S?bado, 18 de diciembre de 2010
Respuesta muy parcial a Santiago Alba Rico


La izquierda es hoy presa de lo que Spinoza denominar?a sus ?pasiones tristes?, esto es de aquellas que disminuyen su capacidad de actuar, pues no es otra cosa la tristeza que ?el paso de una mayor a una menor potencia?. Incapaz de comprender en qu? consiste la propia potencia de los trabajadores, la izquierda sigue fiando la emancipaci?n a instancias que saben: el partido, el Estado, determinados pensadores comunistas o marxistas etc. Instancias, por lo dem?s, que han sufrido una catastr?fica derrota pol?tica, organizativa, ideol?gica y goestrat?gica. La posibilidad de que en el propio proletariado actualmente existente pueda encontrarse, a pesar de esa derrota, una potencia subversiva y a la vez constituyente debe, seg?n esta izquierda triste, descartarse sistem?ticamente: la derrota es el ?nico horizonte, la nostalgia del ?socialismo? o aun del keynesianismo-fordismo, el ?nico proyecto, pues el proletariado, como el pueblo de Hobbes, s?lo existe en tanto que representado por el Partido o por el Estado. Cuando por una serie compleja de motivos que no puede caracterizarse (s?lo) como una derrota, esa representaci?n se hunde, las izquierdas mayoritarias -hoy el calificativo parece ir?nico, cuando su apoyo social y electoral se ha esfumado casi por completo- consideran que es el proletariado el que se ha hundido. ?No se les pasa por la cabeza que ese proletariado podr?a perfectamente vivir sin las izquierdas y sus organizaciones derrotadas y derrotistas, sin el capital y sin el Estado, sin todo lo que hace de los trabajadores un proletariado? ?No pueden comprender que la finalidad de quienes viven en una condici?n de opresi?n -y la proletaria no es otra cosa- no puede ser convertirla en una esencia en la que perseverar?

Dig?moslo claramente: hoy, quien es proletario quiere dejar de serlo, no ser un proletario ?digno? en un marco fordista o socialista. Por eso ha podido ser enga?ado por Thatcher, Blair, Berlusconi, Felipe Gonz?lez y otros buitres del neoliberalismo que le ofrec?an dejar de serlo para pasar a ser ser empresario, capitalista, inversionista etc. Desde luego, todo ello era parcialmente mentira, pero nos ha instalado en una situaci?n en la que la lucha por unas condiciones de trabajo decentes en el mercado y en la empresa capitalista se ve gravemente obstaculizada; pues la segunda cara ?capitalista? de ese nuevo Jano bifronte que es el propio trabajador nos lo presenta como accionista de un fondo de pensiones o de un fondo de inversi?n cuya exigencia de rendimiento es radicalmente contraria a cualquier reivindicaci?n obrera. En estas condiciones, el trabajador se convierte en explotador de s? mismo, como siempre quisieron los te?ricos de las distintas familias del neoliberalismo, tanto los ?ordoliberales? alemanes como los neoliberales de Chicago. El trabajador se encuentra hoy entre la sart?n y las ascuas debido a su interna divisi?n. Antes, tambi?n lo estuvo, pues su voluntad de abandonar la condici?n proletaria tambi?n se vio secuestrada, no ya por el capital, sino por el Estado, el keynesiano-fordista en Occidente o el socialista en el Este; Estado para el que el trabajador era ciudadano a condici?n de ser un proletario representado por sus partidos y sindicatos. En ambos casos, el Estado funcion? como una formidable m?quina de reproducci?n y de perpetuaci?n de la condici?n proletaria. Hoy, la participaci?n de los trabajadores en el mercado de capitales como titulares de valores, aunque sean los de sus fondos de pensiones, tambi?n mantiene atenazada la voluntad de liberaci?n.

La expropiaci?n de los comunes por el Estado en favor de una propiedad p?blica no es en este sentido m?s virtuosa que la que la propia fuerza del Estado realiza en favor de la propiedad privada y, por mucho que se hayan degradado la condiciones de vida en Europa occidental y los Estados Unidos, todav?a falta mucho para que alcancemos el nivel de escasez y de cochambre que se conoci? en la Europa socialista. En cualquier caso, considerar que la ?nica alternativa existente es la que opone lo p?blico estatal a lo privado y hacer un canto nost?lgico a lo p?blico estatal es ignorar la posibilidad real de un modo de organizaci?n de la producci?n y la distribuci?n basado en el libre acceso a los comunes y la posibilidad, real de una comunidad cuya integraci?n no sea efecto del derecho ni de la violencia estatal. A todo esto debe renunciarse, seg?n los vates negros de esta izquierda necr?fila, pues la derrota y la muerte son el ?nico horizonte leg?timo para los puros. Afortunadamente, entre los que no son tan puros y supieron considerar que las derrotas de las organizaciones y las experiencias pol?ticas son algo posible y necesario en la siempre incierta y dif?cil lucha por el comunismo est? un tal Karl Marx. Ni la derrota de la Comuna de Par?s, ni el fin de la Primera Internacional fueron para Marx motivo suficiente para instaurar un culto nost?lgico del pasado, visto como un tiempo m?tico en que el mundo ten?a sentido. Como militante comunista y como pensador, Marx continu? a trav?s de las derrotas explorando el mundo real, las transformaciones del capitalismo ya impuestas en su ?poca por la resistencia obrera, y sobre todo las fuerzas, la potencia real, el movimiento real que, desde dentro del capitalismo impulsaba su transformaci?n y tal vez permita su superaci?n. Casi todo es posible para un racionalismo materialista exigente como el de Marx, casi todo menos, como dir?a Althusser ?contarse cuentos? (?se raconter des histoires?), aunque estos cuentos tengan la belleza ?pica de las leyendas fundacionales o la pregnancia ontol?gica del dreamtime, el ?tiempo de los sue?os? de los abor?genes australianos.

En este contexto de nostalgia y luto permanente, se victimiza a un trabajador que debe ser ?protegido? de las fuerzas del mercado...por el derecho y el Estado que fundan y reproducen ese mismo mercado y las actuales transformaciones del capitalismo se entienden como puras y simples derrotas de una clase obrera que habr?a conocido su edad de oro durante el per?odo que media entre el fin de la segunda guerra mundial y el final de los a?os 70. Este per?odo es denominado ?fordismo?por los economistas de la ?escuela de la regulaci?n? (Aglietta etc.) -que adoptan parcialmente la problem?tica y la terminolog?a de los marxistas aut?nomos (Tronti). El fordismo est? inicialmente asociado a la f?rmula de gesti?n empresarial inaugurada por Henry Ford en la industria del autom?vil y que se basaba en una intensa uniformizaci?n y racionalizaci?n de los procesos de producci?n, una divisi?n racional de las tareas productivas tendente a su m?xima simplificaci?n (Taylorismo) y por otra parte, una combinaci?n de disciplina de f?brica y de paternalismo social. El trabajador fordista es un trabajador con un nivel salarial comparativamente elevado, pues tiene que poder ser, en la concepci?n del propio Ford, el primer y principal cliente de la empresa. El fordismo, combinado a nivel macroecon?mico con el keynesianismo, que pretend?a aumentar la demanda interna solvente mediante el desarrollo del gasto p?blico, fue la clave de los treinta a?os de mayor crecimiento en Europa y los Estados Unidos (1945-1975).

El postfordismo es la forma de regulaci?n del capital que sucede al fordismo-keynesianismo cuando ?ste sucumbe a lo que la Comisi?n Trilateral designara como ?ingobernabilidad?, esto es a una coincidente ofensiva obrera en la metr?poli que sit?a los salarios en zonas peligrosas para la acumulaci?n capitalista y la liberaci?n de los pa?ses del tercer mundo que hace multiplicarse los precios de las materias primas. En estas condiciones, la tasa de ganancia peligra, pero tambi?n el orden social fordista puesto en peligro por una ola de revueltas sociales protagonizadas por la juventud contra la disciplina de f?brica y las distintas disciplinas del Estado. Ese doble fen?meno de valorizaci?n acelerada de la fuerza de trabajo y de revuelta contra el orden laboral y pol?tico establecido queda emblematizado por el significante ?mayo del 68?, por mucho que el proceso real cubre pa?ses tan distintos como Francia, Italia, Checoslovaquia, Polonia, China, los Estados Unidos etc. y tiempos bastante m?s dilatados, sobre todo en Italia donde se habla de un ?mayo largo? que dura diez a?os o en Alemania donde arrastran los fen?menos de contestaci?n hasta bien entrados los 70. El terrorismo (de Estado) pondr? fin a los procesos italiano y alem?n; los dem?s ser?n liquidados mediante la cooptaci?n de los dirigentes autodesignados de los movimientos y mediante una recuperaci?n capitalista de sus objetivos de liberaci?n respecto de la condici?n proletaria. Las distintas derechas (socialdem?cratas y eurocomunistas incluidos) han podido hacer as? su bandera de lo que fueran objetivos anticapitalistas radicales y recuperar para s? un lenguaje libertario, del mismo modo que los termidorianos y bonapartistas pudieron en su momento adue?arse de los significantes de la revoluci?n francesa o los stalinistas de los s?mbolos de la revoluci?n de octubre. El neoliberalismo, como ideolog?a econ?mica del postfordismo se nutre hip?critamente de numerosos temas de la revuelta proletaria contra la forma f?brica y la forma Estado cuando propugna que se acabe con la preponderancia del Estado (?big government?). Hipocres?a, puesto que nunca ha sido el Estado tan fuerte, ni el gasto p?blico se ha disparado de manera tan vertiginosa como en el neoliberalismo. La particularidad del neoliberalismo no es que haya menos Estado -hay que ser un ingenuo nost?lgico del fordismo para cr?erselo- sino que un Estado enormemente reforzado redistribuye la riqueza en sentido inverso al del Estado keynesiano cuando estaba sometido a la presi?n obrera. La transferencia de riqueza se produce hoy b?sicamente de abajo a arriba, pues no s?lo se reducen los salarios, sino que las prestanciones sociales de todo tipo se recortan y se favorecen los rg?menes fiscales regresivos (impuestos indirectos, IVA) sobre las formas de imposici?n progresivas ligadas a la riqueza. Al mismo tiempo, el gasto militar, el gasto p?blico en represi?n o en exhibici?n de la potencia represiva, la subvenci?n p?blica a los capitales privados, cuyos ?ltimos grandes episodios han sido el ?rescate de los bancos? y el ?rescate de los pa?ses endeudados? (Grecia, Irlanda, Portugal...etc.) han hecho crecer considerablemente el endeudamiento p?blico sin la m?s m?nima repercusi?n sobre el bienestar social.

No es que no exista hoy el Estado protector, pues el Estado es m?s fuerte y prepotente que nunca y tambi?n m?s protector, pero a quien protege en la actualidad, de manera casi exclusiva es al capital y a los accionistas e inversores frente a los riesgos de p?rdidas. Si, en el per?odo anterior, la acumulaci?n de capital pudo basarse en el desarrollo de una demanda solvente mediante la protecci?n de los salarios directos e indirectos, hoy en lo que se basa es en el fomento del beneficio privado como fuente tambi?n de demanda solvente. Es ?til leer los an?lisis de Brenner para comprender la enorme funci?n de la especulaci?n inmobiliaria y burs?til en el mantenimiento de la demanda en pa?ses como los Estados Unidos. La especulaci?n y el cr?dito f?cil -convertido a su vez en objeto de especulaci?n de riesgo- permitieron a la clase trabajadora norteamericana y en parte a la europea acceder a niveles de consumo incompatibles con unos ingresos laborales estabilizados o decrecientes. Con ello vemos que la lucha por la valorizaci?n de la fuerza de trabajo puede tener escenarios ditintos del fordista-keynesiano-socialista.

Dicho esto, puede entenderse mejor que considere demag?gico y rid?culo que se me declare ?partidario? del postfordismo o se me atribuyan memeces como el haber afirmado que existe una oposici?n entre ?fordismo y laborismo? (cf. el texto de SA:?John Brown opone ?postfordismo? y ?laborismo? de una manera ideol?gicamente interesada y por ello poco rigurosa?). Yo no puedo haber opuesto postfordismo y laborismo. El postfordismo, al igual que el fordismo son modos de regulaci?n del capitalismo, son realidades sociales; el ?laborismo? es, en cambio una ideolog?a conforme a la cual la ciudadan?a se basa en el trabajo (la idea de una rep?blica de trabajadores) y que considera el propio trabajo como una dimensi?n antropol?gica transhist?rica. Confesar? que soy tan fervoroso partidario del postfordismo como puedo serlo del capitalismo o de la ley de la gravedad. De un modo de producci?n o, dentro de ?l, de un modo de regulaci?n, no se es partidario ni se deja de serlo; de lo que se trata es de que la hip?tesis formulada corresponda o no a la realidad.

Que la lucha de clases tiene un papel fundamental en el advenimiento del postfordismo me parece evidente, basta para comprobarlo leer los textos de la Trilateral de los a?os 70 sobre la crisis de la democracia. Una vez que la lucha de clases y, en particular la resistencia obrera en el fordismo y al fordismo queda descartada como hip?tesis explicativa, s?lo queda buscarle un sujeto a la historia: una vez se abandona el terreno de la explicaci?n materialista, hay que buscar culpables, traidores, encarnaciones del mal. ?Asilos de la ignorancia? dir?a el maestro Spinoza. Aqu? no hay culpables ni pecadores, porque tampoco hay m?rito ni virtud, lo que hay son fuerzas sociales enfrentadas y los resultados de su lucha. Resultados complejos, pero en ning?n caso desesperantes para un comunista, entre otras cosas, porque s?lo se alcanza un planteamiento materialista realizando un gran esfuerzo por abandonar la esperanza y el temor, la alabanz y el vituperio. Hacer culpable a la gente real que vive en este mundo postfordista -que a m? tampoco me gusta- de no llegar a ser no s? qu? ?sujeto hist?rico? revolucionario es no querer explicar nada, no querer ver nada, en realidad no querer hacer nada m?s que complacerse en la derrota. O la revoluci?n la hace la gente que, aqu? o en el tercer mundo, bebe Coca Cola, calza Adidas o Nike, consume no s? qu? y no s? cu?ntas porquer?as, y se hace todav?a ilusiones respecto de su posible salida capitalista del proletariado, o no la va a hacer ni Dios. Tal vez sea ese profundo desprecio por una poblaci?n real que considera vendida al capitalismo, el que motive la respuesta tan negativa que esta misma poblaci?n da a las poco tentadoras propuestas de regreso al fordismo (en sus variantes m?s liberales o m?s socialistas) que le presenta la izquierda mayoritaria. Cuesta entender qu? ganar?an con ello las mayor?as sociales, aunque se entiende mejor qu? podr?an ganar las organizaciones de la izquierda o, incluso, los posibles jerarcas de Estados que se autoproclamaran postcapitalistas por haber confiado al Estado la gesti?n del capital y la reproducci?n de la condici?n proletaria.

Que no se pretenda que los distintos movimientos de transformaci?n social que est?n en curso en Am?rica Latina -la ya a?eja revoluci?n cubana incluida- son retornos a ese a?orado modo de regulaci?n. Si lo hubieran sido, cosechar?an hoy los mismos ?xitos que nuestras izquierdas laboristas europeas. Lo que tiene lugar en Am?rica Latina es un proceso de gran complejidad, pues, por un lado -como ocurri? ya en Cuba en el 59- se ha puesto t?rmino al Estado colonial racista y semiesclavista sustituy?ndolo por formas de democracia que incluyen a toda la masa de los antiguos excluidos, pero por otra parte, la actuaci?n misma del Estado, en pa?ses como Bolivia o Venezuela no lo explica todo ni mucho menos. Sin la pujanza de los movimientos sociales que apoyan estos procesos, ni Ch?vez ni Evo Morales estar?an gobernando: en cierto modo, estos pa?ses son ?quilombos? a gran escala donde lo ?nico que est? claro es la voluntad de las mayor?as sociales ind?genas y mestizas de no volver a sumirse en la nada. Afortunadamente, los ropajes jur?dicos y constitucionales dan forma a la rebeli?n pero no la apagan. El futuro est? abierto y ciertamente, su horizonte no es el (re)establecimiento del fordismo. En cuanto al uso del t?rmino ?socialismo?, puede decirse con Fidel Castro que designa aquello ?que no sabemos c?mo se hace?, esto es el problema pol?tico abierto de la salida del capitalismo y del Estado burgu?s, el ?nico verdadero problema pol?tico de nuestro tiempo, el del paso al comunismo.

Es imposible aqu? responder a la multitud de cuestiones que plantea en su art?culo Santiago Alba. Supongo que, a la mayor parte de ellas responder? en la recensi?n del interesant?simo libro de nuestros comunes amigos Carlos Fern?ndez Liria y Luis Alegre Zahonero; El orden de El Capital cuya redacci?n estoy interrumpiendo para escribir estas p?ginas. Sin embargo debo contestar a la siguiente afirmaci?nde Santiago Alba: ?a John Brown este ?estallido de las formas de trabajo y contractualidad?, con todos los sufrimientos concretos aparejados, no s?lo no le espanta sino que de alg?n modo le entusiasma;? . A m? me entusiasma tan poco la condici?n proletaria del postfordismo como la del fordismo. Lo que no entiendo es que mis amigos con los que aqu? intento debatir no comprendan los ?sufrimiento concretos? de la disciplina de f?brica y del despotismo interno -y a?n externo: Henry Ford era un admirador y financiador de Hitler, cuyo r?gimen se inspir? tambi?n en parte del fordismo- que entra?a el modo de gesti?n inaugurado por Ford. No erijo en valor ninguno de los dos modos de regulaci?n del capitalismo y considero tarea fundamental de los comunistas suprimir las regulaciones de la condici?n proletaria que respectivamente les corresponden, junto con la propia condici?n proletaria. Tampoco creo que la inmersi?n en piscinas de chocolate sea un gran placer, ni que la abolici?n del trabajo preconizada por Marx (?Die Beseitigung der Arbeit?) sea otra cosa que la abolici?n del trabajo en el sentido que este tiene en el capitalismo, a saber, utilizaci?n de la mercanc?a fuerza de trabajo. La actividad productiva socialmente organizada ser? siempre necesaria para una especie que no est? compuesta por ?ngeles y debe perseverar en su esencia mediante un constante esfuerzo, lo cual no significa que esta actividad productiva est? condenada a coincidir con la utilizaci?n de la fuerza de trabajo integrada en el capital como capital variable por una instancia de control del capital, sa esta estatal o privada. No creo que ninguna forma de Estado sirva para abolir la condici?n proletaria, ni siquiera un quim?rico Estado de derecho socialista en que se respetara escrupulosamente la independencia civil del trabajador basada en el trabajo. Unos comunistas cuya perspectiva ?ltima es el Estado, el derecho y el Estado de derecho s?lo pueden ser unos comunistas sin comunismo.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: comunismo, comunista, Partido, Estado, Venezuela, John Brown, marxistas

Publicado por blasapisguncuevas @ 13:09  | Socialismos
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