S?bado, 11 de diciembre de 2010

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EE.UU. est? ahora en Afganist?n m?s tiempo que los sovi?ticos


Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Germ?n Leyens y revisado por Carty R.

Las fuerzas estadounidenses han estado m?s tiempo en Afganist?n que el ej?rcito sovi?tico durante la desventurada intervenci?n de Mosc?. A finales del mes pasado, los militares de EE.UU. sobrepasaron los nueve a?os y 50 d?as que las tropas sovi?ticas estuvieron estacionadas en Afganist?n entre 1979 y 1989. El evento provoc? preguntas sobre similitudes entre las experiencias estadounidenses y sovi?ticas en Afganist?n, pero los expertos en pol?tica exterior de EE.UU. rechazaron irritados la idea de que pudiera haber alguna comparaci?n entre los dos casos.

Se podr?a esperar que la presencia de dos poderosos ej?rcitos extranjeros en el mismo pa?s a doce a?os uno del otro, ambos combatiendo contra una insurgencia dirigida por fundamentalistas isl?micos, produjera algunos puntos en com?n. Pero los miembros de la coalici?n dirigida por EE.UU., la ONU, y los medios occidentales, se han esforzado por diferenciar?los dos episodios. Califican firmemente el primer per?odo de ?ocupaci?n sovi?tica?, mientras la presencia de 130.000 soldados estadounidenses y de la coalici?n para contener a los talibanes es una misi?n de ?mantenimiento de la paz? o de ?estabilizaci?n?. Por coincidencia, la Uni?n Sovi?tica tuvo casi la misma cantidad de soldados en Afganist?n a mediados de los a?os ochenta.

A primera vista la distinci?n entre las dos intervenciones parece razonable. La primera comenz? repentinamente el 27 de diciembre de 1979 cuando 80.000 soldados sovi?ticos cruzaron la frontera y soldados sovi?ticos y afganos irrumpieron en el palacio presidencial en Kabul para matar al presidente comunista Hafizullah Amin. La intervenci?n estadounidense comenz? de manera menos visible el 7 de octubre de 2001 cuando ataques a?reos y Fuerzas Especiales de EE.UU. respaldaron a la opositora Alianza del Norte a fin de iniciar una campa?a para expulsar del poder a los talibanes.

?Cuando llegaron los sovi?ticos todos quer?an combatir contra ellos?, admite el general Nur-al-Haq Ulumi, un poderoso dirigente bajo el r?gimen comunista, ex comandante militar para todo el sur de Afganist?n. Agrega que, en total contraste, ?cuando llegaron los estadounidenses en 2001, todos los apoyaron y nadie quer?a combatir contra ellos?.

La popularidad de los estadounidenses y de sus aliados extranjeros no ha durado. Los afganos cada vez los culpan m?s de la continua violencia y de patrocinar y proteger a un gobierno profundamente impopular. Mientras EE.UU., Gran Breta?a y casi 50 otros Estados inician su d?cimo a?o de acci?n militar en Afganist?n, los dilemas que?enfrentan se parecen a los problemas contra los cuales combati? ej?rcito sovi?tico hace un cuarto de siglo.

Tanto la Uni?n Sovi?tica como EE.UU. mostraron su incapacidad de romper un impasse militar en el cual ocuparon las ciudades y pueblos, pero no pudieron aplastar una rebeli?n isl?mica y nacionalista en el campo donde todav?a viven tres cuartos de los afganos. La geograf?a no ha cambiado. Hoy, como en los a?os ochenta, no se puede derrotar a los guerrilleros de forma concluyente mientras puedan moverse en ambas direcciones a trav?s de la frontera de 2.500 kil?metros con Pakist?n y gocen del apoyo (abierto en el caso de los sovi?ticos; oculto en el caso de los estadounidenses) del ej?rcito paquistan?.

Tanto Mosc? como Washington llevaron tropas, dinero, armas y consejeros para crear un Estado afgano que pudiera ser autosuficiente. Los sovi?ticos tuvieron m?s ?xito que los estadounidenses, porque el r?gimen comunista sobrevivi? tres a?os despu?s de la partida de los ?ltimos soldados sovi?ticos el 16 de febrero de 1989. Poca gente cree que el gobierno del presidente afgano Hamid Karzai pueda existir tanto tiempo una vez que sea abandonado por las fuerzas extranjeras.

Es importante no hacer una analog?a demasiado estrecha entre las acciones e intenciones sovi?ticas y estadounidenses en dos eras diferentes. Las ambiciones militares sovi?ticas eran m?s limitadas que las de EE.UU. Su prioridad era conservar 25 ciudades, incluida Kabul y las principales carreteras que las vinculan. En gran parte abandonaron el campo a los muyahidines, como eran conocidos los combatientes de la resistencia, aunque sus ataques y bombardeos de aldeas hicieron que cuatro millones de afganos se fueran a Pakist?n. Incluso los generales sovi?ticos m?s belicistas comprendieron que no podr?an vencer sin cerrar la frontera paquistan?, una tarea gigantesca para la que nunca tuvieron suficientes soldados.

Los objetivos de EE.UU. en la guerra van mucho m?s lejos. El comandante estadounidense, el general David Petraeus, trata de infligir este a?o una derrota militar significativa a los talibanes en sus bastiones meridionales en las provincias Helmand y Kandahar. Se transmiten profusas insinuaciones a los gobiernos y medios extranjeros de que la situaci?n est? cambiando. Los refuerzos de 30.000 soldados estadounidenses, que aumentaron la cantidad de tropas estadounidenses a 100.000, est?n atacando ?reas de base talibanes mientras Fuerzas Especiales de EE.UU. afirman que han tenido ?xito al matar a comandantes talibanes de nivel medio.

Esos progresos t?cticos tienen una cierta importancia, pero tal vez menos en el campo de batalla que como parte de un esfuerzo de propaganda de las fuerzas armadas de EE.UU. para persuadir a un p?blico estadounidense dudoso, y a aliados extranjeros a?n m?s esc?pticos, de que se puede ganar la guerra. Es posible que estos aparentes ?xitos de contrainsurgencia no signifiquen gran cosa, dicen los observadores experimentados. El Grupo Internacional de Crisis basado en Bruselas los ridiculiza en un informe recientemente publicado diciendo que ?contrariamente a la ret?rica estadounidense sobre un cambio del impulso [contra los talibanes], docenas de distritos est?n bajo el control de los talibanes?.

El enfoque de los extra?os al juzgar a vencedores y perdedores en Afganist?n se concentra demasiado en lo militar. Los talibanes han podido expandir tan r?pidamente su influencia en el pa?s desde 2006 no s?lo por sus haza?as militares y ferocidad, sino porque golpean un vac?o. Combaten contra un gobierno afgano al que los afganos consideran desacreditado e ileg?timo.

No fue siempre lo mismo. La gran mayor?a de los afganos estuvo muy contenta cuando los talibanes cayeron hace nueve a?os. Creyeron que hab?a terminado un per?odo de pesadilla en su historia. Las primeras elecciones para presidente y parlamento fueron m?s o menos limpias, pero desde entonces cada votaci?n ha sido m?s deshonesta que la anterior. La reelecci?n el a?o pasado del presidente Hamid Karzai, que al principio goz? del aprecio y la confianza de la gente, fue claramente fraudulenta. La elecci?n parlamentaria de este a?o, cuyos resultados acaban de anunciarse, fue a?n peor. El pr?ximo parlamento ser? menos representativo que su predecesor. ?Me interes? ver que las mujeres en un distrito controlado por los talibanes votaron todas contra m?, dijo con una sonrisa c?nica un candidato derrotado.

Cuesta encontrar a alguien en Kabul estos d?as que diga algo bueno sobre Karzai o su gobierno. A los ojos de los afganos, EE.UU., Gran Breta?a y otras fuerzas extranjeras mantienen en el poder a una elite pol?tica compuesta de mafiosos y se?ores de la guerra. La coalici?n est? perdiendo la legitimidad que pod?a pretender cuando apoyaba a un gobierno democr?ticamente elegido, lo que hace que cada vez parezca mas una fuerza de ocupaci?n.

La fuerza militar de los talibanes es limitada y son menos que los muyahidines que combatieron al gobierno comunista respaldado por los sovi?ticos en los a?os ochenta. ?Hay entre 12.000 y 20.000 combatientes a tiempo completo en la actualidad, mientras que en los a?os ochenta hubo 75.000 muyahidines en Afganist?n y otros 25.000 en campos de entrenamiento en Pakist?n?, dice Said Mohammad Gulabzoy, ministro del Interior entre 1980 y 1989.

?Los talibanes son d?biles pero el gobierno es a?n m?s d?bil?, dice Daud Sultanzoi, hasta hace poco miembro del parlamento por Ghazni. ?La impopularidad del gobierno es el ox?geno que permite que los talibanes respiren?. Karzai no tiene un n?cleo de partidarios, pero est? en el centro de una red de grupos con intereses propios cuyas necesidades trata de equilibrar. La desilusi?n es casi total. El hecho de que ahora se oiga frecuentemente a afganos que dicen que el ?ltimo presidente comunista, Mohammad Najibullah, torturado y ahorcado por los talibanes en 1996, fue el mejor de sus l?deres recientes da una idea de la atroz administraci?n de Afganist?n desde la ca?da de los comunistas en 1992.

?Hay lecciones que aprender y errores que puedan evitarse si se comparan las acciones sovi?ticas y estadounidenses en Afganist?n? ?Por qu? se han ignorado hasta ahora?

Comparaci?n de las intervenciones de la URSS y de EE.UU.

Casi cada aspecto de la vida afgana ha sido estudiado por expertos extranjeros en los ?ltimos a?os, pero con una sorprendente excepci?n: ?Es bastante asombroso?, dice el diplom?tico y experto en Afganist?n alem?n Martin Kipping, escribiendo a t?tulo personal en la prestigiosa Red de An?lisis Afgano, ?ver que hasta ahora no se ha hecho una comparaci?n sistem?tica entre la actual intervenci?n dirigida por EE.UU. y la anterior intervenci?n extranjera orientada a fortalecer y transformar el Estado afgano: La intervenci?n sovi?tica entre 1979 y 1989.? Su propio estudio trata de subsanar ese error.

La experiencia sovi?tica se ignor? porque se consider? ileg?tima en comparaci?n con la subsiguiente acci?n de EE.UU. apoyada por la ONU y la OTAN y por un gobierno afgano elegido por el pueblo.

Otra raz?n para hacer caso omiso de las lecciones de la era sovi?tica en Afganist?n fue la convicci?n de que el ej?rcito sovi?tico hab?a sido derrotado por heroicos muyahidines armados por la CIA?con misiles Stinger. Es el tema de varias pel?culas y se ha convertido en una convicci?n fija de la derecha estadounidense.

Esa visi?n, en general, es mitolog?a de la Guerra Fr?a. El ej?rcito sovi?tico se retir? de Afganist?n en 1989 por un acuerdo diplom?tico y sin sufrir una derrota militar. No hubo un Dien Bien Phu. Las tropas sovi?ticas y afganas hab?an estabilizado la situaci?n militar en el terreno en 1983-1984. Los misiles Stinger tuvieron poca influencia. El gobierno comunista del presidente Najibullah se mantuvo en el poder, para gran sorpresa de los servicios de inteligencia de EE.UU., durante tres a?os despu?s de la partida del ?ltimo soldado sovi?tico. Sin embargo, el r?gimen todav?a necesitaba dinero, armas y combustible de Mosc? y el gobierno de Najibullah colaps? cuando dej? de recibirlos en 1992, despu?s de la desintegraci?n de la Uni?n Sovi?tica.

En ning?n momento pareci? que el ej?rcito sovi?tico fuera perdiendo, pero tampoco estuvo a punto de eliminar la resistencia afgana. Perdi? 13.310 soldados y aviadores durante nueve a?os con las mayores p?rdidas en 1984, cuando murieron 2.343 seg?n estad?sticas posteriores a la guerra. Las bajas fueron pocas en comparaci?n con cualquier otra guerra librada por el Ej?rcito Rojo durante el Siglo XX.

El verdadero desastre para la Uni?n Sovi?tica en Afganist?n fue pol?tico y no militar. Al enviar a su ej?rcito a combatir una revuelta popular se aisl? internacionalmente y fue mostrado como un poder imperial depredador. Todo el oprobio que hab?a sido descargado sobre EE.UU. por la Guerra de Vietnam en los a?os sesenta y setenta se dirigi? contra la Uni?n Sovi?tica en los a?os ochenta. A la busca de mejores relaciones con Occidente, el Kremlin quer?a devolver sus tropas a casa pero sin permitir que el gobierno comunista de Kabul fuera derrotado.

En gran parte tuvo ?xito al lograrlo y este hecho ofrece algunas lecciones para EE.UU. La Uni?n Sovi?tica tom? la decisi?n de invadir sin pensar en las consecuencias internacionales. Los comunistas tomaron el poder con un golpe militar en Kabul en 1978. Impusieron su r?gimen mediante una represi?n salvaje mientras sus dirigentes se divid?an en facciones e iniciaban feudos asesinos. La invasi?n sovi?tica convirti? una guerra de guerrillas espor?dica en un levantamiento masivo, en el cual el gobierno perdi? permanentemente el control del campo a favor de los muyahidines.

Ex dirigentes pol?ticos y militares del gobierno comunista afgano hablan de importantes diferencias entre entonces y ahora. El general Ulumi, todopoderoso gobernante de las provincias meridionales, dice que los insurgentes contra el r?gimen comunista ten?an el apoyo de todo el mundo, pero los talibanes s?lo gozan del respaldo secreto de Pakist?n.

Argumenta que, a diferencia del gobierno Karzai, los comunistas contaban con un n?cleo s?lido de apoyo en las ciudades y que hab?a 200.000 miembros del Partido Comunista. ?Dudo de que haya m?s de 40 personas leales a Karzai?, dice. ?Ni siquiera tiene todo el apoyo de su propio gabinete. No hay un equipo unido en la direcci?n.? Los comunistas atrajeron a la poblaci?n urbana suministrando puestos de trabajo, viviendas, subsidios para alimentos y bienes esenciales.

El general Ulumi dice que en el combate contra los muyahidines descubri? que la infiltraci?n pol?tica era m?s efectiva que el ataque armado. Se firmaron acuerdos con comandantes insurgentes en los cuales prometieron no combatir o permitir que combatientes contra el gobierno pasaran por sus distritos. A cambio recibieron dinero y armas.

Dice que los Stinger ?no tuvieron mucha influencia excepto para elevar temporalmente la moral de los muyahidines y para obligar a nuestros helic?pteros a volar bajo. Ten?amos muchos tanques y artiller?a.?

Los servicios de inteligencia de EE.UU. imaginaron que el r?gimen de Najibullah colapsar?a en cuanto se retiraran las tropas sovi?ticas, pero no fue lo que sucedi?. Los insurgentes lanzaron un ataque masivo contra Jalalabad en 1989, pero no lograron capturar la ciudad. Al llegar el a?o 1992, tres cuartos de los muyahidines hab?an firmado acuerdos de neutralidad con el gobierno.

La debilidad de los comunistas fue que hab?an estabilizado su r?gimen mediante dos ?remedios r?pidos?: el desarrollo de milicias (la milicia uzbeka del general Abdul-Rashid Dostum ten?a 40.000 hombres) y los fr?giles acuerdos de alto el fuego con comandantes muyahidines locales. El apoyo de ambos grupos s?lo se pudo obtener mediante un continuo suministro de dinero y armas de Mosc?. Cuando esto fracas? el general Dostum y otros comandantes cambiaron de lado y el r?gimen se derrumb? en abril de 1992.

El Kremlin siempre tuvo en los a?os ochenta peores cartas que EE.UU. veinte a?os despu?s, pero despu?s de la desastrosa decisi?n inicial de invadir los dirigentes sovi?ticos las utilizaron h?bilmente. Depusieron al ineficiente presidente Babrak Karmal en 1986 y lo reemplazaron por el m?s efectivo Najibullah, ex jefe de inteligencia. Dos a?os despu?s, seg?n el Acuerdo de Ginebra, retiraron sus tropas sin renunciar a su encargado local.

La lecci?n respectiva para EE.UU. podr?a ser que cometi? un error crucial al no imponer el reemplazo de Karzai despu?s, o incluso antes, de la elecci?n extremadamente fraudulenta de 2009. Como muestra la serie de cables de la embajada de EE.UU. en Kabul filtrada por WikiLeaks durante la semana pasada, los diplom?ticos estadounidenses piensan que el gobierno de Karzai est? saturado de corrupci?n. Lo describen como una m?quina de producir dinero para sus miembros quienes, a pesar de m?seros salarios, compran mansiones multimillonarias en d?lares en Dubai.

Al instalar a Najibullah como presidente en 1986, los sovi?ticos aseguraron que su r?gimen cliente tuviera una direcci?n capaz y determinada. Al no separarse del desacreditado Karzai un cuarto de siglo despu?s, EE.UU. y sus aliados se metieron con un socio afgano ineficaz sin una base pol?tica.

?Puede EE.UU. ganar la guerra s?lo mediante la fuerza militar? Es la estrategia actual en el sur de Afganist?n, aunque los talibanes hacen avances en el norte y el este. Se pregonan peque?os ?xitos t?cticos, pero son compensados por la creciente aversi?n de los afganos hacia su propio gobierno. Gulabzoy dice: ?Puede que la gente no se una a los talibanes, pero no apoyar? al gobierno?.

Lo que deber?a consternar a la coalici?n dirigida por EE.UU. es que no s?lo los ex dirigentes comunistas expresan su aversi?n al gobierno, sino empresarios y profesionales de todo tipo en Kabul. ?La gente est? tan molesta que habr? una revoluci?n? dijo un agente inmobiliario en la capital. Los ?remedios r?pidos? de EE.UU., como establecer sus propias milicias y enviar ayuda, no funcionan y podr?an estar desestabilizando a?n m?s la situaci?n.

Algunos funcionarios estadounidenses se preguntan si no podr?an aprender algo de los fracasos y ?xitos sovi?ticos. Uno habla de c?mo una delegaci?n visitante de Asia Central, que inclu?a a un antiguo general sovi?tico, visit? una base de EE.UU. en el este de Afganist?n. Entusiastas oficiales estadounidenses explicaron las diferentes maneras que prueban para combatir a los insurgentes y ganar la lealtad de la gente. En un momento el general los interrumpi? y dijo cansado: ?Tratamos todo eso cuando estuvimos aqu? y no funcion? entonces, de modo que porqu? iba a funcionar ahora.?

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Patrick Cockburn es autor de Muqtada: Muqtada Al-Sadr, the Shia Revival, and the Struggle for Iraq

Fuente: http://www.counterpunch.org/patrick12082010.html


Tags: Afganistán, talibanes, ejército, ocupación, Pakistán

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