Jueves, 09 de diciembre de 2010
Una s?ntesis marxista freudiana



A modo de advertencia, se?alaremos, antes de comenzar nuestra exposici?n, que con ?sta no se pretende causar ofensa alguna a las creencias de qui?nes puedan leer ?stas l?neas. El objetivo del que las escribe no es el de convencer ni el de persuadir sino simplemente el de desarrollar una argumentaci?n s?lida en torno al controvertido tema de la fe. Afortunadamente, el que ahora va a exponer sus ideas es sabedor de que en las modernas democracias la intolerancia de otros tiempos es bien menor. Tanto es as? que hasta hace no mucho uno hubiese preferido callar a escribir nada sobre el ate?smo. Bien lo se?ala Freud (1986: 174) cuando nos recuerda que semejantes manifestaciones abreviaban la vida terrenal de su autor y le proporcionaban pronta ocasi?n de comprobar por s? mismo si existe o no una vida de ultratumba.

Bien que hoy d?a, en determinados sistemas pol?ticos, la libertad de expresi?n est? plenamente garantizada, lo cual nos evita el tener que rendir cuentas por nuestras ideas, es notorio el que se tenga, de facto, una imposici?n ideol?gica sumamente elevada. Ya sea a trav?s de los medios de comunicaci?n de masas o en la academia, parece sumamente dif?cil salirse de lo marcado por el establishment sin ser tildado de ide?logo y considerado como carente de t?cnica y de objetividad, como si el punto de vista dominante, esto es, aquel que est? en los centros de poder, no tuviese una ideolog?a bien definida (por mucho que, por ejemplo, la econom?a parezca haber pasado a ser una rama de las matem?ticas aplicadas o la politolog?a una ciencia ?nicamente t?cnica en la que las ideas transformadoras no tienen cabida). Aquellos, adem?s, que nos enfrentamos al sistema tenemos un problema a?adido: la carga de la prueba recae sobre nosotros. Mientras que sus ideas pasan por ser autoevidentes, las nuestras han de ser exhaustivamente demostradas, con el riesgo adem?s de que cualquier contradicci?n sea denunciada fuertemente (aunque luego el mismo sistema la incumpla en mayor medida). De ah?, vemos la necesidad de reflexionar en torno al ate?smo, como una forma de lucha contra aquello que se viene llamando pensamiento ?nico y por la urgente necesidad de dar soluciones a una crisis de civilizaci?n que cada d?a se agrava m?s.?

De esta forma, y sin m?s dilaci?n, vamos a reflexionar en torno a las ideas de dos de los llamados por Paul Ric?ur maestros de la sospecha: Karl Marx y Sigmund Freud (aunque, como se podr? evidenciar, tendremos tiempo de recordar al tercero de ellos, Friedrich Nietzsche). Pretendemos, al servirnos de tan reconocidos pensadores, dar, por un lado, una explicaci?n de las ra?ces inconscientes de la creencia divina, o lo que es lo mismo, subrayar el porqu? de la necesidad del ser humano en creer en un ser superior, lo que nos indicar?a que ?sta no es m?s que una ilusi?n. Por otro lado, nos haremos con las ideas de Marx para demostrar el c?mo la religi?n ha sido ?y es- un instrumento de legitimaci?n de un modo de producci?n dado. Estamos, de nuevo, ante una ficci?n que responde a unos intereses concretos1. Por ?ltimo, terminaremos nuestra breve exposici?n realizando una s?ntesis de las ideas de ambos autores, lo que nos llevar? a exponer tres conclusiones que por el momento preferimos reservarnos.

Freud, en su apasionante El porvenir de una ilusi?n remarca el c?mo durante el periodo infantil ?marcado por la indefensi?n- dos sentimientos contrapuestos se combinan y dominan al ni?o en su relaci?n con los padres: el profundo temor que ?stos le inspiran (principalmente el padre) y, paralelamente, la sensaci?n de protecci?n que le otorgan. Ello, de forma an?loga, lo podemos ver en el ser humano que, ante sus miedos, provenientes de la inseguridad que le da la naturaleza y el destino (especialmente la certeza de que tarde o temprano morir?2), decide revestirlos de un car?cter paternal y los convierte en dioses, conforme a un prototipo infantil (Freud, 1986: 155). Se crean, por tanto, una serie de dogmas que vienen a paliar los miedos del hombre situ?ndose por encima de la raz?n ?a la vez que se extraen de las necesidades propias de ?sta. Estamos, en suma, ante ilusiones de car?cter infantil, lo que nos anima a considerar la religi?n como una neurosis colectiva que tiene sus ra?ces, de la misma forma que en el ni?o, en la relaci?n ed?pica con el padre.

Una vez aclarado este punto, es decir, la ilusi?n de la creencia en Dios, nos vemos empujados a pensar que esas pulsiones de dif?cil control pueden ser utilizadas de forma interesada. Tanto es as? que uno de los disc?pulos de Freud, Wilhelm Reich, estableci? una equivalencia entre la represi?n sexual y determinados fines pol?ticos. No cre?a Reich que fuese casualidad el que, por ejemplo, el Papa Pio XII hablase de ?refrenar los deseos de los carne?; el que tanto la Iglesia cat?lica como las fuerzas reaccionarias y fascistas tienen la extra?a obsesi?n de censurar todo aquello relacionado con la sexualidad. El objeto de ?stos no ser?a otro que el de producir seres serviles, d?ciles, que se ajustan al orden establecido sin cuestionamientos de cualquier tipo. La supresi?n de la actividad sexual tiene por fin mecanizar a las masas y volverlas incapaces de independencia? (Reich, 1972: 23)

Al exponer el punto de vista de Reich hemos introducido una cuesti?n esencial: la religi?n juega manifiestamente un importante papel como legitimadora del orden social existente. Desde un punto de vista marxista, afirmar?amos que ?sta se sit?a en un punto clave de la superestructura ideol?gica, que, como bien es sabido, tiene cierta autonom?a propia aunque en ?ltima instancia viene determinada por la estructura econ?mica, a la par que la legitima. Cabe pues diferenciar, dos facetas de la superestructura: su parte represiva y su lado ideol?gico, en el que distinguimos diferentes Aparatos Ideol?gicos del Estado (Althusser, 1970), desde la religi?n a los medios de comunicaci?n, pasando por la escuela, la universidad, etc. ?stos ?ltimos son esenciales pues, en t?rminos maquiav?licos, es imposible mantener el poder estatal en el tiempo ?nicamente a trav?s de las fuerzas represivas. Se hacen absolutamente necesarios los Aparatos Ideol?gicos del Estado para reproducir y legitimar el modo de producci?n dominante. Bien que, y es necesario se?alarlo, la Iglesia, en las sociedades occidentales, ha perdido parte del poder de influencia del que dispon?a anta?o (siendo sustituido por la educaci?n o los medios de comunicaci?n de masas) ?sta ha sido c?mplice a lo largo de la historia de las clases dominantes. Como bien recalca Marx: Los principios sociales del cristianismo han justificado la esclavitud antigua, glorificado la servidumbre medieval y si es necesario, est?n igualmente dispuestos a hacer apolog?a de la opresi?n del proletariado. Los principios sociales del cristianismo predican la necesidad de una clase dominante y de una clase oprimida y se limitan a expresar el piadoso deseo de que aquella sea caritativa con ?sta.

Pasaremos, a partir de este momento, a tratar de atar cabos en torno a las ideas expuestas para llegar a una serie de conclusiones. Para ello, empezaremos con una imagen que crea un importante impacto visual y que nos sit?a en el tiempo y en el espacio. El 14 de febrero de 1990 la nave espacial Voyager 1 tom?, a una distancia de 6000 millones de kil?metros, la fotograf?a m?s lejana que tenemos de nuestro planeta. Ello dar?a pie a que Carl Sagan escribiese su conocido libro Un punto azul p?lido viniendo a coincidir con las reflexiones que m?s de un siglo antes hizo Nietzsche (2005: 57), las cuales transcribiremos pues creemos imposible encontrar palabras mejores: En alg?n apartado rinc?n del universo, desperdigado de innumerables y centelleantes sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales astutos inventaron el conocer. Fue el minuto m?s soberbio y m?s falaz de la Historia Universal, pero, a fin de cuentas, s?lo un minuto. Tras un par de respiraciones de la naturaleza, el astro se entumeci? y los animales astutos tuvieron que perecer. Alguien podr?a inventar una f?bula como ?sta y, sin embargo, no habr?a ilustrado suficientemente cu?n lamentable y sombr?o, cu?n est?ril y arbitrario es el aspecto que tiene el intelecto humano dentro de la naturaleza; hubo eternidades en las que no existi?, cuando de nuevo se acabe todo para ?l, no habr? sucedido nada. La fotograf?a de la Voyager 1 es la demostraci?n palpable de las palabras de Nietzsche. No somos m?s que una mota de polvo en la historia del universo. Ir?a siendo hora de dejar de considerarse el centro de ?ste.

Ahora bien, queda hacerse la eterna pregunta ?Qu? hacer? Feuerbach, entiende la religi?n no solo como una mera proyecci?n infantil sino tambi?n como una etapa en el desarrollo humano caracterizada por una fuerte relaci?n de dependencia. La ruptura de estos lazos de subordinaci?n nos llevar?a, en t?rminos nietzscheanos, a la muerte de Dios, o lo que es lo mismo en terminolog?a freudiana, a la muerte del padre y a la consiguiente superaci?n de la etapa infantil en pos de una adulta. Si trasladamos esta idea al modo de producci?n vigente considerar?amos que el capitalismo es un sistema sumamente infantil. En ?ste, por ejemplo, se suceden las guerras m?s cruentas o se da una irresponsabilidad generalizada por lo que respecta a la pobreza, estando ello mediatizado a trav?s de unos medios de comunicaci?n que dan al espectador una imagen infantilizada y degradada de s? mismo. Se vende la ilusi?n al ciudadano ?o cliente como ya se le considera en muchos centros de poder- que a trav?s de elecciones espor?dicas tiene la llave para poder influir decisivamente en el poder, como aquel ?explica Slavoj ?i?ek- que cree que al pulsar el bot?n de cerrar las puertas de un ascensor est? ejerciendo alg?n dominio sobre ?ste cuando en realidad no es m?s que un placebo.3 Incluso, desde un punto de vista estrictamente econ?mico, los mecanismos de mercado denotan un laissez faire sumamente pueril. No hay m?s que entrever el funcionamiento de lo que ya se ha calificado como casino financiero internacional para dar cuenta de c?mo el mercado se articula en base a normas propias de un juego infantil, en el que las obligaciones y los compromisos ?caracter?sticas de un modelo planificador- son dejados de lado en beneficio de la satisfacci?n inmediata.

Estamos ante un sistema abocado al fracaso, aunque solo sea por la explotaci?n desenfrenada de los recursos naturales y la problem?tica medioambiental, que habr?a de verse superado por un sistema en el que el avance de la cultura4, siguiendo el esquema del proyecto ilustrado, haga disminuir al m?ximo todas las irresponsabilidades, propias de un ni?o, que han caracterizado a todos los modos de producci?n existentes hasta el momento. Como se?ala Freud (1986: 187), el hombre no puede permanecer eternamente ni?o, tiene que salir alg?n d?a a la vida, a la dura vida enemiga, tiene, en palabras de Marx, que ser el ser supremo para el hombre, derrumbar todas las situaciones en que es un ser humillado, esclavizado, desamparado, abyecto para poder dar paso al comienzo de la historia o, como dice Freud, al fin de la infancia de la humanidad.

Resulta, no obstante, fundamental, el no caer en los vicios del pasado a la hora de dar forma a ese nuevo tipo de sociedad. Esto es, a no crear un nuevo dogma, una nueva ilusi?n que sustituyese a la antigua. El Che Guevara (2010) era sumamente cr?tico con esos ladrillos sovi?ticos en los que el partido ya te lo da todo hecho siendo ello lo m?s antimarxista que hay. Sin ir m?s lejos, yo no soy marxista, indicar?a el propio Marx, queriendo decir con ello que ?l no era el nuevo creador de una religi?n, sino m?s bien todo lo contrario. La teor?a de Marx ?como m?s tarde explicar?a Lenin (Harnecker, 1977: 232)- no es algo perfecto e intangible sino la piedra angular de la ciencia que los socialistas quieren desarrollar en todas las direcciones, si es que no quieren quedar rezagados en la vida.

De esta forma, conviene se?alar que hay que revisar y poner en duda constantemente la ideolog?a propia pues si no se hace se corre el riesgo, como aquel que tiene los cristales de las gafas sucias y lo desconoce, de observar la realidad desde una perspectiva err?nea. Cabr?a entonces atreverse a salir de la caverna, coger los cristales y limpiarlos, para poder avanzar personalmente y en sociedad. La ideolog?a no es para Marx m?s que puro sue?o, pura ilusi?n. Y ese porvenir de una ilusi?n del que nos habla Freud no puede estar jam?s construido en base a m?todos estancos y carentes de cr?tica. La muerte de Dios- considera Nietzsche- provocar?, m?s tarde, o m?s temprano, pero inevitablemente, el rechazo de los valores absolutos, de la idea de una ley moral objetiva y universal.

Coincidimos, en definitiva, con Michael Foucault cuando ?ste nos anima a cuestionarnos todo de forma permanente, a no dar nada por cierto de forma ciega, a mantener una postura cr?tica ante la vida, a tener una vida sin dependencia alguna construy?ndonos a nosotros mismos como dir?a Sartre, a luchar por la aceptaci?n plena de las diferencias o por vencer ese miedo a la libertad del que nos habla Erich Fromm, a hacer realidad la apreciaci?n de Lenin: Es preciso so?ar, pero con la condici?n de creer en nuestros sue?os. De examinar con atenci?n la vida real, de confrontar nuestra observaci?n con nuestros sue?os, y de realizar escrupulosamente nuestra fantas?a. Sin duda alguna, todo ello se hace m?s que necesario en un momento en el que contrariar el pensamiento ?nico neoliberal se convierte en un verdadero acto de resistencia, como aquel protagonista de la obra de Ionesco (1959: 246), El rinoceronte, que ante la conversi?n de todos los humanos a aquel animal gritaba desolado: ?Contra todo el mundo, me defender?! ?Soy el ?ltimo hombre, lo seguir? siendo hasta el final! ?Yo no capitulo!

NOTAS

1. Obs?rvese como en ning?n momento se cuestionar? de pleno si uno o varios dioses efectivamente existen sino ?nicamente la creaci?n de ?stos por el ser humano debido a necesidades tanto inconscientes como de legitimaci?n de una forma dada de organizaci?n social y econ?mica.

2. Al respecto de la muerte, podemos comprobar el alivio que siente el ser humano al creer que cuando ?sta llega empieza la existencia verdadera.

3. Todav?a recuerda el que ?stas l?neas escribe como crey?, de ni?o durante un corto periodo, que hab?a una estrecha relaci?n entre pulsar el bot?n de parada del autob?s y el que saliese el arco?ris, del mismo modo que el religioso cree en el milagro o el ciudadano medio cree influir en el poder porque, por pura coincidencia, se produjo en cierta ocasi?n una relaci?n de causalidad entre su deseo y la realidad.

4. Resulta interesante el c?mo Freud considera al ?gran experimento de cultura emprendido actualmente en el amplio territorio situado entre Europa y Asia? ?refiri?ndose al naciente Estado Sovi?tico- como un ejemplo en el sentido descrito. Se recomienda, del mismo modo, y sobre este mismo sujeto, la lectura de una entrevista realizada a Santiago Alba Rico por Marcelo Colussi (2008)

Bibliograf?a

Althusser, Louis. [1970]. Aparatos ideol?gicos del Estado. Freud y Lacan. Encontrado en: www.iade.org.ar/modules/descargas/visit.php?cid=7&lid=5

Colussi, Marcelo. 2008. ?Entrevista a Santiago Alba Rico?. Rebeli?n, 9 de julio de 2008. Obtenido en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=69837

Freud, Sigmund.1986 [1927]. ?El porvenir de una ilusi?n? en Psicolog?a de las masas. Alianza Editorial. Madrid.

Guevara, Ernesto. 2010. Escritos revolucionarios. Diario P?blico. Madrid.

Harnecker, Marta. 1977. Los conceptos elementales del materialismo hist?rico. Siglo XXI Editores. Madrid.

Ionesco, Eug?ne. 1959. Rhinoc?ros. Gallimard. Mayenne.

Nietzsche, Friedrich. 2005 [1873]. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Di?logo. Valencia.

Reich, Wilhelm. 1972. La lucha sexual de los j?venes. Granica. Buenos Aires.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: Freud, marxista, infantil, capitalista, libertad, expresión, ateísmo

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