Jueves, 30 de diciembre de 2010

? Respuesta a Juan Pedro Garc?a del Campo Luis Alegre Zahonero y Carlos Fern?ndez Liria? Rebeli?n

? Presentamos aqu? nuestra respuesta al art?culo de Juan Pedro Garc?a del Campo ?El derecho, la teor?a, el capitalismo y los cuentos? (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=119043), que a su vez era su respuesta a nuestro art?culo ?Comunismo y Derecho? (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=117932). Para quien quiera seguir la pol?mica entera, en este art?culo critic?bamos el art?culo de Carlos Rivera Lugo ?Comunismo jur?dico? (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=117096). Quiz?s convenga se?alar que, al mismo tiempo, esta discusi?n est? interconectada con la que han planteado Santiago Alba Rico y John Brown en sus art?culos ?El trabajo social difuso y la piscina de chocolate? (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=117096) y ?Comunistas sin comunismo? (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=118784).

Es en general bastante agotador y frustrante mantener di?logos de sordos en los que las respuestas se basan en malentendidos cada vez m?s estramb?ticos. Por lo tanto, haremos un esfuerzo por clarificar los t?rminos de la discusi?n para que al menos pueda llegar a plantearse una discusi?n razonable (o digamos mejor amigable, no vayamos a empezar ya con mal pie). Trataremos de explicar por qu? seguimos todav?a pensando (ya que la enumeraci?n de nombres de autores que propon?a Juan Pedro Garc?a del Campo (JPGC) no ha surtido el efecto m?gico esperado) que ?derecho? no es sin?nimo de ?mercado?, y mucho menos de capitalismo, y que ?raz?n? no es sin?nimo de ?Stalin?, ?Comandante? o ?Comit? Central?. Sin embargo, empezamos ya a sospechar que el malentendido principal, el que lo termina enredando todo, en realidad, podr?a no estar entre JPGC y nosotros sino entre lo que JPGC defiende realmente y lo que dice que defiende. En efecto, podr?a ocurrir que JPGC estuviese cometiendo una notable injusticia no contra nosotros, sino contra sus propios principios ?ticos y pol?ticos al encorsetarlos en una estructura terriblemente amenazadora para las causas que realmente defiende (y muy atractiva para las causas contra las que lucha). En fin, lo que viene a ser que te salga el tiro por la culata. Pero vayamos por partes.

1. La ley del m?s d?bil

Comencemos con ?la vieja definici?n marxiana de comunismo? que propone JPGC como proyecto pol?tico: ?una sociedad libre de hombres [y mujeres] libres?. Quiz? no sea mucho como punto de partida (ya que, en su f?rmula abstracta, podr?a ser asumido por cualquier liberal) pero en el art?culo de JPGC no hay propuestas mucho m?s concretas a las que aferrarse, as? que partamos de ah?. Ahora bien ?c?mo lograrlo?: actos de soberan?a de la multitud, con fuerza normativa inmanente, refundaci?n de lo normativo a partir de la la forma-comunidad y liberaci?n de la soberan?a contra el derecho, imposici?n de la democracia absoluta como m?todo de afirmaci?n soberana del poder de la socialidad com?n, en permanente estado de poder constituyente contra cualquier forma de seguridad ju?ridica. Es decir, Democracia plena, sin restricciones derivadas de ning?n ?deber ser?, sin limitaci?n a exterioridades normativas ni a principios regulativos, en definitiva, el poder ejercido por una multitud no sometida.

Es posible que toda idea de ?deber ser? tenga algo de metaf?sica (volveremos sobre eso), pero si hay algo para lo que de verdad hace falta mucha (pero mucha) metaf?sica es para suponer que a las ?multitudes no sometidas? jam?s se les puede ocurrir atentar contra la libertad de hombres y mujeres, contra esa libertad que, en principio, defin?a el proyecto pol?tico que defendemos. ?Es imposible pensar que una comunidad, sin limitaciones ni restricciones de ning?n tipo, pueda decidir atentar contra la libertad, por ejemplo, de sus minor?as? No hay que ser especialmente materialista para admitir que eso puede ocurrir y que incluso ha ocurrido (y sigue ocurriendo). En este sentido, hace falta mucha (pero mucha) metaf?sica para sacralizar la ?forma comunidad? hasta un punto de imaginarnos que son imposibles cosas que han sido y son reales (como -y es s?lo un ejemplo- el exterminio de minor?as a fuerza de decisi?n soberana de comunidades). De hecho, resulta especialmente dif?cil (y peligroso) desarrollar esa peculiar metaf?sica de la comunidad en los tiempos de racismo y xenofobia que se avecinan. Realmente, echando un vistazo al discurso que la mayor?a (absoluta) de nuestros conciudadanos tienen sobre la inmigraci?n, no s? a qui?n le podr?a tranquilizar que se suprimieran los l?mites y restricciones que, contra posibles decisiones de la mayor?a, introducen los ya de por s? raqu?ticos derechos de los inmigrantes. M?s bien al contrario, tiende a parecernos buena idea introducir nuevos l?mites y restricciones a las posibles decisiones de los ciudadanos de la peculiar unidad de destino en lo universal que nos ha tocado en suerte.

Ahora bien, si a este respecto defendemos el derecho, si defendemos ?derechos para todos?, si defendemos l?mites y restricciones contra el racismo, no es por el placer que nos produce la idea de derecho sino por el respeto que merecen los conciudadanos de origen extranjero a los que tambi?n se debe (s?, se debe) garantizar la libertad en una sociedad libre. En este sentido, cualquier derecho introduce, en efecto, l?mites a la democracia, pero no deja de ser curioso, y ?til para orientarse en el espacio pol?tico, que se trate de restricciones a las que se aferran los inmigrantes y que, sin embargo, incomodan cada d?a m?s a la derecha y la extrema derecha (en Espa?a, concretamente, al Partido Popular). En efecto, cuando en el pasado mes de abril el PP repart?a en Badalona folletos con el lema ?no queremos rumanos?, no hac?an m?s que reclamar la autoridad irrestricta de la voluntad soberana del pueblo. Y no s? si los rumanos habr?an hecho muy buen negocio apunt?ndose al carro de la multitud no sometida, sin limitaci?n ni restricci?n, en vez de reclamar m?s derechos y garant?as (ya que es posible que los ciudadanos de Badalona realmente no quieran rumanos; el racismo es lo que tiene).

Con nada de esto pretendemos negar, ciertamente, que pueda haber ejemplos hist?ricos en los que una democracia plena y sin restricci?n decida construir ?una sociedad libre de hombres [y mujeres] libres?. Es posible que algo as? tuviera lugar en Cuba entre 1959 y 1976. Es posible que en esa ocasi?n la dignidad sublevada promoviera un mundo construido sobre las exigencias de la libertad en el que se esperaba de cada uno seg?n sus capacidades y se garantizaba a cada uno seg?n sus necesidades. El relato de JPGC est? lleno de imprecisiones y elementos que habr?a que aclarar. Por ejemplo, no debe pasarse por alto que corresponde justo a ese periodo el encierro en campos de homosexuales, algo que la revoluci?n luego ha lamentado y corregido (en el periodo que ya le gusta menos a JP). Sin embargo, para discutir sobre lo que nos interesa, podemos hacer el ejercicio de dar por buena la idealizaci?n de su relato. As?, incluso si todo hubiera sido exactamente como ?l dice, habr?a de todos modos que se?alar lo siguiente:

1) la existencia de un ejemplo hist?rico en el que la espontaneidad sin restricciones de una multitud no sometida haya trabajado en la direcci?n de construir ?una sociedad libre de hombres [y mujeres] libres? es algo que, aunque reconfortante, no garantiza en absoluto que lo contrario sea imposible.

2)? por lo tanto, como la espontaneidad no sometida a ning?n tipo de restricciones no garantiza por s? sola una orientaci?n marcada por las exigencias de la libertad, nos encontramos con que el patr?n de medida con el que orientarnos en la pol?tica, es decir, el criterio por el que posicionarnos en un frente y no en otro, el criterio por el que preferir Cuba en 1959 en vez de Alemania en 1933, no puede ser ya por s? sola la espontaneidad de las multitudes sino, por el contrario, algo que remite a ciertos derechos y garant?as que deben (s?, deben) quedar a resguardo de posibles decisiones de la mayor?a.

?Decimos algo muy metaf?sico con ese ?deben?? Simplemente decimos que no podemos defender (ni nosotros ni JPGC, de eso estamos seguros) ninguna decisi?n (por muy espont?nea que sea) que atente, por ejemplo, contra la libertad y la integridad de las minor?as; que si un pueblo soberano decidiese exterminar a sus gitanos, no nos posicionar?amos (ni nosotros ni JPGC) del lado de los verdugos ?Por qu? no? Porque el patr?n de medida que utilizamos (tanto nosotros como JPGC, pues en caso contrario, como es evidente, no le llamar?amos amigo) no coloca como criterio de validez ?ltimo ni la fuerza, ni la espontaneidad, ni la democracia, ni la multitud, sino ciertos principios (a los que en nuestra peculiar ret?rica llamamos ?derechos y garant?as?) que debe respetar cualquier proyecto pol?tico que pretenda poder contar con el apoyo de los comunistas. De verdad lamentamos no ser capaces de explicarnos con algo m?s de claridad, pero lo que estamos defendiendo aqu? es en realidad algo muy sencillo: si resulta que la decisi?n espont?nea vale cuando opta por la libertad y la igualdad de los hombres y las mujeres (como por ejemplo, al parecer, en Cuba en 1959) pero la decisi?n espont?nea no vale cuando opta por el exterminio (como por ejemplo, al parecer, en la Alemania de 1933 y qui?n sabe si en la Europa de los pr?ximos a?os), entonces es que estamos adoptando un criterio de validez que no es ya la decisi?n espont?nea en s? misma. Otra cosa es lo que cada uno hagamos con nuestras respectivas ret?ricas.

Ahora bien, localizada la necesidad de cierto l?mite al menos en un ejemplo (el de la exclusi?n de las minor?as), se impone que nos preguntemos por la consistencia interna y las condiciones de ese criterio de validez que nos exige, al menos en casos extremos, introducir ciertas restricciones a la soberan?a espont?nea de la multitud.

?A qu? reglas responde ese criterio de validez?, ?por qu? no nos parece aceptable que una comunidad extermine a sus minor?as? Como decimos, hace falta realmente una sobredosis de metaf?sica para negar que esta sea una decisi?n soberana posible de una comunidad ?Por qu? nos resultar?a inaceptable incluso si nosotros mismos no formamos parte ni de esa comunidad ni de esa minor?a? ?quiz? porque se trata de un conflicto entre formas-comunidad, sagradas precisamente por su car?cter comunitario?, ?quiz? porque cualquier minor?a es ya una comunidad a cuya ?forma? le corresponde ya una dignidad inviolable?, ?y si se trata de una minor?a muy peque?a?, ?y si es tan peque?a que se reduce a un solo individuo?

Los comunistas no solemos llamar ?de los nuestros? a quienes defienden el exterminio de un solo hombre por el color de su piel; tambi?n har?amos mal en asumir como propias las frecuentes injerencias comunitarias, por ejemplo, en la libertad sexual de los individuos; dar?amos peligrosos pasos hacia el despotismo si deposit?semos en ?lo com?n? el poder de decidir sin l?mites c?mo debemos pensar, qu? debemos hacer y c?mo debemos buscar la felicidad los individuos. Si el comunismo, en nombre de la soberan?a colectiva no sometida y el poder sin restricciones de ?lo com?n?, no fuese capaz de encontrar ning?n l?mite en la libertad, la integridad y la dignidad de los individuos, el comunismo ser?a un proyecto criminal (tan criminal, curiosamente, como dicen sus enemigos que es). Pero igual que nos negamos a ?regalar? los conceptos de raz?n y derecho al liberalismo burgu?s, tampoco estamos dispuestos a ?regalar? el comunismo a cualquier decisionismo irracionalista que, por muy revolucionario que se pretenda, no es m?s que la estructura del despotismo.

As? pues, defendemos, en efecto, la existencia de l?mites para impedir que la soberan?a colectiva y el poder de lo com?n pueda regular sin restricciones hasta los ?ltimos detalles de la vida de los individuos. Puede que haya comunidades que no lo pretendan (y, en ese sentido, no supongan una amenaza para los individuos) pero, por la cuenta que nos trae, m?s nos vale contar con alg?n sistema de garant?as que asegure que, aunque lo pretendieran (es decir, aunque pretendieran exterminar a los inmigrantes, lapidar a las ad?lteras y marginar a los homosexuales), no lo conseguir?an.

Defender el derecho implica, sin duda, defender ciertos l?mites y restricciones, es decir, un sistema de garant?as al que Ferrajolli denomina ?la ley del m?s d?bil? pues, en definitiva, se trata siempre de introducir garant?as y protecci?n contra quienes tendr?an poder para imponerse en ausencia de restricciones. No es casualidad que, hist?ricamente, todas las luchas de los oprimidos y los explotados hayan pasado siempre por una formulaci?n en t?rminos de ?derecho?: la lucha por la jornada de trabajo fijada por ley y, en general, por el derecho laboral (como explica detenidamente Marx en el cap?tulo del que JPGC cita solo el texto m?s y peor citado de todo El capital1), la lucha por el derecho al voto (para la clase obrera o para la mujer), la lucha por el derecho al propio cuerpo, la lucha por el derecho a la diversidad, incluso la lucha por el ?derecho a tener derechos? (tal como reclaman actualmente los inmigrantes organizados)... etc. Y esto, claro est?, es perfectamente l?gico: quien, en ausencia de restricciones, impondr?a su poder absoluto (patrones, terratenientes, varones, mayor?as sexuales, mayor?as raciales o nacionales... etc.) no tiene ninguna necesidad de reclamar limitaciones a su soberan?a (y esto ha sido as?, en efecto, desde el origen con la introducci?n de restricciones al poder absoluto del monarca). Defender la ausencia de restricciones es, sin m?s, defender la ley del m?s fuerte, algo, por cierto, bastante viejo y de lo que ya sabemos qu? resultados cabe esperar. Y es sin duda chocante que este sea el gran resultado que logra destilar JPGC tras poner en com?n a tantos te?ricos del derecho, todos los cuales, por cierto, hilan bastante m?s fino por separado2.

En todo caso, lo malo que tiene defender como proyecto esa especie de ?comunismo del m?s fuerte? no es solo que se trate de un ox?moron (algo que podr?a justificarse si se trata de una rebeli?n contra las reglas b?sicas de la Raz?n) sino, sobre todo, los inesperados (quiero pensar que inesperados) compa?eros de lucha con los que se puede encontrar.

2. Forma derecho y forma valor.

Ahora bien, nos encontramos con que, en efecto, estamos defendiendo la existencia de un sistema de l?mites y restricciones que, de un modo u otro, implica la defensa de libertades y garant?as establecidas a escala individual. Ciertamente, lo que la tradici?n liberal y republicana ha venido a llamar propiamente ?Derecho? es al sistema de reglas generales encargadas de hacer compatible la libertad de cada uno con la de todos los dem?s. Es decir, el Derecho toma, en efecto, a los sujetos individuales como el soporte ?ltimo de los derechos y, en este sentido, se produce un paralelismo al menos sospechoso con la estructura individualista que define al mercado, es decir, a ese espacio constituido por la libertad de cada individuo para intentar obtener el m?ximo beneficio personal. ?Son entonces id?nticas (dada su estructura igualmente individualista) la forma-derecho y la forma-valor?

Veamos cada una de las dos un poco m?s despacio. El punto de partida de la idea de Derecho es, en efecto, el concepto de libertad que, por mantener nuestro ?fetiche-Kant?, lo expresamos en la siguiente f?rmula: ?nadie me puede obligar a ser feliz a su modo (tal como ?l se imagina el bienestar de otros hombres) sino que es l?cito a cada uno buscar la felicidad por el camino que mejor le parezca?. Ahora bien, este principio de libertad individual encuentra, como es l?gico, l?mites necesarios en la libertad de todos los dem?s para pretender un fin semejante. Que nadie me pueda obligar a ser feliz a su modo implica necesariamente que yo tampoco tenga derecho a obligar a nadie por la fuerza a que sea feliz al m?o, imponi?ndole c?mo debe pensar o con qui?n se debe acostar. Hay elementos en los que ?lo com?n? no tiene ning?n derecho a meter las narices m?s que, eso s?, para garantizar que la libertad de cada uno es compatible con la de todos los dem?s seg?n reglas generales. Esto, y no otra cosa, es a lo que Kant llama ?principio universal del derecho?.

Si queremos expresar esto mismo evitando t?rminos como ?ley?, ?derecho? o ?garant?as? para evitar malentendidos, podr?amos decir que el libre despliegue de las potencias es algo que merece ser preservado y, por lo tanto, cualquier restricci?n a este respecto debe, en principio, ser suprimida.

Ahora bien, si un organismo se excede en su potencia y pretende, por ejemplo, exterminar o agredir sexualmente a otro, no nos limitar?amos a celebrar (espero) el triunfo del poder de la potencia m?s potente (en cuyo caso estar?amos, sin m?s, defendiendo del modo m?s tosco el principio elemental de la barbarie y el poder irrestricto del m?s fuerte). Por el contrario, trataremos de defender (espero) que el cuerpo social introduzca una serie de restricciones que impidan que el despliegue de la potencia de unos cuerpos se realice explotando, abusando, o cercenando las posibilidades de otros. En definitiva, es algo de este tipo lo que hace que nos parezca mal la explotaci?n de los cuerpos a la que nos somete el capital o, en su caso, el esclavismo (porque nos parece mal ?no?; no vaya a ser que ya se nos haya colado sin darnos ni cuenta una metaf?sica del deber-ser).

Partiendo de la necesidad de preservar el libre desarrollo de las potencias, nos encontramos con que, inevitablemente, se impone la introducci?n de restricciones, no por deleite con ninguna exterioridad normativa sino, precisamente, para preservar el libre desarrollo de todas las potencias. Imaginemos, por ejemplo, una agresi?n sexual: las ?nicas opciones ser?an 1) negar que eso sea siquiera posible (para lo cual hace falta mucha metaf?sica), 2) celebrar en estos casos el triunfo del poder de la potencia m?s potente (lo cual requiere cierta vocaci?n criminal) o 3) ni negarlo ni celebrarlo y, por lo tanto, combatirlo, es decir, defender alg?n mecanismo de ?control social? que lo impida de un modo radical y efectivo, introduciendo de este modo ciertas restricciones al libre despliegue de las potencias. La libertad real y efectiva de los organismos para desarrollar sus potencias ser?a una quimera (en este caso s?, un aut?ntico cuento chino) si no hubiera modo de garantizar la compatibilidad de la libertad de cada una con la de todos los dem?s.

En cualquier caso, nos encontramos con la necesidad de introducir ciertos l?mites, restricciones o garant?as para asegurar la libertad de cada uno a buscar la propia felicidad por el camino que le parezca m?s apropiado.

?Es este principio id?ntico, en su individualismo, al principio de mercado?, ?coinciden plenamente la ?forma-derecho? y la ?forma-valor?? ?es correcta la ecuaci?n ?libertad individual? = ?mercado?? Ciertamente, podr?a parecer que s?, pues la libertad individual (es decir, el derecho a hacer cada uno lo que considere oportuno con su propia persona y con todo lo que tenga derecho a reclamar como propio) parece adaptarse perfectamente a la idea de mercado (espacio en el que cada uno trata de obtener, en su trato con los otros, el m?ximo beneficio individual). En definitiva, un mercado no ser?a m?s que el espacio al que concurrir?an hombres libres, jur?dicamente iguales y propietarios de las mercanc?as que intercambian. En este sentido, no parece imposible ver en la ?forma-mercado? la realizaci?n material de la ?forma-derecho?.

Sin embargo, a cualquiera que no tuviese ya la cabeza destruida por el liberalismo econ?mico deber?a saltarle de inmediato algo a la vista: decir que la ?forma derecho? es id?ntica a la ?forma mercado? implica dar por bueno el prejuicio (emp?ricamente falso y normativamente disparatado) de que los hombres y mujeres, en el uso de su libertad, lo ?nico que pueden hacer es ir al mercado parta intentar obtener el m?ximo beneficio individual. Como bien sabe Marx (Cf. final de la secci?n II del Libro I de El capital), los definidores del concepto de mercado no son solo ?libertad?, ?igualdad? y ?propiedad?, sino tambi?n ?Bentham?, es decir, que cada uno se ocupe solo de s? mismo, que no haya m?s elemento de cohesi?n y mediaci?n que el ego?smo, la ventaja personal y el inter?s privado.

Ahora bien, una cosa es decir que esta l?gica del inter?s privado no es por principio incompatible con la forma-derecho y otra bien distinta es afirmar que la ?forma derecho? solo puede conducir al mercado. En efecto, la forma-mercado es compatible con la forma-derecho, pero no es en absoluto su ?nico resultado posible. De hecho, lo que nos encontramos emp?ricamente es m?s bien lo contrario: cuando se deja libertad a los humanos para perseguir la felicidad por el camino que mejor les parezca, la suelen buscar comiendo y bebiendo con amigos, haciendo el amor con sus parejas o jugando con sus hijos. Todo esto puede parecer muy trivial, pero se trata de una cuesti?n de la m?xima importancia: el ego?smo universal, el individuo como ?tomo aislado y maximizador de su propio inter?s, no es algo que vaya de suyo con la libertad individual. Es verdad que la libertad individual (por ser libertad) no excluye ese posible contenido pero (precisamente por ser libertad) tampoco lo impone. Es simplemente falso que el principio de libertad individual (contenido esencial de la forma-derecho) implique autom?ticamente el principio de ego?smo universal (contenido esencial de la forma-valor y del mercado).

Tal como demuestra Polanyi (y, por supuesto, Marx), el mercado como mecanismo de mediaci?n social es algo que no logr? de ning?n modo imponerse a fuerza de libertad individual sino que requiri? una intervenci?n violenta para disolver las relaciones no contractuales entre individuos y destruir toda posibilidad de organizaci?n espont?nea.

El principio del derecho debe sin duda establecer garant?as a escala individual, pero eso no significa que imponga como ?nica relaci?n social posible la disoluci?n de todos los v?nculos y la atomizaci?n de los individuos. Que ?cada uno? (s?, como derecho individual) pueda buscar la felicidad por el camino que mejor le parezca no significa que tenga que buscarla en el autismo de la maximizaci?n del propio inter?s. Sin duda hace falta tener algo muy mal calibrado para pensar que permitir que cada uno decida c?mo quiere ser feliz implica autom?ticamente poner a todos a aprovecharse de sus hijos, enga?ar a sus vecinos o regatear con sus amigos.

La forma-mercado no es, en principio, incompatible con la forma-derecho, pero pretender que ambas son la misma es un disparate que pasa por dar enteramente la raz?n a los integristas m?s fan?ticos de la teor?a de la racionalidad pr?ctica. En efecto, solo algunos extremistas de la teor?a de la elecci?n racional tratan de justificar, en clave de beneficio individual y maximizaci?n privada de la utilidad, cosas como, por ejemplo, por qu? los padres cuidan de sus hijos, suponiendo que responde al beneficio esperado de obtener cuidados al llegar a ancianos (con lo cual se van enredando en los profundos problemas de por qu? los padres cuidan tambi?n de los hijos con enfermedades terminales, etc...). Este tipo de disparates solo es posible si se defiende, ciertamente, que la libertad individual (y la forma-derecho) y el mercado (y la forma-valor) son, sin m?s, estructuras id?nticas.

?Defendemos esto los comunistas? Evidentemente, no. De hecho, nos resulta dif?cil entender c?mo se podr?a ser comunista si no es sobre la firme convicci?n de que la libertad individual, que no es incompatible con el ego?smo, tampoco es incompatible con la amistad, el amor, la familia y la cooperaci?n. As? pues, la libertad individual (y su correspondiente forma-derecho) lejos de implicar autom?ticamente la forma-valor, es perfectamente compatible con cualquier forma-comunidad. Bueno, con cualquiera, no: solo ser? compatible con esa forma-comunidad que no trate de suprimir las libertades individuales e imponer, en nombre de ?lo com?n?, un modo com?n de ser feliz (tal como la multitud no sometida se imagine el bienestar de los hombres y mujeres). Los comunistas, sin duda, tenemos la tarea de recuperar e instaurar nuevas formas de comunidad, pero debemos asegurarnos de que se trate de comunidades libres de hombres y mujeres libres y, por lo tanto, compatibles con la forma-derecho.

En definitiva, har?a falta darle la raz?n en todo a los te?ricos m?s fan?ticos del libre mercado para poder decir que el comunismo es incompatible con la forma-derecho. En todo caso, si el comunismo que propone JPGC s? es incompatible, entonces ese no es nuestro comunismo. Definir el comunismo como ?la democracia m?s absoluta afirmada con soberan?a plena? puede quedar muy result?n, pero nos deja ante el problema (porque a JPGC tambi?n le parecer? un problema ?no?) de tener que llamar comunismo a cualquier decisi?n por criminal que sea que se afirme con soberan?a plena, sin restricciones ni mediaciones, sin l?mites de ning?n tipo. El principal problema de esa definici?n no es ya la cantidad de comunistas que quedar?amos descolgados sino, sobre todo, la cantidad de fascistas que se sumar?an felices a ese carro. As?, lo m?nimo que hay que decir es que como definici?n no es muy buena.

3. Forma valor y forma capitalismo

Mucho m?s desatinado a?n es confundir la forma-valor con la forma-capitalismo. Puede que JPGC no encuentre por nuestra parte ?ning?n argumento? ni en el art?culo al que responde ?ni en ning?n otro de los que han publicado... recientemente o no?. Ante esto, no s? si podemos hacer ya mucho m?s: acabamos de publicar un libro3 de 700 p?ginas del que cabe decir que este es casi el ?nico tema y, desde luego, los argumentos ser?n mejores o peores (pues son lo mejor de lo que hemos sido capaces, pero eso tampoco es decir mucho), argumentos en cualquier caso muy discutibles, pero es descorazonador que la respuesta sea negar que se hayan publicado y, a cambio, nombrar a un mont?n de autores cl?sicos como si, en una especie de conjuro, bastase decir su nombre (sin necesidad de esgrimir sus argumentos) para quitarnos ya la raz?n.

En todo caso, para intentar hacer un resumen r?pido de la cuesti?n, hay que decir que para obtener la ?forma-capitalismo? a partir de los principios b?sicos del liberalismo (libertad, igual y propiedad) no s?lo hace falta, como bien sab?a Marx, a?adir a Bentham y el ego?smo universal (elementos que, como decimos, no van de suyo con la libertad individual y la correspondiente forma-derecho). Para obtener la ?forma-capitalismo? a partir de los principios b?sicos del liberalismo hace falta, adem?s, suprimir la propiedad y, con ella, la libertad y la igualdad.

En efecto, toda la cr?tica de Marx a la econom?a pol?tica (que es el subt?tulo de El capital) consiste en negar el cuento que la sociedad moderna se cuenta a s? misma (y que JPGC da por bueno pese a su lucha sin cuartel contra los cuentos): la pretensi?n de que el capitalismo no es nada m?s que la realizaci?n del proyecto del derecho y que, por tanto, encuentra todo su fundamento en los firmes principios de la libertad, la igualdad y la propiedad. El argumento, b?sicamente, vendr?a a ser el siguiente: el mercado no es m?s que un espacio en el que sujetos libres y jur?dicamente iguales intercambian entre s? las mercanc?as de las que son propietarios. Por lo tanto, la m?xima libertad (que cada uno pueda hacer lo que considere oportuno con su persona y con todo lo que tenga derecho a reclamar como propio) ser?a id?ntica al mercado (que cada uno intente, en su trato con los otros, obtener el m?ximo beneficio individual posible) y ?ste ser?a id?ntico al capitalismo (una sociedad basada en la producci?n de beneficios). As? pues, seg?n este argumento liberal, bastar?a tirar del hilo de la libertad y del derecho para tener ya el capitalismo.

Lo que demuestra Marx es, precisamente, que esos principios no son ni remotamente el verdadero fundamento del modo capitalista de producci?n. Por el contrario, ese fundamento hay que buscarlo en la aniquilaci?n de la propiedad, en la expropiaci?n generalizada de la poblaci?n de sus condiciones de existencia. No basta con que haya hombres y mujeres libres para que pueda ya funcionar el capitalismo. Hace falta que haya proletarios. Y lo que define a estos es, precisamente, la ausencia de propiedad y de cualquier modo de independencia civil. En efecto, en los dos ?ltimos cap?tulos del libro I, Marx nos recuerda la matanza que hizo falta para expulsar a la poblaci?n campesina de sus tierras (tras lo que se convirtieron en las masas de desharrapados que terminaron alimentando las f?bricas de Manchester como ?nico medio de subsistencia) para explicar que ?la expropiaci?n de la masa del pueblo despojado de la tierra constituye el fundamento del modo capitalista de producci?n?. No es a fuerza de ley y derecho, no es a golpe de libertad, igualdad e independencia como se logra poner el capitalismo a funcionar. Esa versi?n no es m?s que el cuento que los ide?logos del capitalismo (y JPGC) se cuentan a s? mismos y nos cuentan a nosotros.

Ahora bien, una vez consumada la expropiaci?n, una vez la poblaci?n depende a vida o muerte de la obtenci?n de un salario (es decir, depende a vida o muerte de lograr que alg?n capitalista te ofrezca trabajar para ?l), una vez, adem?s, se introduce con un car?cter estructuralmente necesario la existencia de cierta masa de desempleados (masa necesaria que Marx denomina ?ej?rcito industrial de reserva? y a la que la econom?a convencional moderna se refiere como ?tasa natural de desempleo?), una vez, en definitiva, se dispara con todos sus resortes la l?gica del capital, entonces ocurre que la explotaci?n de clase es capaz de reproducirse manteniendo plenamente la apariencia de su compatibilidad con el derecho.

En efecto, una vez consumada la expropiaci?n, basta la plena libertad individual para lograr que la mayor?a de la poblaci?n decida trabajar para otros a cambio de un salario. Adem?s, una vez asentada estructuralmente una determinada tasa de desempleo (por debajo de la cual, ya nos advierten economistas convencionales, amenaza el apocalipsis y el colapso del sistema), basta la plena libertad individual para que siempre haya gente dispuesta a trabajar m?s y m?s barato que quienes tienen empleo (para, as?, tener al menos alg?n tipo de ingreso con el que subsistir). En definitiva, una vez se dan estas condiciones, basta la plena libertad individual para que el resultado sea la explotaci?n sin l?mites y la barbarie.

En este sentido, no tenemos nada que objetar a las dos o tres p?ginas que JPGC dedica a explicar el mecanismo de explotaci?n en que consiste el capital. Lo ?nico que nos resulta un poco desconcertante es que pretenda, en alg?n sentido, ??estarlo explicando, supuestamente, contra lo que nosotros defendemos!!

El problema est? en que esa apariencia de compatibilidad del capitalismo con los principios del derecho s?lo se puede sostener sobre la base de la ficci?n jur?dica? que pasa por llamar ?propietarios? y, por lo tanto libres e independientes, a los hombres y mujeres que no tienen en propiedad nada m?s que la posibilidad de vender a otro las propias fuerza para que las use a su antojo (como si fuesen suyas). As?, solo sobre la base de esta ficci?n jur?dica que toda la tradici?n republicana y socialista ha tratado de impugnar, se puede sostener la apariencia de compatibilidad entre los principios del derecho y la explotaci?n capitalista. Esta apariencia constituye el n?cleo mismo de la cobertura ideol?gica con la que se protege el capital. Sin embargo, por alg?n motivo, JPGC se empe?a en que es tarea de los comunistas reforzarla. El negocio, realmente, no puede ser m?s ruinoso4.

4. Derecho positivo y derecho racional

Hace falta estar muy loco o ser muy necio para regalarle al enemigo el concepto de derecho. Y, desde luego, los hombres y mujeres que luchan rara vez lo hacen.

Los principios de libertad, igualdad e independencia y la exigencia de su concreci?n en reglas tienen necesariamente una fuerza tal que incluso los criminales m?s audaces tratan de dar a sus cr?menes esa cobertura. As?, EEUU arrasa pa?ses enteros en nombre de la libertad y la democracia. Ante esto, no obstante, hay dos estrategias posibles: o bien dar por bueno (a fuer de materialismo) el cuento que nos cuenta la potencia m?s potente o bien denunciarlo como una estafa; o bien dar la batalla ideol?gica con los despojos que nos deja el enemigo o bien intentar apropiarnos de esos conceptos centrales que son (y no pueden dejar de ser) aspiraciones universales de la humanidad.

Ciertamente, se trata ?solo? de conceptos, de exigencias, de ideas regulativas (como la idea de derecho), pero hace falta una sobredosis de materialismo para negar a las ideas cualquier funci?n pr?ctica. En definitiva, para oponerse a cualquier injusticia no basta con tener mucha potencia. Hace falta tambi?n tener alg?n criterio que nos permita distinguir las injusticias. Para potencias muy potentes pero enloquecidas, ya tenemos bastante con el capitalismo.

En efecto, para posicionarnos a favor de Cuba en 1959 y en contra de Alemania en 1933 nos hace falta un tercer elemento, pero ese elemento no puede ser una tercera cosa (por ejemplo, Par?s en 1871) sino una raz?n por la que considerar intolerables ciertas cosas y necesarias otras. O bien se apuesta claramente por un decisionismo irracionalista en el que no haya m?s criterio que la voluntad caprichosa o arbitraria de la potencia m?s potente. O bien se asume la necesidad de dar raz?n de por qu? defendemos lo que defendemos (por ejemplo, por qu? rechazamos la masacre del pueblo palestino incluso si personalmente no nos va nada en ello).

No somos tan ingenuos de pensar que el resultado se terminar? decidiendo por una v?a distinta de la fuerza. Pero tampoco somos tan criminales, insensatos e irresponsables como para no preguntarnos a qu? potencia (y por qu? razones) decidimos sumar nuestras fuerzas.

Ahora bien, en esto de las ?razones? no defendemos, tal como nos acusa JPGC de un modo desconcertante, ning?n tipo de instancia privilegiada y Absoluta. No cabe localizar en ning?n sitio, ciertamente, portavoces prominentes de la Raz?n: ni el Comit? Central del Partido, ni Stalin, ni el FMI, ni el Rey fil?sofo5 (nos parece simplemente un delirio o m?s bien una injuria que JPGC nos reproche algo as?). En efecto, nadie puede pretender una comuni?n tan inmediata y Absoluta con la Raz?n como para arrogarse la posibilidad de imponernos a todos c?mo debemos pensar o qu? debemos hacer. Nadie (ni comandante ni rey ni partido) puede pretender una conexi?n tan privilegiada y absoluta con la Raz?n que le autorizase a imponernos determinados contenidos morales, pol?ticos, te?ricos, est?ticos, etc., con car?cter vinculante y validez general.

Ahora bien, esta ausencia radical de Absolutos y contenidos vinculantes no implica la ausencia de un proyecto pol?tico definido. Muy al contrario, esta ausencia radical de contenidos vinculantes implica con car?cter absoluto la necesidad de un proyecto pol?tico concreto, a saber, la exigencia del derecho: precisamente porque nadie tiene derecho a imponerme c?mo debo pensar, qu? debo hacer o qu? me debe gustar, se impone la necesidad de un ordenamiento jur?dico que comience por garantizar a todos, en principio,? la libertad para perseguir los fines que cada uno considere m?s oportunos, es decir, que cada uno haga, piense y disfrute, en principio, con lo que quiera.

?Sin ning?n tipo de l?mites? Evidentemente no. Hay ciertos l?mites que van autom?ticamente implicados en este planteamiento: si esa libertad ha de ser garantizada a todos, es necesario imponer como l?mite a cada uno la exigencia de compatibilidad de sus acciones con la libertad de los dem?s seg?n leyes universales. Es decir, es la idea misma de libertad la que, dada la ausencia radical de portavoces privilegiados de la Raz?n, exige la compatibilidad de la libertad de cada uno con la de todos los dem?s seg?n leyes universales6.

Contin?a en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=119482

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Tags: democracia, derecho, comunismo, fascista, homosexuales, minorías, libertad

Publicado por blasapisguncuevas @ 14:41  | Socialismos
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