Martes, 07 de diciembre de 2010

Patxi Igandekoa

WriteOnly Mode


Uno de los aspectos menos comentados durante la pol?mica sobre revelaciones de secretos en Internet es precisamente el tremendo poder de las tecnolog?as 2.0, que que han hecho posible un terremoto medi?tico como este. Se mencionan los abusos y errores militares en Irak, la desverg?enza de una diplomacia prepotente y cotilla que Estados Unidos utiliza como red de espionaje, se especula acerca de que Julian Assange podr?a no ser el apostol de la libertad que muchos creen, sino tan solo un buscavidas tramposo y autoritario con amplio historial de estafas y acusado de violaci?n en Suecia. Pero nadie habla de la novedad t?cnica, peque?a y aparentemente trivial, a la que adem?s de otras creaciones m?s edificantes de la web 2.0 debemos este parnaso de la chismograf?a: la redefinici?n, hace ya algunos a?os, de un estandard para programar p?ginas web, que hizo posible desligar el formato de los contenidos en las p?ginas web y la ejecuci?n de c?digo -Javascript y otros lenguajes- no en el servidor, sino localmente en el navegador del usuario.

Posiblemente lo anterior les est? sonando a chino. No importa. Basta con que entiendan las implicaciones: al navegante habitual de Internet, que hasta entonces se hab?a limitado a leer noticias o elegir entre los diferentes escaparates de la primitiva web 1.0, se le ofrece de pronto la posibilidad de convertirse en creador de contenidos. Su navegador Internet Explorer, Opera, Firefox o Chrome deja de ser una simple ventana para convertirse en una terminal de dos sentidos. El internauta comienza a escribir blogs, poblar redes sociales, colaborar on line en proyectos de software, participar en plataformas p?blicas, etc. De pronto puede convertirse en activista, ciberdelincuente, terrorista o dedicarse a hacer la pu?eta a sus jefes. Mucha gente se pregunta de d?nde sacan Julian Assange y sus informantes todos esos documentos confidenciales. He aqu? la respuesta: de la red que se deslig? de Internet hace muchos a?os con el prop?sito de evitar el contacto directo con toda una legi?n de estudiantes universitarios, aficionados y frikis que enredaban en instalaciones inform?ticas, y disponer asi de una infraestructura de comunicaciones independiente para conectar las instalaciones militares y legaciones diplom?ticas de Estados Unidos en el mundo. Esta red sigue existiendo bajo la denominaci?n de SIPRNet (Secret Internet Protocol Router Network). Alrededor de dos millones y medio de funcionarios del gobierno norteamericano disponen de acceso directo a ella, por lo que el potencial de goteras informativas (leaks) es aun considerable.

Ahora se entender? por qu? Obama, C?ndido Conde Pumpido y muchos otros dignatarios grandes y peque?os no recuperan la placidez del sue?o. Cuando menos te lo esperas aparece una noticia present?ndote como colaborador en el acarreo de presos a Guant?namo. Y esto no es m?s que pecata minuta. ?Qu? suceder? el d?a en que salgan a la luz detalles relacionados con el 11-M o acuerdos secretos entre las potencias, de esos que proyectan luz sobre el verdadero origen de guerras, ajustes fronterizos o limpiezas ?tnicas? Dice bien el refr?n: no hay enemigo peque?o. Sin embargo, quien peor sale parado en esta grotesca aventura informativa de Wikileaks no es el gobierno espa?ol por su papel como prestatario de servicios log?sticos para un sistema carcelario ilegal, ni por su servilismo a la hora de mendigar audiencias ante Obama o visitas de su se?ora a Marbella, sino los propios Estados Unidos por el perjuicio irreparable que acaba de sufrir su reputaci?n internacional.

Todas las embajadas funcionan como bases para operaciones de espionaje instaladas al calor de la inmunidad diplom?tica. Esto siempre fue asi y todo el mundo lo sabe. Pero el m?todo, la planificaci?n y la racionalidad con la que el coloso aprovecha en este sentido su red de legaciones -260 embajadas y consulados en 160 pa?ses- carece de precedente. Las representaciones diplom?ticas estadounidenses act?an como antenas de escucha y canal de chismes maledicentes sobre jefes de estado, presidentes de gobierno, primeras damas y otros personajes significativos que pese a su crudeza consiguen transmitir una imagen fiel de la situaci?n en el extranjero.

El shock generado por la s?bita exposici?n a la luz de todo este infoporno va m?s all? del da?o de imagen. Los Estados Unidos tambi?n pueden verse perjudicados en t?rminos pol?ticos y econ?micos. En la era de la informaci?n saber m?s que el rival es la mayor de las ventajas. Hasta la fecha Washington se limitaba a informarse y hacer un uso discrecional de su amplio conocimiento sobre el mundo exterior. Los gobernantes extranjeros, ante la incertidumbre que supon?a el silencio del gobierno norteamericano, compet?an por conseguir su favor. Ahora ya saben m?s unos de otros, y tambi?n algo importante: lo que Estados Unidos piensa de ellos -por ejemplo que Angela Merkel es poco creativa y adversa al riesgo, Sarkozy un emperador desnudo, Vladimir Putin incapaz de ver m?s all? de sus permanentes aspiraciones de macho alfa, y Ahmadinedjad peor que Hitler-.

Lo mismo que la capacidad de seducci?n de Mona Lisa se basa en que no podemos ver lo que hay dentro de su boca, el poder enigm?tico e irresistible de la esfinge reside en que no podemos ver lo que hay dentro de su mente. Podr? ser conocedora de graves secretos o quiz? tan solo una impostora, pero como nunca dice nada no hay manera de saberlo. Mas hete aqu? que unos pillos, mediante un uso indebido de las tecnolog?as de la informaci?n, se las ingenian para obligarla a hablar hasta por los codos, largando informaci?n reservada, secretos de estado y chismorrer?a en cantidades industriales. Y de pronto la esfinge ha perdido su poder.

http://writeonlymode.wordpress.com/2010/12/04/wikileaks-contra-la-esfinge/


Tags: wikileaks, Esfinge, internet Explorer, Firefox, espionaje

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