paso incluso a expresiones de insurgencia armada, los distintos pa?ses sufrieron las peores guerras internas de su relativamente corta historia como naciones modernas. Los Estados, en representaci?n y expl?cita defensa de las clases privilegiadas, reaccionaron brutalmente, y el continente entero se vio conmovido por feroces conflictos contrainsurgentes. El mensaje fue claro: ?que nadie ose tocar lo que no se debe tocar! El mensaje fue tan brutal que se sigue perpetuando a?n por varias generaciones. Si bien la guerra es siempre la negaci?n misma del hecho civilizatorio, de la normal convivencia apegada a normas sociales, la forma de guerra contrainsurgente que adquiri? en estas ?ltimas d?cadas ?Latinoam?rica es la m?s monstruosa expresi?n de ello? present? caracter?sticas peculiares, in?ditas; si algo define estas estrategias de los Estados en su combate a las protestas de clase es su total y m?s absoluta deshumanizaci?n.

???? Enti?ndase bien: las guerras nunca son ?amorosas? precisamente; pero lo que vamos viendo en estos ?ltimos a?os, no como circunstancia azarosa sino como doctrina militar fr?amente concebida, acad?micamente pensada y de la que los Estados son el garante absoluto, es una guerra que ya no distingue entre enemigo y poblaci?n no combatiente, una guerra que echa mano de los recursos m?s arteros que anteriores instrumentos jur?dicos internacionales (las Convenciones de Ginebra, por ejemplo) prohib?an. Guerras, en definitivamente, que se fundamentan en ser ?tramposas?, tortuosas, enga?osas. Guerras ?sucias?, b?sicamente.

???? Uno de sus principales ide?logos, el franc?s Roger Trinquier, a partir de la experiencia de la tristemente c?lebre guerra colonialista de Argelia que libr? su pa?s contra la naci?n africana y quien luego fuera retomado por la doctrina militar estadounidense transformando su ense?anza en la obligada escuela de toda la oficialidad latinoamericana en estas ?ltimas d?cadas, enunci? las tesis de la guerra moderna, o guerra sucia, amparada siempre en la impunidad de Estados contrainsurgentes, y estructurada sobre los siguientes ejes:

?? 1. La clandestinidad: La represi?n se basa en el ocultamiento de los centros de detenci?n, desaparici?n de personas y eliminaci?n de los cuerpos. Uso de personal militar [y paramilitar] vestido de civil, formado en comandos y recorriendo de noche los centros urbanos en busca de v?ctimas o sospechosos.
?? 2. La moralidad estrecha: La construcci?n de un ?enemigo interno? bajo un marco moral tan r?gido y reducido que posibilita la persecuci?n de cualquier acto calificado como desviaci?n o cr?tica pol?tica, y en consecuencia, cualquier desviaci?n debe ser perseguida y eliminada.
?? 3. La presi?n psicol?gica: Concepci?n por la cual la guerra se hace en todos los ?mbitos de la vida social. Los espacios de la vida cotidiana pueden ser invadidos a trav?s de una guerra psicol?gica que se transforma en una herramienta privilegiada. Se practica para ?ganar los corazones y las mentes de quienes est?n siendo violentados?. Se desata una ?guerra preventiva? que pretende influir sobre la ?conciencia social?. Los medios de comunicaci?n, en esa l?gica, cobran una importancia decisiva.
?? 4. La ilegalidad: Aunque no enunciado expl?citamente, el modelo expone que ?cuando el poder pol?tico est? en peligro, los militares son los ?nicos que disponen de medios suficientes para establecer el orden y, en una situaci?n de emergencia, la ley es un obst?culo?.

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???? Es decir que los Estados, cuando se desenmascaran y tienen que cumplir su verdadero papel ?defender a las clases dominantes? no son ineficientes en modo alguno. Tambi?n lo podemos ver con el accionar de las polic?as o con los servicios de inteligencia: el control que ejercen sobre las poblaciones es perfecto, absoluto, totalmente funcional a su cometido institucional.

???? Dicho en otros t?rminos finalmente: cuando hay voluntad de hacer las cosas, se hacen. Si la empleada p?blica, que indolente ante la fila de ciudadanos no deja de limarse las u?as y trabaja a media m?quina, es forzada/estimulada/conducida a hacer eficientemente su tarea, sin dudas la puede hacer (la NASA es una empresa p?blica, y nadie pondr?a en discusi?n que funciona bien). Si hay una generalizada cultura de desidia, apat?a y falta de compromiso en la esfera estatal, ello no es natural, producto irremediable de las acciones p?blicas; responde a un proyecto pol?tico. Nadie dijo que sea f?cil cambiarlo, pero tampoco es imposible. La prueba m?s contundente son los cuerpos armados. Cuando el Estado tiene que funcionar, funciona, m?s all? que la implacable publicidad que padecemos desde hace a?os nos haya convencido que es irremediablemente un elefante en un bazar. En Latinoam?rica, donde desgraciadamente se sabe mucho de golpes de Estado, dictaduras militares y climas de terror, ?qui?n podr?a decir que las polic?as o los ej?rcitos no hacen bien su trabajo?

???? Esto nos lleva entonces a una nueva pregunta: si el Estado s? puede funcionar eficientemente, ?qu? hace que el polic?a o el militar cumplan a cabalidad su cometido institucional y esa empleada que pon?amos como ejemplo ?podr?a ser cualquier funcionario p?blico en infinidad de circunstancias, por supuesto? no salga de su modorra y siga lim?ndose las u?as impasible ante la fila de molestos usuarios? Desde una lectura liberal a ultranza podr?amos decir que eso no sucede en la empresa privada por la sencilla raz?n que ?el ojo del amo engorda el ganado?. En el ?mbito de la iniciativa que busca el lucro no se puede permitir que algo ?deje de dar ganancias?.

???? Hasta all?, todo encajar?a con el mayor rigor l?gico. Pero ?qu? hace que un torturador funcione bien, que los ?rganos de seguridad y vigilancia de la poblaci?n controlen tan bien a las mayor?as, que los ej?rcitos latinoamericanos est?n siempre listos y operativos para los golpes de Estado, y no suceda lo mismo en otras dependencias p?blicas, siempre lentas, parsimoniosas, ap?ticas? ?D?nde est? la diferencia entre uno y otro agente p?blico? Si ahondamos en los an?lisis, tambi?n se descubrir?n ineficiencias, actos corruptos y mediocridades varias en los cuerpos de seguridad (distintos niveles de soborno, las ?mordidas? y ese tipo de delincuencia ?normalizada? son el pan nuestro de cada d?a en los pa?ses latinoamericanos cuando se trata de uniformados). ?Por qu? podemos decir entonces que son eficientes? Descartado el mito que la empresa privada es siempre eficiente y a prueba de errores (es eficiente para explotar la fuerza de trabajo, y los servicios que presta tambi?n pueden ser deplorables, no olvidarlo ?ah? est?n las empresas telef?nicas para record?rnoslo, por ejemplo?) insiste el interrogante: ?qu? hace que el polic?a o el militar sea implacable a la hora de controlar a las poblaciones? Se trata del mandato en juego. Es ah?, en su funci?n de control, de pan?ptico, de vig?a del statu quo, cuando se descubre lo que es verdaderamente el Estado. Para proveer servicios puede ser m?s o menos eficiente: en los pa?ses escandinavos, con presupuestos abultados, brinda respuestas m?s eficientes que en Latinoam?rica; en nuestros pa?ses, su papel es m?s bien pat?tico. Pero cuando se trata de defender el estado de cosas desde el mandato que imponen los grupos dominantes, ah? es donde se descubre su verdadera naturaleza. En eso no falla en ninguna latitud. Y aunque sus agentes sean igualmente corruptos y mediocres (?acaso todos los polic?as ser?n incorruptibles defensores de la ley como nos muestran las banales pel?culas de Hollywood?, o ?todos los militares ser?n Rambos preparados para cualquier misi?n, a prueba de errores y sin flaquezas a la vista?), aunque los actores de carne y hueso en muchos casos no se diferencien del empleado p?blico de cualquier ventanilla que nos desespera por su lentitud e ineficiencia, a la hora de cumplir con su misi?n institucional ?ltima no falla. Esa misi?n es, en definitiva, proteger la propiedad privada.

???? Lo cual muestra que nuestra sociedad planetaria est? regida a?n por esta categor?a con una fuerza que nos sobredetermina implacablemente, que funda nuestras m?s profundas maneras de entender y relacionarnos con el mundo, que marca nuestra historia de un modo lapidario. De lo que se trata, entonces, es de emprenderla contra ese freno, contra esa barrera. El enemigo del pueblo no es directamente el uniformado que lo reprime: es aquello que ?l, sin saberlo, est? defendiendo: la propiedad privada.

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Tags: policía, ejército, empresa privada, públicas, corrupción, historia

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