Martes, 14 de diciembre de 2010
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Hay una guerra en proceso. No hablo de las sangrientas desventuras de Washington en Afganist?n e Irak, sino de una guerra dentro de nuestras propias fronteras. Es una guerra peleada en televisi?n, en la radio y en la Internet. Una guerra de palabras e im?genes, de medias verdades, dobles sentidos y mentiras. Hablo de una guerra pol?tica entre conservadores y liberales, Dem?cratas y Republicanos. Hablo de una guerra de gastos, motivada por grupos sigilosos y por donantes an?nimos con bolsillos profundos. Es una guerra que se encuentra en posici?n de derribar lo que queda de la democracia en EEUU.

La derecha gan? la batalla inicial. En las elecciones de mediados del 2010, sombr?as organizaciones de fuera (quienes no tuvieron que revelar sus donantes hasta mucho despu?s de la elecci?n, si alguna vez lo hicieron) apoyando a candidatos republicanos dieron $190 millones, gastando m?s que sus adversarios por un margen de dos a uno, de acuerdo con el Center for Responsive Politics. El American Action Network, operado por el consultor republicano Fred Malek y el ex-Senador republicano Norm Coleman, gast? $26 millones; la U.S. Chamber of Commerce gast? $33 millones; y? American Crossroads and Crossroads GPS de Karl Rove gastaron $38,6 millones, combinadas. Sus inversiones en candidatos conservadores dieron frutos: 62 sillas en el Congreso y 6 en el Senado tomadas por republicanos, la mayor cantidad en la era de la post-guerra, literalmente una victoria hist?rica.

Bruscamente despertados de su complacencia y ya no disfrutando m?s la victoria de Barack Obama en el 2008, los dem?cratas adinerados planean su respuesta. El magnate de los medios de izquierda David Brock planea crear un grupo de fuera llamado American Bridge en respuesta a los grupos Crossroads de Rove, los cuales pelear?n en las trincheras del gasto de campa?a del 2012. Muchos grupos como los de Brock seguro aparecer?n, conforme los dem?cratas liberales y centralistas se preparan para un asalto de $500 millones prometido por la C?mara de Comercio y otros grupos afines.

Inclusive la administraci?n de Obama, la cual rechaz? a los grupos de fuera en el 2008, ha abierto la puerta para una guerra de gastos secreta. Los dem?cratas piensan combatir fuego con fuego "?Es mejor el dinero peque?o? Seguro. Pero estamos en una maldita pelea" me dijo el estratega y recaudador de fondos democr?tico Harold Ickes recientemente. "Y si est?s en una pelea, est?s en una pelea y usas todos los medios disponibles legales." ?

El fin del juego, claro, es una guerra sin fin. Los grupos de fuera ya no ir?n y vendr?n cada dos a?os. Ahora, estos grupos sacar?n anuncios de ataque, enviar?n correos y desplegar?n llamadas autom?ticas todo el a?o, en lo que ser? una campa?a perpetua para convencer a los votantes y elegir legisladores amigables. "Definitivamente estamos construyendo una base," fue como lo explic? Steven Law, presidente de? American Crossroads

Esto es lo que hoy en d?a se hace pasar como el alma y el coraz?n de la democracia americana. Antes, los ciudadanos en grandes n?meros, motivados por sindicatos, partidos pol?ticos o alguna causa mayor, determinaban el curso de la pol?tica de EEUU. Despu?s de la segunda guerra mundial, una clase media en crecimiento era el bloque de votos m?s importantes, mientras que, en esas mismas d?cadas, las clases trabajadoras y medias disfrutaron de una mejor prosperidad econ?mica relativa que sus contra partes adineradas. Digan adi?s a eso. Ahora somos un pa?s manejado por los ricos.

No es de sorprenderse, el poder pol?tico tiende a seguir a la riqueza. Lo que esto significa es: no se puede entender como los ricos tomaron control de la pol?tica estadounidense, y posiblemente de la sociedad toda, sin primero entender como un peque?o grupo de estadounidenses se hizo de tanto dinero en primer lugar.

La historia comienza a fines de los 70 y contin?a durante los a?os de Obama, un periodo en el cual la pol?tica estadounidense ha sido tan pesada hac?a los ricos que ahora vivimos en el peor per?odo de desigualdad econ?mica en la historia moderna. Consideren las estad?sticas: hace 50 a?os, el 1% m?s rico de los estadounidenses representaban uno de cada diez d?lares del ingreso nacional; hoy es casi uno de cada cuatro. Entre 1979 y el 2006, el ingreso promedio de cada hogar despu?s de impuestos (incluyendo beneficios) del 1% m?s rico aument? 256%; los hogares m?s pobres vieron un aumento del 11%; los hogares de clase media, 21%, mucho del cual se debe a las familias con dos ingresos.

El gur? de los impuestos David Cay Johnston recientemente analiz? los n?meros y descubri? una divisi?n a?n m?s marcada. Por un lado, el n?mero de estadounidenses que ganan un ingreso constante baj? por 4,5 millones entre el 2008 y el 2009, mientras que el salario promedio en los Estados Unidos baj? por 1,2% a $39.055. Por otro lado, el salario promedio de los estadounidenses que ganan m?s de $50 millones al a?o fue de $91 millones en el 2008 y de $84 millones en el 2009.

El ec?nomo de la Universidad de Harvard Lawrence Katz explic? la situaci?n de los estadounidenses de la siguiente forma:

"Piense en la econom?a estadounidense como un complejo de departamentos. Hace un siglo --inclusive hace 30 a?os-- era algo envidiable. Pero en la ?ltima generaci?n su car?cter ha cambiado. Los ?ticos de lujo en la cima son cada vez m?s grandes. Los departamentos de en medio se sienten cada vez m?s apretados. Y el s?tano est? inundado. Para terminar, el elevador est? descompuesto. El elevador fuera de servicio es lo que m?s deprime a la gente."

Llamemos a la selecta minor?a en el ?tico de lujo la Nueva Oligarqu?a, un peque?o fragmento de la poblaci?n estadounidense con una enorme riqueza, la cual representa una parte desproporcionada de la riqueza del pa?s. Son magnates petroleros y de los medios, ejecutivos corporativos, cambiadores de fondos de cobertura, fil?ntropos y miembros de la industria del entretenimiento. Dependiendo de donde uno trace la l?nea son el 1%, el 0,1%? o inclusive el 0,01% de la poblaci?n americana. Cuando la Corte Suprema dio su veredicto Citizens United? abri? las compuertas para que un torrente de donativos an?nimos de parte de esta oligarqu?a pudiese llover desde las alturas para inundar las tierras pol?ticas debajo.

"La guerra de los treinta a?os"

?C?mo llegamos aqu?? ?C?mo es que una naci?n predominantemente de clase media se torn? en una oligarqu?a? Encontrar? respuestas a estas preguntas en "Winner-Take-All Politics" un nuevo y revelador libro del cient?fico pol?tico Jacob Hacker y Paul Pierson. Los autores tratan los n?meros disponibles sobre la riqueza y pobreza en EEUU como una escena del crimen repleta de pistas, sospechosos, callejones sin salida y coartadas.

A diferencia de muchos expertos, pol?ticos, y acad?micos, Hacker y Pierson se resisten a culpar a los sospechosos usuales: globalizaci?n, el surgimiento de una econom?a basada en la informaci?n y la muerte de la manufactura. El culpable en su drama es la pol?tica estadounidense misma en los ?ltimos treinta a?os. Las pistas para entender el surgimiento de una nueva oligarqu?a se encuentra no en Nueva York o Nueva Delhi, sino en el Capitolio, junto con la avenida Pensilvania y la calle K, ese refugio en un mundo sin coraz?n para los lobbistas de Washington.

"Paso a paso y debate a debate", escriben, "los dirigentes p?blicos de EEUU han re-escrito las reglas de la pol?tica americana y de la econom?a americana de formas que benefician a los pocos a costa de los muchos."

La mayor?a de los relatos sobre la desigualdad en EEUU datan de la d?cada de los 80 con la administraci?n del Presidente Ronald Reagan, el ?cono anti-gobierno cuyas "Reaganomics" son com?nmente se?aladas como la causa de los problemas actuales. Error, dicen Hacker y Pierson. Los or?genes de la oligarqu?a se remontan a finales de los 70 y a la poco probable figura de Jimmy Carter, un presidente dem?crata con un congreso dem?crata. Fueron los logros y fracasos de Carter, argumentan, los que lanzaron lo que el economista Paul Krugman ha llamado "la Gran Divergencia."

En 1978. la administraci?n Carter y el Congreso aplicaron un plum?n rojo a la ley de impuestos, cortando la tasa m?xima del impuesto sobre la renta del 48% al 28%, una bendici?n para los estadounidenses adinerados. Al mismo tiempo, el esfuerzo m?s ambicioso en d?cadas para reformar la ley laboral americana para facilitar la formaci?n de sindicatos muri? en el senado, a pesar de una super mayor?a dem?crata de 61 votos. Asimismo, una propuesta para una oficina de representaci?n para el consumidor, una agencia de apoyo de $15 millones que trabajar?a a favor del estadounidense promedio fue derrotada por un lobby de negocios cada vez m?s poderoso.

Ronald Reagan, se podr?a decir, simplemente tom? la batuta que le entreg? Carter. Su Economic Recovery and Tax Act (ERTA) en 1981 agrupaba una gran cantidad de regalitos que cualquier oligarqu?a apreciar?a, incluyendo recortes de impuestos a corporaciones y recortes de impuestos sobre ganancias y posesiones, y un 10% de exclusi?n sobre el impuesto sobre la renta para parejas casadas en familias con dos miembros trabajadores. "ERTA fue el m?ximo triunfo legislativo de Reagan, una re-escritura fundamental de las leyes de impuestos de la naci?n en favor de resultados del ganador-se-lleva-todo."

La mesa estaba puesta para que los ricos se separasen de manera definitiva y abrumadora de los dem?s. El momento del fervor de los recortes de impuestos lleg? a las administraciones de George H. W. Bush y Bill Clinton, y en el 2000 se convirti? en el grito de batalla de la campa?a de George W. Bush. Fue Bush II, despu?s de todo quien le dijo a un cuarto lleno de donadores un una cena de $800 el plato:"Algunas personas les llaman la elite, yo los llamo mi base," y quien prometi? que sus recortes de impuestos del 2001 serian una bendici?n para todos los estadounidenses. No lo fueron: seg?n Hacker y Pierson, el 51% de los beneficios van al 1% m?s rico.

Estos recortes estar?n con nosotros por mucho tiempo si el partido republicano se sale con la suya. Acepte la palabra del congresista republicano Dave Camp al respecto. El 16 de noviembre, Camp, un republicano de Michigan, dijo que la ?nica soluci?n aceptable para los recortes de la era Bush no era ?nicamente protegerlos para todos aquellos con ingresos, ricos o pobres, sino pasar m?s medidas similares. Cualquier cosa en medio, cualquier compromiso, incluyendo la propuesta del Presidente Obama para extender los recortes de Bush a las clases media y trabajadora pero no a la rica era "una p?sima idea, un punto de no-inicio."

?Por qu? deber?a importarnos lo que dice Dave Camp? He aqu? la respuesta: en enero ?l heredar? el asiento de mando en el poderoso comit? de Ways and Means? del congreso, aqu?l encargado de escribir las leyes de impuestos de la naci?n. Y a?n cuando muchos estadounidenses no reconozcan su nombre, el mensaje de Camp seguramente hizo que las elites adineradas de Am?rica suspirasen con alivio. Podr?a resumirse as?: no teman, estadounidenses adinerados, su dinero est? a salvo. Las pol?ticas que los hicieron ricos no van a ninguna parte.

Destruyan esta ley

Cuando re-escribir el c?digo de impuestos fue demasiado dif?cil, demoler regulaciones funcion? casi igual de bien. Esto es especialmente cierto en el? mundo financiero. All?, un legado de des-regulaci?n transform? una industria relativamente formal en una cultura de casino, dando paso a una era de ganancias obscenas, generosos bonos y la "financiarizaci?n" de la econom?a estadounidenses.

Seis de abril de 1998: es un buen punto de partida en la historia de la res-regulaci?n financiera. En ese d?a, dos habitantes demasiado conocidos de Wall Street, Citicorp y Travelers Group, acordaron una fusi?n hist?rica de $140 mil millones. El trato requiri? de mucho cabildeo, pero eventualmente los jefes de estos bancos lograron una excepci?n a la ley Glass-Steagall, la ley de la era del New-Deal que aislaba a los bancos de las m?s riesgosas casas de inversiones. La instituci?n resultante, Citigroup, ser?a el banco supermercado m?s grande de la historia. Un matrimonio de ventanillas de cajeros con escritorios de cambiadores, banca para el cliente y de inversiones de alto riesgo, de pronto bajo un mismo techo sin regulaciones. Demostrar?a ser una combinaci?n explosiva si no letal.

La fusi?n caus? visiones de un futuro donde los Estados Unidos dominar?an financieramente el planeta. Lo ?nico que se interpon?a en el camino era la cinta roja regulatoria. Al menos eso es lo que los proponentes del mercado libre como el entonces senador republicano Phil Gramm ve?an. Gramm, quien como asistente al candidato presidencial John McCain llam? de manera infame a EEUU una "naci?n de llorones", fue en realidad la fuerza principal tras dos de las m?s influyentes piezas de des-regulaci?n en la historia reciente.

En 1999, el Presidente Clinton firm? el acto Gramm-Leach-Bliley, un torrente de medidas de des-regulaci?n que destruy? a la Glass-Steagall. En diciembre del a?o siguiente, Gramm sigilosamente incluy? el acto Commodity Futures Modernization de 262 p?ginas en una ley de gastos masiva de $384 mil millones. La ley de Gramm evitaba que reguladores como la Securities and Exchange Commission (SEC) atacaran al sombr?o mercado de "derivados de mostrador", hogar para miles de millones de d?lares en instrumentos financieros opacos que, a?os despu?s, casi demoler?an la econom?a americana.

Como presidentes, tanto Bill Clinton como George W. Bush abrazaron la des-regulaci?n financiera. Como resultado, durante un atrac?n de gula financiera, Wall Street engord? de manera nunca antes vista. Entre 1929, el a?o donde se inici? la Gran Depresi?n y 1988, las ganancias de Wall Street promediaban 1,2% del producto interno bruto de la naci?n; en el 2005 esa figura se elev? a 3,3% conforme los bonos de la industria alcanzaron niveles nunca antes vistos. En el 2009, un mal a?o para la mayor?a de estadounidenses, los bonos de la industria llegaron a $20 mil millones. Tanta riqueza en tan pocas manos. Nada explica el alza de la nueva oligarqu?a americana de manera m?s contrastante.

Claro, no solo lo que hicieron los pol?ticos es responsable de la oligarqu?a de hoy, tambi?n es culpable lo que no hicieron. Un ejemplo cl?sico: en los 90s el? Financial Accounting Standards Board (FASB), un regulador americano privado de contadur?a apunt? su mira hacia un resquicio legal lo suficientemente grande como para manejar un cami?n de volteo a trav?s de ?l. Hasta ese entonces, las opciones de acciones incluidas en los paquetes de pago fuera de control para ejecutivos --valorados en posiblemente decenas de millones de d?lares-- se valuaban en cero al expedirse. Eso es correcto: cero, nada. Cuando FASB y la SEC intentaron cerrar el resquicio el gran capital salt? para defenderlo. Una avalancha de dinero lleg? a los bolsillos de lobbistas de la calle K y asociaciones tit?nicas de cambiadores. Al final, nada sucedi?. O m?s bien, todo continu? sucediendo. El resquicio sobrevivi?.

Un Mundo Feliz para Citizens United

Hacker y Pierson nos gu?an de manera apta por 30 a?os de pol?tica e inacci?n jur?dica (desde el punto de vista de los ricos) de "el-ganador-se-lleva-todo." Ofrecen una vistazo revelador al paisaje que ayud? a crear la nueva oligarqu?a, pero una vista crucial apareci? demasiado tarde para ser incluida por los autores.

Ning?n entendimiento del alza de la nueva oligarqu?a puede estar completo sin explorar los efectos del fallo de la Corte Suprema en el caso January Citizens United, el cual solidific? su poder de una forma que ning?n recorte de impuestos anterior pudo hacerlo. Antes de Citizens United, los ricos usaban su dinero para sutilmente dar forma a la pol?tica, cortejar pol?ticos e influenciar elecciones. Ahora, con tanto dinero entrando a sus bolsillos y el grifo de contribuciones bien abierto, pueden simplemente comprar la pol?tica americana siempre y cuando el precio sea el correcto.

No hay ning?n error en como, en menos de un a?o, Citizens United ha radicalmente inclinado el campo pol?tico de juego. Junto con muchos fallos de la corte, dio lugar a American Crossroads, American Action Network y muchos otros grupos similares que ahora pueden recaudar donativos ilimitados con un juego pat?tico de requisitos para revelar a sus financiadores.

Lo que la presente Corte Suprema, en s? misma el fruto de varias administraciones seguidas empe?adas en la des-regulaci?n y los recortes de impuestos, ha asegurado es esto: en una "democracia" estadounidense, solo el p?blico permanece a oscuras. Incluso para reporteros dedicados, rastrear a estos grupos es como perseguir sombras: direcciones oficiales llevan a apartados postales; no se regresan llamadas; las puertas se cierran en tu cara.

El peque?o vistazo que tenemos de las personas que financian esta operaci?n es un quien es quien de la nueva oligarqu?a: los multimillonarios Hermanos Koch ($25,1 mil millones); financiero George Soros ($11 mil millones), el CEO de fondos de cobertura Paul Singer (su fondo, Elliott Management, vale $17 mil millones), el inversionista Harold Simmons (valor neto: $4,5 mil millones); el capitalista de riesgo de Nueva York Kenneth Langone ($1,1 mil millones); y el magnate de bienes ra?ces Bob Perry ($600 millones).

Luego est? la plantilla de corporaciones que han utilizado su generosidad para influenciar la pol?tica americana. Compa??as de seguros de salud, incluyendo United Health Group y Cigna donaron la impresionante cifra de $86,2 millones a la C?mara para matar a la opini?n p?blica, inyectando el dinero mediante el grupo? America's Health Insurance Plans. Y gigantes corporativos como Goldman Sachs, Prudential Financial, y Dow Chemical han dado millones m?s para cabildear contra nuevas regulaciones financieras y qu?micas.

Como resultado, la historia central de las elecciones de mediados del 2010 no es la victoria republicana o la derrota dem?crata o la ira Tea Party; es la guerra rel?mpago del dinero exterior, la mayor parte del cual proviene de organizaciones de derecha como el American Crossroads de Rove y el U.S. Chamber of Commerce. Es una triste ilustraci?n de lo que sucede cuando tanto dinero termina en manos de tan pocos. Y con las reformas a los gastos de campa?a derrotadas por a?os por venir, la guerra de gastos solo empeorar?.

De hecho, los expertos predicen que los gastos en las elecciones del 2012 romper?n todos los r?cords. Pi?nselo de esta manera: en el 2008, el gasto electoral total lleg? a $5,3 mil millones, mientras que los $1,8 mil millones gastados ?nicamente en la campa?a presidencial duplicaron el total del 2004. ?Qu? tan alto podemos llegar en el 2012? ?$7mil millones? ?$10 mil millones? Al parecer el cielo es el l?mite.

No es necesario esperar, sin embargo, a que llegue el 2012 para saber que el mero volumen de dinero que est? siendo bombeado a la pol?tica estadounidense se burla de nuestra democracia (o lo que queda de ella). Peor a?n, existen pocas soluciones para detener el flujo de efectivo: la ley DISCLOSE, cuyo objetivo es contrarrestar los efectos de Citizens United, ha fracasado dos veces en el Senado este a?o; y la mejor opci?n, financiamiento p?blico de elecciones, no logra una audiencia en Washington.

Hasta que los legisladores limiten el dinero en la pol?tica, a la vez que obligan a los donantes a revelar sus identidades y a no esconderse en las sombras, la nueva oligarqu?a solo crecer? en estatura e influencia. Si no es frenada, esta elite continuar? por deshacerse de los ?ltimos miembros del Congreso que no est?n al servicio de sus personas y "contribuciones" (v?ase: Russ Feingold de Wisconsin) y los reemplazar?n con legisladores dispuestos a hacer su trabajo, un Congreso lleno de pol?ticos temporales obedientes listos para darle a sus donantes lo que quieren.

Nunca antes los Estados Unidos se vieron tanto como un pa?s de los ricos, por los ricos y para los ricos.

Andy Kroll escribe habitualmente en Mother Jones y es un editor asociado en TomDispatch.com.

Traducci?n para www.sinpermiso.info: Pablo Yanes Thomas

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3778




Tags: ricos, impuestos, democracia, sindicatos, seguros, guerra, política

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